Vox y la chica de la curva

La brecha salarial entre mujeres y hombres es una evidencia salvo para la extrema derecha con su visión machista del mundo. Vox nos quiere hacer comulgar con la rueda de molino de que esta discriminación en materia laboral es uno más de los inventos progres. Para este partido negacionista los estudios serios sobre la menor retribución de las mujeres en una leyenda urbana alimentada por el rojerío. Tanto es así, que el partido de Abascal ha presentado en el Parlamento de Andalucía una iniciativa contra estos “falsos planteamientos de tinte ideológico”, los considera tan irreales como “la chica de la curva”. De esta forma tan despectiva y surrealista despacha una cuestión de tanta trascendencia como la brecha salarial. Todo el texto está plagado de disparates y tics reaccionarios. Éstos son los que le marcan el ritmo al Gobierno de las derechas en Andalucía. Ante este insulto a la inteligencia que promueve la tercera pata del tripartito se van a tener que retratar. Aquí no caben medias tintas. La extrema derecha cabalga desbocada con la complicidad y el aliento de Partido Popular y Ciudadanos.

Fuera máscaras

Ya nadie duda hoy de que en Andalucía padecemos un tripartido de las derechas y la extrema derecha. La retirada de la enmienda a la totalidad de los presupuestos de Vox, la manera jubilosa y la camaradería con que lo celebró el tridente reaccionario y la firma de un acuerdo para las cuentas de este año y de 2020 en un documento que encabeza las siglas de las tres fuerzas políticas certifican lo evidente y que todos ya conocíamos aunque Partido Popular y Ciudadanos se negaban tozudamente a reconocer. El PP no tenía muchos problemas en ensalzar su alianza con Vox pero los naranjas mantenían su idilio con los ultras tras una celosía. Ya Cs coquetea en público con Vox y se ha situado sin disimulo como la tercera pata del bloque de las derechas. Lo de ser liberal y de centro el viento se lo llevó. Se acabó la farsa y ya empieza el baile político sin caretas…

Fotos.– Paco Fuentes.

Señales para la alarma

El proyecto de presupuestos que ha presentado el Gobierno de las derechas de Andalucía supone un frenazo brusco al crecimiento económico y a la creación de empleo, según las previsiones de sus propios autores, y al mismo tiempo encierra de manera subrepticia instrumentos para empezar con las privatizaciones y el desmontaje de los servicios públicos que garantizan la igualdad y el estado del bienestar conquistado durante casi cuatro décadas de autonomía. Algunos ejemplos que producen alarma:

  • El texto presupuestario abre la puerta a la entrada de capital privado en la sanidad pública. Pretende convertir el Servicio Andaluz de Salud (SAS) en un ente empresarial siguiendo el modelo de privatizaciones y caos que perpetró María Dolores de Cospedal en Castilla-La Mancha.
  • Mayor incremento de las partidas a la educación privada-concertada que la experimentada por la pública. Dinero que se quita a la construcción de infraestructuras educativas públicas. Se empieza el camino que ya recorrió la Comunidad de Madrid para jibarizar la educación pública.
  • Se recorta drásticamente las políticas de ayuda a las familias: 140 millones de euros menos, una tercera parte del programa (32%) se ha volatilizado.
  • Vender a sus amiguetes entes instrumentales como Veiasa (gestiona las ITV) o Cetursa (responsable de la gestión de Sierra Nevada) que generan importantes beneficios y que suponen un bocado apetitoso para el negocio privado. Su venta sería como si matáramos a una gallina que pone huevos de oro.
  • Suma y sigue…

Y como Vox, la tercera pata del banco de la gobernanza en Andalucía, la que tiene la sartén por el mango, ha amagado con una enmienda a la totalidad y con tumbar las cuentas, pues PP y Ciudadanos se aprestan a sentarse a negociar e hincar la rodilla ante sus reclamaciones. Entre otras muchas cuestiones, los ultras quieren cargarse lo que llaman despectivamente y sin razón “chiringuitos de género” (por ejemplo, el Instituto Andaluz de la Mujer y los equipos que trabajan en la lucha contra la violencia de género). Para la extrema derecha no existe desigualdad entre hombres y mujeres, todo es propaganda progre, y la brecha salarial entre ambos sexos es tan irreal como la “chica de la curva”. Con esta visión de las cosas luego los de Abascal no quieren que los llamen machistas.

