Humos

Dicen en mi tierra que “para conocer a Juanito, dale un carguito…”. Pues a otro Juan, de apellidos Moreno Bonilla, en poco más de cien días se le han subido los humos a la cabeza. Tanto darse golpes de pecho de (falsa) humildad cuando estaba en la oposición, ahora que está al frente de la Presidencia de la Junta se ha quitado la piel de cordero y va sentenciando con soberbia y altanería en sus debates parlamentarios En palabras de Susana Díaz, va de “perdonavidas”, dando lecciones con ínfulas de superioridad, mirando a sus adversarios incluso por encima del hombro, tratándolos de modo paternalista. Está tan pagado de sí mismo que no ha tenido arrobo en asegurar que en el poco tiempo que llevan en el Gobierno han conseguido ya “la cuadratura del círculo”. Todo un síntoma de arrogancia porque nadie alcanza tan manido desiderátum. Para alguien que ha cogido al sillón de carambola, con los peores resultados de su partido en casi treinta años y con el apoyo vergonzante de la extrema derecha, sería recomendable un poco de mesura y contención. No parece normal que levite, que camine a varios palmos del suelo, cuando no le ha dado tiempo ni siquiera calentar el asiento. Lo que ha hecho hasta ahora es nada, conjunto vacío, salvo bajarle los impuestos a los más ricos, para no enseñar sus cartas hasta que pasen los procesos electorales. El 26 de mayo está a la vuelta de la esquina y la ultraderecha acecha. Atentos.

Foto.- Parlamento de Andalucía.

Resultado inapelable

Las elecciones generales de este domingo han deparado un rotundo triunfo del PSOE y una única opción para la presidencia del Gobierno de España: Pedro Sánchez. Los socialistas casi doblan a la segunda fuerza, un Partido Popular que se ha hundido con estrépito perdiendo la mitad de los apoyos que cosechó en 2016. Las urnas han dado una mayoría de izquierdas frente al tridente de las tres derechas, un amplio apoyo en favor de la moderación, el progreso y la convivencia frente a la radicalización, el retroceso y el frentismo.

El PSOE vuelve a ganar unas elecciones de ámbito general once años después y lo hace con notable diferencia sobre el resto, hasta el punto de que el mapa de España ha virado en menos de tres años del azul al rojo, con 123 escaños en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado, una cámara esta última en la que dominaba el PP desde el siglo pasado. Se ha producido una fuerte movilización de la izquierda para evitar que ocurriera el pacto de la vergüenza de las derechas y la ultraderecha, las consecuencia del 2 de diciembre han sido un agente movilizador del voto progresista.

El pueblo español ha parado en seco a la derecha altanera y faltona. El PP sufre un serio varapalo y presenta los peores resultados desde su refundación en 1990 (16,7% y 66 escaños). Mantiene por décimas la segunda posición, con Ciudadanos pisándoles los talones a punto de darle el sorpasso, y la cabeza de Pablo Casado en el aire. Los naranjas mejoran su grupo en las Cortes pero quedan muy lejos del discurso triunfalista de su líder, Albert Rivera, que ha fracasado en su estrategia de aislar al PSOE con su monotema territorial y ya se postula fatuamente como el nuevo líder de la oposición.

La extrema derecha entra por primera vez en las Cortes desde que se instauró la democracia, con 24 escaños y más del 10% de los votos. Una presencia que asusta pero que está muy por debajo de las expectativas. Las exhibiciones de fuerza en sus mítines y sus campañas fake habían producido un espejismo electoral, un temor que finalmente no ha sido para tanto por la madurez de nuestro electorado. Hasta ahora, los ultras estaban camuflados en el PP y ahora tienen espacio propio. España ya ofrece una foto parlamentaria muy a la europea.

