Andalucía quiere más

Andalucía quiere más.

¿Nos oyen?
De otra forma distinta
y en su forma de siempre.
Nuestra memoria vive en la palabra mañana.

Un buen lugar para todo el mundo.
Un buen lugar para los que hemos nacido aquí.
Cara a cara.
Con la verdad de nuestra historia por delante.
Con el sol en las viñas
y en las puertas de los colegios.
Con la blancura en las sierras
y en las sábanas de los hospitales.
Bailando por los codos.

No se resigna,
Andalucía no se resigna.

Rebelde como la espuma en las orillas.
¿La oyen?
Verde y blanca y con los brazos abiertos.
El poeta y el agricultor.
La guitarra y el termómetro.

La profesora y la niña que viaja en ese tren.
Próxima estación: Andalucía.
A la luz de la luna
y en el amanecer de sus canciones.

Cultivamos la esperanza,
nos merecemos más.

Luis García Montero

Deseé alguna vez que un poeta me amase…

Deseé alguna vez que un poeta me amase

Ahora duelen sus poemas en mi cuerpo‚
algo de mí que en él se reconoce hasta quebrar la imagen
de todo lo que fui.
Ahora deseo que me amase tanto que dejara de amarme
y sus palabras fuesen nieve
que el sol de junio fundiese entre mis pechos‚
allí donde su aliento insiste en acallar
esta tristeza antigua que siempre me acompaña.

Chantal Maillard

El laberinto invisible

EL LABERINTO INVISIBLE
Antonio Colinas

Para el que sabe ver
siempre habrá al final del laberinto
de la vida
una puerta de oro.

Si la atraviesas hallarás un patio
con musgo, empedrado,
y en él dos cedros opulentos con
sus pájaros dormidos.
(No encontrarás ya aquí la música de Orfeo,
sino sólo silencio.)
Cruza el patio, verás luego otra puerta.
Ábrela.
Ya dentro, en la penumbra,
verás un muro
y, en él, unas palabras muy borrosas
de cuya sencillez brota una luz
que, lenta, pasa a ti y te devuelve
al fin la libertad,
la plenitud de ser:
“Sean siempre alabadas
las palabras dulcísimas
que sanan: paz y bien”.

Después, ya en soledad profunda,
verás que te hallas frente a otra puerta
que aún no puedes abrir,
porque no es el momento:
la que quizá te lleve a otro laberinto,
al laberinto último, invisible.
¿De él habrá salida?

(Sólo queda esperar,
esperar al amparo seguro
de esas letras borrosas
que sanan.)

Que me llene de lenguas tu palabra…

Que me llene de lenguas tu palabra,
que un canto tuyo canta más que decir más.
Qué cuerpo tuyo más tuyo-mío es el cuerpo mío.
Me redigo en tu nombre, un agujero.
Todos te queremos, todas adentro. ¡Agárrame!
¡Corremos juntos, corremos amigos, corremos ansiándote!
¡Abre la estrella, oh tú, abre la astilla y adéntrame!
¡Haremos noche, empollaremos huevo, seremos felices!
Tu amor me pone dos pinos en el muslo y se va.
Por eso se enamoran. Por eso Salomones y Sulamitas.

¡Soy blanca, gitana, soy mora, judía, amerindia, soy negra!
Soy sombra y desierto, costilla rompida, soy polvo cuajado.
Soy rueda, rodera, redonda, la rucia que croa, la roca que rasca
y lo contrario a expulsar los miedos: soy quien los pace y los cría
—quien, como garrapata deseada, se regala, contenta, una trampa.

Mis hermanos se han enfadado,
me han dicho apaga y yo he soplado, maldita sea,
y el fuego se esparce.

Dime dónde, al caer la tarde, lees solitario
que yo voy, con letra torcida,
entre las hojas que no tengo y una pena que canta.

Si tú no lo sabes,
oh mujer que grita,
sigue el silencio que hace al ocultarse
y busca su mal
junto al mal del otro.

A la candela de trenzas de candela te comparo, amiga mía,
qué lindas las pecas que se pierden,
qué herida tus ojos, con asfódelos clavados.
Te haremos remolinos en la nuca con saliva mezclada.

Mientras está en su casa, erizado de mil noches y con la angustia bien hecha,
la mar mía lo ama, lo ahoga, lo estampa, lo ahoga.
Mi amor es un canto rodado que se quiebra,
que hace noche entre el corte de la ceja.
Es un bosque de algarrobos y de acebuches
y de orquídea salvaje.

