Preocupante estado social

El informe ‘El estado social de la nación 2015’ desmiente toda la propaganda del Gobierno del PP y Rajoy sobre la recuperación económica. El documento, elaborado por la Asociación Estatal de Directores y Gerentes en Servicios Sociales, demuestra la enorme brecha de desigualdad que provocado esta crisis y que los síntomas de mejora de nuestra economía no acaban de llegar a las familias. Éstas son algunas de las principales conclusiones del informe:

  • La inestabilidad en el empleo y los bajos salarios harán que casi la mitad de la población viva en situación precaria después de esta larga crisis.
  • La mitad de los trabajadores, unos ocho millones, cobra menos de 1.000 euros al mes.
  • En 731.000 hogares no cuentan con ningún ingreso.
  • Uno de cada tres hogares tienen dificultades para llegar a fin de mes.
  • 40.000 familias fueron desalojadas de su vivienda por impago de hipoteca o de la renta en el último año.

Ésta es una radiografía espeluznante de la sociedad española, que obliga al Gobierno a dejar las políticas crueles de austeridad y a favorecer la creación de empleo, de calidad y con salarios decentes, el refuerzo de la igualdad de oportunidades y medidas que eviten la exclusión. El triunfalismo Rajoy y el PP no puede tapar esta realidad. Y, lo que es más importante, tienen en Moncloa que dejar de mirar a otro lado y dar respuestas solidarias.

Informe completo (aquí).

Foto.– Entrevista a uno de los autores del informe en La Sexta.

Cinco claves del debate

Mi resumen de urgencia del Debate sobre el Estado de la Nación en cinco claves:

1. El cabreo de Rajoy
El presidente del Gobierno se irritó y perdió los papeles. Sorprende que un político con tanta flema y tanta experiencia usara un tono faltón y palabras gruesas para defenderse de las críticas de los representantes de la oposición. Sus principales diatribas fueron contra el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. El socialista lo sacó de sus casillas y el único recurso que le quedó al gallego es llamarlo “patético”. Anduvo destemplado el presidente, tanto que arremetió contra Rosa Díez y su egocentrismo e ironizó con los perfectos que son los dirigentes de IU. Pero en una tarde poco afortunada se le fue la mano con un tic antidemocrático al espetar a Sánchez un desabrido “no vuelva usted por aquí”. Las credenciales de los diputados las conceden los ciudadanos en las urnas. El dedo le puede funcionar en el PP, en la democracia quien quita y pone diputados son (somos) los ciudadanos. No conocíamos esa vis autoritaria de Rajoy. Mala tarde para un presidente atribulado e iracundo.

2. Buen estreno de Pedro Sánchez
El jefe de la oposición no sólo le aguantó el pulso a Rajoy, sino que fue capaz de bajarlo de su pedestal y llevarlo al terreno del debate de la calle. El presidente de Gobierno siempre tiene las de ganar en este tipo de debates y, pese a su experiencia, perdió la iniciativa frente al dirigente socialista. Sánchez lo puso ante el espejo de sus contradicciones y de su triunfalismo exacerbado: los recortes salvajes, el estropicio producido por la reforma laboral, el empleo precario, la caída de salarios, el fracaso de la austeridad a ultranza y la ausencia de regeneración democrática. En el cuerpo a cuerpo, se fajó bien, con soltura. Tanto que consiguió incendiar al presidente y que éste ofreciera la peor de sus imágenes. Un buen debut del socialista en un debate tan exigente como éste.

3. El rescate
La derecha se presenta como la salvadora de una España a la deriva por la gestión de la izquierda. Ha sido su mantra antes y durante su etapa de más de tres años de gobierno. Al grito de salvamos a este país del rescate, nos han causado unas cotas de sufrimiento inasumibles. Pero tras el cartón piedra de la propaganda se esconde angustia, recortes y también mentiras. Rescate ha habido. Como le decía Pedro Sánchez a Rajoy en tono sarcástico, rescue en inglés es rescate. Se refería a los 41.000 millones que nos ha costado a todos los españoles sacar al sistema financiero del barro. 23.000 millones sólo para Bankia por la pésima gestión de dos prohombres del PP: Miguel Blesa y Rodrigo Rato. Esta palabra tabú que Rajoy intenta desterrar del imaginario colectivo entró al salón de plenos del Congreso de la boca de la oposición. El PP vive en los mundos de Yupi, a los demás no nos convence.

4. La bandera andaluza
Ante la falta de candidato y referente político en Andalucía, el presidente del Gobierno es una suerte de jefe de la oposición de la Junta. Su dedo divino señaló a Juan Manuel Moreno Bonilla como presidente del PP andaluz, un dirigente que lleva más de veinte años en política y sólo se le reconoce por los tijeretazos que ha dado a la ley de dependencia como secretario de Estado. Como los animales acorralados, Rajoy se defendió a la desesperada con una serie de datos y argumentos falsos sobre esta comunidad autónoma. Era previsible una respuesta tan pobre y tan artera. Los argumentarios que le pasan están plagados de mentiras y prejuicios. El pimpampum contra Andalucía estaba en el deshilachado guión de Rajoy. Ya harto de ese sistemático menosprecio hacia esta tierra el diputado socialista Manuel Pezzi, granadino por más señas, sacó la bandera blanca y verde como señal de protesta. No le gustó a la bancada popular ese gesto reivindicativo. ¡Ya está bien!

