Lucha de clases

Esta prolongada crisis económica y sus perniciosos efectos sobre la gran mayoría nos han devuelto un concepto que ya parecía olvidado: la lucha de clases. La razón no es otra que el abismo de desigualdad que se ha abierto de forma escandalosa durante estos seis años. Hoy, los ricos son más ricos, la clase media ha bajado varios peldaños en la escala social y los pobres son más pobres. Un ejemplo claro es España, pero también otros países del sur de Europa como Grecia, Portugal e incluso Italia. Hoy, como escribe el profesor Vicenç Navarro, la lucha de clases se produce entre una minoría que controla y gestiona el capital y todos los demás. El capital ha sido el gran triunfador de ese periodo de sufrimiento social y turbulencias económicas y financieras. Ha conseguido su fin enarbolando una gran mentira para derribar el estado del bienestar y las conquistas sociales. Cualquier observador coincidirá con el economista Thomas Piketty en la farsa del neoliberalismo. Su conclusión es incontestable: el capitalismo sin regulación sólo lleva a la concentración de la riqueza en unas pocas manos. Los culpables de esta crisis la han gestionado desde el mismo dogma que la provocó. Y, por tanto, han seguido ensanchando la brecha en favor de las rentas de capital y penalizando a las fuerzas del trabajo. Se ha vendido la especie de aumentar la productividad desde la depresión de los salarios y reducir los derechos laborales para seguir engordando las alforjas de los de arriba aunque el resultado sea negativo para la sociedad en su conjunto y el crecimiento económico. En este caldo de cultivo resucita la lucha de clases entre una minoría opulenta e insaciable frente al resto de la sociedad que sufre su ‘dictadura’.

La economía alemana no es ejemplo

Esta afirmación tan contundente pertenece a Vicenç Navarro. En un reciente artículo con este mismo título desmonta muchos de los mitos que rodean a la gestión económica alemana. Merkel justifica el supuesto éxito del modelo germano por las políticas de austeridad desarrolladas desde la primera década de este siglo, un recetario que de manera implacable impone ahora a todos los países de la Eurozona. La canciller se atribuye en la UE el papel de la laboriosa hormiga frente la ociosa cigarra (encarnada por los países periféricos). Esta falsa premisa oculta la realidad. El politólogo desmadeja esa impostada percepción con los siguientes argumentos:

Su éxito como país exportador se debe a una situación de dominio sobre su propia clase trabajadora y sobre otros países que bien podría definirse como explotación.

Con sus políticas, la clase trabajadora alemana no ha sido beneficiaria del incremento de su productividad. El Estado y el mundo empresarial alemanes no han permitido un aumento de los salarios paralelo al crecimiento de su productividad. La mayoría de este crecimiento ha enriquecido las rentas del capital, y no las del trabajo.

La mayor competitividad alemana impide a los países con menor competitividad ganar competitividad porque no se les permite la devaluación de la moneda (que conllevaría una reducción de costes de producción). Ello limita sus posibilidades de poder ser más competitivos. Y una de las pocas maneras posibles es bajando los salarios (como constantemente los autores neoliberales insisten), bajada que tiene que ser muy acentuada para alcanzar mayor competitividad como consecuencia que los salarios alemanes son más bajos.

Es más, los Estados de tales países también tienen sus manos atadas porque no tienen un Banco Central que imprima dinero y pueda proteger su deuda pública (como hace un Banco Central digno de su nombre) de la especulación de los mercados financieros. No pueden, por lo tanto, expandir su gasto y estimular la economía creándoseles un problema grave, pues sus economías están en recesión (camino de depresión en algunos países), disparándose el desempleo.

Las reformas laborales que el BCE impone en Europa no siguen el modelo alemán. Los empresarios no tienen facilidad en despedir a los trabajadores. Su sistema de negociación colectiva impide la destrucción de puestos de trabajo, repartiendo el trabajo (las horas trabajadas) en su lugar.

No es verdad que Alemania esté ayudando a los países periféricos del euro. Ocurre justo al revés. Existe un gran flujo de capitales de estos últimos países a Alemania. Y la supuesta ‘ayuda’ a la banca española va dirigida a sus propios bancos, que tienen gran cantidad de la deuda privada en las entidades de nuestro país.