Pero qué infinita eres, amiga mía.
Pero qué arisca eres. Baile y batalla, tus huesos.

Y cómo las acrecientas, amor,
tus lecciones y tu manía.
Nuestro lecho da noche,
las puertas, locura,
las ventanas, escándalo.

Blanca Llum Vidal

Traducido por Berta García Faet para Zenda.

Viaje

VIAJE
Cristina Peri Rossi

Mi primer viaje
fue el del exilio
quince días de mar
sin parar
la mar constante
la mar antigua
la mar continua
la mar, el mal
Quince días de agua
sin luces de neón
sin calles sin aceras
sin ciudades
solo la luz
de algún barco en fugitiva
Quince días de mar
e incertidumbre
no sabía adónde iba
no conocía el puerto de destino
solo sabía aquello que dejaba
Por equipaje
una maleta llena de papeles
y de angustia
los papeles
para escribir
la angustia
para vivir con ella
compañera amiga

Nadie te despidió en el puerto de partida
nadie te esperaba en el puerto de llegada
Y las hojas de papel en blanco enmoheciendo
volviéndose amarillas en la maleta
maceradas por el agua de los mares

Desde entonces
tengo el trauma del viajero
si me quedo en la ciudad me angustio
si me voy
tengo miedo de no poder volver
Tiemblo antes de hacer una maleta
—cuánto pesa lo imprescindible—
A veces preferiría no ir a ninguna parte
A veces preferiría marcharme
El espacio me angustia como a los gatos
Partir
es siempre partirse en dos.

Palabras y pupilas

La rosa sueña un hombre:
con una desazón que le es ajena
mide las erosiones de su piel,
cataloga palabras y pupilas,
trata de comprender la decepción,
el miedo y la esperanza.

Sueña que la existencia se reduce
a sangre y pulso y polvo;
sueña que vive largas estaciones,
se sueña fea y pálida, se sueña
extrañamente vieja y olvidada.

Sueña que los demás son los que hieren.

Francisco José Martínez Morán

Quiero hacer contigo…

QUIERO HACER CONTIGO TODO LO QUE LA POESÍA AÚN NO HA ESCRITO
Elvira Sastre

Cualquiera diría al verte
que los catastrofistas fallaron:
no era el fin del mundo lo que venía,
eras tú.

Te veo venir por el pasillo
como quien camina dos centímetros por encima del aire
pensando que nadie le ve.
Entras en mi casa
—en mi vida—
con las cartas y el ombligo boca arriba,
con los brazos abiertos
como si esta noche
me ofrecieras barra libre de poesía en tu pecho,
con las manos tan llenas de tanto
que me haces sentir que es el mundo el que me toca
y no la chica más guapa del barrio.

Te sientas
y lo primero que haces es avisarme:
No llevo ropa interior
pero a mi piel le viste una armadura.
Te miro
y te contesto:
Me gustan tanto los hoy
como miedo me dan los mañana.

Y yo sonrío
y te beso la espalda
y te empaño los párpados
y tu escudo termina donde terminan las protecciones:
arrugado en el cubo de la basura.
Y tú sonríes
y descubres el hormigueo de mi espalda
y me dices que una vida sin valentía
es un infinito camino de vuelta,
y mi miedo se quita las bragas
y se lanza a bailar con todos los semáforos en rojo.

Beso
uno a uno
todos los segundos que te quedas en mi cama
para tener al reloj de nuestra parte;
hacemos de las despedidas
media vuelta al mundo
para que aunque tardemos
queramos volver;
entras y sales siendo cualquiera
pero por dentro eres la única;
te gusta mi libertad
y a mí me gusta sentirme libre a tu lado;
me gusta tu verdad
y a ti te gusta volverte cierta a mi lado.

Tienes el pelo más bonito del mundo
para colgarme de él hasta el invierno que viene;
gastas unos ojos que hablan mejor que tu boca
y una boca que me mira mejor que tus ojos;
guardas un despertar que alumbra las paredes
antes que la propia luz del sol;
posees una risa capaz de rescatar al país
y la mirada de los que saben soñar con los ojos abiertos.

Y de repente pasa,
sin esperarlo ha pasado.
No te has ido y ya te echo de menos,
te acabo de besar
y mi saliva se multiplica queriendo más,
cruzas la puerta
y ya me relamo los dedos para guardarte,
paseo por Madrid
y te quiero conmigo en cada esquina.

Si la palabra es acción
entonces ven a contarme el amor,
que quiero hacer contigo
todo lo que la poesía aún no ha escrito.