Transformismo político

Evolución de Podemos

Menos del 12% de los votantes de Podemos dice sentirse socialdemócratas. Éste es uno de los muchos datos recogidos en la última encuesta del CIS y que pasan casi desapercibidos por el inusitado interés que despierta la estimación del voto y la asignación de escaños. Si esto es así, ¿a qué viene esa repentina conversión de Pablo Iglesias y su troupe a la socialdemocracia? Está claro: se trata de una simple pose para limar con técnicas de comunicación sus aristas más agresivas, las que despiertan mayor rechazo ante un electorado español poco dado al extremismo y la radicalidad. A Iglesias le hemos le hemos descubierto su perfil más duro, ha destilado abiertamente todo su rencor hacia el PSOE, la genuina socialdemocracia en España, durante esta legislatura fallida. No es de extrañar. Sabemos de dónde viene. No puede engañar a nadie. El líder de Podemos es tan socialdemócrata como Sánchez Gordillo, Cañamero o Julio Anguita. (Modo ironía ON).

Estamos, por tanto, ante el ejercicio de transformismo político más burdo para ocultar lo que hay debajo de la piel del cordero. Los principales dirigentes se han transmutado a la velocidad de la luz. Han pasado de la izquierda radical a la socialdemocracia en apenas un par de años. Sin pudor. Las últimas proclamas de Iglesias declarándose socialdemócrata no sólo no han convencido a nadie sino que han removido las tripas a muchos de los cuadros de la formación morada y mucho más a sus nuevos aliados de Izquierda Unida, de extracción y solera comunista, que siempre (desde la III Internacional en 1919 y la creación del PCE en 1921) han considerado a los socialistas como traidores de la izquierda. Ahora Iglesias sostiene que Marx y Engels eran socialdemócratas. Este revisionismo histórico insulta la razón y suena a catálogo comercial con publicidad engañosa. Pura mercadería.

¡Que viene el lobo!

Estamos en un año crucial desde el punto de vista político y electoral. Todas las formaciones políticas se preparan para las próximas citas con las urnas. Y ese bullir de los cuarteles generales de las distintas formaciones se nota, especialmente a través de los medios de comunicación. En este arranque de 2015, el Partido Popular está dejando aflorar todo el nerviosismo que reina en su seno por la caída de respaldo ciudadano que señalan todas las encuestas. El grito de que viene la izquierda constituye su primer mantra en el estreno de año. Lo ha verbalizado su portavoz parlamentario, Rafael Hernando: “La izquierda pactará para desalojar al PP“. Este mensaje del miedo ni cala ni cuela y confirma la tendencia a la baja de los peperos. Serán los ciudadanos quienes saquen a los conservadores de las instituciones. Han hecho tal estropicio que la gente ha tomado nota. Tres años de agresiones, recortes sociales, mentiras e incumplimientos sistemáticos que han empeorado la vida de la inmensa mayoría. No sé lo que harán los demás, pero mi partido, el PSOE, sale a ganar, a demostrar que, como en Andalucía, otra forma de hacer política es posible. Aunque no le guste a la derecha, los socialistas comparecerán ante los ciudadanos defendiendo los valores de siempre: libertad, igualdad y justicia social. Una imagen reconocible de un partido socialdemócrata y eso es lo que le molesta al PP. Ladran, luego cabalgamos.

Valls y las barbas del vecino

Observo con estupor la decisión del Gobierno francés de acometer un recorte de 50.000 millones hasta 2017. Y sigue una receta inspirada por la derecha que no entiende el electorado de izquierda: congelación de salarios de funcionarios y pensiones y ajustes en prestaciones sociales. Muy parecido al menú que le puso por delante la Unión Europea a José Luis Rodríguez Zapatero y que tan funestas consecuencias tuvo para la imagen del partido y el consiguiente castigo electoral. El flamante primer ministro galo. Manuel Valls, no parece temer los paralelismos con lo ocurrido en España. Aunque de origen español, no recordará el refrán de ‘cuando las barbas de tu vecino veas pelar…’. La falta de coherencia entre el programa que se presenta a las elecciones y lo que finalmente se hace desde el Gobierno produce desafección y frustración en el electorado.