Dos apuntes más. Unidas Podemos se deja casi la mitad de los escaños, pasa a ser cuarta fuerza en España, pierde su grupo en el Senado y el liderazgo de Pablo Iglesias queda tocado. Aunque sin su presencia en la recta final de la campaña, muy especialmente por su gestión de los debates, el resultado final habría sido peor. El nacionalismo periférico ha salido reforzado por la radicalidad de las derechas: por primera vez el independentismo catalán gana unas generales en esta comunidad y PNV y Bildu refuerzan sus posiciones. El PP se queda sin representación en Euskadi y sólo tiene un escaño en Cataluña. A la derecha el tiro le ha salido por la culata.

Y Andalucía ha sido la comunidad que más ha aportado a la victoria socialista y de Pedro Sánchez. Más de un millón y medio de sufragios, 24 diputados y 24 senadores, triunfo en las ocho provincias y primera fuerza en 734 de los 786 municipios de esta comunidad. Cumpliendo con creces los objetivos comprometidos públicamente por Susana Díaz, que se ha volcado en esta campaña.

Unos resultados que además tienen una lectura en clave autonómica: Andalucía ha planteado en las urnas una moción de censura al actual gobierno regional tripartito de las derechas y la extrema derecha. El mensaje de la gente de esta tierra ha sido nítido contra este pacto de perdedores y de la vergüenza. El PSOE dobla en votos y en escaños al segundo y tercero: 24 representantes socialistas frente a 11 de Ciudadanos y 11 del PP.

Sin duda, el gran derrotado de estos comicios es el actual presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla. Acumula en cuatro meses los dos peores resultados del PP. Hasta tal punto que ha sido superado por Ciudadanos en Andalucía y es ya la tercera política. Con estos datos, el Ejecutivo andaluz no presenta el sentir de la mayoría y da muestras de debilidad e inestabilidad, sobre todo porque para aprobar cualquier medida depende de Vox. En menos de 100 días el electorado le ha dado un sonoro suspenso.

 

Trifachito

Me parece muy acertado este concepto que con tanto arte y puntería usa el tuitero Gerardo Tecé para denominar a la triple alianza de las derechas y la extrema derecha en Andalucía. PP, Ciudadanos y Vox forman el eje de la reacción y quieren exportar su entente cordiale a todos los rincones de España. Ya no queda ninguna duda tras sus primeras proclamas al calor del anuncio de generales el 28 de abril. A los ultras de Santiago Abascal y los populares cada vez más radicalizados de Pablo Casado les importa poco que los llamen de derechas. Es más, Casado está en una carrera para taponar la fuga de votos por flanco diestro y cada día se asemeja más a los extremistas.

En cambio, a la derechita acomplejada y cobarde, usando la terminología de Vox para referirse a los naranjas, sí les escuece y les incomoda. Comienzan la precampaña proclamándose como liberales, porque lo de centristas ya no se lo cree nadie, ni siquiera ellos. Rivera se ha retratado con una renuncia expresa a dialogar tras los comicios tanto con Pedro Sánchez como con el PSOE. Ha trazado un cordón sanitario preventivo. Este maximalismo electoralista (que ya usaron en Andalucía contra Susana Díaz) sólo deja como opción a Ciudadanos constituir el trifachito a escala nacional. Ha quedado muy claro del pie del que cojean: entre el PSOE y Vox prefieren a la ultraderecha. Así se explica de la foto de la Plaza Colón. Y como dice el refrán, dos (en este caso tres) que duermen en el mismo colchón se levantan de la misma condición.

Foto.- Europa Press.

Etapa apasionante

Desde la foto superior a la segunda (BOJA) han mediado apenas veinte meses. Este lapso de tiempo como consejero de Cultura de la Junta de Andalucía constituye la etapa más fértil, enriquecedora y apasionante de mi vida profesional/política (y ya acumulo casi cuatro décadas cotizadas). He trabajado de sol a sol con ilusión, he disfrutado como un niño, he conocido y colaborado con gente estupenda y que merece mucho la pena, he vibrado con el arte en sus distintas expresiones, me he desenvuelto en un ámbito que me atrae y del que me siento parte… En definitiva, me he sentido realizado porque la cultura es el instrumento para construir sociedades mejores, más desarrolladas y más igualitarias. Y toda esta mayúscula satisfacción acumulada sólo la puedo devolver con gratitud y honestamente creo que nunca podré saldar del todo esta íntima deuda.

