Cuando el amor

CUANDO EL AMOR
José Ángel Valente

Cuando el amor es gesto del amor y queda
vacío un signo solo.
Cuando está el leño en el hogar,
mas no la llama viva.
Cuando es el rito más que el hombre.
Cuando acaso empezamos
a repetir palabras que no pueden
conjurar lo perdido.
Cuando tú y yo estamos frente a frente
y una extensión desierta nos separa.
Cuando la noche cae.
Cuando nos damos
desesperadamente a la esperanza
de que solo el amor
abra tus labios a la luz del día.

Donde termina Europa

DONDE TERMINA EUROPA
Diego Doncel

Estamos solos a la orilla de estas aguas donde termina
Europa.

Estamos tú y yo con los restos de nuestro amor
preguntándonos qué hemos hecho
de nuestras vidas para llegar aquí.

Desde hace horas esperamos en este muelle desierto,
en esta plataforma metálica que flota sobre el mar.

A veces vemos arribar barcos vacíos
que vuelven a partir sin nadie, a veces oímos las sirenas
de los barcos que ya no llegarán nunca.

Los paneles electrónicos informan de rutas apócrifas,
de rutas perdidas en los horizontes oscuros.

Miramos a lo lejos. Nos manchamos las manos
con el óxido del abandono, los abrigos
con la basura de la última luz.

Hemos llegado a este puerto con el corazón
cargado de desprecio, odiando nuestra vida,
con las sombras de lo que fuimos alguna vez.

Al fondo de tu bolso, los pasajes se van llenando de
moho y de frío.

Queremos dejar atrás este país para buscarnos más allá,
para no ser sepultados por sus mentiras.

Huimos de nosotros mismos, de este modo de
civilización
para no ser ahogados por el malestar.

En las ventanillas no hay nadie, solo el destello
de los ordenadores, la tinta azul de los azulejos
que se desvanece en el aire marítimo.

Te sientas junto a mí buscando mi calor,
después de tanto daño, después de tanta pérdida
clavas tus ojos grises en los míos y respiras.

Nuestros documentos solo muestran las fotos de dos
desconocidos.

Nunca podremos huir, me dices, nunca nos dejarán en paz.

Han colgado en la vida el cartel de rebajas,
han hecho que nuestra intimidad sea solo una
superstición,
una estrategia de mercado.

En el crepúsculo la bruma es llevada de aquí
para allá por las grúas del puerto.

En el aparcamiento, un perro ladra pidiendo
que le arroje la carne de mi tristeza.

En la playa vemos cómo las algas sepultan las huellas del
verano.

Vámonos de aquí, me dices,
abandonemos deprisa todo esto,
dejemos incluso nuestras maletas
perdidas en la soledad de este embarcadero.

Somos dos fantasmas que no saben dónde están las cosas
que quisieron cambiar, que les avergüenza la palabra
revolución.

Fuimos engañados por lo verdadero, nos perdimos en lo
falso.
Algo se ha roto desde hace mucho tiempo en nuestro
interior.

Te levantas, con rabia arrojas nuestra ropa al mar,
nuestra vida a las aguas negras.

Vemos flotar nuestros sueños en el oleaje,
vemos flotar el tiempo en el que nos quisimos
y en el que nos destruimos, el tiempo en el que nos
deseamos
y en el que nos traicionamos.

La plancha oscura de la bahía tiene nuestras grietas,
el duro aprendizaje de vivir, el duro aprendizaje de envejecer
y de amar. Vemos hundirse nuestros secretos, todo aquello
que callamos, las vidas llevadas al margen
que seguimos ignorando porque son inconfesables.

Guardamos silencio.

El temblor de tus manos, el temblor de tu boca
y de tus ojos me hablan de la ternura y de la fragilidad.

Cojo los pasajes y los arrojo al viento.

No tenemos nada, no somos nada.
Los operarios nos encuentran al amanecer, llorando.

Junto a la puerta

JUNTO A LA PUERTA
Guadalupe Grande

La casa está vacía
y el aroma de una rencorosa esperanza
perfuma cada rincón
Quién nos dijo
mientras nos desperezábamos al mundo
que alguna vez hallaríamos
cobijo en este desierto.
Quién nos hizo creer, confiar,
—peor: esperar —,
que tras la puerta, bajo la taza,
en aquel cajón, tras la palabra,
en aquella piel,
nuestra herida sería curada.
Quién escarbó en nuestros corazones
y más tarde no supo qué plantar
y nos dejó este hoyo sin semilla
donde no cabe más que la esperanza.
Quién se acercó después
y nos dijo bajito,
en un instante de avaricia,
que no había rincón donde esperar.
Quién fue tan impiadoso, quién,
que nos abrió este reino sin tazas,
sin puertas ni horas mansas,
sin treguas, sin palabras con que fraguar el mundo.
Está bien, no lloremos más,
la tarde aún cae despacio.
Demos el último paseo
de esta desdichada esperanza.

