El PP se alía con ETA

marzo 31, 2011

Decididamente el PP vuelve a las andadas. Pensaba ingenuamente que habían aprendido la lección de la legislatura anterior y que no volverían a la infamia de utilizar a ETA contra el Gobierno. Pues no. Ya están aquí de nuevo hurgando en una negociación que salió mal pero que, a la postre, ha conducido al fin de ETA. ¿Por qué el PP teme que ETA se acabe?

No se puede decir más con menos palabras. Suscribo íntegramente este comentario de Josep Ramoneda en su diario comentario nocturno en la Cadena Ser. Produce repulsión o cuando menos perplejidad la reacción rabiosa y desaforada de la bancada popular contra un gobierno democrático apoyándose en unas actas de la banda terrorista. ¿Cómo se le puede conceder más crédito a ETA que al ejecutivo elegido por la ciudadanía con su voto en las urnas? ¿Cómo se le da más validez a las patrañas de una organización asesina que sólo pretende enredar y crear confusión que a la palabra de uno de los poderes del Estado?

El Partido Popular ha establecido una alianza de conveniencia con ETA por espurios motivos de su estrategia electoral. Un partido que ha estado en el gobierno y que negoció con ETA, un partido cuyo líder, el inolvidable Aznar, hablaba de generosidad con el Movimiento de Liberación Nacional Vasco y encontró el respaldo sin fisuras del PSOE, tendría que mantener una postura más prudente y de mayor colaboración con las instituciones de un estado de derecho. Existe un pacto antiterrorista que el PP, jaleado por determinados altavoces, está pisoteando por sus ansiedades electorales. Quizá si el ministro de Interior no fuera Alfredo Pérez Rubalcaba el espectáculo lamentable protagonizado por el PP no se habría producido. ¿Por qué temen tanto a Rubalcaba? Mariano Rajoy calla y mueve sus peones de brega.

Foto.- El País.

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Luis Bárcenas, ex tesorero del PP, comparecía ayer ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid de forma voluntaria para explicar su visión de la trama Gürtel, el mayor escándalo de la corrupción de la historia de nuestra democracia. El teórico manijero de las finanzas en la calle Génova, imputado por cohecho y delito fiscal, desveló al juez Pedreira que él no era el responsable de las contrataciones con la red mafiosa de Correa y El Bigotes sino un comité del que formaban parte Javier Arenas, el del reloj de lujo regalado, y Jesús Sepúlveda, ex marido de Ana Mato y beneficiario de un modesto Jaguar.

Ya era de dominio público que Arenas como secretario general nacional del PP conocía y mantenía relaciones epistolares con los miembros de la trama para agilizar pagos e intermediar ante administraciones renuentes o morosas con los pícaros. Esta declaración de Bárcenas, compañero de siglas y de pádel de Arenas y Sepúlveda, supone la implicación directa de estos dos dirigentes en la otorgación de contratos.

Quedan en el aire una serie de cuestiones que el hoy presidente del PP de Andalucía se debería apresurar en aclarar. ¿Fue él como número dos de su partido quién organizó el comité de contratación? ¿Se debe a él la elección de la trama Gürtel para trabajar con ellos? ¿Marcó él los criterios para la selección de esta pandilla de presuntos corruptos? ¿Daba ese comité instrucciones a las instituciones gobernadas por el PP para que contrataran con Correa y su banda? Está claro que Bárcenas ha situado a Arenas en el ojo del huracán en un caso tan grave que ha corrompido a más de 100 políticos populares en distintos administraciones y autonomías.

Quizá Arenas podría aplicarse su propia medicina y darse una vuelta por el tribunal, de forma voluntaria como su cuate Bárcenas, y aclarar sin demora estos extremos.

Ilustración.– Recorte del diario El Mundo. En la foto aparecen, entre otros, Bárcenas, Sepúlveda y Arenas.

El PP y el copago

marzo 29, 2011

La derecha ha asomado su peligrosa patita por debajo de la puerta. Uno de los barones del Partido Popular, Ramón Luis Varcárcel, presidente de Murcia, propone que se pague por el ir al médico y los niños por acudir al colegio. Todo un órdago contra nuestro sistema público, universal y gratuito de educación y salud planteado en presencia de Mariano Rajoy. Tardó el PP en enviar a una bombera para apagar el fuego prendido por las inoportunas declaraciones de Valcárcel. Hasta bien entrada la noche la responsable pepera de bienestar social, la ex ministra Ana Pastor, no intentaba sofocar las llamas con cubos de ansiedad y retórica grandilocuente.

