Cómo explicar el amor

CÓMO EXPLICAR EL AMOR
Cristina Angélica

Ella realizó toda clase de proezas maravillosas.
Diariamente, de uno u otro modo me procuraba los cigarrillos,
las cuartillas, todo cuanto necesitaba para escribir».
Gabriel García Márquez

Cómo explicar que no es otra cosa
que juntar las pocas monedas que tengáis,
renunciar a comprar algo,
hacer un plato caliente, más barato,
que no falte dinero para libros
para cuantos envíos hagan falta,
cancelar planes alguna tarde de verano,
escribir mucho, corregir, eliminar,
preguntarse si vale la pena todo esto
si algún día querrán publicarlos,
compartir el insomnio con alguien
esperando que no se canse de esta vida
contando monedas, ajustando la compra
retrasando los recibos, esperando una llamada
que os dé buenas noticias
que convierta todo esto en el recuerdo
de cuando erais jóvenes
y creíais en lo que hacíais.

What’s in a name

WHAT’S IN A NAME
Ana Luísa Amaral

Pregunto: ¿qué hay en un nombre?
¿De qué espesura está hecho si se atiende,
en qué guerras se ampara,
paralelas?
¿Linajes, suelos serviles,
razas domadas por algunas sílabas,
pilares de la historia sobre leyes
que en fuego y llamarada se forjaron?
Extirpado el nombre, quedará el amor,
quedaremos tú y yo, aun en la muerte
aun sólo en el mito.
Y aun el mito (¡escucha!),
nuestra fugaz historia
que unos leerán como materia inerte,
quedará para el siempre del humano.
Y otros
habrán de recogerlo siempre,
cuando su siglo carezca de él.
Y entonces, amor mío, mi mayor fuerza,
seremos para ellos cual la rosa.
O no, cual su perfume:
ingobernado libre.

*La portuguesa Ana Luísa Amaral ha sido galardonada con el XXX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.

Cuando el amor

CUANDO EL AMOR
José Ángel Valente

Cuando el amor es gesto del amor y queda
vacío un signo solo.
Cuando está el leño en el hogar,
mas no la llama viva.
Cuando es el rito más que el hombre.
Cuando acaso empezamos
a repetir palabras que no pueden
conjurar lo perdido.
Cuando tú y yo estamos frente a frente
y una extensión desierta nos separa.
Cuando la noche cae.
Cuando nos damos
desesperadamente a la esperanza
de que solo el amor
abra tus labios a la luz del día.

Con quién haré el amor

CON QUIÉN HARÉ EL AMOR

Francisco Brines

En este vaso de ginebra bebo
los tapiados minutos de la noche,
la aridez de la música, y el ácido
deseo de la carne. Sólo existe,
donde el hielo se ausenta, cristalino
licor y miedo de la soledad.
Esta noche no habrá la mercenaria
compañía, ni gestos de aparente
calor en un tibio deseo. Lejos
está mi casa hoy, llegaré a ella
en la desierta luz de madrugada,
desnudaré mi cuerpo, y en las sombras
he de yacer con el estéril tiempo.

Vuelve la hora feliz. Y es que no hay nada
sino la luz que cae en la ciudad
antes de irse la tarde,
el silencio en la casa y, sin pasado
ni tampoco futuro, yo.
Mi carne, que ha vivido en el tiempo
y lo sabe en cenizas, no ha ardido aún
hasta la consunción de la propia ceniza,
y estoy en paz con todo lo que olvido
y agradezco olvidar.
En paz también con todo lo que amé
y que quiero olvidado.

Volvió la hora feliz.
Que arribe al menos
al puerto iluminado de la noche.

Rosa tú, melancólica

ROSA TÚ, MELANCÓLICA
Nicolás Guillén

El alma vuela y vuela
buscándote a lo lejos,
rosa tú, melancólica
rosa de mi recuerdo.
Cuando la madrugada
va el campo humedeciendo,
y el día es como un niño
que despierta en el cielo,
Rosa, tú, melancólica
ojos de sombra llenos,
desde mi estrecha sábana
toco tu firme cuerpo.
Cuando ya el alto sol
ardió con su alto fuego,
cuando la tarde cae
del ocaso deshecho,
ya en mi lejana mesa
tu oscuro pan contemplo.
Y en la noche cargada
de ardoroso silencio,
Rosa, tú, melancólica
rosa de mi recuerdo,
dorada, viva, y húmeda,
bajando vas del techo,
tomas mi mano fría
y te me quedas viendo.
Cierro entonces los ojos,
pero siempre te veo
clavada allí, clavando
tu mirada en mi pecho,
larga mirada fija,
como un puñal de sueño.