Por muchas presiones que vengan desde Bruselas, tiene su coste político desatender los principios y los valores socialistas. Y es más sangrante si cabe cuando se puede comprobar que el austericidio impuesto por el neoliberalismo sólo produce el empobrecimiento de las clases medias y trabajadoras y más paro. El ejemplo de los vecinos del sur (España, Portugal, Grecia o Italia) no pueden ser más elocuentes. Me parece muy positiva la reacción de un tercio del grupo parlamentario socialista en contra del recorte modelo neoliberal y ofreciendo alternativas más propias de la izquierda. Espero que Valls recapacite y rebobine. Está a tiempo de evitar la incomprensión y el malestar de esa enorme mayoría de franceses que hace apenas dos años le dieron al Partido Socialista un enorme depósito de confianza.

Contra el pensamiento único

“Se ha convertido en un lugar común afirmar que todos queremos lo mismo y que lo único que varía un poco es la forma de conseguirlo.

Esto es simplemente falso. Los ricos no quieren lo mismo que los pobres. Los que se ganan la vida con su trabajo no quieren lo mismo que los que viven de dividendos e inversiones. Los que no necesitan servicios públicos –porque pueden pagarse transporte, educación y seguridad privados– no quieren lo mismo que los que dependen exclusivamente del sector público. Los que se benefician de la guerra –gracias a los contratos de defensa o por motivos ideológicos– tienen objetivos distintos a los que se oponen a la guerra. Las sociedades son complejas y albergan intereses conflictivos. Afirmar otra cosa –negar las diferencias de clase, riqueza o influencia– no es más que favorecer unos intereses por encima de otros. Eso solía ser evidente; hoy se nos dice que son soflamas debidas al odio de clase y se nos insta a que lo ignoremos. De forma parecida, se nos anima a perseguir el fin económico y excluir todo lo demás y, de hecho, hay muchos que tienen algo que ganar con ello.

No obstante, los mercados tienden naturalmente a favorecer las necesidades y deseos que pueden reducirse a criterios comerciales o a medidas económicas. Si hay algo que se puede vender o comprar, entonces es cuantificable y podemos valorar su aportación a las medidas (cuantitativas) del bienestar colectivo. Pero ¿qué hay de esos bienes que los seres humanos siempre han valorado y que no se pueden cuantificar?

¿Qué hay del bienestar? ¿Y de la justicia o la equidad? ¿Y de la exclusión, la oportunidad –o su ausencia– o las esperanzas perdidas? Estas consideraciones significan mucho más para la mayoría de la gente que el beneficio o el crecimiento agregado o incluso individual”.

Tony Judt
Algo va mal

Los culpables de la Gran Recesión

Vincenç Navarro, catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y uno de los pensadores más preclaros de la izquierda, culpa de las elevadas tasas de desempleo en nuestro país a los comportamientos especulativos de la banca española, pobremente supervisada por el Banco de España. Esta voracidad del sector financiero es, a su juicio, la mayor causa de que se creara la burbuja inmobiliaria en los noventa que ha acabado dañando brutalmente a la economía española y agravando la recesión económica que ha afectado a todo el planeta. También responsabiliza a los mismos actores de la balbuceante recuperación económica, de un despegue que no se produce por el lastre de actitudes egoístas de los poderosos. Navarro entiende que las maniobras especulativas persisten ante el silencio cómplice del regulador nacional retrasando la resolución del problema inmobiliario.

La mayoría de expertos inmobiliarios en países europeos, según publicaba The New York Times el 18 de diciembre, calcula que el precio de las viviendas en España debiera bajar un 30% o un 40% para que funcionara de nuevo el mercado de la vivienda y se recuperara así la economía. Sin embargo, el precio de la vivienda ha bajado sólo un 12,8% desde 2006, el momento en que había alcanzado el mayor precio. Las entidades financieras, recuerda el  catedrático, siguen aferradas a los precios del boom inmobiliario porque temen perder mucho dinero y esperan que los mercados se recuperen para venderlos a unos precios artificialmente altos. “Si el mercado funcionara correctamente, una manera de que la Banca pudiera vender las viviendas vacías y reavivar así el mercado inmobiliario hubiera sido bajando los precios a unos niveles más asequibles (que se correspondan al nivel de salarios medios del país)”.