Muchas horas para reaccionar ante una proposición tan delicada y con Rajoy, invitado de piedra en la conferencia de su compañero, sin decir ni mu. Ya conocemos que al político registrador le corre horchata por las venas. Las palabras de la emisaria de la dirección nacional llegan cuando el incendio avanza descontrolado. Los estrategas de la calle Génova se debatían entre desautorizar a su prohombre murciano o evidenciar su programa oculto, un programa de recortes y eliminación de conquistas sociales. Ya ha presumido el presidente nacional, el candidato a la tercera, que si gobierna y en los seis primeros meses no le hacen tres huelgas generales, es que no estaría haciéndolo bien. Todo un alarde de lo que estaría por venir con el PP en la Moncloa.

Como están como los malos prestidigitadores afanándose en ocultar el truco hasta después de las elecciones, han optado por dejar con el trasero al aire a Varcárcel. Pero los hemos pillado jugando al trile. Nos han enseñado las hojas de las tijeras con las que quieren podar el estado del bienestar. Su hoja de ruta es un calco del brutal ajuste que el conservador Cameron está ejecutando en Reino Unido con protestas multitudinarias de la población.

El PP se olvida de que los españoles ya pagan con sus impuestos la educación y la sanidad pública, en base al principio de progresividad fiscal: contribuye más con sus impuestos quien más renta gana. La propuesta del PP de introducir el
copago supondría que los españoles tendrían que pagar dos veces por el mismo servicio; y subvierte el principio de progresividad fiscal, haciendo que pague más no quien más gana (vía impuestos) sino que pague más quien más
veces enferme, sea cual sea su nivel de renta.

Ocurrencias populares

marzo 28, 2011

Esta última semana ha sido pródiga en extravagancias del Partido Popular. Quizá el episodio más incongruente lo ha protagonizado de Estaban González Pons, la lengua más rápida de nuestro panorama político nacional, que el martes estaba votando en el Congreso de los Diputados a favor de la participación española en el contingente militar para frenar la masacre de Gadafi contra su pueblo y fechas después en un mitin hacía juegos de palabras contra la guerra de Libia. Hace falta menos malabarismo dialéctico y más coherencia en la acción política.

Otra peripecia extraordinaria se localiza en la campaña en Ávila. Lo cuenta César Calderón en su blog: el aspirante del Partido Popular, Miguel Ángel García Nieto, ha elaborado un vídeo de promoción de su candidatura repleto de imágenes de la Casa Real. Sale tanta veces el rey Juan Carlos que parece que estuviera optando al sillón municipal de la ciudad castellana. El alcaldable pepero se ha pasado por el forro la máxima no escrita de no usar la imagen de la Corona en las contiendas electorales.

El espectáculo más bufo nos lleva a Valencia, con dos personajes que se merecen más que un papel secundario en la saga El Padrino de Francis Ford Copola. Si Carlos Fabra inauguraba en Castellón un aeropuerto sin aviones y animaba a tomar las pistas como zona de paseo, Francisco Camps daba por cumplida su promesa electoral de hace cuatro años de hacer un hospital en Valencia presentando una maqueta. Más que fiebre de inauguraciones, sufrimos una diarrea de desfachatez.

Foto.El Periódico de Catalunya. Camps y González Pons.

ESA LUNA COLOR DE VIEJO SAXOFÓN
Luis García Montero

Esa luna color de viejo saxofón
me retendrá en París.
Esa luna color de vieja mariposa,
de alma vieja buscando sobre el viento
ojos para mirar el fin de siglo,
gatos que son las dudas de la noche.

Tiéndete junto a mí. Despierta en la memoria
esa inquietud que guardan los que acaban de amarse,
la imperceptible prisa de los labios
que buscaron un cuello donde apoyar su aliento.
Y déjame mirarte, frente a frente,
con estos mismos ojos orientales
que utiliza el amor para observamos.

