El show de Rita Barberá

Escuchar a hoy a Rita Barberá producía sonrojo. Se ponía la ex alcaldesa delante de los focos en un día señalado, complicado para irse de rositas. Todos los medios daban cuenta de parte del sumario judicial de la Operación Taula con las grabaciones de su compañera del partido y el consistorio María José Alcón sobre el blanqueo de dinero para financiar las actividades del PP en la capital valenciana. La edil reconoce que las prácticas de su formación “eran corrupción política total”. Pues Rita ni se ha inmutado. Como si oyera llover. Ha comparecido con humos, menos que cuando era la todopoderosa alcaldesa y la mejor según Rajoy, pero demasiados para el manto de sospecha que rodea su gestión y cerca a su partido. Y en lugar de dar explicaciones sobre los indicios que la llevarán a declarar ante el Tribunal Superior de Justicia de su comunidad, se ha empleado a fondo en el ‘y tú más’, con especial inquina contra Andalucía y el PSOE, para no hablar de sus propias vergüenzas. En este caso, la mejor defensa no era un buen ataque. Todo lo contrario. Esa maniobra chusca supone una demostración de la debilidad y del nerviosismo ante una instrucción judicial que está poniendo en evidencia que el PP iba ‘dopado’ a las elecciones en Valencia. En un estado de derecho, hay que respetar la presunción de inocencia, la de Barberá también, ya hablará el poder judicial y determinará responsabilidades penales si existen. Ahora bien, desde un punto político la antigua mujer fuerte del PP (hoy en la rueda de prensa comparecía sola como la una) no debería seguir ni un solo momento ocupando en cargos públicos. Y más cuando está cobrando un buen sueldo como senadora sin salir de su casa, hoy es el tercer día que pisa su puesto de trabajo en dos meses. Se creerá que el cargo y el salario son suyos. Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita. ¡Qué espectáculo! Esta semana empiezan las Fallas… ¿A quién purificará el fuego? De momento, el PP ya arde…

Aquellos días de vino y Rita

Este vídeo recoge todo un catálogo de piropos y elogios sin límites a la ex alcaldesa de Valencia Rita Barberá. Algunos de apenas hace unos meses, pronunciados a boca llena durante la campaña de las elecciones municipales de 2015. El Partido Popular ha pasado de descoserse en halagos y adulaciones, da vergüenza ajena tanto peloteo, a no querer ni nombrarla. Barberá es otra ilustre apestada del mal que corroe los interiores del PP, muy especialmente en la Comunidad Valenciana. Para Mariano Rajoy ya no es la mejor regidora ni su gran amiga, se ha convertido tan sólo en una militante más.

Hoy, como reza en el dicho popular, en el PP practican el ‘si te he visto, no me acuerdo’, por mucho que la hayan enjabonado con palabras de retórica hueca e hiperbólica durante años. Tras tanto agasajo desmedido, ahora la vemos, ‘pobre’ Rita, escondida detrás de los visillos de tu casa y sin atreverse a pisar la calle. Hoy ni siquiera acudirá al Senado incumpliendo las obligaciones de ocupar tan alta magistratura, a la que por cierto debe su importante nómina. Su partido le ha descabalgado de la presidencia de la Comisión Constitucional de la Cámara Alta, y es que Rajoy ya no la tiene en tanta estima. Pero sigue con su escaño pese haber caído en desgracia y con la sombra de una posible imputación revoloteando… Cuando se sube mucho y de manera artificial, más dura suele ser la caída.

