Las patas cortas de la mentira

A los políticos, entre otras muchas cuestiones, se les ha de exigir rigor y verdad. Con tal de conseguir un titular fácil no se puede falsear la realidad. Los atajos dialécticos para desgastar al adversario retornan como un bumerán contra quienes los toman desde el más absoluto de los desahogos. Ayer el presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, dejó caer en el Parlamento una de sus habituales mentiras solemnes: que no se había abierto ningún hospital en los últimos 25 años en la provincia de Málaga y la población había aumentado en medio millón de personas. Como decía mi madre, la mentira tiene las patas muy cortas. La afirmación del dirigente pepero es absolutamente falsa. En ese periodo se han puesto en funcionamiento en Málaga los siguientes hospitales: Costa del Sol (Marbella), Antequera, Benalmádena y Guadalhorce (Cártama). Y está a punto de abrir sus puertas el de Ronda. Una metedura de pata de este calibre sólo es posible desde la ignorancia o la mala fe. O las dos cosas al mismo tiempo. Moreno Bonilla se mueve al más puro estilo de la propaganda de Goebbles: miente que algo queda. Pero ante el vicio de mentir, está la virtud de contar y contrastar la verdad. No alberguemos esperanza alguna de que rectifique. Su soberbia no se lo permite.

¡Qué disparate!

El escandaloso nombramiento frustrado de José Manuel Soria para el Banco Mundial ha sido un auténtico despropósito para el Partido Popular, especialmente cuando Mariano Rajoy ansía apoyos para conseguir la investidura. Un disparate en todos los estadios del escándalo. Primero, por el mero nombramiento de un ex ministro que tuvo que dimitir por dos pecados capitales en política: evadir impuestos a través de paraísos fiscales y mentir. Segundo, por unas explicaciones peregrinas para intentar justificar lo injustificable y que luego se han demostrado falsas: no era imprescindible ser funcionario para acceder a un puesto cuantiosamente remunerado (226.000 euros anuales libres de impuestos) y se disfrazó de falso concurso público un ‘dedazo’ para devolver favores al amigo del presidente en funciones. Y tercero, el escándalo social que produce una jugada carente de ética y de estética, unido al malestar producido en sectores del propio PP, ha obligado a rectificar a la fuerza y perdiendo en un momento políticamente inoportuno otros jirones más de credibilidad y van… Todo era un enjuague difícil de digerir. A Rajoy, que ha participado activamente en la farsa, el tiro le ha salido por la culata. El enchufe de alta tensión a su colega Soria deja claro que en el entorno del aspirante a la investidura se sigue creyendo que se cuenta con una mayoría absoluta para hacer y deshacer a su antojo sin contar con nadie. Mal síntoma para seducir a otros grupos políticos para su investidura. La soberbia no suele ser buena consejera.

PD.- Cuentan por Madrid que la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, se está frotando las manos por la desgracia de Soria, su íntimo enemigo de partido. Queda por confirmar su papel en el estallido de esta crisis que ha afectado a su bando rival dentro del Consejo de Ministros. Se especula que el titular de Economía y proponente del canario para el puesto, Luis de Guindos, puede ser el que pague los platos rotos en un futuro no muy lejano.

Viñeta.– Ricardo, en El Mundo.

El cáliz que aparta Rajoy

Mariano Rajoy sigue hibernando. El presidente en funciones apenas si sale de Moncloa y no mueve un músculo en aras a buscar socios de gobierno. En estos días, tiene agenda libre para leer el Marca y ver retransmisiones deportivas. Aguarda en su sofá que el paso del tiempo juegue en su favor y la ruleta de la fortuna le sonría. Pero cada jornada que pasa aparecen nuevos argumentos en forma de corrupción para decirles que no a Rajoy y al Partido Popular. Sin embargo, insiste en esperar la llegada de un inesperado socio que lo saque del letargo (dicen que la esperanza es lo último que se pierde) y lo vuelva a colocar en el centro del tablero político. Él es así, paraíto, no es de arriesgar y tomar la iniciativa, sino de esperarlas y verlas venir, se lo reconoció a Bertín Osborne en su diálogo en el sofá. Y para pescar, muy señor mío, hay que mojarse el culo. El refranero es sabio.

Con esa actitud achantada y pusilánime y un equipo de escuderos intentando defender lo indefendible, la inacción de su jefe, acude mañana al Palacio de la Zarzuela para pedir por segunda vez al Rey que aparte de él el cáliz de la investidura. Cierto que no tiene votos, como al día de hoy no los tiene ningún otro aspirante, pero lo que le escasea es valentía y responsabilidad. Carece de apoyos por su reciente pasado de mayoría absoluta de ordeno y mando, por el desprecio al resto de partidos y a todo aquel que pensara diferente, por el enorme sufrimiento causado a la inmensa mayoría de españoles con medidas injustas y crueles y por un pasado y un presente de corrupción. Con esta losa, ni siquiera ha intentado generar complicidades en esta nueva coyuntura política, que exige cesiones y reconocimiento de los errores de la pasada legislatura. No es tiempo de soberbia y ni Rajoy ni el PP se bajan del burro: su camino no es el único y, sobre todo, no es el mejor. Así es imposible encontrar compañeros de viaje que, además de cargar con la nefasta mochila de la anterior legislatura, tendrán que acometer un recorte de 10.000 millones en los presupuestos que aprobó el PP como elemento más de su campaña electoral.

