Sobran los comentarios. El ácido humor de los opinadores gráficos lo dice todo sobre el traspié electoral sufrido por Unidos Podemos. Hemos pasado de la campaña de los osos amorosos a las amenazas de purgas estalinistas. Menudo pendulazo. Viñetas de Peridis (El País), Miki&Duarte (Grupo Joly), Puebla (ABC) y Los calvitos (elplural.com).

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junio 29, 2016

Comparativa Podemos IU 2015-2016 en España

En política no siempre dos más dos suman cuatro. Ya lo había dejado escrito en este blog en los últimos meses (21 de abril y 7 de mayo). Y eso es lo que le ha pasado a Unidos Podemos el 26-J. El conglomerado liderado por Podemos, con sus confluencias (En Comú Podem en Cataluña, Compromís en la Comunidad Valenciana y En Marea en Galicia), aumentó sus integrantes con Izquierda Unida y la formación balear Més para la cita con las urnas del domingo pasado. Partían con un apoyo total en diciembre de 2015 de 6.173.371 votos. A los 5.212.711 votos de la plataforma morada hay que incorporar los 926.783 de IU y los 33.877 de Més. El proyecto ampliado de Pablo Iglesias no sólo no ha sumado, sino que ha restado. Toda esta sopa de siglas se ha quedado en 5.049.734 apoyos, dejándose en el camino 1.123.637 votos y cayendo incluso por debajo del techo alcanzado en solitario por Podemos y confluencias en los comicios de 2015. Uno cada cinco electores le ha retirado la confianza. Esta tendencia a la baja se ha registrado en todos los territorios y con especial  intensidad en Andalucía y Madrid. En definitiva, un mal negocio.

Sorpresa

junio 27, 2016

Todos los pronósticos saltaron anoche por los aires. Nadie había pronosticado el resultado final de las elecciones repetidas. Los ciudadanos hablaron con sus votos y destrozaron todas las encuestas. Y la expresión de la voluntad del pueblo hay que respetarla, nos guste o no. No somos como Julio Anguita, que en sus tiempos mozos abroncaba a los españoles que no le daban el apoyo del que él se creía merecedor. A partir de ahí, unas conclusiones a vuelapluma.

  1. Los resultados parecen disipar un nuevo bloqueo. El triunfo del bloque de derechas sobre el de izquierdas sólo deja con opciones reales de formar gobierno a Mariano Rajoy.
  2. Gana el PP y aumenta su distancia respecto al resto. Al partido de la gaviota le ha funcionado la estrategia de la polarización y el miedo al radicalismo de Podemos. El Brexit ha representado el último empujón para amarrar un registro que no habían imaginado en el mejor de sus sueños. Está claro que al PP la corrupción y las patadas al estado de derecho (las grabaciones del ministro del Interior, por ejemplo) no le pasan factura.
  3. El PSOE se mantiene como segunda fuerza política. Cierto que ha cosechado el peor resultado desde 1977, pero también que ha frenado el sorpasso de Unidos Podemos. Ha superado en votos y en escaños a los de Pablo Iglesias. Y ha sido fundamentalmente gracias a los 537.687 votos con que los socialistas han aventajado a los morados en Andalucía. Ningún sondeo previó este escenario.
  4. Fracaso de la convergencia entre Podemos (más confluencias) e Izquierda Unida. Se han dejado en el camino 1.090.000 votos. Uno de cada cinco electores le ha retirado la confianza a la formación morada y aledaños en seis meses. El proyecto de Iglesias encalla: tocó techo el 20 de diciembre. Queda sobre su conciencia que con su fatídico desempate ha propiciado una victoria más amplia del PP. Y es que, como su maestro Anguita en los años noventa del siglo pasado, Podemos es esa izquierda útil para la derecha. Otro daño de esta aventura fallida: Izquierda Unida ha entregado sus siglas para nada, sacrificio baldío.
  5. Ciudadanos también ha sido víctima de la polarización… Y de la ley electoral. Con casi el mismo porcentaje de votos, pierde ocho escaños. Tiene sobre su tejado la pelota de mantener a Rajoy como presidente del Gobierno. A ver en qué quedan las proclamas de campaña. Tendrán difícil ponerle un veto al actual inquilino de la Moncloa.
  6. Los institutos de opinión, tras el enésimo fracaso de sus augurios electorales, se tendrían que replantear su futuro. ¿Aquí no dimite nadie o entona al menos el mea culpa sin excusas? Sonoro fiasco de los sondeos, traspié sin paliativos. No ha acertado ninguno en nada. Sociólogos y politólogos se lo tienen que hacer mirar. Al igual que las mesas de debate políticos en televisión y radio, que han llenado horas y horas de programación con encuestas que se han alejado mucho de la realidad. El resultado supone un duro correctivo a esa forma espectacularizada de analizar la política.

Foto.- Vozpopuli. Colas para votar en un colegio de Barcelona.