El negro enero del PP

El Partido Popular ha entrado en 2016 con mal pie. Lo suyo no está siendo una cuesta, se está enfrentando a todo un Everest. Enormes sobresaltos que cada día emborronan más su futuro. Lleva un mes negro en lo político, con un Mariano Rajoy atrincherado en la Moncloa y sin nadie con quien asociarse, y sitiado por casos de presunta corrupción, que le crecen como setas. Han transcurrido sólo 27 días de enero y tiene otros tres frentes de preocupación a añadir a los muchos ‘marrones’ que ya acumulaba:

1. Imputación. El PP se ha convertido en el primer partido en estrenar la condición jurídica de investigado, que es la figura que sustituye a la imputación en la nueva ley, por la destrucción a martillazos de los discos duros de los ordenadores de Luis Bárcenas. La formación y su actual tesorera, Carmen Navarro, tendrán que comparecer en el juzgado en febrero.

2. Acuamed. El juez cree que en torno a las adjudicaciones de la empresa de agua Acuamed, dependiente del Ministerio de Agricultura, existe una “organización criminal” para cometer “fraude” y la operación se saldó con 13 detenidos. En esta red implica a altos cargos de la empresa pública,  del propio Ministerio e incluso al número tres del equipo de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, además de directivos de las empresas beneficiarias de los contratos bajo sospecha.

3. Otro pufo en Valencia. Rajoy se desayunó ayer una nueva trama de posible corrupción en esa comunidad. Un jarro de agua fría en las previas de un intento de negociación con Ciudadanos para formar gobierno. La operación, relacionada con la empresa Imelsa, se saldó con una treintena de detenidos, entre ellos ex ilustres cargos del PP en el Ayuntamiento de la capital y la Diputación. Entre ellos, Alfonso Rus, ex presidente del PP valenciano y de la corporación provincial. Y quizá lo más preocupante para la formación de la gaviota es que la investigación de la Fiscalía anticorrupción señala, según los medios de comunicación, a la ex alcaldesa y hoy senadora Rita Barberá y el diputado y antes mano derecha de Francisco Camps, Gerardo Camps. Los que saben de la profundidad del escándalo lo comparan con Gürtel  y se persigue el cobro de comisiones por la adjudicación de contratos públicos para beneficio propio y presunta financiación del PP.

Vaya mesesito que llevan Rajoy y compañía.

Viñeta.Ricardo en El Mundo.

Dimisión, sí o sí

El vicealcalde de Valencia y mano derecha de Rita Barberá, Alfonso Grau, está a punto de sentarse en el banquillo de los acusados por su presunta implicación en el caso Nóos. Ése sería motivo más que suficiente para renunciar a su cargo por responsabilidad política, sin prejuzgar su presunción de inocencia hasta que haya sentencia firme. Por si no era suficiente este nubarrón en su currículum, la prepotencia, la soberbia y los malos modos en su comparencia una vez conocida su imputación por la Audiencia de Palma lo inhabilitan políticamente para continuar en su puesto. Por decencia y para el buen nombre de la política, Grau tendría que dimitir. No le queda otra salida.

¡Dimisiones ya!

Ya lo sabíamos. Pero este vídeo nos refresca la brutalidad de la carga policial contra estudiantes de Valencia. La violencia de las fuerzas del orden resulta desproporcionada e injustificada. Ningún cargo político ha pedido disculpas por la dureza desmedida contra unos jóvenes que manifestaban su discrepancia pacíficamente contra los recortes en educación. Aquí no dimite nadie por este ejercicio intolerable de represión ante una protesta cívica y democrática. Ni el jefe policial que llamó “enemigos” a los ciudadanos que se manifiestan, ni la delegada de gobierno que dio la orden de aplicar mano dura, ni el ministro de Interior que ha justificado y amparado esta respuesta más que reprobable. Viendo otra vez estas imágenes crece la indignación y se hace más urgente que nunca la asunción de responsabilidades políticas por parte de los (ir)responsables de este bárbaro despropósito.