En primer lugar, gracias a Susana Díaz por concederme esta oportunidad tan preciada y depositar en mí la confianza para ocupar la cartera más bonita de su gobierno. Andalucía es cultura: tremendo honor y privilegio estar al frente del departamento que lleva su nombre.

En segundo, a un equipo brillante, preparado, leal a prueba de bombas y comprometido, que se ha dejado la piel, que ha estado en el tajo sin mirar el reloj y que se ha ganado mi cariño y reconocimiento para siempre. Sin ellas (uso el femenino plural porque son más mujeres que hombres) no habría sido posible. Un extraordinario esfuerzo colectivo por el que también se merecen un justo reconocimiento los empleados públicos de la Consejería, la Agencia de Instituciones Culturales y otras entidades con gestión diferenciada como la Alhambra, el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y la Fundación Legado Andalusí.

En tercero, al sector o a la suma heterogénea que constituye el mundo de la cultura en esta tierra. Gente con talento y carácter, que siente el arte en sus venas, que arriesga, que se desvive y que lo da todo por un sueño. He encontrado a un grupo humano que defiende por encima de todo su espacio de creación y su independencia, y al mismo tiempo se ha mostrado receptivo al diálogo, al acuerdo y a la cooperación. Esta tierra crece con la cultura y por esa razón ésta necesita el máximo apoyo público para desplegar todo su potencial. Esa visión compartida ha hecho fácil el trabajo y la comprensión mutua.

Y en el cuarto, que no el último porque es lo más importante, a toda mi familia, y muy especialmente a Regina, por su generosidad, por su aliento, por la aceptación sincera de mis reiteradas ausencias, por sus consejos con pies de plomo y por ese inmenso amor que es el mejor combustible para trabajar con felicidad y dinamismo.

Se cierra una etapa y desde hoy formalmente se abre otra. Soy una persona positiva, no suelo mirar atrás ni siquiera por el retrovisor. No todo lo pasado fue mejor, pero dudo mucho de poder gozar de un tiempo tan maravilloso como éste. No pierdo, sin embargo, la esperanza. Quién sabe lo que te puedes encontrar a la vuelta de la esquina. La vida siempre te da sorpresas. ¡¡¡A por ellas!!!

Antología del disparate

A ver quién la dice más gorda. Desde la convocatoria de elecciones autonómicas en Andalucía, el Partido Popular ha entrado en una carrera de insultos y barrabasadas por su desesperación y falta de proyecto y sensibilidad hacia esta tierra. Los dirigentes de la derecha pepera (en Ciudadanos también se ha pisado en alguna vez la línea roja) están completando una auténtica antología del disparate. El que abrió la puja fue líder nacional, Pablo Casado, incluso antes de estar fijada la cita con las urnas el 2 de diciembre. Valgan solo unos ejemplos de estas últimas semanas:

Casado: ¿Qué pasa, que los andaluces sois de peor condición y no tenéis capacidad de probar otras siglas políticas, otras ideas sociales? (28 de septiembre)

Casado: “Se envuelve en la bandera de Andalucía como un burladero […] como si estuviéramos en la Cuba castrista“. (20 de octubre)

Casado: “Por mucho que le duela, Susana Díaz lleva a Torra y a Otegi en sus listas”. (27 de octubre)

Isabel García Tejerina, ex ministra: “En Andalucía lo que sabe un niño de 10 años es lo que sabe uno de ocho en Castilla y León” (18 de octubre)

Teodoro García Egea, secretario general: “La Junta gasta más en prostitutas que en educación” (18 de octubre).

Juan Manuel Moreno Bonilla, candidato: “¿Le ha dicho Díaz a Sánchez que no nos gusta que en Sevilla se insulte a la Macarena o al Cachorro? (28 de octubre)

Es sólo una recopilación de urgencia y centrada en Andalucía. En este tiempo también  hemos escuchado a Casado llamar, entre otras lindezas, “golpista” al actual presidente del Gobierno. El líder del PP está tomando los derroteros de Trump, Salvini o Bolsonaro. Su hoja de ruta y la que impone en su partido es volver al aznarismo. Radicalización porque Vox les aprieta por la ultraderecha y Ciudadanos por el otro flanco.