Mal encaje

marzo 26, 2011

La derecha, en general, no acepta las críticas ni cuando la evidencia es palmaria. Sus próceres demuestran un mal encaje cuando ellos agreden con puño de hierro, sin ningún tipo de contemplaciones. Además, tienen una particular manera de entender la libertad de expresión en democracia. Suelen adornarse con un lenguaje artero, montaraz y abrupto y luego manifiestan una sensiblería impostada cuando simplemente se responde con la verdad como bandera. Con esto quiero llegar al intento del Partido Popular de intentar frenar por la vía judicial una manifestación convocada en Valencia contra la corrupción por organizaciones sociales, sindicales y políticas.

Los argumentos esgrimidos por los peperos de la zona suenan a rechifla o a tomadura de pelo. Quieren abortar la iniciativa ciudadana invocando  un  supuesto delito de manifestación ilícita e injurias con publicidad contra la autoridad en el ejercicio de su cargo. Se quejan porque el lema de la convocatoria es ‘No volem un lladre de president’ (No queremos a un ladrón de presidente). El eslogan es, sin lugar a dudas, duro y contundente. Cuando blanden ellos las pancartas, todo vale y disparan hasta al apuntador con todo tipo de lindezas.

He participado esta mañana en la tertulia política de Canal Sur Radio y la portavoz parlamentaria del PP, Esperanza Oña, sin cortarse un pelo, nos ha llamado “delincuentes” a todos los socialistas sin excepción. No a los tres sinvergüenzas que se han intentado aprovechar del dinero público en la tramitación de los expedientes de regulación de empleo y que deben pagar penalmente por sus tropelías. Los manifestantes valencianos no agreden a una organización, sino a un dirigente como Francisco Camps a punto de sentarse en el banquillo por los trapicheos de sus “amiguitos del alma”. Arropan tanto a su compañero en apuros que no hace muchas fechas, y con la que ha caído, Javier Arenas decía que “gobernar es imitar a Camps“.

La derecha se despacha con barra libre y a continuación se pone exquisita. Siempre aplicándose el ancho del embudo.

Colegio de periodistas

marzo 25, 2011

Si mis noticias son correctas, el Gobierno de Andalucía tiene tiene prácticamente ultimado el proyecto de ley para la creación de un Colegio de Periodistas en esta tierra. Posiblemente no sea la panacea, pero en la actual situación de desregulación de este gremio puede constituir una ventana a la esperanza. Para un náufrago en alta mar una tabla a la que agarrarse puede significar una posibilidad cierta de salvación.

El colectivo de periodistas sufre posiblemente los mayores índices de precariedad laboral de la economía española para mayor gloria de unas empresas que se benefician sin misericordia de esta situación insostenible y que no sería tolerada por otros sectores profesionales. Sueldos ridículos (excepto las megaestrellas), contrataciones temporales o bajo la triquiñuela de la colaboración, becarios cubriendo plaza de trabajadores seniors, plantillas insuficientes o jornadas laborales interminables constituyen la tónica en la inmensa mayoría de las redacciones, salvo en los medios públicos o en una minoría de privados donde aún se gestiona con ética empresarial. (Sin entrar en otras consideraciones aún menos edificantes como la presión de la línea editorial en los contenidos estrictamente informativos).

El dumping entre los propios periodistas contribuye a este panorama: siempre hay un joven licenciado dispuesto a enrolarse a una cabecera cobrando menos dinero que el que ocupa con provisionalidad dicho puesto. Y por si no fuera suficiente, el divismo y la vanidad de los redactores, todos inminentes Pulitzer, y la ausencia casi absoluta de organización corporativa y/o sindical hace el resto para definir este cuadro tétrico. El intrusismo (y no lo planteo de forma estricta porque no se pueden poner puertas al campo y menos en periodismo) permite que cualquiera se coloque la etiqueta de periodista por el simple hecho de difundir rumores o vociferar en lamentables programas televisivos.

Más que nunca hace falta un andamiaje legislativo que delimite unas condiciones sociolaborales para este colectivo profesional. Como escribía mi amigo Paco Perujo en su artículo De la facultad al colegio, los periodistas reclaman un “blindaje jurídico para el ejercicio de la profesión de informar” aunque este impulso no significará, como por ensalmo, “la solución inmediata de los problemas” que machacan a tantos proletarios de la pluma o el micrófono. Pese a todo, el Colegio se antoja como una vía posible para la dignificación profesional de este colectivo invertebrado.

Viñeta.Forges en El País.