Foto.Navarra Información. Moreno Bonilla (PP), Marín Cs) y Serrano (Vox), el tridente de las derechas en Andalucía.

España se tiñe de rojo

Europeas 2019

Municipales 2019

Autonómicas 2019

Tras el triunfo incontestable del PSOE en las elecciones generales de abril, los ciudadanos volvieron a depositar de forma mayoritaria la confianza en los socialistas en los comicios de ayer. Amplia victoria en las europeas, la lista encabezada por Josep Borrell consiguió 20 escaños, seis más que hace cinco años, y una ventaja de ocho escaños y casi tres millones de votos sobre el segundo, el PP. En las municipales el mapa ha cogido mucho color rojo respecto a la cita anterior: con siete puntos más que el PP, que se traducen en 1,2 millones de votos más, y 2.000 concejales más en toda España (22.329 socialistas frente 20.325 populares, la tercera fuerza es ERC con poco más de 3.000). Y en las autonómicas, se confirmó el pronóstico del CIS: el PSOE ganó en 10 de las 12 autonomías que celebraban elecciones. La más que posible pérdida de la Comunidad de Madrid y algún otro territorio por el pacto de las derechas con la ultraderecha no puede tapar ni de lejos una victoria tan rotunda. Estas tres imágenes que acompañan el post valen más que mil palabras.

¿Impostura?

Hace justo una semana de que Pablo Casado, tras el hundimiento electoral del 28 de abril, se autoproclamaba otra vez de centro (nunca lo fueron ni él ni el PP) y llamaba a Vox por fin lo que es: “Ultraderecha”. En política como en la vida, las palabras se las lleva el viento y lo importante son los hechos. Cierto que el presidente del primer partido de la derecha española ha moderado su discurso y ha dejado el histrionismo y los aspavientos para Albert Rivera e Inés Arrimadas, que siguen en modo campaña y pensando más en ellos que en España. Pero no consiste sólo en bajar decibelios sino en corregir los errores y las apuestas radicales que se han venido sucediendo en los últimos tiempos. No es creíble esta conversión centrista cuando en Andalucía se mantiene el pacto con la extrema derecha. Y tampoco resulta verosímil si no se produce un compromiso público de que tras las elecciones municipales y autónomicas (en 12 comunidades) no se reeditarán los pactos de la vergüenza con Vox donde sumen las tres derechas. Está claro que el hundimiento en las generales y la presión de cargos de su partido obligaron a Casado a hacer este movimiento táctico, un guiño cosmético, para aguantar hasta la cita electoral de mayo. Un posicionamiento de supervivencia que suena a impostura.

Foto.- Efe. Casado, Rivera y Abascal, en la manifestación de Colón.

Resultado inapelable

Las elecciones generales de este domingo han deparado un rotundo triunfo del PSOE y una única opción para la presidencia del Gobierno de España: Pedro Sánchez. Los socialistas casi doblan a la segunda fuerza, un Partido Popular que se ha hundido con estrépito perdiendo la mitad de los apoyos que cosechó en 2016. Las urnas han dado una mayoría de izquierdas frente al tridente de las tres derechas, un amplio apoyo en favor de la moderación, el progreso y la convivencia frente a la radicalización, el retroceso y el frentismo.

El PSOE vuelve a ganar unas elecciones de ámbito general once años después y lo hace con notable diferencia sobre el resto, hasta el punto de que el mapa de España ha virado en menos de tres años del azul al rojo, con 123 escaños en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado, una cámara esta última en la que dominaba el PP desde el siglo pasado. Se ha producido una fuerte movilización de la izquierda para evitar que ocurriera el pacto de la vergüenza de las derechas y la ultraderecha, las consecuencia del 2 de diciembre han sido un agente movilizador del voto progresista.

El pueblo español ha parado en seco a la derecha altanera y faltona. El PP sufre un serio varapalo y presenta los peores resultados desde su refundación en 1990 (16,7% y 66 escaños). Mantiene por décimas la segunda posición, con Ciudadanos pisándoles los talones a punto de darle el sorpasso, y la cabeza de Pablo Casado en el aire. Los naranjas mejoran su grupo en las Cortes pero quedan muy lejos del discurso triunfalista de su líder, Albert Rivera, que ha fracasado en su estrategia de aislar al PSOE con su monotema territorial y ya se postula fatuamente como el nuevo líder de la oposición.

