A mi amiga Cinta

He recibido esta mañana la noticia como un jarro de agua fría. Mi compañera y amiga Cinta Castillo ha fallecido. Su lucha contra el traicionero cáncer ha sido infructuosa. Conocía de sobra la gravedad de la situación, ya no nos quedaban esperanzas. Los remedios terapéuticos no habían dado el resultado deseado y en este segundo arreón la enfermedad había derrotado a la ciencia. Ayer tarde me acordé de ella y le puse un SMS cariñoso que me respondió al instante. Ese pequeño detalle me inspiró una gran alegría. Como se puede ver, una alegría pasajera, tan fugaz como un suspiro. Por eso el fulminante desenlace, con nocturnidad y alevosía, me ha cogido con la guardia un poco baja. No esperaba que nos dejara tan pronto.

Cinta era (me cuesta conjugar el verbo en pretérito) una mujer de convicciones, tenaz (a veces testaruda), sin miedo al trabajo, locuaz y muy sociable. Firme como política, grandísima como amiga. Hemos compartido mucho camino desde mediados los noventa del siglo pasado. Me recordaba a menudo en tono burlón una anécdota de ambos al calor de su primer gran acto como secretaria de Igualdad del PSOE de Andalucía allá por el año 2000: “Te acuerdas, Maikel (ése es mi apelativo para mucha gente de mi partido, verbigracia del también fallecido y querido Alfonso Perales), cuando íbamos a celebrar en Córdoba el Día Internacional de la Mujer, mi debut en un gran acto de la ejecutiva regional, y te dije que estaba nerviosa. Tu respuesta no pudo ser más inflexible: ‘No tienes derecho a ponerte nerviosa, sube al atril y demuestra lo que vales’. Desde luego, no tuviste compasión de mí“. Cinta no se doblegaba ante nada. Siempre ha derrochado valentía y capacidad para encarar cualquier reto.

Te vas y me acuerdo de algunas noches de farra con la pandilla de diputados y agregados, de la última comisión de Presidencia de septiembre en la que apenas pudimos hablar y que fue una de tus últimas apariciones en la Cámara, de aquella foto que nos hicimos un día que coincidimos en el río yo corriendo y tú de paseo con tu hija, de un café en el Senado con Mario Jiménez donde disteis en la diana de mis asuntos de trastienda, de la alegría que me dio que te nombraran consejera de Medio Ambiente… Joder, qué injusta es la vida. Te echaré de menos, amiga.

Pensando en las personas y el empleo

El Consejo de Gobierno ha aprobado esta mañana el proyecto de ley de presupuestos de la comunidad autónoma para 2014. Son unos presupuestos y de izquierdas, los mejores posibles en un escenario tremendamente difícil.

Presupuestos pensados en las personas y centrados en el empleo. Se mantiene la apuesta social al preservar el estado del bienestar, los servicios públicos y los derechos de los ciudadanos. Y desde luego todas las políticas públicas se dirigen hacia el empleo y la lucha contra el paro, que es la principal preocupación de los ciudadanos y ha de ser la principal ocupación de todas las administraciones.

Son de nuevo los presupuestos del contraste y de la diferencia. Otra demostración de que otra forma de hacer política es posible.

Todo esto pese a los obstáculos y las zancadillas que nos ha puesto el Gobierno de la nación. Hacer un presupuesto, con una reducción del gasto de 1.200 millones más, no era una tarea fácil. Y aun así el Gobierno andaluz presenta hoy unas cuentas progresistas, sociales y que ofrecen un camino distinto para salir de esta larga crisis fortaleciendo nuestro sistema productivo y sin dejar a nadie en la cuneta.

Nota.- Resumen del Presupuestos Andalucía 2014.

Rajoy y los escraches

Todos los escraches son rechazables. Sea quien sea la persona que lo sufra. Cargos institucionales del PP de Málaga han acosado esta mañana con actitudes violentas a la presidenta de la Junta de Andalucía. Sus dirigentes regionales han salido a apoyar a los protagonistas de este “acto de intimidación”, usando las palabras del propio Rajoy. ¿Está el presidente del Gobierno de acuerdo con el comportamiento de sus correligionarios? Haría bien la derecha en dejar de hacer gala de una doble moral tan acusada.