A batallas de amor, campo de plumas

A BATALLAS DE AMOR, CAMPO DE PLUMAS
José Manuel Caballero Bonald

Ningún vestigio tan inconsolable
como el que deja un cuerpo
entre las sábanas
y más
cuando la lasitud de la memoria
ocupa un espacio mayor
del que razonablemente le corresponde.

Linda el amanecer con la almohada
y algo jadea cerca, acaso un último
estertor adherido
a la carne, la otra vez adversaria
emanación del tedio estacionándose
entre los utensilios de la noche.

Despierta, ya es de día, mira
los restos del naufragio
bruscamente esparcidos
en la vidriosa linde del insomnio.

Sólo es un pacto a veces, una tregua
ungida de sudor, la extenuante
reconstrucción del sitio
donde estuvo asediado el taciturno
material del deseo.

Rastros
hostiles reptan entre un cúmulo
de trofeos y escorias, amortiguan
la inerme acometida de los cuerpos.
A batallas de amor campo de plumas.

***

El jerezano Juan Manuel Caballero Bonald, uno de los grandes de las letras hispanas, ha fallecido hoy a los 94 años. Premio Cervantes y Premio Nacional de Poesía, nos deja un inmenso legado creativo y de pensamiento.

Donde termina Europa

DONDE TERMINA EUROPA
Diego Doncel

Estamos solos a la orilla de estas aguas donde termina
Europa.

Estamos tú y yo con los restos de nuestro amor
preguntándonos qué hemos hecho
de nuestras vidas para llegar aquí.

Desde hace horas esperamos en este muelle desierto,
en esta plataforma metálica que flota sobre el mar.

A veces vemos arribar barcos vacíos
que vuelven a partir sin nadie, a veces oímos las sirenas
de los barcos que ya no llegarán nunca.

Los paneles electrónicos informan de rutas apócrifas,
de rutas perdidas en los horizontes oscuros.

Miramos a lo lejos. Nos manchamos las manos
con el óxido del abandono, los abrigos
con la basura de la última luz.

Hemos llegado a este puerto con el corazón
cargado de desprecio, odiando nuestra vida,
con las sombras de lo que fuimos alguna vez.

Al fondo de tu bolso, los pasajes se van llenando de
moho y de frío.

Queremos dejar atrás este país para buscarnos más allá,
para no ser sepultados por sus mentiras.

Huimos de nosotros mismos, de este modo de
civilización
para no ser ahogados por el malestar.

En las ventanillas no hay nadie, solo el destello
de los ordenadores, la tinta azul de los azulejos
que se desvanece en el aire marítimo.

Te sientas junto a mí buscando mi calor,
después de tanto daño, después de tanta pérdida
clavas tus ojos grises en los míos y respiras.

Nuestros documentos solo muestran las fotos de dos
desconocidos.

Nunca podremos huir, me dices, nunca nos dejarán en paz.

Han colgado en la vida el cartel de rebajas,
han hecho que nuestra intimidad sea solo una
superstición,
una estrategia de mercado.

En el crepúsculo la bruma es llevada de aquí
para allá por las grúas del puerto.

En el aparcamiento, un perro ladra pidiendo
que le arroje la carne de mi tristeza.

En la playa vemos cómo las algas sepultan las huellas del
verano.

Vámonos de aquí, me dices,
abandonemos deprisa todo esto,
dejemos incluso nuestras maletas
perdidas en la soledad de este embarcadero.

Somos dos fantasmas que no saben dónde están las cosas
que quisieron cambiar, que les avergüenza la palabra
revolución.

Fuimos engañados por lo verdadero, nos perdimos en lo
falso.
Algo se ha roto desde hace mucho tiempo en nuestro
interior.

Te levantas, con rabia arrojas nuestra ropa al mar,
nuestra vida a las aguas negras.

Vemos flotar nuestros sueños en el oleaje,
vemos flotar el tiempo en el que nos quisimos
y en el que nos destruimos, el tiempo en el que nos
deseamos
y en el que nos traicionamos.

La plancha oscura de la bahía tiene nuestras grietas,
el duro aprendizaje de vivir, el duro aprendizaje de envejecer
y de amar. Vemos hundirse nuestros secretos, todo aquello
que callamos, las vidas llevadas al margen
que seguimos ignorando porque son inconfesables.

