Mensajes filogolpistas

La derecha está rabiosa. Cuando no tiene el poder, siempre se radicaliza y tensiona la convivencia democrática. Se queja muchos de los independentistas catalanes, pero ellos no se quedan a la zaga… Unos y otros no paran de meter presión a las instituciones y alentar el enfrentamiento entre españoles. Unos y otros ponen en jaque el proyecto de futuro y progreso de España.

El último en sacar los pies del plato (y de qué manera) en el bloque neocon ha sido un general de cuatro estrellas retirado y ahora diputado de Vox, Fulgencio Coll. El militar ha tocado a rebato y ha emplazado a los poderes del Estado a frenar la investidura del ganador de las elecciones, Pedro Sánchez. Aunque a la derecha le moleste, el PSOE ha sido el partido más votado tanto el 28 de abril como el 10 de noviembre. ¿A qué poderes se refiere este supuesto patriota de pecho henchido de hojalata? ¿A qué cloacas está lanzando este mensaje de emergencia insoportable en términos democráticos? ¿Plantea un golpe de estado? Los que se sitúan en este ala ultraconservadora deberían saber que en democracia el poder emana del pueblo y no de ningún otro sitio. Esta bravata del general retirado tiene un tufo filogolpista que no cabe en nuestro Estado de Derecho.

Y lo que es peor, el jefe de los nostálgicos, Santiago Abascal, sale en su defensa y arremete con artillería pesada contra el presidente del Gobierno. Si esta es su forma de defender España, es que su talante democrático deja mucho que desear. La extrema derecha ha resurgido con la no disimulada tentación de subvertir el orden constitucional. Vox está tan lejos de la carta magna que se le ve su verdadero rostro a las primeras de cambio. Es difícil olvidar cómo se las ha gastado históricamente.

Foto.- La Nación Digital.

Piojos

De la extrema derecha se puede esperar muy poco. Su carta de presentación es la represión, la provocación y la persecución de las libertades y las ideas discrepantes. Su relación con la democracia es como la del agua y el aceite. También demuestran los ultras sus ínfulas de superioridad y un nulo conocimiento de nuestra historia. Antes de la democracia, el tiempo en que la izquierda ha estado al frente de España se circunscribe fundamentalmente a la II República y en este breve periodo histórico hubo gobiernos de derechas. Por tanto, si en España ha habido piojos, en algunos periodos más de los deseados, la culpa no es de los rojos, sino de las derechas que tantos siglos han tenido secuestrado el poder y han castigado a la mayoría de la población a la pobreza y a la ausencia de esperanza en un futuro mejor.

Con la muerte del dictador y la llegada de la democracia, España ha contado con gobiernos de Felipe González que impulsaron la modernización y la convergencia con Europa; con los de José Luis Rodríguez Zapatero, que nos permitieron ganar en derechos y libertades, siendo referencia internacional, y ahora con el de Pedro Sánchez, que ha recuperado nuestro sitio en la Unión Europea, conquistas arrebatadas por la crisis y el ultraliberalismo y la decencia en las instituciones públicas y trabaja por la convivencia que el radicalismo de uno y otro signo trata de quebrar. Por tanto, aunque les pese a Vox y a sus socios de derechas, los rojos piojosos hemos prestado y estamos prestando un gran servicio a España y a los españoles.

No pasan página

Albert Rivera (Ciudadanos): “Afortunadamente, la dictadura de Franco acabó hace 44 años. Sánchez lleva un año jugando con sus huesos para dividirnos en rojos y azules, pero a muchos españoles a estas alturas no nos importan. Yo prefiero unir a los ciudadanos y hacer las reformas de futuro que España necesita”.

Pablo Casado (PP): “El Gobierno está muy pendiente del calendario para poner ciertos asuntos sobre la mesa”.

Juan Manuel Moreno Bonilla (PP): “A Sánchez le gusta hablar del Valle de los Caídos y a mí del Valle de los Pedroches”.

Santiago Abascal (Vox): “Empieza la campaña socialista: profanar tumbas”.

