Iglesias se rinde a Colau

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A Pablo Iglesias le ha salido un contrapoder dentro de Podemos: Ada Colau. En el juego interno de fuerzas y equilibrios el líder de Podemos ha cedido parcelas a la alcaldesa de Barcelona para retener el voto más independentista e identitario de Cataluña o Galicia. No quedaban apenas dudas de que esa era la razón que explica que la primera línea roja de la oferta de pacto poselectoral sea el derecho a la autodeterminación de los territorios y la celebración de un referéndum en Cataluña. Hoy la certeza es ya del cien por cien. El bloque catalán de la formación morada ha dejado clara cuál es la hoja de ruta irrenunciable: la celebración de una consulta sobre la ruptura con España. Los doce diputados catalanes de En Comú, franquicia de Podemos, votarán en contra de cualquier acuerdo que no la contemple. Esta postura hace imposible un acuerdo con el PSOE, primera fuerza de la izquierda en las elecciones del 20 de diciembre, y demuestra que el alma independentista que habita en la formación morada prepondera sobre la componente ideológica. O dicho de una manera más directa: que Pablo Iglesias ha claudicado, se ha rendido a Colau, y relega la posibilidad de un giro social con tal de contentar a los sectores soberanistas que lo apoyan. ¡Vaya chasco!

Menos lobos

2015 se despide con una serie de noticias que no refleja la tan deseada recuperación económica que algunos nos quieren meter con calzador. En un repaso rápido de la actualidad nos topamos con informaciones que más que al optimismo conducen al escepticismo:

  • La pensión subirá en 2016 de media dos euros al mes. Esto quiere decir que las pensiones más bajas del sistema crecerán céntimos, no alcanzarán ni un mísero euro. No parecen unos datos cómo para que el PP saque pecho. Y menos cuando muchos mayores están ayudando a hijos y nietos a llegar a fin de mes.
  • Apenas 6,6 euros se incrementa el salario mínimo interprofesional, un aumento escaso que hace a los trabajadores perder poder adquisitivo. El alza del 1% sitúa al SMI en 655,20 euros. En los cuatro años de gobierno de Mariano Rajoy la subida no llega ni a 14 euros (13,80 para ser exactos). No se estira mucho la derecha con la clase obrera.  El ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero cogió el SMI en 460,5 euros y lo elevó en 180 euros en siete años. Las comparaciones son odiosas y elocuentes.
  • El 80% de los menores de 30 años conviven con sus padres porque no tienen trabajo o si lo tienen, cobran un salario tan bajo que no les da para emanciparse del hogar familiar.

La mejoría de los datos macroeconómicos no alcanza a la inmensa mayoría de las familias y la brecha de la desigualdad se ensancha con subidas tan exiguas de pensiones y salarios. Estos aumentos tan ridículos son una tomadura de pelo viendo cómo se han recuperado los beneficios de las grandes empresas. De esta forma, los ricos cada día son más ricos y las clases medias y trabajadoras no acaban de recuperar ni el poder adquisitivo ni los derechos arrebatados por la crisis. Sin olvidar que en España hay 4.850.000 parados, según la EPA del tercer trimestre de este año. Desde luego, el panorama no es para tirar cohetes. Así que menos lobos, propagandistas.

Las dos almas de Podemos

A Podemos le pasa como a la CUP: tiene dos almas. Una de izquierdas y otra independentista. Sólo de esta forma se puede entender que Pablo Iglesias ponga como línea roja para negociar el derecho de autodeterminación o derecho a decidir de Cataluña u otro territorio antes que políticas progresistas de empleo, educación, sanidad o protección social, políticas que vengan a corregir el sufrimiento causado por la derecha en estos cuatro años de gobierno en España. Iglesias es rehén de las aspiraciones de En Comú de Ada Colau o las mareas gallegas, donde el sentimiento soberanista cohabita y, cuando no, supera al ideológico. Hasta seis veces le preguntaron en la rueda de prensa tras su reunión con Mariano Rajoy en la Moncloa sobre si estaba dispuesto a renunciar al referéndum de independencia en Cataluña y en ninguna ocasión dijo que no. Parece que en la formación morada se han olvidado de las reivindicaciones del 15-M. No recuerdo a nadie en las plazas pidiendo a gritos el derecho a decidir. La indignación no tenía nada que ver con la independencia de territorios, sí con la crisis, sí con el desempleo, sí con la pérdida de derechos, sí con el menor bienestar de las familias, sí con la necesidad de una regeneración democrática. Podemos ha desplazado todo este catálogo ideológico a un segundo término y ha puesto en su frontispicio supuestas urgencias que tienen más de cuestión interna (facturas debidas) que con el interés social y ciudadano. No están respetando el espíritu con que nació el 15-M. Ellos sabrán sus (inconfesables) razones.