No sé

junio 26, 2016

NO SÉ
Clara Janés

Soy hermosa y mi piel es suave
y el viento del mar me devuelve rocío
de tiernas tersuras.
Mi cabello perfumo y adorno de áurea madreselva
y mi pecho es redondo y casi virginal.
Tuve un amante que ensalzó mis caderas
y mi forma de amar intensa y silenciosa.
Podría ser aún como un río de luz en tus brazos.
No sé qué te retiene, si furtivo, he visto
un destello de ardor en tu gesto al pasar.

Can I go forward when my heart is here?

No conozco la astucia,
no soy como la hoja del chopo
que en oruga se oculta y arracima
antes de dar su tierno cuerpo al viento,
soy clara y sin pudor,
soy entera y tajante,
y no sé seducir.

Clara Janés, poeta, narradora, ensayista y traductora, he leído ese mes su discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua. Ocupa la silla U.

Temazo

junio 25, 2016

Lo viví en directo en el Estadio Olímpico Sevilla el pasado 11 de junio. Entonces como hoy, cuando he encontrado este vídeo de ese gran concierto, me he emocionado con Manuel Carrasco y Miguel Poveda. Una canción ya con algunos años (y que me trae muchos y buenos recuerdos) del onubense versionada con el cantaor flamenco que pone el vello de punta. A disfrutarla en este día de reflexión.

El triunfo del Brexit es una mala noticia para el proyecto europeo. Supone un retroceso en la construcción de una Europa más fuerte, a la que muchos aspiramos pese a los errores de los últimos tiempos. El resultado del referéndum británico es la constatación de que los populismos, sean del signo que sean, han estado siempre en contra del proyecto de la Unión Europea. Y el populismo y la otra cara de la misma moneda, el nacionalismo, siempre han sido la causa de los grandes males de este continente. Cuando el populismo y el nacionalismo han ido de la mano siempre nos ha ido mal en Europa. La historia del siglo pasado está ahí como aldabonazo a nuestra memoria.

La irresponsabilidad de David Cameron de convocar un referéndum cuando no había un clamor social demandándolo puede tener consecuencias nefastas para Reino Unido y para Europa. El triunfo del Brexit se debe a que se han impuesto los mensajes del nacionalismo, el populismo y la insolidaridad. Con mentiras de la derecha irresponsable y de los antieuropeos, el miedo y la ignorancia se han impuesto a la convivencia y a la integración.

Restando no se progresa. Frente al Brexit, tenemos que avanzar en la integración. En la construcción de una Europa mejor, más atractiva, que piense en las personas. Una Europa en la que todos queramos estar porque nos ofrece futuro y oportunidades. Se ha hecho desde Bruselas una gestión nefasta de esta crisis. Una crisis que ha castigado a los más débiles y que ha generado un rechazo y una enorme desafección para con el proyecto europeo. Se han cometido serios errores, se han abusado de los recortes y de políticas insensibles, que sin lugar a dudas se deben corregir.

Por eso, la UE y Merkel deberían tomar nota y abandonar de una vez por todas las políticas que tanto año han hecho a los ciudadanos y, al mismo tiempo, al prestigio de las instituciones europeas. Tenemos que recuperar los valores que inspiraron la construcción de un proyecto común europeo: el progreso, la solidaridad, la cohesión y la justicia social. Ese es el único antídoto para frenar el rupturismo que plantea la derecha nacionalista y antieuropea y también el radicalismo de izquierda. Para ello, hay que reformar lo que no funciona para fortalecer el proyecto europeo. No cabe la marcha atrás, sí un paso al frente con unas políticas más justas y que ayuden a hacer una Europa mejor.

En clave nacional, deberíamos sacar conclusiones del fiasco del referéndum británico. Cameron convocó un referéndum en el que no creía y el tiro le ha salido por la culata. Cameron ha defendido el remain (permanecer) y ha triunfado el leave (abandonar). Su partido, el Conservador, se ha partido en dos, él ha tenido que presentar su dimisión tras un fracaso tan sonoro y lo que es más grave: Reino Unido entra en una grave crisis institucional que no se sabe cómo terminará. Aquellos que en España quieren hacer referendos de autodeterminación deberían aprender la lección de Cameron, sobre todo si dicen (con la boca muy chica) que no quieren la ruptura del país más antiguo del Viejo Continente. No se puede dar alas a consultas que producen división, que en el caso español no tienen soporte legal y que no conducen a ningún sitio. Ojo con aquellos que no les importa echar gasolina al fuego. Luego las consecuencias son incalculables.

El Brexit no es inmediato (se abre un periodo de transición de dos años) pero puede tener efectos negativos en Andalucía: para las exportaciones, para el turismo, para los andaluces que trabajan en Gibraltar o los que han emigrado a Reino Unido. También para los británicos que viven en la Costa del Sol y otros rincones de esta tierra. Como andaluz y adoptivo del Campo de Gibraltar por vía conyugal, pienso en los 7.000 trabajadores de esa zona que todos los días cruzan la verja para ganarse la vida. Tranquilizan las palabras de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, de estar vigilante en la defensa de sus derechos y su futuro, en particular, y de los intereses de Andalucía, en general.