Un revés para Aguirre

A Esperanza Aguirre le va a salir caro el incidente de tráfico en la Gran Vía madrileña. La causa contra la ex presidenta de la Comunidad de Madrid será instruida como un delito de desobediencia y no como falta. La Audiencia Provincial ha admitido el recurso contra la decisión inicial del juez instructor. En una causa similar, según eldiario.es, una mujer fue sentenciada a seis meses de prisión por el mismo tribunal. Sea cual sea el final del caso, este revés judicial será un mal trago para la lideresa. Un episodio mal gestionado por la soberbia le va a costar un disgusto a la protagonista. Desde luego, esta cura de humildad le vendrá genial y será bien acogida por la mayoría de los ciudadanos, que no habría tenido tanta bula y le habría caída el justo peso de la ley. Está bien que sea efectivo el principio constitucional de que todos somos iguales ante la justicia.

Aguirre y su APP

El numerito de bronca y fuga automovilística de Esperanza Aguirre ya tiene su aplicación para móviles. Su nefasta gestión del episodio ha dado mucha más notoriedad al patinazo. La ex presidenta de la Comunidad ha intentado pasar página matando al mensajero y atacando a los agentes que intentaban cumplir con el precepto democrático que la ley es igual para todos, ya sea famoso o ciudadano de a pie. Tanto ruido mediático ha propiciado que este comportamiento incívico de Aguirre tras estacionar su coche particular en un carril bus de la Gran Vía madrileña se haya convertido en comidilla nacional y en asunto preferente de la agenda pública durante varios días. Para que no se olvide nos quedan las hemerotecas y esta APP para que cualquiera con sistema Android puede echar un rato emulando las hazañas de la lideresa.

Multa, humor y frentismo

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El ingenio que existe en este país es inmenso. En apenas unas horas ya circulaban por las redes sociales y por whatapps fotos, chistes y montajes (como los que ilustran este post) sobre la multa de Esperanza Aguirre y su posterior fuga. Como es habitual en este sacrosanto país, un hecho tan incontrovertible como estacionar en lugar inadecuado y desatender las indicaciones de los agentes de movilidad del Ayuntamiento de Madrid ha degenerado en un debate entre partidarios y detractores de la lideresa. El frentismo es una dramática seña de identidad de nuestra sociedad. En este episodio no se juzgan las cualidades políticas de la ex presidenta madrileña, que para eso tiempo habrá, sólo se censura un hecho puntual, agravado por su reacción incívica y altanera y acabado de estropear por su carrusel de declaraciones de autodefensa cargados de soberbia y prepotencia. Al margen de que determinados altavoces salgan a justificar lo injustificable, lo cierto es que a la sociedad española, incluido el PP, le ha quedado claro el numerito que ha montado Aguirre. Una peripecia que no habría pasado del pago de unos euros y habría quedado en el desconocimiento general si no la hubiera agravado su actitud arrogante. Y una pregunta: ¿dónde habría acabado cualquier ciudadano que hubiera respondido de idéntica forma que la lideresa? Nos lo podemos imaginar.

El mal ejemplo de Aguirre

No ha sido un buen día para Esperanza Aguirre. Le han puesto una multa por dejar su coche mal estacionado en un carril bus de la Gran Vía y ha montado una zapatiesta. Su reacción refleja demasiada arrogancia. Cualquier ciudadano habría asumido la infracción del código de circulación, habría recogido la hoja rosa con el castigo correspondiente y se habría ido a su casa disgustado pero sin hacer ruido. Ella directamente ha montado el número. Dice el parte policial que “poniéndose nerviosa, sube al vehículo, arranca y golpea la moto”, dejándola caer. Y no se queda ahí: no atiende el alto y se da a la fuga hasta el punto de que un patrullero tiene que perseguir a la ex presidenta madrileña con la sirena puesta para entregarle la notificación por contravenir las normas de tráfico. Si la respuesta en caliente se ha saldado con una escapada a los Fast & Furious, su versión en frío de los hechos es aún peor. Sostiene Aguirre que los agentes sólo buscaban hacerse una foto poniéndole la multa. Sus declaraciones a El Mundo son de aúpa: califica a los agentes de prepotentes y machistas y desliza que pudo tratarse de una retención ilegal. El Ayuntamiento de Madrid, presidido por Ana Botella, ha salido en defensa de la profesionalidad de sus funcionarios. Nadie está exento de cometer alguna infracción de tráfico. En cambio, la gestión de todo lo demás resulta francamente reprochable y traslada un mal ejemplo a la ciudadanía. Más censurable incluso tratándose de un personaje público.