Foto.Público.

¿Tongo?

Nuevos partidos, viejos trucos. El empate registrado en la asamblea de la CUP para apoyar o no la investidura de Artur Mas se antoja un puro artificio, una maniobra artera de la dirección para mantener la situación en suspense y arrogarse la decisión última sobre el respaldo o el rechazo al president en funciones. El azar puede producir estas contingencias inverosímiles, pero en política las casualidades no existen. Y estas increíbles tablas a 1.515 votos entre independentistas y anticapitalistas de la CUP, las dos almas que conviven en esta formación, dejan la decisión en manos de la dirección. Ya no serán 3.030 militantes los que decidan, sino sesenta dirigentes los que pongan jefe del Gobierno catalán o fuercen la repetición de las elecciones.

No tenía dudas de que la asamblea iba a ser dirigida por los cabecillas con hilos aparentemente invisibles. Así lo manifesté en este blog hace unos días. La faena ha sido más burda de lo esperado. El resultado final tiene cocina de creación y nos sirve en bandeja de plata un asamblearismo moldeable. Y chirría el camino conducente al empate plagado de preguntas trampas y votaciones kafkianas. ¿No habría sido más fácil decidir sobre dos opciones: sí o no a la investidura de Mas? El complejo sudoku perseguía generar una apariencia de democracia con un final escrito de antemano. El veredicto de la asamblea se muñó entre bambalinas y se revistió de decisión salomónica: fractura en dos mitades. Nadie pierde, nadie gana y el grupúsculo directivo que tiene la batuta de esta orquestada desafinada parte y reparte juego.

La lectura de los líderes de la CUP se sitúa en el esperpento. Su valoración fue en una rueda de prensa sin preguntas. Estos próceres de los nuevos modos tienen vicios de la más añeja política. Anna Gabriel, su portavoz parlamentaria, ha dejado una frase lapidaria que bebe en los galimatías de Groucho Marx: “No podemos dar a ninguna opción por ganadora, como por una parte u otra deseaban algunas partes“. El candidato anticapitalista en el 27-S, Antonio Baños, busca una maquillaje imposible para cubrir la realidad: “El resultado no nuestra división. Es una oportunidad para estudiar nuevas propuestas“. La primera pone el parche antes de que salga el grano y el segundo hace de la necesidad virtud (algo así que somos tan independentistas como anticapitalistas.

Si se pretendía alargar la agonía de Mas, objetivo cumplido. Si se intentaba sacar más tajada de la debilidad y la ansiedad de Junts pel sí por evitar una nueva cita con las urnas, objetivo cumplido. Pero lo más claro de todo es que sesenta dirigentes han cogido la sartén por el mango y tienen en sus manos el futuro de Cataluña.

Foto.– El Periódico de Catalunya. Baños y Gabriel, en el centro, durante la asamblea.

 

Final de año

FINAL DE AÑO
Jorge Luis Borges

Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Chantaje patriótico

Las cuentas no salen para la investidura de Mariano Rajoy. Sólo dispone en este momento de la sorprendente abstención anunciada por Ciudadanos. Albert Rivera se ha tenido que desdecir de todas sus palabras de campaña y apuntalar al ala derecho del bipartidismo que tanto había criticado. Ni aunque PNV y Coalición Canaria estuvieran dispuestos a cargar con esa cruz sería suficiente el gesto parlamentario. En la izquierda, PSOE, Podemos e IU ya han dejado claro un no rotundo a la continuidad del presidente y su formación política. Es de suponer que el independentismo catalán (ERC y la nueva marca de Convergencia, Democràcia i Llibertat) tampoco estén por la labor. A la vez que se ha consolidado el rechazo que cosechan Rajoy y el PP hemos empezado a escuchar llamamientos a la responsabilidad y peticiones de altura de miras. Mensajes cocinados en altas esferas para ablandar o condicionar las decisiones autónomas y democráticas de los partidos. Se sacará a relucir que el futuro de España está en juego en clave de chantaje emocional y patriótico. Toda la artillería apuntará hacia el PSOE para que se dirija altruistamente al altar del sacrificio político. Ya se ha abierto el fuego para debilitar las defensas de los principios socialistas con argumentos endebles y retórica solemne. Al coro se ha sumado Rivera, quién te ha visto y quién te ve, Albert, de emergente a efervescente. Los que piden un apoyo incondicional a Rajoy defienden otros intereses que para nada coinciden con los de nuestro país y, mucho menos, con los de la inmensa mayoría de los españoles. ¡Que no nos engañen!