Foto.– Paco Fuentes, El País.

Gresca en la derecha

La derecha está viviendo un escenario inédito. Partido Popular y Ciudadanos se marcan encarnizadamente en pos de la hegemonía en esa franja ideológica y, al mismo tiempo, ambos miran de reojo a Vox, la ultraderecha envalentonada y sin complejos como ha demostrado en Vistalegre, para no tener fugas por el ala más radical de su espacio electoral. Están unos y otros más entretenidos en su rivalidad particular que en ofrecer propuestas para el conjunto de la sociedad. Y lo más llamativo es que esta competición los está escorando a posiciones extremistas.

En el caso de las elecciones andaluzas del 2 de diciembre, la pelea consiste en reafirmar la pureza de raza, en demostrar quién es más de derechas. Por eso un día Pablo Casado le pide a los naranjas que firmen ante notario que no van a apoyar a Susana Díaz en la próxima legislatura y Juan Marín, el candidato de Cs por estos pagos, le responde que no van a facilitar ni siquiera su investidura, que votarían que no siempre. Una suerte de riña de patio de colegio… o quizá simple postureo electoralista.

Que el PP no arrime el hombro en esta tierra es todo un clásico, lo llevan en el ADN, lo suyo es la confrontación y el obstruccionismo. Nada nuevo bajo el sol: los andaluces los tienen bien calados. Por el contrario, Ciudadanos, en su estreno en el Parlamento de Andalucía, ha colaborado a la estabilidad y ahora está más preocupado en dar el sorpasso a los populares que en los intereses generales de esta tierra. Los naranjas han pegado un volantazo por puro tacticismo electoral (pillar cacho en el caladero de la gaviota  jugando en su mismo terreno). Eso sí, pensando más en las ambiciones de Albert Rivera que en la propia contienda electoral andaluza.

La disputa se antoja interesante. Hasta ahora el PP había estado muy tranquilo en su parcela, muy acomodado en ser el primer partido de la oposición andaluza. Y ahora no sólo tiene que fajarse con los naranjas, sino que Vox les enseña la patita por debajo de la puerta.

Foto.El Español. Santiago Abascal (Vox), Casado y Rivera.

Andalucia lo es todo

No es una proclama nacionalista (fundamentalmente porque no lo soy). Es mi forma de contestar a aquellos que ven esta tierra como un laboratorio para experimentar, un biombo con el que disimular sus frustraciones o un taburete, una suerte de trampolín, para auparse a otras metas. Pretende ser este post, por tanto, una revindicación de justicia, una proclama contra la insensibilidad. Andalucía no es un medio hacia nada, ha de ser considerada como un fin en sí misma. Por eso, me rebelo contra quienes la contemplan como un inevitable tránsito, un artículo de usar y tirar o un simple obstáculo que sortear en la conquista de cualquier otro objetivo por legítimo que éste sea.

Al calor de la convocatoria de elecciones en Andalucía hemos tenido que aguantar comentarios como que esta comunidad, la más poblada de España, es banco de pruebas, conejillo de indias o sondeo previo de otras citas electorales. Una mirada despectiva, desgraciadamente ya típica, sobre una tierra que se merece mayor consideración, más respeto, y no una visión subsidiaria y casi paternalista, por lo que significa y por la estabilidad que aporta al conjunto. Andalucía no es una meta volante hacia ningún sitio, Andalucía es todo. Algunos que viven anclados en el prejuicio y el estereotipo lo deberían aprender de una vez.

Y menos mal que los comicios se celebran por separado por el deseo expreso de la presidenta Susana Díaz de tener un debate propio, con acento andaluz, y lejos de las ansias o las necesidades de agentes externos que poco afectan ni benefician al futuro y el progreso de esta tierra.

Foto.- El Correo.