Histrión

Pablo Casado, en su afán de parecerse a Vox, cada día va más pasado de revoluciones y se asemeja mucho a Maduro, el presidente venezolano. Se ha subido al insulto y sigue elevando los decibelios. Cuando la derecha no gobierna, alimenta la crispación. Y si habla de aborto, natalidad y pensiones, nos enseña su cara más retrógrada.

Vídeo.- Huffington Post.

Lances bufos

La negociación del tridente de derechas en Andalucía se explica con claridad meridiana tirando de jerga taurina. Vox emplaza a Ciudadanos desde los medios de la plaza. Los naranjas se parapetan tras el burladero como si la corrida no fuera con ellos. Y el Partido Popular va de mozo de espadas de una a otra parte para que los otros maestros no le estropeen la tarde. Por mucho que intenten disimular este es un cartel de tres, de los dos de derechas y de la extrema derecha. Por parejas no suman, hace falta el tridente. Por tanto, ni mucho menos es un mano a mano de PP con Vox ni de PP con Cs. Para que suenen los clarines se necesita que los tres estén en el coso pisando el albero. Y si Albert Rivera quiere torear, tendrá que mancharse los zapatos de polvo. El líder de Ciudadanos pretende cortar orejas desde el callejón y eso es imposible. Si quiere trofeo, tendrá que arrostrar el coste de compartir terna y el riesgo de asomarse al balcón y que el morlaco de la incoherencia lo mande a la enfermería. Esta lidia tiene lugar en Madrid, muy lejos de los tendidos andaluces. Los matadores de aquí no llegan a novilleros y están viendo los toros desde la barrera. Porque haciendo valer su sitio en el escalafón, los primeros espadas nacionales (Casado-Rivera-Abascal) son los que están en la brega y le quieren dar un quiebro a Andalucía, puro desplante a una tierra que no les interesa lo más mínimo. El público acabará pitando a los de aquí por escurrir el bulto y parándoles los pies a los de la capital. Mala corrida y pinchazo en hueso de una derecha que se quiere poner el mundo por montera a cualquier precio. Incluso haciéndole un quite a la congruencia política, ¿verdad, Albert?

Foto.Público.

Vox y la propaganda

Viejas recetas para tiempos nuevos. Cuando se analiza el discurso incendiario de Vox, se encuentran los rasgos clásicos de la propaganda de la extrema derecha. En un repaso somero de la profusa bibliografía sobre la materia, se perciben nítidas concomitancias con otros movimientos autoritarios de nuestra historia reciente. La formación que lidera Santiago Abascal ofrece mensajes son simples y reduccionistas, falaces y repetitivos, persiguen construir una apariencia de realidad desde la deformación, la exageración o la mentira, al más puro estilo Goebbels. Su propuesta es muy básica y de brocha gorda. Tratan de manipular psicológicamente a un destinatario vulnerable y que no tiene certezas en el futuro. En el caso español un país que está saliendo de una profunda crisis que ha dejado secuelas importantes en el bienestar y en el desarrollo económico y el empleo, además del debate territorial con Cataluña en el centro de la escena política. Su estrategia tiene un perfil netamente populista. Percuten en las dudas y los miedos colectivos y proponen soluciones milagrosas a fenómenos complejos.

Vox se presenta como una fuerza ultranacionalista (que exuda nostalgia del franquismo) y se constituye con el objetivo de perseguir y aniquilar las políticas de izquierda que, desde su ideario, son liberticidas y destructivas. Como sus ancestros políticos, es un partido totalitario, que no transige con las ideas de los contrarios y aboga por un control férreo de la vida social y cultural para su uniformación desde posiciones del nacionalcatolicismo. Estos radicales se definen como soberanistas de España, hacen ostentación de los símbolos de manera excluyente (se quieren apropiar del país y su bandera) y defienden la pureza de la raza (su posición sobre la inmigración es un ejemplo nítido). Además, son partidarios de la mano dura, de métodos expeditivos, de medidas contundentes y bravuconas. La transacción, el diálogo y el cumplimiento de las leyes, propios de la democracia y el estado de derecho, los ven como pérdida de tiempo o cesiones a los adversarios. Frente a lo que consideran blandura democrática, enarbolan la fuerza y el carácter.

En definitiva, esto es Vox. Sin complejos y envalentonados. (Entre tanto, Partido Popular y Ciudadanos alimentando a la hidra).

Foto.- Grupo Vocento. Abascal y la ultra francesa Marine Le Pen.

Fuera caretas

No tuvo tantos remilgos Ciudadanos para seguir apoyando al Partido Popular tras la caída de Cristina Cifuentes. Una vez más la formación de Albert Rivera entregó sus votos sin cuestionar nada a un partido acosado por los casos de corrupción en vía judicial, incluso con sentencia firme, y con casi 30 años de gobierno a sus espaldas. En ese momento la formación naranja nos mostró su tendencia natural a derrotar hacia la derecha. Su argumento exculpatorio fue que eran las siglas más votadas por los madrileños. Con el mismo patrón, Cs debería apostar en Andalucía por dejar gobernar al partido que ha ganado las elecciones y no exigir que el primero apoye al tercero porque eso no tiene lógica y sólo pasa en algunas series de televisión. Parece que los naranjas se envalentonan según el barrio. Cuando toca el PP, aceptan sumisos y lo mismo auparon a Rajoy que a los presidentes de Madrid y Murcia tras la dimisión de sus antecesores. Aquí pide un imposible porque quieren entregarse a los brazos de la extrema derecha. Si pactan con Vox, se les caerá la careta. Ni liberales, ni moderados, ni de centro: derecha pura y dura.

Foto.- eldiario.es. Santiago Abascal, líder de Vox, y Rivera.