Utopía por plato de lentejas

La CUP ha abierto la puerta a la investidura de Artur Mas. La cúpula directiva dará este domingo otra vez la voz a sus militantes. De nunca a puede ser. Se habla en los medios de comunicación de preacuerdo. Las proclamas de fuerza con un no rotundo, de antes y después del 27-S, se han ido debilitando con el paso de los días. No era tan fiero el león como lo pintaban. Esta fuerza anticapitalista, antieuropea y de la izquierda radical se comerá todos sus principios y, si lo deciden sus bases, mantendrán a un presidente de Cataluña de derecha, adalid de los recortes y miembro de un partido acechado por la sombra de la corrupción. Han pasado de la utopía al plato de lentejas. No les importa prostituir sus valores en aras de un aburguesado pragmatismo. Y no parecen escuchar a los catalanes que en las elecciones generales de este domingo han situado a la marca blanqueada de Convergencia en cuarto lugar, muy lejos de sus preferencias. Si el pueblo no los quiere, ¿por qué la dirección colegiada de la CUP le da oxígeno a Mas?  Hace unas semanas, los seguidores de esta fuerza política ya rechazaron al president en funciones, pero habrá una segunda vuelta a ver si en este nuevo intento se cambia el sentir de la mayoría con persuasión y una dirección inteligente de la asamblea. Los líderes pretenden pastorear a su rebaño con salmos y promesas de un mundo en el más allá. Veremos qué pasa.

Foto.– Mas y Baños, candidato de la CUP, en el Parlament de Cataluña.

Una burla a la democracia

Desconcertante, descabellada y estrambótica. Y se me ocurren muchos adjetivos más para calificar la propuesta de Íñigo Errejón de buscar un candidato a la Presidencia del Gobierno independiente fuera de los 350 diputados y diputadas del Congreso elegidos el domingo. Al desvarío se ha sumado también Pablo Iglesias en un intento de arropar a su mano derecha en Podemos en este naufragio dialéctico. Aquellos que han gritado no nos representan y han clamado contra los que toman decisiones sin refrendo de las urnas ahora se descuelgan con un planteamiento que supone una burla a los más de 25 millones de españoles que votamos hace tres días. Tremenda contradicción del número dos de la formación morada. de buscar a dedo en los despachos un teórico mirlo blanco y dar la espalda a la expresión democrática manifestada por los españoles. ¿Quién es el autor de esta ocurrencia? Estos adalides de la nueva política cometen errores de bultos pese a su fama de intelectuales. Van de regeneradores del sistema político y algunas de sus recetas proceden de laboratorios trasnochados que se alejan de la gente a la que ellos y sólo ellos dicen defender. Suena a despotismo ilustrado: gobernar sin el pueblo, sin la gente. Menuda paradoja. ¡Qué mal comienzo de legislatura están teniendo!