A la derecha la reparación y la justicia con las víctimas de la represión franquista les produce ira y les hace sacar lo peor de su repertorio. Eso sí, cero empatía con las víctimas y sus familias. Su reacción ante la sentencia del Tribunal Supremo ha sido iracunda y muy poco democrática. Y menos mal que la decisión del alto tribunal ha sido por unanimidad y no tienen ni un voto particular al que agarrarse para soltar sus bilis. El Supremo ha zanjado con su fallo en debate que ya tenía que haber estado resuelto hace mucho tiempo en España. Es impropio que un dictador con tantos represaliados en su negra hoja de servicios cuente con un mausoleo edificado por él con dinero público para su homenaje.

Los que se resisten a pasar la página del pasado es la derecha tan nostálgica que sufrimos en este país. Porque para mirar al futuro hay que reparar algunas aberraciones del pasado que afectan y generan dolor a decenas de miles de víctimas y que debería movilizar a cualquier demócrata. Lo que plantean Casado, Rivera y compañía es un cierre en falso. De Vox no se puede esperar nada porque son los herederos del franquismo. Esta respuesta tan desenfocada e insensible no se toleraría en ningún país de nuestro entorno europeo. Como tampoco se acepta en el Viejo Continente ningún coqueteo con la extrema derecha. Aquí, sin embargo, PP y Ciudadanos se fueron con ellos a la Plaza de Colón y han llegado acuerdos para acceder al poder en autonomías y ayuntamientos. Están todos en el mismo saco y si pueden, después del 10 de noviembre lo harán también en el Gobierno de España. Atentos.

Foto.Europa Press.

Presupuesto tóxico

Partido Popular y Ciudadanos han hecho tristemente historia aprobando por primera vez unos presupuestos de la mano de la extrema derecha. Saltaban jubilosos de sus escaños tras tan heroica hazaña, un logro que escandaliza y repugna en el resto de Europa. Basta ver el cordón sanitario que le han hecho los europeístas de distinto signo a los ultras Le Pen y Salvini. Aquí las derechas se solazan en su idilio con Vox, un triunfo pírrico. Sarna con gusto no pica… Por desgracia, PP y Cs han convertido a Andalucía en el laboratorio de la involución por su entreguismo ciego a la extrema derecha. Un experimento aberrante que quieren exportar a otros territorios.

Lo que estamos viendo con el presupuesto de 2019 para Andalucía es sólo la punta del iceberg de las políticas regresivas que vienen. Estas cuentas son sólo la avanzadilla de la pérdida de derechos, del retroceso en libertades y de la privatización de lo público para que unos pocos amiguetes hagan negocio. Vox ya ha anunciado que esto es sólo el principio de lo que pretenden y populares y naranjas están dispuestos a tragar con lo que sea para mantener su gobierno de perdedores. El horizonte que se plantea es en consecuencia más tóxico si cabe.

Y es además esta triple que no santa alianza supone una agresión frontal a lo que representa el 28-F y la historia de nuestra autonomía. PP y Cs ceden al chantaje de Vox, un partido ultra que plantea acabar con nuestro autogobierno y el estado autonómico. Un modelo que ha permitido el mayor periodo de convivencia, progreso y bienestar para esta tierra en nuestra historia.

Foto.ABC de Sevilla. Marín (Ciudadanos), Moreno Bonilla (PP) y Hernández (Vox).

Negar la evidencia

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Esta máxima de Cicerón viene al caso de la contumacia de Ciudadanos de negar la evidencia de sus pactos con la extrema derecha en Andalucía y en otras latitudes de esta piel de toro que es España. Y no es sólo que hayan conseguidos mullidos sillones con el imprescindible apoyo de Vox, también han firmado en esta comunidad un acuerdo presupuestario para 2019 y 2020 con políticas regresivas en materia de igualdad y derechos. El documento lleva los logos y la rúbrica de las tres formaciones políticas y, por tanto, los naranjas son artífices de este contubernio. El delegado de zona de Cs y vicepresidente del Gobierno andaluz de las derechas, Juan Marín, niega una y otra vez esta realidad, con el mismo desahogo que se presenta como nuevo en política cuando lleva desde 1983 y ha pasado por cuatro partidos distintos, una trayectoria con más evoluciones que un pokémon. Tiene bemoles no darse por aludidos o mirar al tendido cuando lo enfrentan al espejo de las contradicciones de su idilio con los ultras. La inmensa mayoría de los ciudadanos, con minúscula, la gente, los han calado, no engañan a casi nadie. Distintas encuestas reflejan que un 64%, prácticamente dos de cada tres, afirma que el partido de Rivera ha pactado con el de Abascal. Al menos el Partido Popular no tiene arrobo en reconocer lo obvio. El silencio ominoso y cuando no la mentira descarada corrompen la verdad. Y Ciudadanos, un partido que dijo venir a regenerar y está degenerando a velocidad de la luz, debería dejarse de hipocresía.

