Rosa de fuego

ROSA DE FUEGO
Antonio Machado

Tejidos sois de primavera, amantes,
de tierra y agua y viento y sol tejidos.
La sierra en vuestros pechos jadeantes,
en los ojos los campos florecidos,

pasead vuestra mutua primavera,
y aun bebed sin temor la dulce leche
que os brinda hoy la lúbrica pantera,
antes que, torva, en el camino aceche.

Caminad, cuando el eje del planeta
se vence hacia el solsticio del verano,
verde el almendro y mustia la violeta,

cerca la sed y el hontanar cercano,
hacia la tarde del amor, completa,
con la rosa de fuego en vuestra mano.

Transformación

Transformación
Marta López Vilar

avec toutes ses eaux mortes.
Martine Broda

Ninguna huella queda ya entre la nieve.
Tampoco quedará su frío cuando el sol la toque
para convertirla en agua que, de tan pura, dolerá en los labios.

Y yo la beberé.

La luz matará esta memoria blanca.
No será el mar ni el plomo oscuro de la noche,
sino el cuerpo desnudo de la aurora,
cada día.
No quedarán ni las sombras
y todo se irá lentamente por el río,
se limpiará de nombres y de barro,
y no sabré quién soy
cuando anochezca.

Existían sus manos…

Existían sus manos
Un día el mundo se quedó en silencio;
los árboles, arriba, eran hondos y majestuosos
y nosotros sentíamos bajo nuestra piel
el movimiento de la tierra.

Tus manos fueron suaves en las mías
y yo sentí la gravedad y la luz
y que vivías en mi corazón.

Todo era verdad bajo los árboles,
todo era verdad. Yo comprendía
todas las cosas como se comprende
un fruto con la boca, una luz con los ojos.

Antonio Gamoneda

He aquí la sonrisa…

He aquí la sonrisa que no va a ningún lado. No se dirige
a nadie pero se deja puesta en caso de emergencia.
El reloj no me dice cuántos meses
he de permanecer aquí:
está especializado en un paso del tiempo
de pequeño tamaño.
Llevo una sucursal del siglo diecinueve
en la muñeca izquierda: solo me ofrece horas,
minutos y segundos. Aquí no me da tiempo
ni a estar muerta.

Hoy va lento internet.

Mercedes Cebrián

Labios bellos, ámbar suave

LABIOS BELLOS, ÁMBAR SUAVE
Luis Antonio de Villena

Con sólo verte una vez te otorgué un nombre,
para ti levanté una bella historia humana.
Una casa entre árboles y amor a media noche,
un deseo y un libro, las rosas del placer
y la desidia. Imaginé tu cuerpo
tan dulce en el estío, bañado entre las
viñas, un beso fugitivo y aquel -“Espera,
no te vayas aún, aún es temprano”.
Te llegué a ver totalmente a mi lado.
El aire oreaba tu cabello, y fue sólo
pasar, apenas un minuto y ya dejarte.
Todo un amor, jazmín de un solo instante.

Mas es grato saber que nos tuvo un deseo,
y que no hubo futuro ni presente ni pasado.

Sin sombra

SIN SOMBRA
Juan Cobos Wilkins

Como tantas otras veces
pero ya nunca más
has de venir
de noche hasta mi cuarto
y mostrarme
el camino del cielo hacia la Isla.

Como tantas otras veces
no esperaré tu rostro tras el cristal
empañado de mi ventana
ni me sorprenderá tu sombra
revuelta entre mis calcetines, sombra
oculta bajo alguna camisa o en la raya
perfecta de un pantalón planchado.

Con el seguro azar indiferente,
hasta el próximo remordimiento, hasta la próxima
indefensión, nos despedimos.
Como tantas otras veces, pero ya nunca más.