Los culpables de la Gran Recesión

Vincenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y uno de los pensadores más preclaros de la izquierda, culpa de las elevadas tasas de desempleo en nuestro país a los comportamientos especulativos de la banca española, pobremente supervisada por el Banco de España. Esta voracidad del sector financiero es, a su juicio, la mayor causa de que se creara la burbuja inmobiliaria en los noventa que ha acabado dañando brutalmente a la economía española y agravando la recesión económica que ha afectado a todo el planeta. También responsabiliza a los mismos actores de la balbuceante recuperación económica, de un despegue que no se produce por el lastre de actitudes egoístas de los poderosos. Navarro entiende que las maniobras especulativas persisten ante el silencio cómplice del regulador nacional retrasando la resolución del problema inmobiliario.

La mayoría de expertos inmobiliarios en países europeos, según publicaba The New York Times el 18 de diciembre, calcula que el precio de las viviendas en España debiera bajar un 30% o un 40% para que funcionara de nuevo el mercado de la vivienda y se recuperara así la economía. Sin embargo, el precio de la vivienda ha bajado sólo un 12,8% desde 2006, el momento en que había alcanzado el mayor precio. Las entidades financieras, recuerda el  catedrático, siguen aferradas a los precios del boom inmobiliario porque temen perder mucho dinero y esperan que los mercados se recuperen para venderlos a unos precios artificialmente altos. “Si el mercado funcionara correctamente, una manera de que la Banca pudiera vender las viviendas vacías y reavivar así el mercado inmobiliario hubiera sido bajando los precios a unos niveles más asequibles (que se correspondan al nivel de salarios medios del país)”.

Navarro acusa al Banco de España de proteger a las entidades financieras,  al considerar que los precios ya han bajado al nivel que debieran hacerlo y niega ahora que estén todavía inflados. Los responsables fundamentales del descalabro, emboscados en ese temible ente sin rostro que son los mercados, buscan como cabezas de turco las políticas de izquierda para descargar con ira su desvergüenza y, mientras tanto, siguen sin arreglar su casa. Haz lo que yo diga y no lo que yo haga.

Para más información, lee el artículo El capital financiero y su supervisor (el Banco de España) son responsables del elevado desempleo en el blog de Vincenç Navarro.

¿Países cerdos?

Cerdos, pigs en inglés, es el apelativo acuñado en el mundo académico anglosajón para definir a los países en los que los resortes del estado están condicionados por el poder de una minoría de elite y adinerada, cuya influencia se traduce en una “gran pobreza de gasto público”. Vicenç Navarro, el reputado politólogo y sociólogo, analiza en su blog y también en la revista digital Sistema las características políticas, económicas y sociales de estos mal llamados países cerdos y además apunta como causa de la recesión actual a que el “sistema beneficia a las clases más pudientes (que pagan pocos impuestos) y a los bancos, estos últimos, beneficiados por la necesidad de endeudamiento”. Con esta denominación despectiva, según el profesor, se define en los oráculos de decisión e influencia de la UE a los países del sur de Europa e Irlanda por entender que su falta de disciplina presupuestaria ha agravado la crisis en el viejo continente.

Os recomiendo su lectura íntegra (no es muy extenso el texto), aunque dejo algunas de las reflexiones más destacadas:

Una característica de estos países es el haber estado gobernados por las derechas en la mayoría de la segunda parte del siglo XX. En realidad, son los países de Europa donde las fuerzas conservadoras han tenido mayor poder, controlando sus estados, bien a través de dictaduras totalitarias de carácter fascista o fascistoide, bien a través de gobiernos democráticos basados, frecuentemente, en sistemas electorales que discriminan a las izquierdas, favoreciendo a las derechas“.

“Consecuencia de este contexto político, existe una acentuada polarización por clase social, siendo estos países los que tienen mayores desigualdades entre sus clases sociales (tanto en su renta como en su propiedad)”.

Una consecuencia de la polarización social de estos países y la gran influencia política y mediática de los sectores de mayores rentas (entre un 20% y un 30% de la población, que incluye burguesía, pequeña burguesía y clases medias de renta mediana alta), es la pobreza del estado, basado en una carga fiscal baja para tales grupos, y una enorme regresividad en las políticas impositivas“.

