Martes de progreso

Cada martes conquistamos avances y derechos. Cada Consejo de Ministros viene cargado de decisiones de calado. Hemos pasado de los viernes sociales (fecha anterior de la reunión del Gobierno de España) a los martes de progreso. Hoy mismo otros dos proyectos de ley han visto la luz: la reforma educativa que permitirá derogar la nociva LOMCE y la ley de libertad sexual, que consagra que sólo él ‘sí es sí’, el consentimiento expreso, para las relaciones sexuales. Dos pasos más en menos de dos meses que se unen a la subida del salario mínimo, de las pensiones y de las retribuciones de los funcionarios, a la modificación parcial de la reforma laboral para acabar con los despidos por bajas médicas justificadas, a la regulación de impuestos para las multinacionales tecnológicas y las transacciones financieras o a medidas para hacer frente a la caída de precios de la producción agrícola y ganadera, entre otros muchos.

Este amplio catálogo de logros contrasta con el griterío de la oposición de las derechas. Sólo preocupada en la crispación, el ruido y en provocar el enfrentamiento en los españoles para tapar estos avances. Con un Partido Popular instalado en una estrategia desquiciada de tierra quemada por una doble razón: la primera, para intentar difuminar que este ejecutivo de coalición de PSOE y Unidas Podemos funciona y que los mensajes catastrofistas desde las filas de Pablo Casado y aledaños distan mucho de la realidad; y la segunda, la disputa del PP por mantenerse como primer partido de la derecha le hace radicalizarse para competir con Vox. Los motivos que mueven a los populares nada tienen que ver con los intereses de los españoles, sólo están buscando su beneficio particular o defender su espacio político. O dicho de otro modo: puro partidismo, nada de patriotismo.

Foto.- RTVE.

Política versus pataleo

Se ha alcanzado el primer gran pacto de la legislatura que acaba de comenzar. Un acuerdo entre Gobierno de España, patronal y sindicatos para subir hasta los 950 euros el salario mínimo profesional (SMI). Una negociación que supone un verdadero ejercicio de diálogo y de voluntad de entendimiento con cesiones de todos los interlocutores. Además de por su enorme repercusión social, este pacto tiene un gran valor político y despeja todos los augurios apocalípticos de las derechas sobre la marcha del gabinete de coalición. Para esto sirve la política, para avances como éstos queríamos superar el bloqueo y que empezara a trabajar un Ejecutivo progresista.

Este consenso sobre esta medida de indudable calado social ha tenido una excelente acogida en todos los ámbitos y se ha visto de forma casi unánime como positiva, salvo para el Gobierno de las derechas de Andalucía. Por boca de su consejero de Economía, Rogelio Velasco, le ha puesto todo tipo de reparos y ha pronosticado que producirá pérdida de empleo. Una argumentación tan esperable como falsa. En la anterior subida del SMI, los sectores conservadores políticos y económicos anunciaron destrucción de empleo pero la realidad fue bien distinta y ha desmentido a estos pitonisos mediacres: se siguieron creando puestos de trabajo. Las derechas andaluzas, una vez más, muestran su cara reaccionaria e insensible. Si hasta los propios empresarios han rebricado la medida, ¿por qué quieren ser más papistas que el Papa? ¿No les importan los cientos de miles de trabajadores que se van beneficiar de la medida? Ya sabemos que ellos están más interesados en bajarles los impuestos a las grandes fortunas. Su reacción ante la subida del salario mínimo no hay por dónde cogerla: pataleo incomprensible ante una buena noticia. ¡Qué tropa!

Foto.- El País. Reunión de la ministra de Trabajo y los agentes sociales.

100 días en blanco

Los primeros 100 días de este nuevo Gobierno de Mariano Rajoy han sido decepcionantes para Andalucía. Un auténtico fiasco,  100 días en blanco para esta comunidad. Sólo se ha registrado un avance en algunas cuestiones porque el Ejecutivo en minoría ha estado forzado por la nueva realidad parlamentaria y fundamentalmente por la oposición útil del PSOE se ha conseguido subir un 8% el salario mínimo, paralizar las reválidas, impulsar la propuesta de los sindicatos de renta mínima para los parados, que se esté negociando un pacto de estado contra la violencia de género o aprobar medidas para paliar la pobreza energética. Dicho esto, y en relación con Andalucía, en este periodo nos hemos encontrado algunas buenas palabras y ninguna buena acción. Antes al contrario, desde el Consejo de Ministros se han tomado decisiones que claramente suponen un agravio y un castigo para tierra.

En materia de infraestructuras, se han producido con nuevos episodios de discriminación que se suman a la lista de los últimos cinco años. El Gobierno está demorando con intenciones dañinas inversiones fundamentales para esta comunidad. Dos ejemplos sangrantes:

  1. Nuevo revés para la Algeciras-Bobadilla. Desde que llegó a la Moncloa el PP ha castigado sistemáticamente al principal puerto de España, que es el de Algeciras. Mientras el Gobierno ha dedicado a la conexión férrea del Mediterráneo hasta Murcia 6.000 millones a la de Algeciras apenas 50 millones. Y encima ahora nos enteramos que tiene que devolver dinero a Europa por no haber ejecutado este proyecto estratégico para Andalucía. Es imprescindible para el desarrollo económico que los corredores europeos lleguen esta comunidad y no se quede aislada de Europa.
  2. Otro retraso más para el AVE a Granada. Lleva Granada casi dos años incomunicada por tren y el Ministerio de Fomento ha vuelto a posponer hasta bien entrado 2018 el restablecimiento del servicio. Rajoy dejará tres años esperando a los granadinos el ferrocarril, viviendo una situación propia del siglo XIX. Y otro tanto le ocurre Almería, con la Mesa de Infraestructuras exigiendo al jefe del Ejecutivo que cumpla con el transporte férreo de viajeros y mercancías.