5. Villalobos y Candy Crush
A la vicepresidenta del Congreso la pillaron jugando en su Ipad al Candy Crush mientras hablaba su jefe de filas, Mariano Rajoy. Si ni siquiera le interesaba a Celia Villalobos lo que decía el presidente, habrá que imaginarse que mucho menos al españolito de a pie. Más allá de la lectura en clave interna, el pasotismo de la política malagueña manda una señal muy negativa a la ciudadanía. ¿Cómo se puede distraer la número dos del Congreso cuando se está celebrando el debate más importante del año? Si amplias capas de la sociedad manifiestan su desafección hacia la política, detalles como éste no ayudan a recuperar la confianza de la gente.

Euforia desmedida

La gente ya está harta de brotes verdes o de raíces vigorosas que no crecen o se mustian. El balance de 2014 hecho por Mariano Rajoy peca de exceso de triunfalismo. Cierto que algunos parámetros macroeconómicos (la reducción de la prima de riesgo o las exportaciones) van mejor, pero las bonanzas que predica siguen sin llegar a las familias. Al presidente del Gobierno le ha faltado un baño de realismo. O dicho en palabras de Isaías Lafuente, se echó de menos honestidad para contrastar la situación actual con la que se encontró a la llegada a la Moncloa en 2011 y no dar sólo los datos que le interesaban. En muchos aspectos, los más sociales, no sólo no estamos mejor, sino que hemos empeorado. ¿O no es verdad que hoy hay más parados y medio millón menos de cotizantes a la Seguridad Social? ¿O no es cierto que los salarios son más bajos y que un 34% de los trabajadores tienen una retribución por debajo del salario mínimo (645 euros)? ¿O no se quiere ver que los pensionistas han perdido poder adquisitivo y tienen que pagar parte de los medicamentos? ¿O se olvida que soportamos recortes en derechos sociales y en libertades con un Gobierno de derechas? Algunas cosas han mejorado pero en tres años la situación de la inmensa mayoría es peor. Ojalá la recuperación económica fuera una realidad. Pero de momento no lo es. Lanzar las campanas al vuelo o mensajes de euforia sin argumentos solventes no hace más que generar desencanto en la ciudadanía. No es el tiempo de la propaganda. Pero si el presidente quiere que los españoles creamos en la recuperación de la que tanto se ufana que empiece a devolver las conquistas arrebatadas. Sólo así aceptaremos sus palabras autocomplacientes.

Poco que celebrar

Viñeta de Miki y Duarte Grupo Joly EPA 2013

Con casi seis millones de parados en España, 1,4 en Andalucía, hay poco que celebrar. Por mucho que los datos de la EPA del último trimestre de 2013 arrojen una mínima reducción del paro. No es tiempo de fanfarrias. La realidad es otra bien distinta. Se ha reducido el número de desempleados y se ha destruido tres veces más empleo en nuestro país. Muchas de las personas que buscan trabajo o se han tenido que ir fuera a buscarse las habichuelas o han bajado los brazos y han perdido la esperanza. Al igual que no cabe el triunfalismo ni un optimismo desmedido, también hay que combatir la resignación. Pero no con discursos retóricos que no convencen a nadie. Se necesitan políticas concretas y efectivas al corto y también al medio y largo plazo que reactiven la economía y, por tanto, dinamicen el mercado laboral. No las mal llamadas reformas a las que nos tiene acostumbrados este Gobierno del PP que suponen recortes. El dato oficial no puede ser más desalentador: tardaremos diez años en recuperar los niveles de empleo de antes de la crisis. Frente al austericidio al que nos condena el pensamiento neoliberal dominante, se requieren políticas expansivas que aceleren la recuperación y faciliten el bienestar colectivo.

Viñeta.- Miky&Duarte en el Grupo Joly.

Triunfalismo

El ministro de Hacienda sigue haciendo gala de un (de momento) infundado triunfalismo. Hace apenas unas fechas Cristóbal Montoro habló del “éxito español” y ayer reincidía con que vamos a “asombrar muy pronto”. Ojalá fuera así. La evolución positiva de algunos indicadores macroeconómicos tampoco es para lanzar las campanas al vuelo. En todo caso, ¿cuándo llegarán esas buenas nuevas a los ciudadanos? Las previsiones sobre el empleo siguen siendo las mismas: no bajaremos del 25% de paro hasta 2018. Se manifiesta así este miembro del Gobierno de Rajoy la misma semana que conocemos un recorte en pensiones de 33.000 millones de euros hasta 2022, un tijeretazo que supondrá 1.500 euros anuales menos para las pensiones medias. No parece que la euforia sea el camino para recuperar la confianza de los españoles. Ya hay bastante hastío y frustración con síntomas de recuperación que nunca cuajan. Quizá se debería mover el ministro por la senda de la prudencia y el realismo. Piano, piano…