De ahí que el sector público esté poco desarrollado en estos países y su estado del bienestar sea pobre (su gasto público social por habitante es el más bajo de la UE-15). La acusación que el establishment europeo hace de los PIGS como países que están despilfarrando recursos, es ridícula. Son, todos ellos, de una enorme austeridad social y pública. Sus estados del bienestar cubren casi exclusivamente a las clases populares, pues las rentas superiores utilizan los servicios privados (es decir, van a la sanidad privada y envían a sus hijos a las escuelas privadas)“.

Consecuencia de la falta de recursos al estado -para poder ofrecer sus servicios públicos- se ha endeudado, lo cual benefició (además de a los ricos que no pagaban al estado lo que debían) a los bancos, que conseguían notables beneficios de los elevados intereses de los bonos públicos (que los estados emitían para cubrir su deuda)“.

Lo que debiera hacerse es revertir todas las políticas fiscales regresivas, haciendo que las rentas superiores y del capital financiero y empresarial pagaran al estado lo que hacen sus homólogos en la UE-15. Si así fueran, el estado español conseguiría 66.000 millones de euros, con los cuales el estado podría alcanzar el nivel de servicios públicos que la población se merece“.

Suscribo la conveniencia de hacer un giro en defensa del estado del bienestar, que los ricos no necesitan y el resto de la población sí. Desde el liberalismo económico nos llaman cerdos a los países que nos estamos acercando a los estándares de servicios de la Europa más desarrollada y que tenemos un gasto público inferior y menos niveles de imposición sobre las capas más pudientes. Por no cargar las tintas, se podrían calificar a esas voces críticas de fariseas y cínicas. Más que gorrinos estos países son almas cándidas acosadas por las fuerzas insondables del capital. [Me ha salido una aseveración muy marxista, alguna reminiscencia nos queda a cualquier militante de la izquierda]. Entonces, de acuerdo con Vicenç Navarro, ¿quiénes son los cerdos?

El ajuste duro que viene (V)

Llevo cuatro días publicando impresiones de mi propia cosecha sobre el plan de ajuste anunciado por José Luis Rodríguez Zapatero, necesario e imprescindible para sostener e impulsar la incipiente recuperación económica española. Hoy me voy apoyar en una interpretación ajena, una visión distinta que no distante (o, al menos, no tanto) de la defendida por mí en esta bitácora, un análisis más académico de las causas y las consecuencias que nos han arrastrado al conjunto de los países desarrollados, incluida España, a una situación de indefensión frente a los especuladores en la depresión más profunda desde el crack del 29. Leí un artículo del catedrático Vicenç Navarro en el diario Público y me pareció oportuno propiciar el contraste de pareceres en este sitio:

LO QUE NO SE DICE DE LA CRISIS

La crisis que están viviendo algunos países mediterráneos –Grecia, Portugal y España– e Irlanda se está atribuyendo a su excesivo gasto público, que se supone ha creado un elevado déficit y una exuberante deuda pública, escollos que dificultan seriamente su recuperación económica. De ahí las recetas que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo (BCE) y el Consejo Europeo han estado imponiendo a aquellos países: hay que apretarse el cinturón y reducir el déficit y la deuda pública de una manera radical.

Es sorprendente que esta explicación haya alcanzado la dimensión de dogma, que se reproduce a base de fe (el omnipresente dogma liberal) y no a partir de una evidencia empírica. En realidad, ésta muestra lo profundamente errónea que es tal explicación de la crisis. Veamos los datos.

Todos estos países tienen los gastos públicos (incluyendo el gasto público social) más bajos de la UE-15, el grupo de países más ricos de la Unión Europea, al cual pertenecen. Mírese como se mire (bien gasto público como porcentaje del PIB; bien como gasto público per cápita; bien como porcentaje de la población adulta trabajando en el sector público), todos estos países están a la cola de la UE-15. Su sector público está subdesarrollado. Sus estados del bienestar, por ejemplo, están entre los menos desarrollados en la UE-15.