Bandazos

Pablo Casado cree que la definición ideológica es algo tan simple o tan fácil de hacer como cambiarse de chaqueta. El viernes pasado seguía las directrices reaccionarias de Aznar e invitaba a Vox, a quien copiaba en tono y medidas, a formar parte de su gobierno. Apenas 48 horas después del monumental batacazo electoral del domingo, el líder del PP se autoproclama de centro y llama por primera vez ultraderecha a los de Abascal, con los que coqueteaba sin disimulo hace un cuarto de hora. Un nuevo bandazo y la opinión pública riéndose a carcajadas. Los giros políticos no se predican ni se consiguen como por ensalmo, se construyen con hechos a lo largo del tiempo. No es una cuestión táctica o de oportunismo, sino estratégica y de fondo.

Este volantazo visualiza la situación de extrema debilidad de un dirigente achicharrado en sólo nueve meses. Casado hoy es prisionero de sus palabras, sus pactos con Vox en Andalucía y la fatídica foto de Colón. Sólo empezará a ser creíble si rompen en Andalucía. Si en el PP quiere comenzar el enésimo viaje al centro, un trayecto que nunca culminan y siempre nos recuerda al día de la marmota, si quieren resultar mínimamente creíbles, que corten amarras de inmediato con la extrema derecha en Andalucía. Todo lo demás es mero postureo y una estratagema para frenar la hemorragia con vistas a las europeas, municipales y autonómicas en doce comunidades el 26 de mayo. Este truco está muy visto.

Foto.- El Periódico de Cataluña. Firma del pacto entre PP y Vox en Andalucía.

Histrión

Pablo Casado, en su afán de parecerse a Vox, cada día va más pasado de revoluciones y se asemeja mucho a Maduro, el presidente venezolano. Se ha subido al insulto y sigue elevando los decibelios. Cuando la derecha no gobierna, alimenta la crispación. Y si habla de aborto, natalidad y pensiones, nos enseña su cara más retrógrada.

Vídeo.- Huffington Post.

Lances bufos

La negociación del tridente de derechas en Andalucía se explica con claridad meridiana tirando de jerga taurina. Vox emplaza a Ciudadanos desde los medios de la plaza. Los naranjas se parapetan tras el burladero como si la corrida no fuera con ellos. Y el Partido Popular va de mozo de espadas de una a otra parte para que los otros maestros no le estropeen la tarde. Por mucho que intenten disimular este es un cartel de tres, de los dos de derechas y de la extrema derecha. Por parejas no suman, hace falta el tridente. Por tanto, ni mucho menos es un mano a mano de PP con Vox ni de PP con Cs. Para que suenen los clarines se necesita que los tres estén en el coso pisando el albero. Y si Albert Rivera quiere torear, tendrá que mancharse los zapatos de polvo. El líder de Ciudadanos pretende cortar orejas desde el callejón y eso es imposible. Si quiere trofeo, tendrá que arrostrar el coste de compartir terna y el riesgo de asomarse al balcón y que el morlaco de la incoherencia lo mande a la enfermería. Esta lidia tiene lugar en Madrid, muy lejos de los tendidos andaluces. Los matadores de aquí no llegan a novilleros y están viendo los toros desde la barrera. Porque haciendo valer su sitio en el escalafón, los primeros espadas nacionales (Casado-Rivera-Abascal) son los que están en la brega y le quieren dar un quiebro a Andalucía, puro desplante a una tierra que no les interesa lo más mínimo. El público acabará pitando a los de aquí por escurrir el bulto y parándoles los pies a los de la capital. Mala corrida y pinchazo en hueso de una derecha que se quiere poner el mundo por montera a cualquier precio. Incluso haciéndole un quite a la congruencia política, ¿verdad, Albert?

Foto.Público.