Justa rebeldía

Un grupo cada vez más amplio de mujeres se están organizando en Arabia Saudí contra la discriminación por razón de género. Una empresa que comporta riesgos en un país tiránico y de estructura medieval. El régimen saudí sitúa a la mujer en un lugar secundario, la considera una categoría inferior sometida al arbitrio del hombre, ya sea padre o marido. Tenían convocada una protesta para rebelarse contra la prohibición de conducir por el mero hecho de ser mujeres. Este imprescindible acto de reivindicación, amplificado por las redes sociales, ha provocado la reacción iracunda de las autoridades de Riad, que han amenazado con severos castigos a toda aquella contraviniera la norma. Al final, la presión oficial y las dolorosas represalias han llevado a las activistas a desconvocar. En las últimas semanas, muchas han desafiado a título particular una legislación trasnochada e injusta. Hoy han decidido no ponerse al volante para evitar males mayores, pero continuarán con su campaña por otros medios. El camino que les queda por recorrer es largo, proceloso y complicado. Y también ilusionante en pos del derecho de la igualdad.

Manipulando hasta el hastío

Los medios de comunicación juegan a la política. Salvando las honrosas excepciones, el periodismo ha quedado sepultado por los intereses ideológicos o mercantiles de cada cabecera. Salta a la vista con un simple repaso al universo mediático español. Ahora bien, cuando la manipulación es tan obscena y retorcida como la de esta noticia de Intereconomía para desacreditar la masiva movilización de la comunidad educativa contra la reforma educativa del Gobierno, produce rechazo entre los propios profesionales, demasiados dóciles a veces ante las imposiciones intolerables de la empresa. La continuidad en el puesto de trabajo pende de un hilo demasiado frágil y el mercado laboral no invita a rebeldías ni a ejercicios de ética, como demuestra este vídeo difundido por elplural.com. Sin percatarse que tenía el micro abierto, la presentadora (a ver si no rueda su cabeza) reacciona con hastío ante el abusivo retorcimiento de la realidad con fines espurios por parte de esta cadena ultraconservadora. Quizá hubiera sido mejor dar un deontológico puñetazo sobre la mesa y negarse a leer una entradilla falsa e infumable. En su descarga habrá que pensar que las listas del INEM están llenas de valientes.

Éxito del #24O

Masivo seguimiento de la huelga general de la comunidad educativa. Éxito de movilización que debería hacer reflexionar al Gobierno de Mariano Rajoy. Salvo al Partido Popular, a nadie le gusta una norma que quiebra la igualdad de oportunidades y que apuesta por un modelo mercantilista y con un sesgo ideológico netamente conservador. La reforma Wert es una vuelta al pasado, a una escuela elitista y reaccionaria, al abandono de lo público en beneficio del negocio privado. Este grito colectivo de padres, alumnos y profesorado debería llevar al Ejecutivo del PP a aparcar el proyecto y buscar de nuevo un amplio consenso en una materia que exige acuerdos de estado y que no puede estar sujeta a los vaivenes de los cambios de gobierno.

Exceso de celo

En el Congreso de los Diputados han extremado tanto los controles de acceso a los invitados que se han pasado de rosca. Tras la original y sonora protesta de las activistas de Femen contra la reforma de la ley del aborto, para pasmo de sus señorías conservadoras (me refiero  a las del PP) y de algunos medios de comunicación, el presidente de la Cámara, Jesús Posada, ha aumentado el dispositivo de seguridad con consecuencias más que desafortunadas. Así, una invitada del PSOE a la sesión plenaria, Mar Escambre, profesora de derecho constitucional de la Universidad de Alicante, fue obligada la semana pasada a despojarse de su chaqueta, su pantalón y su blusa en el control de entrada. La dejaron en ropa interior actuando con exceso de celo para comprobar que no llevaba ninguna inscripción en su piel. Su pecado será ser feminista.

El comportamiento de los servicios de seguridad ha provocado la protesta de varios grupos de la oposición. Resulta chocante ese rigor más propio de un estado policial que de uno democrático de derecho. El protocolo de actuación se antoja excesivo, desproporcionado e insultante. Incluso vejatorio. Se han podido conculcar derechos fundamentales en la casa de la soberanía del pueblo. Menuda contradicción. Esperemos que la Mesa del Congreso dé marcha atrás y no siga por estos derroteros más que cuestionables. No se puede poner bajo sospecha a cualquier ciudadano que acuda a la Cámara baja por el mero hecho de ser un invitado por un grupo de la oposición. El nerviosismo está llevando al PP a querer matar moscas a cañonazos. Con esta medida se han pasado de frenada. Rectificar es de sabios.