La extrema derecha entra por primera vez en las Cortes desde que se instauró la democracia, con 24 escaños y más del 10% de los votos. Una presencia que asusta pero que está muy por debajo de las expectativas. Las exhibiciones de fuerza en sus mítines y sus campañas fake habían producido un espejismo electoral, un temor que finalmente no ha sido para tanto por la madurez de nuestro electorado. Hasta ahora, los ultras estaban camuflados en el PP y ahora tienen espacio propio. España ya ofrece una foto parlamentaria muy a la europea.

Dos apuntes más. Unidas Podemos se deja casi la mitad de los escaños, pasa a ser cuarta fuerza en España, pierde su grupo en el Senado y el liderazgo de Pablo Iglesias queda tocado. Aunque sin su presencia en la recta final de la campaña, muy especialmente por su gestión de los debates, el resultado final habría sido peor. El nacionalismo periférico ha salido reforzado por la radicalidad de las derechas: por primera vez el independentismo catalán gana unas generales en esta comunidad y PNV y Bildu refuerzan sus posiciones. El PP se queda sin representación en Euskadi y sólo tiene un escaño en Cataluña. A la derecha el tiro le ha salido por la culata.

Y Andalucía ha sido la comunidad que más ha aportado a la victoria socialista y de Pedro Sánchez. Más de un millón y medio de sufragios, 24 diputados y 24 senadores, triunfo en las ocho provincias y primera fuerza en 734 de los 786 municipios de esta comunidad. Cumpliendo con creces los objetivos comprometidos públicamente por Susana Díaz, que se ha volcado en esta campaña.

Unos resultados que además tienen una lectura en clave autonómica: Andalucía ha planteado en las urnas una moción de censura al actual gobierno regional tripartito de las derechas y la extrema derecha. El mensaje de la gente de esta tierra ha sido nítido contra este pacto de perdedores y de la vergüenza. El PSOE dobla en votos y en escaños al segundo y tercero: 24 representantes socialistas frente a 11 de Ciudadanos y 11 del PP.

Sin duda, el gran derrotado de estos comicios es el actual presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla. Acumula en cuatro meses los dos peores resultados del PP. Hasta tal punto que ha sido superado por Ciudadanos en Andalucía y es ya la tercera política. Con estos datos, el Ejecutivo andaluz no presenta el sentir de la mayoría y da muestras de debilidad e inestabilidad, sobre todo porque para aprobar cualquier medida depende de Vox. En menos de 100 días el electorado le ha dado un sonoro suspenso.

 

El drama de la derecha

La derecha hoy no es una, sino trino. Hasta hace unos años, el Partido Popular aglutinaba a todo el voto conservador, incluido la facción más extrema y nostálgica, y de una parte del centro. El nacimiento primero de Ciudadanos le empezó a restar apoyos por su ala más moderada. La posterior irrupción de Vox se puede llevar ese parte más ultra de su electorado y dejar al PP como al gallo de Morón: sin plumas y cacareando. La presencia de Vox ha deslizado a sus dos adversarios hacia posiciones más radicales. Casado y sus cuates compiten con los de Abascal para ver quién parece más facha o dice la barbaridad más grande… Rivera, en su afán de ocupar el espacio dejado por el PP, ha dado otro salto ideológico mortal con dos tirabuzones y ha abandonado el centro… Dos procesos electorales más y al líder de Cs lo vemos abrazando idearios más reaccionarios y es que hay apellidos que marcan. Entre azules y naranjas cunde el nerviosismo por evitar el crecimiento de su competidor ultra, con quien a la misma vez sumar para repetir el Gobierno trifachito de Andalucía. Si las cuentas les salen a los tres, habrá reedición del pacto de la vergüenza. La derecha hoy es una hidra de tres cabezas. Que no nos tomen por tontos: no será un acuerdo de PP y Ciudadanos, será una alianza a tres bandas con Abascal sentado en el Consejo de Ministros y con Aznar de padrino de la ceremonia. Si queremos evitar este engendro de las derechas, hay que ir a votar el 28 de abril. Después no valen las lamentaciones.

Viñeta.– PAT, en elplural.com.