Prueba superada

Es el último día de vacaciones. Quizá el momento de recapitular lo que ha pasado y me ha pasado en este mes. El descanso ve ha venido de perlas. Llegué a finales de julio con una sensación de agotamiento más mental que físico, pidiendo a voces en mi interior un cambio de aires, una tregua, un rato de calma y recuperación. Así ha ocurrido. No ha sido un agosto de grandes emociones, ni de atractivos viajes, ni de sobresalientes acontecimientos. Sólo paz, ocio, relax y reencuentro con uno mismo. Han sido semanas para mis hijos, para mi familia, para mis amigos de verdad, para la lectura, para el deporte… y para algún revés de escasa envergadura. Momentos y avatares que han tenido reflejo en este blog. Al comenzar este periodo de asueto me fijé dos retos en relación con mi bitácora: escribir siempre que tuviera oportunidad (sólo he fallado un día, el 23 de agosto) y no redactar ninguna línea de política (mucha peripecia personal, se ha convertido en una especie de diario, y algo de deporte, cultura y espectáculos). Prueba superada, he respondido a mis propias expectativas. No me planteo el blog como una obligación, antes al contrario es una pasión con cierta dosis de adicción, disfruto acudiendo a mi cita diaria. Este rincón resulta una pequeña válvula de escape para desengrasar mis deseos de escribir, para dar rienda suelta a ideas que me bullen en la cabeza, para recoger algunos instantes inolvidables. 31 de agosto: me he puesto a punto y he superado mi ITV. Tengo ganas de retomar la actividad. Veremos cuánto dura.

Palabras prestadas

Puente de soledades
Elena Martín Vivaldi

Hay tantas realidades escondidas,
ocultas por la niebla de las horas sin tiempo.
Hay una, dos palabras, millones de palabras
que esperan la sorpresa de unos labios.
Pájaros que no encuentran
la mano, casi rama,
que les señale el nido,
Hay murmullos sin bosques
para aquietar sus lenguas divididas;
calles sin ese árbol
que les siembre una antorcha
de amarilla nostalgia,
ríos preguntando un cauce,
mares, que no descubren, eterno, un horizonte,
con la antigua sospecha de sus olas.
Vientos desheredados, sin refugio,
en busca de veletas y balcones
donde dejar su aliento y su llamada.
Estrellas sin un cielo
para clavar su asombro errante y mudo.
Hay caminos perdidos,
que ignoran el destino de sus pasos.
Y hay corazones que se quedan solos,
llama encendida, nombres sin respuesta,
suplicando a la vida.

Hay voces en la tierra
recorriendo esperanzas.

(Más sobre la autora)

Fin de trayecto

Todo tiene un final. Ya estoy de regreso definitivo en Sevilla. Tres, dos, uno… El lunes está a la vuelta de la esquina. Se ha pasado un mes en el que he transitado por lugares diversos, he disfrutado momentos dispares y he vivido múltiples peripecias. Me ha sabido a mucho, sobre todo por los buenos ratos pasados con las gentes que me quieren y quiero. Tengo las pilas más que cargadas, la piel bronceada y la cabellera cada vez más canosa. Aunque he permanecido de retén, pendiente de la liebre que saltara, agosto ha sido desde el punto de vista político muy tranquilo. Llevábamos dos años enfrascados en la contienda electoral y se ha producido la lógica caída de tensión. Hasta esta casta a la que pertenezco requiere de un respiro de vez en cuando. Me ha plantado en casa con tres días de antelación para hacer más suave el aterrizaje, para iniciar un proceso de descomprensión paulatino. Mi ciudad me recibe con sus casi 40 grados. Ésa es su forma de manifestarme su cariño.

P.D. para Pasaba por aquí: Sigo en la estepa y el almirante lobo aún no ha regresado de Ecuador.

Vídeo: Antonio Orozco, Dime por qué (Cadizfornia).