Gresca en la derecha

La derecha está viviendo un escenario inédito. Partido Popular y Ciudadanos se marcan encarnizadamente en pos de la hegemonía en esa franja ideológica y, al mismo tiempo, ambos miran de reojo a Vox, la ultraderecha envalentonada y sin complejos como ha demostrado en Vistalegre, para no tener fugas por el ala más radical de su espacio electoral. Están unos y otros más entretenidos en su rivalidad particular que en ofrecer propuestas para el conjunto de la sociedad. Y lo más llamativo es que esta competición los está escorando a posiciones extremistas.

En el caso de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, la pelea consiste en reafirmar la pureza de raza, en demostrar quién es más de derechas. Por eso un día Pablo Casado le pide a los naranjas que firmen ante notario que no van a apoyar a Susana Díaz en la próxima legislatura y Juan Marín, el candidato de Cs por estos pagos, le responde que no van a facilitar ni siquiera su investidura, que votarían que no siempre. Una suerte de riña de patio de colegio… o quizá simple postureo electoralista.

Que el PP no arrime el hombro en esta tierra es todo un clásico, lo llevan en el ADN, lo suyo es la confrontación y el obstruccionismo. Nada nuevo bajo el sol: los andaluces los tienen bien calados. Por el contrario, Ciudadanos, en su estreno en el Parlamento de Andalucía, ha colaborado a la estabilidad y ahora está más preocupado en dar el sorpasso a los populares que en los intereses generales de esta tierra. Los naranjas han pegado un volantazo por puro tacticismo electoral (pillar cacho en el caladero de la gaviota  jugando en su mismo terreno). Eso sí, pensando más en las ambiciones de Albert Rivera que en la propia contienda electoral andaluza.

La disputa se antoja interesante. Hasta ahora el PP había estado muy tranquilo en su parcela, muy acomodado en ser el primer partido de la oposición andaluza. Y ahora no sólo tiene que fajarse con los naranjas, sino que Vox les enseña la patita por debajo de la puerta.

Foto.El Español. Santiago Abascal (Vox), Casado y Rivera.

Huyen del terror

(Advertencia: la imágenes son extremadamente duras, espeluznantes, pero reflejan la situación que viven muchas mujeres en el África subsahariana. Son crímenes de lesa humanidad a cargo de la banda terrorista y fundamentalista islámica Boko Haram).

Tenía muchas dudas si difundir este vídeo que ha circulado y mucho por WhatsApp durante las últimas horas. Su crudeza es máxima, duele ver el escaso respeto a la vida humana. Me han animado a su publicación las escandalosas declaraciones del nuevo líder del Partido Popular, Pablo Casado. Unas reflexiones propias de la derecha extrema, que buscan sembrar cizaña y alentar las bajas pasiones desde la mentira y la inoculación del miedo, inflando cifras a la enésima potencia y falseando la realidad por intereses espurios, indecentes. Casado se ha quitado la careta usando, como comentaba un amigo, un estilo cafre, en la misma onda de Le Pen o Salvini, de la ultraderecha que rebrota sin complejos en Europa. El vídeo recoge una de las causas que hace que miles de mujeres y hombres arriesguen la vida en un camino lleno de peligros hasta alcanzar la costa de Marruecos y jugarse a continuación la vida cruzando el Estrecho. Huyen del terrorismo, de la guerra, de las hambrunas, de las enfermedades, de la sequía y los rigores del cambio climático… Saben que allí no hay futuro, sólo escasas expectativas de vida y la muerte rondando a cada instante. Casado y muchos de sus cuates deberían ver este y otros muchos testimonios de lo difícil que es la existencia en esos pagos… ¿Quién frena esta presión migratoria cuando un mundo mejor está tan cerca y las imágenes que llegan a estos países desde aquí alumbran la esperanza de una vida mejor? Sólo es posible con la cooperación internacional, haciendo que las economías de estos estados, hoy muchos de ellos fallidos y con guerras tribales, prosperen y la gente no se quiera desarraigar. Mientras que eso no ocurra, este fenómeno de carácter global no tendrá fin y será imparable. No hay frontera que aplaque la desesperación.

Vuelve el gendarme de Occidente

Es la primera vez en la historia que cualquiera de nosotros quiere que un político no cumpla su programa. No parece que Donald Trump, en cambio, esté dispuesto a ceder. Tras su victoria frente a Hillary Clinton, se empezó a extender la especie de que no era tan fiero el lobo como lo pintaban y que no llegaría a poner en marcha las medidas más controvertidas. Pero nuestros deseos se van a quedar en eso… Los primeros movimientos del excéntrico multimillonario nos ha puesto los pies en la cruda realidad que se avecina. Trump ha elegido a tres ‘halcones’, a tres genuinos representantes de la extrema derecha de su partido, para tres puestos claves de su futuro gabinete: fiscal general, director de la CIA y asesor de Seguridad Nacional. La línea dura republicana copa puestos claves para tomar decisiones que nos afectarán al resto del planeta, desde la geoestrategia militar al espionaje pasando por la gestión de la inmigración, entre otras cuestiones. Trump quiere volver a los tiempos del ‘imperio’ y convertirse en el gendarme de Occidente. Y no sólo recuperando la hegemonía en política internacional y en materia de defensa, sino también desde una perspectiva económica. El futuro presidente norteamericano volverá al proteccionismo de fronteras hacia adentro, penalizando con fuertes aranceles las importaciones a su país, y al mismo tiempo buscará colocar sus exportaciones por todos los rincones. Y todo esto produciendo sin control ni respeto al medio ambiente. Al futuro gobierno de EEUU el cambio climático le importa una higa. Trump nos dejará un mundo peor…