La cachiporra


La sociedad española ha dado muestras de una enorme madurez y templanza frente a la crisis que nos azota desde 2008. Hemos asumido la situación con entereza y altura de miras dada la gravedad del momento. Nuestro ejercicio de responsabilidad se puede calificar de mayúsculo. Lo que no pueden esperar nuestros actuales gobernantes es que la ciudadanía permanezca impasible mientras le recortan derechos, deterioran sus servicios públicos o se impone un nuevo marco de convivencia que acentúa el poder de los de siempre. Dentro de los límites del estado de derecho y desde el más elemental civismo, cabe todo tipo de protesta. Estamos en una democracia y el ordeno y mando sabe a rancio.

Junto estas letras después de la masiva respuesta ciudadana del domingo por la brutal reforma laboral impulsada por Rajoy y, sobre todo, tras la impresentable carga policial contra unos estudiantes que protestaban por los recortes en su instituto. Antes (con Zapatero) y ahora (con Rajoy) el pueblo tiene derecho a alzar su voz y movilizarse en defensa de sus derechos. La mala gestión de su ejecutivo autonómico, del PP para más señas, los tienen sin calefacción (foto). ¿O es que hemos vuelto a los tiempos en que Fraga defendía en que la calle es nuestra? La derecha embriagada de éxito ha ridiculizado la masiva protesta contra la reforma laboral y ha recurrido a la violencia desaforada contra unos estudiantes que manifestaban su descontento pacíficamente.

Si resulta desproporcionada la violencia aplicada contra los jóvenes, mucho más estridentes y reprobables son las palabras del jefe superior de la Policía de Valencia. Calificar de enemigos a los ciudadanos nos retrotrae a la época de los grises y de la brigada político-social. Las fuerzas de seguridad del estado están al servicio de la población y no son extensiones de ningún poder ni de ninguna ideología. No se puede hablar de simple metedura de pata ni de un desliz. Al mando policial le ha traicionado el subconsciente y le han aflorado sus sentimientos retrógrados más profundos. Un cargo policial con esos esquemas mentales no tiene hueco en un estado democrático. No tendría que tardar un minuto el ministro de Interior en proceder a su relevo y, de camino, destituir a la delegada del Gobierno en esa comunidad como responsable política del desaguisado.

Llevan dos meses y han vuelto los métodos de antaño, la seguridad de la cachiporra. La derecha se siente cómoda con la represión, disfruta con la imposición y repudia el diálogo. ¿Qué diferencia entre la brutal respuesta de Valencia y el tratamiento hace unos meses de las concentraciones del 15-M? Ya pedían mano dura entonces la caverna mediática y los sectores más reaccionarios. Y no sólo ha sido el episodio de Valencia, también se han cargado las tintas contra trabajadores municipales de Jerez o contra representantes del 15-M en la Universidad de Cádiz. Señor Rajoy, no son tiempos de represión, ni de destrucción del estado del bienestar, ni hacer recaer todo el peso de esta maldita crisis sobre la espalda de trabajadores y pensionistas. Es la hora de crear empleo y oportunidades para la gente. ¿Es el Palacio de la Moncloa una campana neumática donde se olvidan las promesas? Si se defrauda, la ciudadanía reacciona. Así son las reglas de este juego. Antes… y ahora.

Agujero negro

¡Qué extravagante queda aquello de que Camps era un modelo a imitar! Las palabras de Javier Arenas han devenido en una profecía fallida. La gestión del Partido Popular en la Comunidad Valenciana ha sido calamitosa, ruinosa, manirrota… y deshonesta. La lista de calificativos sería interminable para definir en sus verdaderos términos la catástrofe. Megalomanía, lujo, dispendio, despilfarro y presunta corrupción marcan la acción de los gobiernos populares de los últimos veinte años. Aquí no cabe achacar la emergencia a herencias recibidas. Ellos solos han despeñado las cuentas públicas por el precipicio. Y no se ha invertido en protección social o servicios públicos, sino se han malgastado los recursos en gastos suntuarios, caprichos carísimos, especulación urbanística y en algunos sonados pelotazos personales. No duele tirar con pólvora del rey y así esta autonomía es hoy la más endeudada de nuestro país. Aeropuertos sin aviones como el de Castellón, el dineral de Tierra Mítica, la Fórmula 1, los amiguitos del alma…

