Caerse del caballo

Las últimas horas de la campaña electoral se han visto sacudidas por el fichaje de Ángel Garrido, presidente de la Comunidad con el PP hasta hace dos semanas, por parte de Ciudadanos. Garrido se ha caído del caballo como San Pablo y se ha convertido de la noche a la mañana de azul en naranja. Por su boca han salido una prolija batería de críticas hacia los que ya son sus nuevos compañeros, palabras que albergan los archivos y que lo perseguirán en este salto al vacío. Se suma a lo que él denominó populismo pop de Rivera y su troupe sin rubor alguno, por despecho, por rencor, por deseo de venganza tras haber sido descabalgado del sillón con el premio de consolación (que no es poco) de un cuarto puesto en las listas de las europeas y escaño asegurado en Estrasburgo. La naturaleza humana se mueve más veces de las deseadas por los bajos instintos. El portazo de Garrido con aura revanchista lo sirve frío en un momento especialmente delicado para el partido de toda su vida a pocos días de la cita con las urnas. Sin duda, un golpe bajo injustificable desde la ética y explicable a duras penas desde los oscuros entresijos de ciertas conductas personales.

Y si cuesta digerir la decisión del fichado, lo que no tiene un pase es la política de pillaje de recursos humanos desplegada por Ciudadanos de un tiempo a esta parte. Un partido que dice representar la nueva política, que se da golpes de pecho como regenerador, no puede actuar con métodos filibusteros y abrir las puertas al transfuguismo. No dice mucho de Rivera que dé amparo y cobijo a todo aquel que sale rebotado o se siente molesto con otra formación política. Con este supuesto efectismo, Ciudadanos transmite ansiedad, desesperación y la idea de no contar con gente preparada en sus filas. Mal negocio para los naranjas. El tiro le puede salir por la culata como con el dedazo interruptus y posterior pucherazo descubierto en sus primarias en Castilla y León. También debería Rivera recordar las enseñanzas clásicas: Roma no paga traidores.

Viñeta.- Ricardo, en El Mundo.

Impudencia

Los medios de comunicación ponen hoy sobre la mesa un catálogo del doble discurso, del desafuero o de la moral lábil del PP en Andalucía, con Javier Arenas como capataz del desahogo y la impudencia. Nada mejor que enumerar sin dilación las actitudes impúdicas en lugar de enfrascarse en discursos retóricos.

