Oda al día feliz

ODA AL DÍA FELIZ
Pablo Neruda

Esta vez dejadme
ser feliz,
nada ha pasado a nadie,
no estoy en parte alguna,
sucede solamente
que soy feliz
por los cuatro costados
del corazón, andando,
durmiendo o escribiendo.
Qué voy a hacerle, soy
feliz.
Soy más innumerable
que el pasto
en las praderas,
siento la piel como un árbol rugoso
y el agua abajo,
los pájaros arriba,
el mar como un anillo
en mi cintura,
hecha de pan y piedra la tierra
el aire canta como una guitarra.

Tú a mi lado en la arena
eres arena,
tú cantas y eres canto,
el mundo
es hoy mi alma,
canto y arena,
el mundo
es hoy tu boca,
dejadme
en tu boca y en la arena
ser feliz,
ser feliz porque si, porque respiro
y porque tú respiras,
ser feliz porque toco
tu rodilla
y es como si tocara
la piel azul del cielo
y su frescura.

Hoy dejadme
a mí solo
ser feliz,
con todos o sin todos,
ser feliz
con el pasto
y la arena,
ser feliz
con el aire y la tierra,
ser feliz,
contigo, con tu boca,
ser feliz.

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Encuentros


ENCUENTROS
Darío Jaramillo

Afuera el frío viento
el ocre del sol en el crepúsculo,
el azul de un solo tono en todo el cielo,
y tú lejos,
y tú lejos.

* * * * *

Apuro esta euforia,
como un vino escaso la apuro hasta sus más íntimos delirios.
Perfume preciso que aletea en la alcoba,
aroma de la expulsión de los demonios,
viento fresco el cuerpo del amor.
Ajeno a toda zozobra
me convierto en brizna de la nada entre el amor,
oh alegría, azúcar de mi noche.

* * * * *

Arrodillado te degusto
te lamo y lamo
olfateo cada parte de ti
te aprendo con labios y nariz
te estremezco y ensalzo
subo y bajo
lengua de pezón a pubis
lengua de boca a oreja
interminable.

* * * * *

Cuatro preguntas

¿Cuándo más descarriamiento
más subir a la nada
cuándo más estallar tan total
cuándo más un tan claro delirio
más abrazo un abrazo?

* * * * *

La luna es un zepelín de mandarina
flotando entre los edificios de Manhattan.
Inflada de verano
la luna es un zepelín sostenido por un beso.
Las lenguas toman posesión de nuestros cuerpos y ascendemos,
livianos de nosotros flotamos en abrazo y en saliva.

* * * * *

Por qué no tu boca aquí,
por qué no sobre mi piel tu aliento
por qué no adentro yo de tus abismos?

* * * * *

Que el azar me lleve hasta tu orilla,
ola o viento, que tome tu rumbo,
que hasta ti llegue y te venza mi ternura.

* El colombiano Darío Jaramillo ha ganado hace unos días el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca de 2018.

Soneto para acabar un amor

SONETO PARA ACABAR UN AMOR
Manuel Alcántara

He quemado el pañuelo por si acaso
se pudiera tejer de nuevo el lino.
Le sobra la mitad del vaso al vino
y más de media noche al cielo raso.

Tenía que pasar esto. Y el caso
es que estando yo siempre de camino
y estando tú parada, no te vi y no
me ha cogido el amor nunca de paso.

Puede que salga a relucir la historia
porque nunca se acaba lo que acaba,
que se queda a vivir en la memoria.

Echa a andar el amor que te he tenido
y se va no sé dónde. Donde estaba.
De donde no debiera haber salido.

Eran verdes como un mar

ERAN VERDES COMO UN MAR
Concha Méndez

Eran verdes como un mar,
con reflejos de alto cielo.
—¡Qué bien sabían mirar!—
unos ojos que recuerdo.

En la penumbra lucían
con una luz de misterio,
como dos claros abismos
abiertos a mil deseos.

Muchas horas tuve cerca
los ojos verdes aquellos,
que implorantes me miraban
¡y yo hacia por no verlos!

Y hoy que mirarlos quisiera,
están tan lejos…, ¡tan lejos!

* El Centro Andaluz de las Letras, de la Consejería de Cultura, acoge este miércoles 7 de noviembre la presentación de Concha Méndez, memorias habladas, memorias armadas, de Paloma Ulacia Altolaguirre.

Dedicatoria final

DEDICATORIA FINAL (Función de Amparitxu)
Gabriel Celaya

Pero tú existes ahí. A mi lado. ¡Tan cerca!
Muerdes una manzana. Y la manzana existe.
Te enfadas. Te ríes. Estás existiendo.
Y abres tanto los ojos que matas en mí el miedo,
y me das la manzana mordida que muerdo.
¡Tan real es lo que vivo, tan falso lo que pienso
que -¡basta!- te beso!
¡Y al diablo los versos,
y Don Uno, San Equis, y el Ene más Cero!
Estoy vivo todavía gracias a tu amor, mi amor,
y aunque sea un disparate todo existe porque existes,
y si irradias, no hay vacío, ni hay razón para el suicidio,
ni lógica consecuencia. Porque vivo en ti, me vivo,
y otra vez, gracias a ti, vuelvo a sentirme niño.

De su poemario Función de uno, equis, ene.

Sin duda…

Sin duda me amaste mintiendo sin apenas darte cuenta,
me amabas con mi propio amor, con la estética de la resistencia
y una aguja de remendar las heridas más antiguas.
Todo amor se halla latente en otro amor. Y así
me amabas sin vanidad en la feria y hoguera de las vanidades.
En la piedra abierta, en el cuarzo visual, me amabas.
En los colores de fábrica y en la innoble Sodoma, sin querer.
Cuando turbiamente decías tengo sin ver claro que me tenías.
Cuando cabalmente llorabas sin notar que era yo tu lágrima.
Cuando locamente sufrías sin adivinar que yo te sanaba.
Cuando felizmente besabas con los ojos cerrados
y por eso nunca viste que besabas mi boca.
En la continuación de los amores y las afinidades electivas
que ni siquiera continúan ni se eligen, me amabas.
En los otros me proyectabas. En el ceremonial de la violencia
y en la insistencia de las cosas que más odias, no me odiaste.
Incluso me escribías con la gramática parda de un libro por venir.
Desde el Génesis, desde la vida antes del hombre,
por cielos e infiernos tus latidos sin compás me seguían.
Me amabas, transeúnte central, con sermón de misa hereje
sobre las ondas del teléfono sin hilos, pero a lo tonto y sin querer.
Cada cual a su manera odia y ama más allá de lo que sabe.

Isabel Pérez Montalbán, de su poemario Siberia propia.

Quisiera ser tu predilecta almohada…

Quisiera ser tu predilecta almohada
donde de noche apoyas tus orejas
para ser tu secreto y ser las rejas
de tu sueño: dormida o desvelada

ser tu puerta, tu luz cuando te alejas,
alguien que no trató de ser amada.
Huir de la ansiedad que está en mis quejas,
poder a veces ser lo que soy, nada,

no tener nunca miedo de perderte
con variación y honda infidelidad,
jamás llegar por nada a concederte

la tediosa y vulgar fidelidad
de los abandonados que prefieren
morir por no sufrir, y que no mueren.

Silvina Ocampo, de su poemario Espacios métricos.