Una causa de esta pobreza del sector público es que, desde la Segunda Guerra Mundial, estos países han estado gobernados la mayoría del periodo por partidos profundamente conservadores, en estados con escasa sensibilidad social. Todos ellos tienen unos sistemas de recaudación de impuestos escasamente progresivos, con carga fiscal menor que el promedio de la UE-15 y con un enorme fraude fiscal (que oscila entre un 20 y un 25% de su PIB). Son estados que, además de tener escasa sensibilidad social, tienen escaso efecto redistributivo, por lo que son los que tienen mayores desigualdades de renta en la UE-15, desigualdades que se han acentuado a partir de políticas liberales llevadas a cabo por sus gobiernos. Como consecuencia, la capacidad adquisitiva de las clases populares se ha reducido notablemente, creando una economía basada en el crédito que, al colapsarse, ha provocado un enorme problema de escasez de demanda, causa de la recesión económica.

Es este tipo de Estado el que explica que, a pesar de que su deuda pública no sea descomunal (como erróneamente se presenta el caso de Grecia en los medios, cuya deuda es semejante al promedio de los países de la OCDE), surjan dudas de que tales estados puedan llegar a pagar su deuda, consecuencia de su limitada capacidad recaudatoria. Su déficit se debe, no al aumento excesivo del gasto público, sino a la disminución de los ingresos al Estado, resultado de la disminución de la actividad económica y su probada ineficacia en conseguir un aumento de los ingresos al Estado, debido a la resistencia de los poderes económicos y financieros.

Por otra parte, la falta de crédito se debe al excesivo poder del capital financiero y su influencia en la Unión Europea y sus estados miembros. Fue la banca la que, con sus comportamientos especulativos, fue creando burbujas que, al estallar, han generado los enormes problemas de falta de crédito. Y ahora están creando una nueva burbuja: la de la deuda pública. Su excesiva influencia sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (este último mero instrumento de la banca) explica las enormes ayudas a los banqueros y accionistas, que están generando enormes beneficios. Consiguen abundante dinero del BCE a bajísimos intereses (1%), con el que compran bonos públicos que les dan una rentabilidad de hasta un 7% y un 10%, ayudados por sus agencias de cualificación (que tienen nula credibilidad, al haber definido a varios bancos como entidades con elevada salud financiera días antes de que colapsaran), que valoran negativamente los bonos públicos para conseguir mayores intereses.

Añádase a ello los hedge funds, fondos de alto riesgo, que están especulando para que colapse el euro y que tienen su base en Europa, en el centro financiero de Londres, la City, llamada el “Wall Street Guantánamo”, porque su falta de supervisión pública es incluso menor (que ya es mucho decir) que la que se da en el centro financiero de EEUU. Como bien ha dicho Joseph Stiglitz, con todos los fondos gastados para ayudar a los banqueros y accionistas se podrían haber creado bancos públicos que ya habrían resuelto los problemas de crédito que estamos experimentando (ver mi artículo ¿Por qué no banca pública?, en http://www.vnavarro.org).

En realidad, es necesario y urgente que se reduzca el sobredimensionado sector financiero en el mundo, pues su excesivo desarrollo está dañando la economía real. Mientras la banca está pidiendo a las clases populares que se “aprieten el cinturón”, tales instituciones ni siquiera tienen cinturón. Dos años después de haber causado la crisis, todavía permanecen con la misma falta de control y regulación que causó la Gran Recesión.

El mayor problema hoy en la UE no es el elevado déficit o deuda (como dice la banca), sino el escaso crecimiento económico y el aumento del desempleo. Ello exige políticas de estímulo económico y crecimiento de empleo en toda la UE (y muy especialmente en los países citados en este artículo). No ha habido una crisis de las proporciones actuales en el siglo XX sin que haya habido un crecimiento notable del gasto público y de la deuda pública, que se ha ido amortizando a lo largo de los años a base de crecimiento económico. EEUU pagó su deuda, que le permitió salir de la Gran Depresión, en 30 años de crecimiento. El mayor obstáculo para que ello ocurra en la UE es el dominio del pensamiento liberal en el establishment político y mediático europeo, imponiendo políticas que serán ineficientes, además de innecesarias. Y todo para asegurar los beneficios de la banca. Así de claro.