Alaska se desnuda

mayo 31, 2008

Alaska posa desnuda en una campaña de dos organizaciones de defensa de los animales, PETA y AnimaNaturalis, en protesta contra las corridas de toros. A mí la fiesta nacional no me transmite nada. Me sitúo en la equidistancia: ni frío ni calor, no soy aficionado ni tampoco detractor, pero sí veo excesivo el sufrimiento al que se somete a un ser vivo tan bello como el toro bravo. La cantante expresa su rechazo a su manera contra la “crueldad de la tauromaquia”. Su verdad al desnudo. Eso sí con unos retoques de photoshop que realzan la estética y el atractivo del cartel.

Este desnudo es una forma de llamar la atención aprovechando la imagen de una famosa transgresora. Pretende ser un aldabonazo a nuestras conciencias. No es la primera campaña en este sentido. Rastreando por la red me he encontrado algunas imágenes anteriores con este mismo mensaje.

El debate sobre las corridas de toros aún no ha prendido en España . Los aficionados acérrimos consideran que las corridas cobran su sentido en nuestra cultura, en nuestras tradiciones más ancestrales, en la inyección de riqueza a nuestra economía y en supuestas cuestiones ecológicas como la no desaparición de la dehesa y del toro bravo.

La oposición, al menos activa, concita en la actualidad a una franca minoría. Potencialmente, la situación cambia de manera radical y el rechazo es masivo. “No tenemos derecho a hacer daño a nadie, ni a un niño, ni a un perro, ni a un toro”, señala Alaska. ¿Y quién no está de acuerdo con esta reflexión? Desde mi no beligerancia, creo coincidir con mucha gente que detestamos el espectáculo de sangre que rodea a cada faena que se le hace a un toro. Una encuesta de Gallup confirma que el 82% de los españoles de entre 15 y 24 años no se identifica con la fiesta nacional. ¿Se suscitará algún día un debate serio sobre la abolición de las corridas de toros?

La finta de Arenas

mayo 30, 2008

No eres oro todo lo que reluce. Javier Arenas ha filtrado su negativa a aceptar la propuesta de Mariano Rajoy a ocupar la secretaría general del Partido Popular a partir del inminente congreso de junio. Constituye un movimiento sibilino con un mensaje cifrado en clave interna. Su argumento grandilocuente y solemne (mi obligación está en Andalucía) tiene gato encerrado. No quiere poner más carne en el asador a sabiendas de que su actual referente nacional tiene fecha de caducidad. Rajoy saldrá del cónclave de Valencia con el estigma de la interinidad, con la certeza de que en 2011, en vísperas de los comicios generales, no recibirá el mandato de su partido para ser cartel electoral. Y eso si sobrevive a la carrera de obstáculos que tiene por delante hasta entonces: elecciones vascas, gallegas, europeas, catalanas y municipales.

Arenas no quiere unir su futuro a Rajoy más allá del apoyo para esta coyuntura congresual. La presumible caída de éste, más pronto que tarde, lo arrastraría también al ostracismo. No le conviene hacer más ostentación de su sintonía con alguien que en las propias filas del PP se le considera ya un cadáver político. Si se enroca en Andalucía, puede salvar el pellejo. Con esta finta, Arenas se blinda en su cantón y no asume más riesgos en el futuro inmediato.

Si se fuera a Madrid, tendría que dejar al presidencia regional y mover el banquillo. Esta última hipótesis podría descomponer el juego de equilibrios que mantiene en la comunidad andaluza y activar voces críticas que aguardan agazapadas al momento oportuno. Sería un camino sin retorno: en esta ocasión no tendría reserva de puesto, se le acabaría este chollo con ribetes vitalicios del que disfruta desde 1993. Arenas acumula tres derrotas en Andalucía en duelo directo con Chaves (1994, 1996 y 2008) y otras dos más como factótum del PP andaluz (2000 y 2004). Su margen de maniobra es ya reducido, no puede malgastar su último cartucho.

Arenas se aburre con la política andaluza, pero hoy por hoy es el terreno más confortable para él. Político habilidoso y escurridizo, no tendría ningún reparo en irse a la capital a mover los hilos de su partido desde la calle Génova si tuviera la seguridad de que el liderazgo de Rajoy es sólido y resistente a todos los embates hasta el 2012. No le importaría tragarse sus palabras, desdecirse y justificar su sacrificio por su organización. Como no tiene garantías de éxito, cucamente, ladinamente, se ha desmarcado de un Rajoy tambaleante y amortizado. No quiere que le corten también la cabeza.

El banquillo

mayo 29, 2008

A Federico Jiménez Losantos, el látigo inmisericorde de las mañanas de la Cope, le salió ayer el tiro por la culata. El locutor bravucón de la emisora de los obispos comparecía en los juzgados por una demanda por injurias interpuesta contra él por el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón.