El último episodio es ya de traca. El Gobierno de España ha tenido que salir al rescate de la Generalitat como consecuencia de la bancarrota de las arcas autonómicas. Tenían que hacer frente a un impago de 123 millones de euros al Deutssche Bank y el Tesoro le echó un capotazo para evitar el escándalo. El presidente valenciano ya advirtió a Rajoy del inminente impago y éste último le garantizó el quite movilizando resortes con la Banca desde la Moncloa. Han saltado todas las alarmas. La situación financiera generada por unos irresponsables responsables públicos ha devenido en un auténtico dinero negro por donde se ha escapado el dinero de los contribuyentes sin el más mínimo recato.

Vendría bien retomar otras palabras de Arenas de hace apenas unas semanas sobre que “los derrochadores que dejan en quiebra lo que gobiernan deberían ser juzgados”. ¿Quién paga hoy estos despropósitos? Los que los han generado no. Están en el banquillo o en causa judicial unos cuantos por otros motivos, por unos trajes, por unos concursos supuestamente amañados, por unas hipotéticas comisiones distraídas. Ninguno pagará por su nefasta gestión. Sí lo sufrirán los empleados públicos, con menos sueldo, con más horas de trabajo y con menos plantilla, y fundamentalmente el ciudadano, que tendrá una atención de peor calidad. Al final, la víctima es la misma.

¿Conexión delirante?

En su edición de ayer, me obsequiaba ABC de Sevilla con la presencia en su sección ‘Tuit, tuit, tuit’. Un gran honor con lo caro que se cotiza el centímetro cuadrado de papel impreso. Recuperaba el periódico una de mis entradas del jueves pasado en Twitter al calor del animado debate político sobre la celebración de la Copa Davis en Sevilla. En concreto, escribía en mi timeline: “¿Qué intereses extraños tienen los dirigentes andaluces del PP con la Federación de Tenis? ¿Por qué sólo ellos piden la Davis? “. Ya estos interrogantes merecieron una entretenida charla tuitera con el director del diario, Álvaro Ybarra (@aybarrapacheco), que se prolongó el viernes con dos de sus redactores, Alberto García Reyes (@AlbertoGReyes) y Eduardo Barba (@edubarbaramos).

En la publicación dominical, ABC me acusa de sugerir sin pruebas una delirante conexión del Partido Popular con la Federación Española de Tenis (FET). Son de dominio público las relaciones familiares o del ámbito amistoso íntimo de la familia de Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla, con un alto cargo federativo, tanto que la Federación Valenciana de Tenis anuncia un recurso ante los tribunales y uno de los argumentos a los que recurre son estos lazos de amistad y parentesco.

El mismo día en que ABC hablaba de “conexión delirante”, otro rotativo, en concreto Diario de Sevilla, publicaba una foto en su página dos, en la sección ‘El objetivo indiscreto’, del presidente de la FET, José Luis Escañuela, posando con Javier Arenas y Zoido después de que éste último oficiara la boda civil del alto dirigente deportivo. Cuenta el periódico que al enlace estaban invitados “altísimos cargos del PP” y prosigue relatando “la foto de Zoido y Escañuela con Nadal en Bruselas, el sombrero en Roland Garros (¿invitado por la FET?)…”. En cambio, ABC sostenía que Escañuela es “poco sospechoso de vínculos con el PP”. Las hemerotecas desmienten esta afirmación. ¿Siguen pensando que es tan delirante la conexión?

Moral dúctil

La moral del Partido Popular es acomodaticia y dúctil. Se adapta a cualquier circunstancia en función de sus intereses con impudicia y bochorno. Los valores de esta derecha oportunista se moldean con la arcilla a tenor de la ocasión. Estos fariseos de la política se pasan el día dando teóricas lecciones y no se aplican ninguno de los postulados. Especialistas en patrañas, insidias y mentiras, se erigen tribunal inquisitorial ante los adversarios y luego practican una condescendencia infinita con los errores propios, derrochando desfachatez hasta producir vergüenza por la maleabilidad de sus principios.