Guardamos silencio.

El temblor de tus manos, el temblor de tu boca
y de tus ojos me hablan de la ternura y de la fragilidad.

Cojo los pasajes y los arrojo al viento.

No tenemos nada, no somos nada.
Los operarios nos encuentran al amanecer, llorando.

El más hermoso territorio

EL MÁS HERMOSO TERRITORIO
Francisco Brines

El ciego deseoso recorre con los dedos
las líneas venturosas que hacen feliz su tacto,
y nada le apresura. El roce se hace lento
en el vigor curvado de unos muslos
que encuentran su unidad en un breve sotillo perfumado.
Allí en la luz oscura de los mirtos
se enreda, palpitante, el ala de un gorrión,
el feliz cuerpo vivo.
O intimidad de un tallo, y una rosa, en el seto,
en el posar cansado de un ocaso apagado.

Del estrecho lugar de la cintura,
reino de siesta y sueño,
o reducido prado
de labios delicados y de dedos ardientes,
por igual, separadas, se desperezan líneas
que ahondan. muy gentiles, el vigor mas dichoso de la edad,
y un pecho dejan alto, simétrico y oscuro.
Son dos sombras rosadas esas tetillas breves
en vasto campo liso,
aguas para beber, o estremecerlas.
y un canalillo cruza, para la sed amiga de la lengua,
este dormido campo, y llega a un breve pozo,
que es infantil sonrisa,
breve dedal del aire.

En esa rectitud de unos hombros potentes y sensibles
se yergue el cuello altivo que serena,
o el recogido cuello que ablanda las caricias,
el tronco del que brota un vivo fuego negro,
la cabeza: y en aire, y perfumada,
una enredada zarza de jazmines sonríe,
y el mundo se hace noche porque habitan aquélla
astros crecidos y anchos, felices y benéficos.
Y brillan, y nos miran, y queremos morir
ebrios de adolescencia.
Hay una brisa negra que aroma los cabellos.

He bajado esta espalda,
que es el más descansado de todos los descensos,
y siendo larga y dura, es de ligera marcha,
pues nos lleva al lugar de las delicias.
En la más suave y fresca de las sedas
se recrea la mano,
este espacio indecible, que se alza tan diáfano,
la hermosa calumniada, el sitio envilecido
por el soez lenguaje.
Inacabable lecho en donde reparamos
la sed de la belleza de la forma,
que es sólo sed de un dios que nos sosiegue.
Rozo con mis mejillas la misma piel del aire,
la dureza del agua, que es frescura,
la solidez del mundo que me tienta.

Y, muy secretas, las laderas llevan
al lugar encendido de la dicha.
Allí el profundo goce que repara el vivir,
la maga realidad que vence al sueño,
experiencia tan ebria
que un sabio dios la condena al olvido.
Conocemos entonces que sólo tiene muerte
la quemada hermosura de la vida.

Y porque estás ausente, eres hoy el deseo
de la tierra que falta al desterrado,
de la vida que el olvidado pierde,
y sólo por engaño la vida está en mi cuerpo,
pues yo sé que mi vida la sepulté en el tuyo.

Alguna noche

ALGUNA NOCHE
José Agustín Goytisolo

Alguna noche -las fogatas eran
de dolor o de júbilo-
la casa te veía desertar.

Te abrías a una vida
distinta, a un mundo
alegre como los ojos de un dios:
voces mayores, fuegos de artificio,
inacabable noche de San Juan
en tu estancia vacía…

El tiempo se agrandaba en los rincones,
se detenía en torno al corazón,
mientras el estruendo proseguía,
lejos, lejos, quién sabe si real.

Después, todo más claro:
los sonidos pequeños, el crujido de un mueble
la lluvia en el desván.

Nueva vida a las cosas, el alba aparecía,
y tú llegabas, amorosamente.

El vino de los amantes

EL VINO DE LOS AMANTES
Charles Baudelaire

¡Hoy el espacio es fabuloso!
Sin freno, espuelas o brida,
Partamos a lomos del vino
¡A un cielo divino y mágico!

Cual dos torturados ángeles
Por calentura implacable,
En el cristal matutino
Sigamos el espejismo.

Meciéndonos sobre el ala
De la inteligente tromba
En un delirio común,

Hermana, que nadas próxima,
Huiremos sin descanso
Al paraíso de mis sueños.