* Mi homenaje in memoriam a Guadalupe Grande, que ha fallecido nada más comenzar este año.

Perdóname el dolor…

Perdóname el dolor, a veces,
perdóname la tristeza casi siempre
y la soledad
(es así como llamo a tu ausencia).
Perdóname el silencio
y las palabras
ahora.
Perdóname la alegría si te tengo
un poco,
los encuentros, los versos,
mi pobre vida.
Perdóname la esperanza
todavía
(la tomo sin dármela
y la asumo como único alimento).
Perdóname que hable
                         que calle
                         que respire
pero nunca que te ame.
Condena mi amor, castígame por él,
quiero el infierno por patria y aposento,
que los días me torturen y conozca la fatiga,
que tus reproches me vistan de martirio,
tu fúria de sangre.
Maldita y desterrada, te seguiré queriendo
y seré, más que nunca, imperdonable.

Pilar Pallarés

Ya no

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

Idea Vilariño

Nunca desayunaré en Tiffany

Nunca desayunaré en Tiffany
ese licor fresa en ese vaso
Modigliani como tu garganta
nunca
aunque sepa los caminos
llegaré
a ese lugar del que nunca quiera
regresar

una fotografía, quizá
una sonrisa enorme como una ciudad
atardecida, malva el asfalto, aire
que viene del mar
y el barman
nos sirve un ángel blanco, aunque
sepa los caminos nunca encontraré
esa barra infinita de Tiffany
el juke-box
donde late el último Modugno ad
un attimo d’amore che mai piu ritornera

y quizá todo sea mejor así, esperado

porque al llegar no puedes volver
a Ítaca, lejana y sola, ya no tan sola,
ya paisaje que habitas y usurpas
nunca,
nunca quiero desayunar en tiffany, nunca
quiero llegar a Ítaca aunque sepa los caminos

lejana y sola.

Manuel Vázquez Montalbán

Yo

YO
Anne Carson

Oigo pequeños chasquidos dentro de mi sueño.
La noche gotea su taconeo de plata
espalda abajo.

A las cuatro. Me despierto. Pensando
en el hombre que
se marchó en septiembre.
Se llamaba Law.

Mi rostro en el espejo del baño
tiene manchas blancas en la parte baja.
Me enjuago la cara y vuelvo a la cama.
Mañana voy a ver a mi madre.

* La canadiense Anne Carson ha sido galardonada esta semana con el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

Pluralidad del nombre

PLURALIDAD DEL NOMBRE
Juan Gallego Benot

Yo he podido recorrer
por ti todos los campos,
todas las amplias nubes fronterizas,
la mar hastiada de molicie,
el llano fierro inoportuno.

He cantado al blancor
y a la dulzura del mundo,
he dicho que podría
dar el alma por ti
y tantas cosas.

Hoy, que el sol
relumbra amenizando
el más terrible verano,
podrías ser cualquier otro:
mis cantos son tan generales…
Aún puedes ser
cualquier otro en otros ríos,
otros días intranquilos,
calurosos y tristes.

* El sevillano Juan Gallego Benot (1997) ha ganado el II Premio de Poesía Joven Tino Barriuso, con el poemario Oración en el huerto.

Sin sombra

SIN SOMBRA
Juan Cobos Wilkins

Como tantas otras veces
pero ya nunca más
has de venir
de noche hasta mi cuarto
y mostrarme
el camino del cielo hacia la Isla.

Como tantas otras veces
no esperaré tu rostro tras el cristal
empañado de mi ventana
ni me sorprenderá tu sombra
revuelta entre mis calcetines, sombra
oculta bajo alguna camisa o en la raya
perfecta de un pantalón planchado.

Con el seguro azar indiferente,
hasta el próximo remordimiento, hasta la próxima
indefensión, nos despedimos.
Como tantas otras veces, pero ya nunca más.

Ahora sí…

Ahora sí que tú y yo estamos más lejos uno del otro
que dos estrellas de diferentes galaxias.
Ningún astrónomo logrará tenernos juntos
en su vertiginoso campo visual
ni el fotógrafo de Cartagena ante su Polaroid
así fue hace la infinidad de siete años
el resto de las imágenes son nubes de la memoria
y de aquélla y de todas se ha retirado la vida.

Enrique Lihn