Nos desayunamos esta mañana que el PP incluye en sus listas de Valencia hasta 11 imputados o implicados en casos de corrupción. Entre Gürtel y Brugal pasando por Fabra, la comunidad que dirige el trajeado Camps está llena de cloacas de una gestión bajo sospecha. Empezando por el presidente de la mirada torva y acabando por Ricardo Costa, ése al que Rajoy no conoce en una demostración clínica de amnesia selectiva, las candidaturas valencianas constituyen un catálogo de despropósitos. ¿Dónde está el código ético del PP? Tan exigentes con los demás y tan benévolos con los propios. Conociendo a este personal, no tendrán reparos en seguir arreando cera a sus antagonistas como si nada hubiera pasado. Son así de cínicos. Ni una palabra de autocrítica.

Los medios de comunicación se han despachado a fondo con este descomedimiento que deja en mal lugar a la cúpula nacional. El Mundo, uno de los periódicos de referencia de la derecha patria, considera “inaceptables” y un “gravísimo error” unas candidaturas que “son una vergüenza y un desafío a la lógica”. En su ticket diario, el director de La Vanguardia lamenta esta “chapuza”, sólo entendible “desde una posición de desprecio absoluto a la justicia”, que refleja la ausencia de “autoridad” de la dirección nacional. Todas las cabeceras aluden a este episodio chusco, salvo ABC, tan justiciero con otros, que no sólo no lo lleva en portada, sino que no le dedica una línea en su interior. ¡Curioso olvido!

Foto.– Ricardo Costa, entre Camps y Rajoy.

Mal encaje

La derecha, en general, no acepta las críticas ni cuando la evidencia es palmaria. Sus próceres demuestran un mal encaje cuando ellos agreden con puño de hierro, sin ningún tipo de contemplaciones. Además, tienen una particular manera de entender la libertad de expresión en democracia. Suelen adornarse con un lenguaje artero, montaraz y abrupto y luego manifiestan una sensiblería impostada cuando simplemente se responde con la verdad como bandera. Con esto quiero llegar al intento del Partido Popular de intentar frenar por la vía judicial una manifestación convocada en Valencia contra la corrupción por organizaciones sociales, sindicales y políticas.

Los argumentos esgrimidos por los peperos de la zona suenan a rechifla o a tomadura de pelo. Quieren abortar la iniciativa ciudadana invocando  un  supuesto delito de manifestación ilícita e injurias con publicidad contra la autoridad en el ejercicio de su cargo. Se quejan porque el lema de la convocatoria es ‘No volem un lladre de president’ (No queremos a un ladrón de presidente). El eslogan es, sin lugar a dudas, duro y contundente. Cuando blanden ellos las pancartas, todo vale y disparan hasta al apuntador con todo tipo de lindezas.

He participado esta mañana en la tertulia política de Canal Sur Radio y la portavoz parlamentaria del PP, Esperanza Oña, sin cortarse un pelo, nos ha llamado “delincuentes” a todos los socialistas sin excepción. No a los tres sinvergüenzas que se han intentado aprovechar del dinero público en la tramitación de los expedientes de regulación de empleo y que deben pagar penalmente por sus tropelías. Los manifestantes valencianos no agreden a una organización, sino a un dirigente como Francisco Camps a punto de sentarse en el banquillo por los trapicheos de sus “amiguitos del alma”. Arropan tanto a su compañero en apuros que no hace muchas fechas, y con la que ha caído, Javier Arenas decía que “gobernar es imitar a Camps“.

La derecha se despacha con barra libre y a continuación se pone exquisita. Siempre aplicándose el ancho del embudo.