  • Transfuguismo: El PP pone el grito en el cielo porque va a perder la Alcaldía de Benidorm por una alianza de doce concejales expulsados del PSOE desde el mismo momento en que firmaron la moción de censura con un tránsfuga del PP. Sin embargo, en este mandato municipal la derecha ha rebañado 24 alcaldías por este filibustero método y todos sus ediles siguen dentro del partido de la gaviota. Esta mañana, en Posadas, un pequeño municipio de Córdoba, los populares han dado un nuevo ejemplo de su doble rasero en un intento mezquino de ocupar al abordaje el sillón consistorial, aunque el tiro les ha salido por la culata. El concejal díscolo de Izquierda Unida se ha arrepentido y ha seguido finalmente las directrices de su organización. Cuando el PP se apoya en tránsfugas (y van…) lo hace por el interés general, cuando es al contrario se rasgan las vestiduras.
  • Compañías despreciables: Al PP le da igual los compañeros de viaje con tal de conseguir sus objetivos políticos y se une a ellos sin escrúpulos. En Estepona, interactúa un día sí y otro también con un grupo de imputados en la operación Astapa con tal de hacerle la vida imposible al alcalde socialista, que gobierna en minoría, y asfixiar la gestión municipal. Se ha marcado como reto la disolución del ayuntamiento y la convocatoria anticipada de elecciones y no se para ante nada para hacer realidad este oscuro deseo.
  • Despilfarro: Los altos cargos de la Junta de Andalucía tienen la nómina más baja de todas las administraciones. Por ejemplo, el salario medio de un alto cargo andaluz se sitúa en 61.500 euros brutos al año mientras que en la Comunidad de Madrid es de 83.900 euros, una nada desdeñable diferencia de más de 22.000 euros, el sueño dorado de muchas familias que apenas llegan a final de mes. En la corte de Esperanza Aguirre, un director general gana incluso más que el presidente del Gobierno andaluz. Aún así, por iniciativa del titular de la Junta, José Antonio Griñán, se van a congelar las retribuciones de los altos cargos de la administración autonómica y se van a regular los honorarios de los directivos de las empresas públicas. Unas medidas de contención y austeridad en estos momentos difíciles que se podrían y deberían extender también a los ayuntamientos. Arenas, conocidos los planes de ajuste que impulsa Griñán, redobla demagógicamente su apuesta para con la Junta y no dice nada de los elevados emolumentos de algunos munícipes, gestores y cargos de confianza de ayuntamientos gobernados por el PP. ¿Por qué no corta por iniciativa propia el despilfarro en los consistorios de Málaga, Almería, Cádiz o Huelva?
  • Pluralismo: Andalucía está en la vanguardia en lo referente a la calidad de nuestra democracia o al respeto del pluralismo político. Nuestro marco normativo es más avanzado que el de otras muchas autonomías: por ejemplo, disponemos de un Consejo Audiovisual o el director general de la RTVA es elegido por el Parlamento. Pese a esta realidad incontrovertible, la cohorte de la derecha se desgañita con el mensaje de que en Andalucía se ha instaurado un régimen, una patraña con la que justificar sus innumerables derrotas en las elecciones y un insulto a los millones de andaluces y andaluzas que votan con libertad a la opción política que les da la gana cada cuatro años. La última barrabasada del PP en este capítulo se registra en Granada. Como no tenía mayoría suficiente en el consejo de administración de la nueva televisión local para tomar algunas decisiones, cogió por la calle de en medio y amplió en dos integrantes su presencia en el órgano, pasándose por el arco del triunfo la ley y pisoteando la representación plural que marca la composición del pleno municipal. La Dirección General de Comunicación Social de la Junta ya ha advertido al consistorio que o se ajusta a la ley o podría perder la licencia para emitir. Seguro que el PP acusará al Gobierno andaluz de persecución política y/o sectarismo, y el incumplimiento de la norma no será más que una minucia sin importancia.

Con este elenco de comportamientos insanos desde un punto de vista democrático, resulta patético que todos los días Arenas reparta urbi et orbi lecciones (o admoniciones) de buenas prácticas políticas. Tendría que recibir un curso acelerado de reciclaje y aparcar sus trasnochados modos cínicos y populistas.

Fotos.El Mundo y Libertad Digital.

Tragaderas

Al PP le cabe todo. Mucho predicar, mucho predicar, y a la hora de la verdad nunca da trigo. Los populares van al asalto de la Alcaldía de Benalmádena (Málaga) al más puro estilo bucanero. Persiguen un botín y no se cortan un pelo en su afán por hacerlo suyo. Han anunciado una moción de censura en este ayuntamiento de la Costa del Sol, una circunstancia normal en la práctica política. Lo que ya no resulta tan habitual es que se apoye en un grupo de concejales al que ha acusado hasta la saciedad de corrupción en los dos últimos años y, por si no fuera bastante, incorpora a otra edil tránsfuga (pertenece a un grupo político que no respalda la operación), que en su día fue llevada por el PP a los tribunales por asegurar que la estaban presionando económicamente para romper el pacto de gobierno con los socialistas. ¡¡¡Todo un ejemplo de comportamiento ético para la sociedad!!! ¿Qué mensaje transmite el PP? ¿Qué oscuros intereses mueven a los populares para hacer estas piruetas y contorsiones? ¿Si antes eran tan malos esos concejales que pactaban con el PSOE, por qué ahora son personas cabales? Una sola conclusión: todo por el poder. Y Javier Arenas, como siempre, silbando, mirando a otro lado y, con recochineo y su media sonrisa cínica, dándose golpes de pecho y vendiendo baratijas moralizantes sobre el transfuguismo. Su talla moral se empequeñece todos los días con esas tragaderas y su tradicional doble vara de medir. Su escasa estatura política ya la ha definido el electorado andaluz. No es que no lo parezca, es que ni siquiera lo es.

Foto: Libertad Digital.