Losantos (o Losdemonios, como lo llama Felipe González) quería dirimir en los tribunales un episodio más de la crisis del PP. Como testigos de su defensa llamó, además de a su cuate Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, a Ángel Acebes, Esperanza Aguirre y Eduardo Zaplana. Los tres dirigentes del PP, pese a la enemistad política y quién sabe si personal con Gallardón, se salieron del guión trazado por los generales de la brunete mediática y negaron que el alcalde de la capital sea un traidor al partido.

Federico, cariacontecido, masticando chicle de forma compulsiva y bufando, no salía de su asombro en la sala de vistas. Se ha quedado como Gary Cooper: solo ante el peligro. Los tres aguerridos representantes del ala dura del primer partido de la oposición, colaboradores necesarios de las maniobras de Losantos y Pedro J. en el torbellino precongresual del PP, se salieron por la tangente, se hicieron los olvidadizos, antepusieron el patriotismo de partido… El locutor, aún estupefacto, sentenció al salir de los juzgados: “Nunca me he fiado de los políticos”. Pues, será ahora, antes no decía lo mismo y se declaraba devoto de estas tres víctimas de marianismo.

Esta mañana, la tertulia de la Cope era un aquelarre. Todos sus integrantes, con Pedro J. a la cabeza, arropando al zaherido y resentido Federico, relamiéndose las heridas, mascullando sus inquinas, queriendo convertir en mártir al verdugo, confundiendo sus deseos con la realidad… Ahora se pone el grito en el cielo en defensa de la libertad de expresión. “Alberto, olvida los insultos y pelillos a la mar”.

En cualquier país democrático, el estilo procaz, maleducado, faltón y chocarrero no tendría cabida en ninguna emisora. Y mucho menos la mentira, la tendenciosidad, la vileza y el insulto con los que adorna su visión sesgada de la actualidad. Para cualquier periodista lo que hace este kamikaze de las ondas provoca bochorno, vergüenza e indignación. Ahí sigue, con la venia de los prelados, haciendo de esta profesión un auténtico despropósito. Le acaban de renovar el contrato un año más. Si no quieres una taza…

Lluvia

mayo 28, 2008

La naturaleza, siempre caprichosa, nos está ofreciendo una primavera húmeda y esperanzadora para la recuperación del nivel de agua de nuestros embalses. Este mayo tan generoso desde el punto de vista pluviométrico está dejando al PP sin uno de sus principales argumentos (o quizá el único) en este inicio de legislatura. Entre sobresalto y disgusto precongresual, una cuñita con la guerra del agua. Ahora, Javier Arenas ha puesto en marcha una campaña publicitaria (al menos, cuñas de radio diarias) con el soniquete de agua para todos. El líder de la oposición andaluza es pertinaz, tozudo en sus argumentos infundados, inasequible al desaliento. A Arenas le pasa como a los malos periodistas: no permite que la realidad le cambie lo que él considera un buen titular. No se da por enterado, pese a los numerosos informes en contra, de que el trasvase del Ebro no es la solución, que el futuro está en la desalación y en la optimización del uso de este recurso escaso; las obras faraónicas e ineficaces suponen una pérdida de tiempo y de dinero. Pero, además, parece ajeno a que el volumen de agua embalsada en este periodo nos da un respiro, principalmente en la zona occidental de Andalucía. Y más que nunca el refranero es sabio: nunca llueve a gusto de todos. ¿O no, Javier?

Hace más de dos años escribía un artículo para la revista Ámbitos de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla con el título de ‘Los medios toman partido‘ en el que mostraba la preocupación por el alineamiento de determinadas empresas periodísticas con organizaciones políticas. Esta deriva en el quehacer profesional ha experimentado una significativa evolución, especialmente después de las elecciones de 9 de marzo. Algunos insignes periodistas ya no sólo conciertan su actividad con determinadas fuentes, sino que quieren imponer desde su trinchera mediática su forma de enterder la vida y la política.

El medio ya no media entre las fuentes y la opinión pública. ¿Dónde han quedado las enseñanzas del maestro Lorenzo Gomis? No se resigna a ser un simple y privilegiado hermeneuta de la realidad, a contar e interpretar los acontecimientos para su audiencia. Estos iluminados periodistas, plumillas ilustrados con ínfulas de demiurgos, han dado una vuelta de tuerca más corrompiendo una profesión (¿y una vocación?) que no atraviesa sus mejores momentos. El medio se ha convertido en un actor político más que diseña estrategias, que marca tiempos, que impone líneas de actuación. Ya no informa, fabrica una actualidad a su medida para conseguir unos objetivos concretos.

