luna ha besado a ernesto

luna ha besado a ernesto
Laura Miguel

dice que no siente nada por él
que en todo caso lo siente hacia su boca
dice que su boca se parece a un río
en el que nunca se atrevería a nadar
pero al que tocaría con los dedos de los pies
para comprobar la temperatura del agua
a ella le gusta saber el lugar exacto de las cosas
experimenta con sus manos
quiere tocarlo todo porque es tocándolo
como por fin entiende
de qué está hecho el mundo
dice que los labios de ernesto están hechos
de una suave brisa dice que sus ojos la miraron
con paciencia aquella noche en madrid
dice que el agua estaba templada
que en su fondo había peces robustos
y que en sus márgenes las piedras brillaban
como esas monedas que la gente lanza
cuando quiere pedir un deseo egoísta
yo no sé qué desea luna
nunca me lo cuenta solo me susurra posibilidades
infinitas en las que unas veces
nos damos la mano y en las que otras veces
con esa misma mano
rozamos el sexo de los otros
pero solo después de que ella haya comprobado
la variable temperatura del océano
preocupada por que nadie tirite de frío
orgullosa de velar por todos

Mis ancestros

MIS ANCESTROS
Mario García Obrero

He soñado con mis ancestros y su olor a patatas robadas
los he visto varear olivos con la cara llena de espinas
he visto a mis ancestros bailar sobre una montaña de ajos
al abuelo y su traje marrón
a la abuela encendiendo seis velas en el altar de la caldera
hablo del que juega a vestir las cerillas mojadas con barro y de los que cuentan chistes con las
ventanas cerradas
he visto a mi madre
una niña con sus primeros pantalones vaqueros mirando al mar
he visto la ropa en los tendederos de Venecia y a los poetas en Nueva York cuidar una tórtola y
su dulcimer hecho con nieve pisada
me he visto mirando al nuevo mundo con las memorias de Mayakovski bajo el jersey
me he visto mecerme lento en los sueños de una chimenea
los barcos el té y los poemas de Emily Dickinson escondidos en la sombra de una ballena
he visto a mis hijos cantar ebrios en los confesionarios
el frío se ha presentado como un erizo envuelto en serrín
en alguna colcha yace un pájaro azul
algún sueño sin calcetines que va comiendo rajas de sandía
los estudiantes de español me recitan al unísono
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña
camino por los pasillos de un mundo que huele a gofre y a gasolina.

Sweet Jane

SWEET JANE
Pablo García Casado

lou reed

yo he vivido mucho tiempo pendiente de un hilo
telefónico de un buzón sin cerradura de las manos
de unos hombres que no quisieron encontrarme

acumulando toda clase de pastillas esquivando
como pude los domingos por la tarde yo he vivido
demasiado tiempo al otro lado de la pantalla

mirando el amor por los anuncios

Canibalismo

CANIBALISMO
Guillermo Molina Morales

No soy yo, es el sol

Mi carne es de color carne
Hasta que llega el sol

Mi carne es para tu carne
No puedo obligarte a poseerme
Pero puedo esperar a que tú quieras

No soy yo
Hasta que me miras
Hasta que hambriento me miras

Puedo esperarte en la sombra
Para que mi carne
Sea mi carne

Que no sea la carne del sol

Tu carne nunca miente
La belleza es lo que permanece
No puedes prohibirme que te espere

Afirmación posible

AFIRMACIÓN POSIBLE
Salvador Iborra

Todavía escuchas música cuando el amor muere,
es ya muy tarde, y están recogiendo las sillas,
querría volverte a mirar, buscarme otro
sueño para volverlo a perder, un eco breve
como aquella luna entrándonos por la ventana.
Las luces se apagan y van cerrando las puertas,
también los puentes, las casas y las autopistas,
la memoria gravitando vertiendo entrañas
esperando el anochecer en una ciudad lentísima
donde la vida huye donde no podemos llegar nosotros.
Esta noche es inmensa, parece mentira,
y creo que debo escribir, permanecer en vela,
dejar sobre el papel alguna cosa inamovible
que alguien deba leer, una ilusión, un rumbo,
mientras encuentro las llaves de casa en el bolsillo,
mientras trato de respirar y la soledad me ahoga,
y con ansiedad miro el cielo sin esperar respuestas.

En tu mirada

EN TU MIRADA
Jacobo Cortines

Toda tormenta cesa si tus ojos
derraman su celeste. Qué sereno
se vuelve el aire entonces y qué pura
la nueva luz. Así cuando me miras
las nubes de mi llanto, la tristeza,
como la noche, negra, la desidia,
los vientos de la angustia, los pesares
roncos como los truenos, el hastío
devastador y frío, la amargura
como lluvia de hiel, las duras iras,
que roen el corazón, se desvanecen
y se inunda de paz el alma, y nace
como una flor callada la alegría
de saberse mirado en tu mirada.

Carta de buenas noches

CARTA DE BUENAS NOCHES
Rafael Saravia

Me gustas entre otras cosas porque sabes alcanzar;
porque buscas huecos vacíos, abrazas,
porque aplastas tu magia
contra mi intento de magia
y el mundo sigue casi igual.

Me gustas, entre otras cosas,
por tu exceso de excesos.
Porque sabes no elegir y suave,
con las manos bien entendidas entre sí,
me recorres sin premura,
sin moldura aparente,
haciendo de mi cuerpo un sube y baja
a modo de carretera curva,
temiendo el decisivo impacto.

Es entonces cuando,
aplaudiendo el intento,
los párpados se bajan,
se besan las pieles y,
muy adentro y muy afuera,
se hace sábana cómplice el silencio.

Verde

VERDE
Olvido García Valdés

Verde. Las hojas de geranio
en la luz gris de la tormenta
tiemblan, tensión
de nervadura verde oscuro.
Te mirabas las manos,
nervadura de venas; si los dedos
fueran deliciosos, decías.
Al caminar
apoyaba mi sien contra la tuya
y en la noche escuchaba
el ruiseñor y el graznido
del pavo. Indiferencia
de todo, oscuridad.
Me llamabas con voz muy baja.
Sólo un día reíste.

(con la primera luz)

(CON LA PRIMERA LUZ)
Vicente Valero

Al alba nadie sabe nada… Vean:
ninguno de nosotros se atrevería a hablar
del sol que ahora despunta solamente
como una sola y libre flor del prado,
sólo un milagro más entre la hierba.

Todo es silencio todavía, nadie
se atrevería a entrar con sus viejas palabras
en este manantial de sombras y de nieblas,
de azulados reflejos y caminos
que siguen siendo aún un poco de la noche.

Fruto desnudo de la oscuridad,
tiembla como nosotros cada día, en su árbol
celeste y triste: el árbol que nos da
sólo su frío del comienzo, puro,
en húmedos abrazos, lentos, inabarcables.

Recogemos así el nuevo día, el aire
que al hacerse visible nos asombra,
el aire sin razones, prodigioso,
siempre con su cosecha diferente:
la dulce claridad entredormida.

Y ahora el sol que está aún entre nosotros,
abajo, entre las flores, se revela por fin
como un obsequio inesperado, sólo
un alimento más del bosque -en las más breves
y transparentes gotas de rocío-, oh sí:
la bebida primera indescriptible.