La eterna cantinela

septiembre 30, 2008

No dejes que la realidad te cambie un buen titular. Este viejo aforismo del periodismo se observa diariamente en el comportamiento del principal partido de la oposición y de algunos medios de comunicación. Después de cuatro años de dimes y diretes, de conversaciones y desacuerdos, de reformas puntuales y legislaciones ex novo, el Parlamento de Andalucía elegirá al director general de la Radio y Televisión de Andalucía (RTVA). El aspirante es Pablo Carrasco García (foto izquierda), un profesional independiente, sin adscripción política, con una importante trayectoria y conocedor del medio televisivo y la empresa pública. En fin, un mirlo blanco. Ése es el perfil acordado entre el PSOE y los dos partidos de la oposición en las numerosas reuniones oficiales y oficiosas celebradas en los últimos meses. No ha habido ni trampa ni cartón. Se ha cumplido con el compromiso de poner sobre la mesa un nombre que respondiera fielmente a los requisitos pactados. Al PP le ha cogido a contrapié la apuesta por una persona de prestigio en la profesión y sin ninguna afinidad política. Carece de argumentos de peso para rechazar un perfil que responde a sus propias expectativas. Aferrarse a que es una imposición socialista o que Pablo Carrasco tiene una dilatada carrera en lo público tiene menos consistencia que un castillo de naipes. Ya veremos que pasa en las votaciones en la Cámara, pero su incongruente salida no deja lugar a la duda de que fuera el nombre que fuera el PP habría votado en contra.

Y junto al primer partido de la oposición el coro mediático de siempre, ésos que en lugar de practicar periodismo se dedican a emborronar páginas, ésos que deberían pasar por el diván del psicoanalista para que les prescriba algún remedio contra la fobia patológica. El comentario editorial de El Mundo de hoy rezuma el veneno con que escriben sus infalibles plumas (o teclados, ya no estamos en tiempos de Cervantes). “Cuyo perfil bajo trata de encubrir su incuestionable compromiso con quien lo nombra aparte de minimizar su significativa vinculación con las denostadas productoras patas negras”. No se sostiene ni una de las palabras con que han confeccionado este cliché inconsecuente. ¿Perfil bajo en qué? ¿En currículum? ¿En capacidad? ¿En proximidad política? No guardo una relación estrecha con Pablo Carrasco, apenas si lo conozco, pero su trabajo, su trayectoria y las opiniones de terceras personas me ayudan a desmontar este prejuicio. Además, el PSOE no nombra a nadie, simplemente propone y el Parlamento dispone en función de la fuerza de cada grupo de acuerdo con el inapalable veredicto de la ciudadanía. Al argumento se le puede dar la vuelta: ¿quiere decir que si el PP lo vota, le deberá pleitesía? Ridículo y patético. Por último, su último destino es la productora ZZJ, la primera de Andalucía y en el top-ten del mercado nacional, cuyos propietarios tienen conexiones personales íntimas con ínclitos personajes de la derecha. ¿Y qué? Es una pura anécdota que no merma sus méritos ni tira por tierra la buena labor de la empresa. No se puede ser tan enrevesado como otros. De todo esto se deduce que ni “paripé” ni “ausencia de democratización del principal instrumento del régimen”. Ya no caben más paranoias, ni excusas baratas. La eterna cantinela suena como un disco rayado.

Un estrambote para el actual director general, Rafael Camacho (foto derecha), despojado de la carga subjetiva del amigo y del discípulo (qué evangélico vengo hoy): se merece el reconocimiento público por una gestión intachable y ejemplar que ha colocado a RTVA como la cadena pública más vista, la preferida por los andaluces, la más plural y la más rentable por su eficacia y su eficiencia en el uso del dinero público. Ha conseguido la cuadratura del círculo. Lógicamente, el éxito no es exclusivamente suyo, sino de un equipo, si bien el entrenador tiene que saber colocar a sus jugadores en el campo y definir una buena táctica. Una oposición menos mezquina no tendría reparos en valorar su brillante etapa al frente del ente autonómico. Es de justicia subrayar su trabajo y su legado. (Suena a despedida y aún le quedan unos días en el puesto, lo siento).