El caso más palmario y reciente es cómo determinados soportes periodísticos están contando y montando la crisis del Partido Popular, aunque más ejemplos de los últimos quince años hay en hemerotecas y archivos. La brunete mediática, con El Mundo y la Cope como estandartes, está organizando a la disidencia contra el presidente nacional, Mariano Rajoy, abre frentes de batalla, mueve peones en el tablero de juego, desestabiliza sus estructuras, bombardea sus futuras líneas de discurso… Quieren perfilar a un PP a la imagen y semejanza de sus intereses. No se limitan a informar sobre lo que acontece en el interior de esta formación política. Van mucho más allá: están orquestando una maniobra de acoso y derribo para que el PP no se centre y mantenga una línea de oposición crispada y frentista.

Esta forma fraudulenta de entender y ejercer el periodismo no es nueva. William Randolph Hearst, uno de los padres del amarillismo, ya utilizó las páginas de The New York Journal para alimentar la escalada de tensión entre España y Estados Unidos que condujo a la guerra y posterior independencia de Cuba en 1898. Hearst manipuló a su antojo a la opinión pública norteamerica hasta culpar al Gobierno español de la explosión del Maine en la bahía de La Habana, detonante del conflicto militar entre ambos países. Posteriormente, se ha demostrado que todo fue un accidente por el mal estado de las calderas del buque. Sus mentiras y exageraciones le permitió vender muchos periódicos.

Al igual que Hearst, hay periodistas en España que no les interesa la información veraz. Están más preocupados en demostrar su capacidad de influencia, en condicionar a los poderes públicos y en su afán de lucro. El periodismo sólo ha de contar lo que ocurre y no interferir, ni subvertir, ni inventar la realidad. ¡Qué lejos quedan para algunos las tres tradicionales funciones del periodismo (informar, formar y entretener)!

Intocables

mayo 26, 2008

Algunos jueces se consideran intocables. Leo el artículo Fraude de Constitución, firmado por Javier Pérez Royo en El País, y concluyo que determinados togados actúan con demasiada arbitrariedad aprovechando su elevada atalaya. Pérez Royo argumenta que es fraudelenta la decisión de la Sala de lo Contencioso de Sevilla del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía de anular las órdenes de la Consejería de Educación de la Junta para la impartición de la asignatura de Educación para la ciudadanía.

Explica el catedrático de Derecho Constitucional que no era esta instancia judicial la competente para enjuiciar la anticonstitucionalidad o no de esta decisión del Ejecutivo andaluz y que, a sabiendas, es decir, prevaricando, ha dictado esa resolución en lugar de elevar una cuestión de constitucionalidad al Tribunal Constitucional. Pérez Royo califica de “desvergüenza” y de “fraude institucional” el fallo de los tres magistrados de la Sala, quienes, a su juicio, “materialmente han actuado como delincuentes”.

Desde luego, el artículo de Pérez Royo no tiene desperdicio. Si finalmente el Tribunal Supremo desautoriza a la Sala de lo Contencioso de Sevilla, habría que exigir responsabilidades a los tres jueces. ¿O se deberían ir de rositas? Y es que dice el autor el principio vulnerado por los magistrados “se enseña en los dos primeros años de la licenciatura y que constituye una de las premisas indiscutibles en las que descansa el ordenamiento jurídico de España y de los demás Estados constitucionales europeos continentales”. ¿Puede estar la justicia en manos tan caprichosas, tan parciales… tan injustas?

Hoy es el día. Después de dos meses de “perrea, perrea”, Rodolfo Chikilicuatre compite en el festival de Eurovisión. Se ha suscitado un debate social de envergadura. No es para tanto, todo es más simple: tenemos lo que queremos o lo que nos merecemos. Hay que tomárselo con sentido del humor, no como José Luis Uribarri, que abandonó el plató de TVE despechado por lo que consideraba un insulto a ‘su’ festival cuando se conoció el escrutinio.  

Si se decide elegir a nuestro representante en este trasnochado y casposo festival por cuestación popular, luego hay que aceptar el veredicto de la audiencia. Lo friki (raro, anormal, loco, estrambótico…) cada vez pega más fuerte, tiene más aceptación en nuestra sociedad, es una ruptura en los formulismos y en los buenas costumbres. Son vías de escapes, sendas de evasión de la realidad, descompresiones frente al estrés. No hay que otorgarle más trascendencia. No es síntoma de nada irrevesible.

El ‘Chiki chiki’ es una canción para una tómbola de feria, no tiene ningún valor y está repleta de expresiones soeces y de mal gusto. ¿Y qué? Es la elegida por los televidentes. Así que está noche nos representará en Belgrado. Peor que el último no podemos estar. En otras ocasiones, con artistas y temas serios, España se ha quedado enbarrancada en la cola de la clasificación. Tomémonos con deportividad la cita nocturna y a reír, que de eso se trata.