El nuevo Anguita

El maximalismo no parece el mejor atributo para definir lo que se ha venido en llamar la ‘nueva política’. Pablo Iglesias pretende erigirse en el poseedor de una verdad única e indiscutible, se presenta como un mesías intransigente e inflexible que reparte carnets de autenticidad y pureza a los adversarios políticos. En su valoración de los resultados del domingo, el líder de la tercera fuerza parlamentaria se ha dedicado a pontificar y se ha descolgado con cinco líneas irrenunciables para entablar negociaciones con otros partidos, en concreto dirigiéndose al PSOE. Y esto es lo que hay:  si no lo aceptas, es que le quieres poner una alfombra roja a la derecha del PP. ¿Se puede hacer más demagogia? ¿Se puede ser más simplista? Además, no se aplica Podemos su propio recetario: negociar no es torcer la muñeca, no es chantajear, es ceder y transaccionar, aceptar el pluralismo que existe en nuestro país.  Lo que Iglesias llama pegamento, cualquier observador neutral lo puede interpretar como líneas rojas o imposiciones, incluso como una extorsión política al antagonista. El líder de la formación morada ha recuperado la teoría de las dos orillas y se ha arrogado la superioridad moral de la que hacía gala Julio Anguita en la década de los noventa. ¿Quién en su sano juicio va a aceptar la ruptura de España que plantea Podemos? ¿Quién va a admitir la construcción de un estado asimétrico y la quiebra de la igualdad que propugna Iglesias al decir que el ‘café para todos’ ya no tiene justificación? ¿Quién va a pasar por el aro con el solo argumento de porque ‘yo lo digo’? Esto no son lentejas… Los resultados se les han indigestado o se les han subido a la cabeza, ellos sabrán. Sea lo que sea, el dogmatismo y la prepotencia no son buenas consejeras ni en la nueva ni la vieja política.

Foto.20 minutos.

Cuatro de cuatro

Susana Díaz Elecciones generales 20 de diciembre

En el último año y medio en Andalucía se han celebrado cuatro elecciones y el ganador ha sido el mismo: el PSOE. Desde la llegada de Susana Díaz a la presidencia de la Junta y a la secretaría general de los socialistas en esta comunidad, lleva una serie de cuatro victorias consecutivas. Las urnas arrojaron ayer un resultado incontestable: el PSOE gana en Andalucía con más de 107.000 votos de la segunda fuerza (PP), más de 650.000 que la tercera (Podemos) y casi 800.000 que la cuarta (Ciudadanos). Los socialistas se erigen como más votado en cinco circunscripciones (Sevilla, Jaén, Huelva, Córdoba y Cádiz) y en un ochenta por ciento de los municipios de la comunidad.

El triunfo en las generales tiene su peso en relación con las comicios de 2011 y en el contexto político actual. De la mano de Susana Díaz, el PSOE se ha pasado de perder hace cuatro años por 390.000 sufragios, nueve puntos y ocho escaños con el PP ha dar la vuelta al panorama y colocar como primera opción de las preferencias de los andaluces con una amplia diferencia en términos absolutos y 2,5 puntos de ventaja. Andalucía aporta uno de cada cuatro diputados socialistas en el Congreso y la proporción es incluso superior en el Senado y con su resultado apuntala la segunda plaza del PSOE en España, como primer partido de la izquierda y como primera fuerza de la oposición.

Frente a la socialista, que tiene un póker de primeros puestos, su antagonista del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, acumula una nefasta jugada con cuatro cartas de derrota. La cara de anoche para justificar el nuevo traspiés era todo un poema, el disgusto se filtraba sobre muecas forzadas, el lenguaje no verbal revelaba el dolor tras el enésimo varapalo, el discurso era mecanizado y frío como un témpano. El representante pepero ha tenido un aterrizaje desafortunado, no levanta cabeza. En plena campaña recurrió incluso a dar lástima, a pedir una victoria por los malos ratos que lleva sufridos, pero el electorado otra vez más le ha vuelto a dar la espalda. Dice sentirse reforzado en su ¿liderazgo? en este escenario deprimente, lo que ha sonado a excusatio non petita, y ha intentado hacer extrapolaciones imposibles para intentar salvar la cara. Sin duda, el síntoma de la debilidad y de la pesadumbre.

Los nuevos partidos, Podemos y Ciudadanos, han cosechado en Andalucía un resultado por debajo de las expectativas generadas por las encuestas. A Ciudadanos le ha venido larga la campaña y se ha desfondado al final. Aquí obtiene un apoyo parejo a la media nacional de la formación naranja. En cambio, la franquicia morada, aunque se alza con el tercer puesto, logra un respaldo cuatro puntos por debajo que en el conjunto de España, señal de la mayor implantación del PSOE y del carácter más radical de los podemitas por estos lares. Por último, Izquierda Unida no ha conseguido ningún escaño en Andalucía: sus 256.000 votos no tienen recompensa.