Si Rajoy manifiesta al jefe del Estado su impotencia e incapacidad, bien haría en dar un paso atrás definitivo y abandonar la política. La ciudadanía se lo pide a gritos y en el seno de su monolítico partido, donde la democracia interna brilla por su ausencia, el runrún resulta ya atronador.

Foto.EFE.

Periodistas y buenas personas

Me reconfortó escuchar hace unos días a Javier del Pino, conductor del programa ‘A vivir que son dos días’, de la Cadena Ser, defender que “para ser buen periodista no hace falta tener el colmillo retorcido, no hace falta ser mala persona o egocéntrico”. Comparto esta reflexión en su integridad, la pena es que la realidad del ejercicio de la profesión lo desmiente. El pecado capital del periodista es la soberbia o la ausencia de humildad, casi nunca se reconoce el error ni se rectifica, se practica el sostenella y no enmendalla hasta el paroxismo. Una terquedad que raya lo malsano cuando se mezcla con posturas intransigentes desde la trinchera ideológica, que constituye la mayor perversión del fin de contar las cosas desde la neutralidad y el respeto a la verdad. Toda generalización acarrea injusticia. En el gremio hay gente noble y comprometida con la ética. Sin embargo, está muy extendido que los profesionales vamos de sobrados, que la autocrítica nos queda lejos y que nos gusta meter el dedo en la llaga más de lo debido o de lo que sería de justicia. No es una leyenda urbana. Se hacen méritos sobrados para alimentar esta percepción en el imaginario colectivo. Todos los días nos encontramos ejemplos de esta tozudez en no dar el brazo a torcer aunque la realidad salte a la vista y nos corrija. Este viernes tampoco es una excepción: hay materia para cubrir todo un curso sobre mal periodismo. Y me duele como ciudadano y como parte del gremio. Pero le quiero hacer caso a Javier del Pino y decir lo que pienso sin colmillo, sin señalar a nadie y con la voluntad de ser buena persona.

Foto.Cadena Ser. Javier del Pino, a la izquierda, con el maestro José Martí Gómez, en la entrega de los Premios Ondas 2015.

Errejón y la prueba del algodón

Evidentemente el presunto engaño del número dos de Podemos, Íñigo Errejón, por incumplimiento de su contrato con la Universidad de Málaga dista mucho de ser el caso Bankia o el caso Bárcenas. Esa comparación hiperbólica acuñada por el recién nacido partido político no puede ocultar el patinazo de su dirigente. No estamos hablando de millones de euros pero sí de dinero público del que no se ha hecho un uso adecuado. El informe del instructor es concluyente: no respetó los términos del contrato, especialmente en lo que se refiere a la no observación de las cuarenta horas de trabajo presencial en el campus malagueño, y vulneró la Ley de Incompatibilidades al percibir retribuciones por actividades al margen de la Universidad (el afectado reconoce ingresos por 6.000 euros de dos informes realizados para su formación política). El instructor amonesta severamente al director del proyecto de investigación, Alberto Montero, también de la cúpula de Podemos y sobre el que pesa otro expediente disciplinario, por amparar las irregularidades de su colaborador (y amigo). Por ejemplo, en el texto se cita que como prueba del trabajo realizado por Errejón se aporta un pen-drive que contiene ficheros cuya última fecha de modificación era anterior al inicio del contrato de éste, 17 de marzo de 2014 o que la mano derecha de Pablo Iglesias se fue de gira política por América Latina en septiembre sin permiso de la Universidad.

No salen bien parados de la instrucción encargada por la rectora de la UMA. Pendientes de la resolución final del expediente, no parece de recibo el victimismo expresado por la nueva formación política. Hay que ser ejemplar con el dinero que pagamos todos con los impuestos, sean pequeñas o grandes cantidades las que están en entredicho. Errejón ha arrancado su carrera política con esta mancha. Se echan en falta menos soflamas y más explicaciones y reconocimiento del error. Está suspendido de empleo y sueldo no por capricho sino por su conducta irregular. Las lecciones tienen que empezar por aplicárselas uno mismo. Que no ve fantasmas donde sólo hay yerros propios y que exigen cuando menos una disculpa y no unas excusas infumables o la soberbia de la huida hacia adelante. No han dado la talla en el partido de Pablo Iglesias ante esta primera prueba de algodón.

Multa, humor y frentismo

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El ingenio que existe en este país es inmenso. En apenas unas horas ya circulaban por las redes sociales y por whatapps fotos, chistes y montajes (como los que ilustran este post) sobre la multa de Esperanza Aguirre y su posterior fuga. Como es habitual en este sacrosanto país, un hecho tan incontrovertible como estacionar en lugar inadecuado y desatender las indicaciones de los agentes de movilidad del Ayuntamiento de Madrid ha degenerado en un debate entre partidarios y detractores de la lideresa. El frentismo es una dramática seña de identidad de nuestra sociedad. En este episodio no se juzgan las cualidades políticas de la ex presidenta madrileña, que para eso tiempo habrá, sólo se censura un hecho puntual, agravado por su reacción incívica y altanera y acabado de estropear por su carrusel de declaraciones de autodefensa cargados de soberbia y prepotencia. Al margen de que determinados altavoces salgan a justificar lo injustificable, lo cierto es que a la sociedad española, incluido el PP, le ha quedado claro el numerito que ha montado Aguirre. Una peripecia que no habría pasado del pago de unos euros y habría quedado en el desconocimiento general si no la hubiera agravado su actitud arrogante. Y una pregunta: ¿dónde habría acabado cualquier ciudadano que hubiera respondido de idéntica forma que la lideresa? Nos lo podemos imaginar.