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El cielo puede esperar

septiembre 29, 2008

El cielo puede esperar‘ es una película de Warren Beatty que ví con 14 años en el cine de verano de mi barrio. Anoche (o sería mejor decir hoy, pues han transcurrido unas escuálidas horas) recurría a este título fílmico para despejar una duda existencial (suena demasiado trascendental y dilucidaba una encrucijada menor). Cada cosa en su momento, sin urgencias desmedidas, recortando las alas a la impaciencia, defecto que voy puliendo con la meticulosidad de un relojero. El recuerdo de esta comedia romántica me condujo a los territorios de Morfeo y no me ha abandonado cuando el impertinente despertador me ha rescatado para devorar la agenda de este lunes, día de San Miguel, mi onomástica, que acojo con sosiego laico. Todavía tiene que aguardar en algún libro o en algún cajón de legajos personales de la casa de mis padres un recorte de una escena del film: el ángel Joe Pendelton, el quaterback de los St. Louis Rams que interpretaba Beatty, con su chandal gris, su aspecto inocente y sus alitas celestiales. No he vuelto a ver esta obra entretenida, entrañable y de buena factura técnica (cosechó un Óscar y nueve nominaciones en 1978) que me evoca mi ingenua adolescencia. Tendré que ir al videoclub y rememorar otros tiempos. Sería casi hacer una especie de flashback vital. A ver si como por ensalmo se me quedan unos cuantos años en la gatera.

Inmortal Newman

septiembre 28, 2008

Uno de los grandes entra en la galería de los mitos. Ha muerto Paul Newman a los 83 años. Se va el hombre sencillo, discreto y equilibrado, muy alejado del estándar frívolo de los famosos del celuloide, y nos queda el actor de leyenda, con una trayectoria cinematográfica inmensa que lo ha hecho inmortal, siempre nos quedará la mirada más azul de la historia del cine. Hoy podemos encontrar glosas de su vida y obra por todos lo rincones de Internet y en la prensa. Hago una breve selección de lo que merece la pena leer:

Maruja Torres, en El País: Guapo hasta morir.

Carlos Boyero, en El País: La eterna seducción.

Isabel Coixet, en El Periódico de Catalunya: Retazos de una leyenda.

Luis Cano, en El Mundo: El guapo antihéroe.

Elena Cabrera, en ADN: Paul Newman, dulce pájaro de Hollywood.

Nocturna

septiembre 27, 2008

Cada año es una gran fiesta. El último viernes de septiembre tiene lugar la carrera popular por antonomasia de Sevilla: la Nocturna del Guadalquivir. Vienen aficionados entusiastas de toda la provincia y de las limítrofes (Cádiz, Huelva, Córdoba y Badajoz). Unos diez mil corredores (si correr es de cobardes, cada vez quedan menos valientes) nos apoderamos de las calles de la Cartuja, de Torneo o del Paseo Colón. Son sólo doce kilómetros (12.060 metros exactamente) que discurren junto al río con final en el Estadio Olímpico. He participado en las últimas nueve ediciones de las veinte celebradas hasta la fecha. Este año he llegado algo peor preparado que en otras ocasiones, aún así he respondido a mis expectativas: pensaba cubrir el trazado, eminentemente plano, entre 52 y 53 minutos y crucé la meta cuando el crono oficial marcaba 52’59” (33 segundos más que en 2007). Hice una carrera de más a menos, empecé fuerte y fue perdiendo algo de fuelle, especialmente entre los kilómetros seis y ocho. Lo importante en las carreras de fondo es resistir, no dejarse llevar por la tentación de abandonar, esos baches si estás medianamente entrenado se suelen superar con el paso de los kilómetros, es una cuestión, en la mayoría de los casos, de fortaleza psicológica. Este acontecimiento deportivo coincidía en tiempo con relevantes citas musicales: pasamos junto a la puerta del Teatro Maestranza cuando los seguidores del flamenco salían de disfrutar con el espectáculo ‘Autorretrato’ de María Pagés, mientras en el Central sonaban acordes de la guitarra de Pedro Sierra en su obra ‘Tres Movimientos’ y en la otra orilla del río, en el Auditorio, Amaral hacía vibrar a los asistentes a su concierto y el torrente de decibelios amenizaba el paso de los corredores con los sones de ‘Quiero vivir, quiero gritar, quiero sentir el universo sobre mí, quiero correr en libertad…’. Y en eso estábamos, tremenda casualidad, corriendo entre los puntos kilométricos seis y siete. Poco antes del ocho, estaba ella, la chica del graffiti, como siempre con su mirada azul, sus labios carnosos y su belleza arquetípica, dando ánimo sin hablar. Y es que parte del recorrido de la carrera concuerda con mi itinerario habitual de entrenamiento. A partir de ahí, la búsqueda de la meta. Entrar en el Estadio, pisar el tartán, tiene un efecto balsámico, se te olvida el cansancio, te sientes flotar en un Olimpo particular. Objetivo cumplido. El año que viene, también.