Levante

Todo es según el color del cristal con que se mire. Me agrada que sople el levante en Cádiz. Este agosto no ha aparecido hasta la última semana. La costa gaditana se regula por el equilibrio de su régimen de vientos. El poniente fresco, el sur húmedo y el levante seco y cálido. Cuando se desata éste último las sombrillas se vuelan, la arena te azota y surgen ‘borreguitos’ en el mar. Te tienes que quedar en casa o buscarte una calita (en Roche, por ejemplo) o un parapeto (el faro de Trafalgar) para aprovechar el día de vacaciones. El levante es el mejor aliado para que las playas desde Chiclana hasta Tarifa no acaben de masificarse. Es incluso con este inconveniente y hay overbooking durante todo el verano. Mucha gente busca otro destino después de experiencias desagradables con el viento en estíos anteriores. Si no existiera el levante, estaríamos como en Benidorm, bajando a las ocho de la mañana para colocar nuestra toalla y ocupar nuestro metro cuadrado de playa. Además, lo bien que se lo pasan en Tarifa los windsurfistas. El levante es una bendición… Mejor una extraordinaria alegría.

Gases

Ni lacrimógenos, ni nobles, ni tóxicos… Más bien fétidos. Me ha llamado la atención durante estos días de solaz la cantidad de anuncios publicitarios en la tele sobre productos (nuevos o conocidos) para combatir los gases y las flatulencias. En verano nos ponemos como un pez globo de tanto comer y beber y por practicar el sillón-ball (bueno, unos menos que otros, yo al menos mantengo mi rutina deportiva y no he puesto ni un kilo). Los laboratorios habrán pensado que éste es el mejor momento para el lanzamiento o relanzamiento de sus fármacos. Cuando nos quitemos el bañador o el pareo, prendas que aguantan bien el rebosamiento graso por los excesos, y nos pongamos ropas más ceñidas, necesitaremos un desatascador intestinal. Pues toma dosis de comprimidos que actúen como una aguja para pinchar la inflamación sobrevenida después de tanto chiringuito y terraza de verano. Menos mal que las empresas farmacéuticas piensan en nosotros para combatir la ingesta de burbujas. En fin, quien quiera aflojar el esfínter sólo tiene que moverse un poco. Un paseo a buen ritmo, una carrerita, un partido de pádel, por ejemplo, y tendrá propulsión extra en el desarrollo de esas actividades. Menos pastillas y más deporte.

Coleccionando

 

A cada uno la da por una cosa. Unos coleccionan sellos, otros monedas extranjeras, los de más allá botellas de cerveza… A mí me encanta observar las puestas del sol por doquiera que voy. No es la primera vez que escribo en el blog sobre el crepúsculo del día o inserto una imagen del ocaso del astro rey. La fotografía de hoy está tomada en Roche (Cádiz). Hace unos días relaté un atardecer en Moguer (Huelva) o coloqué una instantánea de Formentor (Mallorca). No es por romanticismo: no me pongo tierno o sentimental observando el declinar del sol en el horizonte, aunque poseo mi correspondiente dosis de sensibilidad y, además, estoy abierto a compartir. Me atrapa la belleza de este momento mágico, flipo con colores que se hacen más intensos, disfruto con un ambiente que ensimisma…  Cado cual tiene sus manías.

Lecturas

No voy a escribir sobre las revistas de papel couché o del corazón. ¡El sol no me ha reblandecido tanto el cerebro! Este post lo quiero dedicar al atracón de leer que me estoy dando este mes, aprovechando el tiempo libre que conceden mis vacaciones. Me fascina la literatura en cualquier época del año. Lo único que en periodo laboral sólo leo por las noches antes de dormir y el cansancio no siempre ayuda a deglutir muchas páginas. En este mes se sumerje uno en el libro a cualquier hora del día y en cualquier lugar. El ritmo de lectura se acrecienta. Ya han vuelto a los anaqueles de mi librería Cenotafio de Beatriz, de Eve Gil; Tokyo Blues, de Haruki Murakami; y El orden alfabético, de Juan José Millás. Tengo ya bastante avanzado Conversaciones en La Catedral, Mario Vargas Llosa, una obra bastante voluminosa (755 páginas con cuerpo de letra pequeño en la edición de bolsillo) que confío en terminar antes de que nos embargue a muchos la ‘depre’ postvacacional. En la recámara aguardan dos títulos: La neblina de ayer, de Leonardo Padura, y Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa. A falta de otras emociones, buenos son libros.