Navarro acusa al Banco de España de proteger a las entidades financieras,  al considerar que los precios ya han bajado al nivel que debieran hacerlo y niega ahora que estén todavía inflados. Los responsables fundamentales del descalabro, emboscados en ese temible ente sin rostro que son los mercados, buscan como cabezas de turco las políticas de izquierda para descargar con ira su desvergüenza y, mientras tanto, siguen sin arreglar su casa. Haz lo que yo diga y no lo que yo haga.

Para más información, lee el artículo El capital financiero y su supervisor (el Banco de España) son responsables del elevado desempleo en el blog de Vincenç Navarro.

Baile de máscaras

El Parlamento de Andalucía aprobó ayer los presupuestos de la Junta para 2011. No es niguna novedad en tanto en cuanto el PSOE cuenta con la mayoría suficiente en el hemiciclo para aprobar ésta y cualquier iniciativa. La trascedencia reside en dar luz verde a un texto que pone las bases sólidas para la recuperación económica y en que ha sido elaborado en un momento especialmente delicado y de fuerte contención del gasto.

Lo que sí llama la atención es que el PP tenga un discurso para la galería y a la hora de la verdad se le va la fuerza por la boca. Mucha palabrería y siempre el no a todo como estrategia política. ¡Cómo es posible que el autoproclamado nuevo partido de los trabajadores vote en contra de dedicar 7.600 millones de euros para la creación de empleo¡ ¡Cómo es posible con la que está cayendo que los vencedores de las encuestas se opongan a que la sanidad pública se lleve uno de cada tres euros de las cuentas autonómicas o que no respalde que Andalucía sea la única autonomía donde crecen las partidas para educación o para la atención a personas que están en situación de dependencia!

Mientras tanto se observa la escabechina que está haciendo la derecha en todas las autonomías donde gobierna: reducción drástica y privatización de los servicios públicos, recorte de plantilla y expedientes de regulación de empleo en la administración ycaída en picado de la inversión. Cuando se quitan las caretas vemos el verdadero rostro de la derecha. Javier Arenas lleva ya demasiado tiempo con su baile de máscaras. Unos hacemos reformas para fortalecer el estado del bienestar y otros quieren demoler el estado del bienestar para servírselo en pepitoria a los mercados. Ésa es la diferencia entre la socialdemocracia y el neoliberalismo.

Objetivos ambiciosos

El discurso de investidura de José Antonio Griñán a presidente de la Junta ha generado entusiasmo. Griñán articuló a la perfección su carta de presentación con una intervención con propósitos ambiciosos y un profundo calado ideológico sin renunciar a la herencia de 27 años de transformación radical vividos por esta tierra. Enarboló la bandera de la socialdemocracia frente al liberalismo salvaje o al inmovilismo de la izquierda trasnochada. Presentó una hoja de ruta a medio y largo plazo basada en siete objetivos para dar un nuevo impulso a Andalucía:

1. Seguridad jurídica porque la economía necesita de confianza y normas de cierta permanencia. Busca un marco económico estable para combatir la crisis, multiplicar la actividad empresarial y generar empleo, así como dotar de más medios a la administración de justicia.
2. Reforma de la Administración para acercarla al ciudadano. Se trataría de simplificar aún más los procedimientos, descentralizar la gestión a ámbitos provinciales y locales y completar el pacto local para fortalecer la acción de las corporaciones locales.
3. Libre competencia. No para ayudar a los más poderosos y a los más fuertes, sino para favorecer la eficiencia.
4. Innovación.
5. Sostenibilidad. Con factores claves como la gestión del agua y el suelo y el uso prudente de la energía.
6. Igualdad de oportunidades.
7. Cohesión social. A través de la concertación con los agentes sociales, el diálogo político, situando la educación como eje vertebrador de todas las políticas (el capital humano como vértice del proyecto), la mejora del capital físico (infraestructuras), un nuevo modelo de patrón sanitario para hacer frente a la nueva realidad (envejecimiento, hábitos saludables, investigación, consumo…) y la consolidación del cuarto pilar del estado del bienestar (ley de dependencia).