La semana de Díaz Ferrán

septiembre 26, 2008

Dos solemnes tonterías en una semana. El presidente de la patronal CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, está sufriendo los efectos de la crisis. No en un sentido literal económico, sino intelectual. Se le están congelando las neuronas. Hace unos días, plantea la suspensión temporal de las leyes del mercado y una intenvención excepcional del Estado para rescatar a las empresas de la zozobra. Ayer, se descuelga con una de las recetas clásicas del liberalismo: el abaratamiento de los despidos. Por un lado, le pide dinero a la Administración para hacer más llevadera la crisis a las empresas y, por otro, propone recortes de derechos laborales con el consiguiente ahorro para las arcas de sus representados. La puja aún no ha acabado. Seguiremos oyendo medidas para que esta situación de severo ajuste económico desencadanada por la avaricia de los especuladores recaiga en los de siempre: en los trabajadores. Así, se lanzarán soluciones mágicas como la congelación de los salarios, más incentivos estatales para la inversión o la reducción de impuestos a las empresas. Medida esta última que, a su vez, supone menos ingresos de la Hacienda pública para el desarrollo de las políticas sociales, la mejora de la sanidad o la educación públicas o la aplicación de la ley de Dependencia. Le quieren pasar la factura al mercado laboral de un problema generado por los tiburones del sistema financiero. Cada cual quiere arrimar el agua a su molino, pero algunos lo hacen con demasiado desahogo. ¡O cara dura!

Teoría de la estepa

septiembre 25, 2008

Estar en la estepa es una decisión… revocable. La estepa no es más que una metáfora copyright de mi amigo Antonio sobre la vida sin ataduras, en libertad, sin tener que dar explicaciones a nadie. Tiene ventajas y algunos inconvenientes. La balanza se inclina de forma ostensible a su favor, salvo que aparezca ese diamante que todos, en el fondo, deseamos y que es tan difícil de encontrar (haberlos, haylos, como las meigas). Sólo en esa contingencia sería revocable la decisión, al menos en mi caso. Para los más fundamentalistas de esta teoría ni aún así merecería la pena; en su ortodoxa opinión sería dejar el espacio abierto por el corral, la vida silvestre por la supervivencia en cautiverio. El rey de esta estepa figurada es el lobo (o la loba, es una dimensión que trasciende el género). El lobo no es el más fuerte, ni el más fiero, ni el más rápido, ni el más bello, pero es el más tenaz, el más resistente, el que nunca se desalienta (si ha obtenido el carnet de primera, tener ansiedad es de lobezno). Es nómada, nunca sedentario, le espanta echar raíces. Y, además, rebelde, no sujeto a ningún corsé, incluso caprichoso e imprevisible. Estas cualidades le permiten subsistir en un hábitat tan duro y, a veces, inhóspito. Este impenitente y contumaz canino salvaje sale siempre de caza, lo lleva en la sangre, es innato a su naturaleza, es su sino ineluctable. Eso sí, está preparado para temporadas de ayuno, para tiempos de abstinencia, para periodos de sequía. El león come todos los días, el lobo lo tiene más difícil y es consciente de ello. No se irrita ni se desespera. Tiene paciencia, sabe esperar su momento. Busca, cabalga, no se detiene (ni aún cuando le sangran las patas), no se cansa. En la estepa las satisfacciones no son sólo tangibles, hay cuestiones inmateriales que también cuentan y te hacen la existencia más llevadera, agradable y gozosa.

Vídeo: La Unión, Lobo hombre en París.

Ella

septiembre 24, 2008

Siempre está allí. Cuando salgo a correr me la encuentro en un punto intermedio de mi habitual recorrido de 12 kilómetros, en el Paseo Juan Carlos I, en los bajos de la calle Torneo junto a la ribera del Guadalquivir. Allí me aguarda ella con su mirada azul cielo, ingenua, penetrante, escrutadora; con sus labios carnosos, de ambrosía, perfectamente delineados; con su nariz perfecta, de estatua clásica; con su piel de seda, tersa, nívea… Simplemente bella, el arquetipo ideal, al menos para el que suscribe. Es la mujer que mi madre querría para mí, con otros atributos, más allá del físico, que siempre son bien ponderados para una persona de esa generación. Tiene un solo defecto: es un graffiti. ¿Se podría corporeizar? Esta situación me recuerda una película infame, de serie b, cuyos protagonistas crean en el ordenador una mujer diez, espectacular y no sólo en cuanto a la apariencia. O también me viene a la memoria la canción de Serrat en la que un hombre, asqueado de sus fracasos sentimentales (“que me dieron de frente y perfil, que se comieron mi naranja a gajos, que arrancaron mi ilusión de cuajo…”), se enomora de un maniquí. Excusatio non petita: es una pura licencia literaria. No he perdido la cabeza. Me gustan las de carne y hueso. Seguiré corriendo y estará allí, hasta que un cafre la destroce con el aerosol.