A batallas de amor, campo de plumas

A BATALLAS DE AMOR, CAMPO DE PLUMAS
José Manuel Caballero Bonald

Ningún vestigio tan inconsolable
como el que deja un cuerpo
entre las sábanas
y más
cuando la lasitud de la memoria
ocupa un espacio mayor
del que razonablemente le corresponde.

Linda el amanecer con la almohada
y algo jadea cerca, acaso un último
estertor adherido
a la carne, la otra vez adversaria
emanación del tedio estacionándose
entre los utensilios de la noche.

Despierta, ya es de día, mira
los restos del naufragio
bruscamente esparcidos
en la vidriosa linde del insomnio.

Sólo es un pacto a veces, una tregua
ungida de sudor, la extenuante
reconstrucción del sitio
donde estuvo asediado el taciturno
material del deseo.

Rastros
hostiles reptan entre un cúmulo
de trofeos y escorias, amortiguan
la inerme acometida de los cuerpos.
A batallas de amor campo de plumas.

***

El jerezano Juan Manuel Caballero Bonald, uno de los grandes de las letras hispanas, ha fallecido hoy a los 94 años. Premio Cervantes y Premio Nacional de Poesía, nos deja un inmenso legado creativo y de pensamiento.

Donde termina Europa

DONDE TERMINA EUROPA
Diego Doncel

Estamos solos a la orilla de estas aguas donde termina
Europa.

Estamos tú y yo con los restos de nuestro amor
preguntándonos qué hemos hecho
de nuestras vidas para llegar aquí.

Desde hace horas esperamos en este muelle desierto,
en esta plataforma metálica que flota sobre el mar.

A veces vemos arribar barcos vacíos
que vuelven a partir sin nadie, a veces oímos las sirenas
de los barcos que ya no llegarán nunca.

Los paneles electrónicos informan de rutas apócrifas,
de rutas perdidas en los horizontes oscuros.

Miramos a lo lejos. Nos manchamos las manos
con el óxido del abandono, los abrigos
con la basura de la última luz.

Hemos llegado a este puerto con el corazón
cargado de desprecio, odiando nuestra vida,
con las sombras de lo que fuimos alguna vez.

Al fondo de tu bolso, los pasajes se van llenando de
moho y de frío.

Queremos dejar atrás este país para buscarnos más allá,
para no ser sepultados por sus mentiras.

Huimos de nosotros mismos, de este modo de
civilización
para no ser ahogados por el malestar.

En las ventanillas no hay nadie, solo el destello
de los ordenadores, la tinta azul de los azulejos
que se desvanece en el aire marítimo.

Te sientas junto a mí buscando mi calor,
después de tanto daño, después de tanta pérdida
clavas tus ojos grises en los míos y respiras.

Nuestros documentos solo muestran las fotos de dos
desconocidos.

Nunca podremos huir, me dices, nunca nos dejarán en paz.

Han colgado en la vida el cartel de rebajas,
han hecho que nuestra intimidad sea solo una
superstición,
una estrategia de mercado.

En el crepúsculo la bruma es llevada de aquí
para allá por las grúas del puerto.

En el aparcamiento, un perro ladra pidiendo
que le arroje la carne de mi tristeza.

En la playa vemos cómo las algas sepultan las huellas del
verano.

Vámonos de aquí, me dices,
abandonemos deprisa todo esto,
dejemos incluso nuestras maletas
perdidas en la soledad de este embarcadero.

Somos dos fantasmas que no saben dónde están las cosas
que quisieron cambiar, que les avergüenza la palabra
revolución.

Fuimos engañados por lo verdadero, nos perdimos en lo
falso.
Algo se ha roto desde hace mucho tiempo en nuestro
interior.

Te levantas, con rabia arrojas nuestra ropa al mar,
nuestra vida a las aguas negras.

Vemos flotar nuestros sueños en el oleaje,
vemos flotar el tiempo en el que nos quisimos
y en el que nos destruimos, el tiempo en el que nos
deseamos
y en el que nos traicionamos.

La plancha oscura de la bahía tiene nuestras grietas,
el duro aprendizaje de vivir, el duro aprendizaje de envejecer
y de amar. Vemos hundirse nuestros secretos, todo aquello
que callamos, las vidas llevadas al margen
que seguimos ignorando porque son inconfesables.

Guardamos silencio.

El temblor de tus manos, el temblor de tu boca
y de tus ojos me hablan de la ternura y de la fragilidad.

Cojo los pasajes y los arrojo al viento.

No tenemos nada, no somos nada.
Los operarios nos encuentran al amanecer, llorando.