Escapada

Acabo de regresar de una escapada relámpago a Lisboa. Casi 1.000 kilómetros en 48 horas. Tenía un enigma que resolver en la capital del país vecino. Era una apuesta de riesgo. Lo sabía de antemano. No ha salido como yo quería o esperaba. Esta resolución entraba entre las hipótesis posibles. Al menos lo he intentado. Prefiero equivocarme por acción que por omisión, tirar para adelante que esperar con los brazos cruzados. Quien no juega a la lotería no consigue el premio gordo. Imbuyéndome del espíritu olímpico concluyo que lo importante es participar. No me acompaña la tristeza del fado, más bien la certeza de que estoy vivo. A seguir en la brecha, aprendiz de lobo.

P.D. Lisboa tiene encanto, siempre lo ha tenido, pero su majestuosa decadencia empieza a perder esplendor. La cochambre comienza a difuminar su belleza. El Barrio Alto, por ejemplo, está inundado de garabatos absurdos que aspiran ser graffitis, ni una fachada se libra de la marca infame del aerosol. Una manita de pintura urgente, por favor.

Vídeo: Mariza, Meu fado meu.

¡Vaya perla!

_ ¿Y por qué no has dejado el periodismo? -dijo Santiago-. Han podido buscar otra cosa.

– Entras y no sales, son las arenas movedizas -dijo Carlitos, como alejándose o durmiéndose-. Te vas hundiendo, te vas hundiendo. Lo odias pero no puedes librarte. Lo odias y, de repente, estás dispuesto a cualquier cosa para conseguir una primicia. A pasarte la noche en velas, a meterte en sitios increíbles. Es un vicio Zavalita.

Este fragmento de Conversaciones en La Catedral, de Mario Vargas Llosa, resume a la perfección la imagen que tengo del periodismo y de nosotros los periodistas. No debería añadir nada más que luego los compañeros del gremio me reprochan que soy excesivamente duro o que he perdido la referencia. No me puedo resistir. El periodismo tiene mucho de adictivo y cuando uno no es capaz de ver más allá de sus muros, se adentra en la endogamia, el corporativismo y la irrealidad. La vida tiene más matices, una gama de colores más amplia, que el terreno delimitado, previsible y tópico en el que se mueve gran parte de la profesión. Alguna vez te das una satisfacción, la mayoría te hastía, pero estás ahí lampando desesperadamente por tu dosis de actualidad inane. Yo ya me acuerdo poco de ese periodismo…

Vídeo: Estopa, Ya no me acuerdo.

Vacío

Todos los años me pasa lo mismo. Me invade un profundo vacío durante los días siguientes al final de las vacaciones con mis hijos y mi hermana. Suele ser una quincena de bulla, de alegría, de rutina familiar entrañable, de estar rodeado y de ausencia práctica de sosiego, de oír un martilleo permanente hasta casi desgastar la palabra ‘papá’, de compartir cama con mi pequeño, de responder a las miles de preguntas que me hace el mayor, de deleitarme con la paciencia y la bondad de mi hermana, con el buen talante de mi cuñado y ahora con la gracia de mis sobrinos… Por instantes te cansa, te satura, te exaspera, pero se echa mucho de menos en seguida. Paso automáticamente del calor de las personas a las que quiero a la vida independiente y libre que me he dado. Ese cambio tan radical me coge siempre desprevenido, me produce un desgarro interior, valoro las ausencias, me hace cavilar hacia donde voy… Hoy me circunda el silencio. Este vacío me obliga a una readaptación a mi estepa particular y más si llego a Sevilla y no hay nadie. Mi círculo cercano está dando maletazos por el mundo. El lunes ya tengo refugio playero para la recta final de las vacaciones, el 29 una especie de cita a ciegas (enorme expectación ante el acontecimiento) y el 1 a trabajar con ganas y energía. Me quedan cuatro días para relamerme las heridas. Tendré que buscarme algún entretenimiento… O me conformaré con los Juegos Olímpicos. Por ahora, música para elevar el ánimo.