Además, se ha conocido un dato muy preocupante. En Andalucía la obra pública ha bajado un 22% en 2016 por la caída de la inversión del Estado. Junta y corporaciones locales, por el contrario, han cumplido aumentando sus partidas. La denuncia proviene de la patronal de la construcción Fadeco. Y lo que es peor, los propios empresarios hablan de discriminación a Andalucía para favorecer a otros territorios. Terrible conclusión… ¿Pero cuándo la derecha ha querido o demostrado sensibilidad hacia esta tierra?

Mientras que se negocia y acuerda un nuevo sistema de financiación, el Gobierno no lanza ninguna respuesta para hacer frente al perjuicio que produce a Andalucía la aplicación del actual modelo. El Gobierno guarda silencio sobre la propuesta de condonar parte del Fondo Liquidez Autonómica (FLA) a las CCAA que están peor financiadas, entre ellas Andalucía, que recibe 1.000 millones menos al año respecto a la media. Tampoco ningún compromiso para corregir ya el incumplimiento flagrante de la ley de Dependencia. El Gobierno tiene que respetar la ley y aportar 50% de la inversión. Ahora la relación es de 80 por parte de la Junta y 20 del Gobierno. Hay que avanzar ya hacia un pacto de Estado para blindar este cuarto pilar del estado del bienestar.

Continuamos sin noticias del plan especial de empleo para Andalucía. ¡Cómo el Gobierno se puede desentender de la principal preocupación ciudadana y no dar ni una sola explicación convincente! Y esperemos que no recurra finalmente la jornada de 35 horas de la que ya disfrutan unos 270.000 empleados públicos de la Junta  Andalucía. Sería una agresión gratuita a los trabajadores públicos y a una medida de justicia.

En definitiva, 100 días que no han supuesto un nuevo tiempo en la relación del PP con Andalucía. Mucha romería de ministros, mucha declaración de boquilla, pero a la postre ha tratado a Andalucía como siempre: con desprecio y marcando distancias.

Foto.- Ideal.

Llevar la iniciativa

Suma y sigue. El PSOE ha arrancado al Gobierno del Partido Popular un aumento del salario mínimo interprofesional para 2017. El mayor incremento de esta referencia salarial en los últimos treinta años: un 8% más y pasará de 655,2 euros al mes a 707,6. Éste ha de ser sólo el primer paso hasta conseguir de forma escalonada situar el SMI en el 60% del salario medio neto, como recomienda la Carta Social Europea. Por tanto, este logro conseguido por la presión socialista merece ser reconocido, supone un salto cuantitativo y cualitativo para avanzar hacia una dignificación de las condiciones salariales, y no se entiende la pataleta de Pablo Iglesias y otros cuates de Podemos por una medida que es positiva y que beneficia a los trabajadores. Tiene tanto afán de protagonismo el líder morado que no soporta estar fuera de los focos. La rabieta pueril del jefe de Podemos tiene mucho que ver con la capacidad de iniciativa que está demostrando el PSOE haciendo oposición útil y ya con resultados tangibles. Los socialistas han conseguido frenar la nefasta LOMCE y eliminar las reválidas, el impulso a un Pacto de Estado contra la violencia de género, el inicio del trámite para derogar la ley mordaza (Ley de Seguridad Ciudadana), una décima más de margen déficit para las comunidades autónomas (más dinero para sanidad y educación) y hoy el alza del salario minuto. Como diría el castizo, obras son amores… El griterío de tintes populistas se lo lleva el viento y no soluciona los problemas de la gente.

Una ministra que levita

Pasan los días y la ministra de Empleo no se ha desdicho. Sostuvo sin sonrojo Fátima Báñez que nadie en España cobra por debajo el salario mínimo interprofesional (655 euros al mes por una jornada laboral completa). Ocupar una cartera ministerial exige rigor, prudencia y conocimiento de la realidad. La política onubense, será por sus curiosas conexiones marianas, levita más que pisa el suelo. Son muchos los casos de trabajadores que se contratan a tiempo parcial y, sin embargo, hacen una peonada maratoniana. La ministra dijo en el Congreso de los Diputados que si alguien conoce un caso de salario inferior, que lo denuncie porque es ilegal.

Me pareció muy oportuna la réplica de la periodista Soledad Gallego Díaz: “Dado que no son uno ni dos, sino que seguramente hay varios miles de jóvenes que se encuentran en esa situación, uno se pregunta por qué no se encarga ella misma de llevar la denuncia al nuevo fiscal general del Estado para que realice una investigación, contando con los servicios de inspección de su propio ministerio. Es posible que la señora Báñez no alerte a los inspectores para que se lancen a perseguir ese delito porque cree que no existe, pero está equivocada y debería prestar más atención a lo que le cuentan los representantes de otros partidos que están probablemente más en contacto con esa realidad“.

Lo cierto es que la reforma laboral no sólo ha arrebatado derechos sino que ha precarizado el empleo y ha desplomado los salarios. La estadística oficial no engaña: uno de cada tres ocupados cobra menos de 300 euros. La reforma laboral está empobreciendo a los trabajadores. La grandilocuencia de la ministra supone una falta de respeto a los miles de familias que tienen dificultades para llegar a final de mes. Apenas 24 horas después de este desbarre, el Gobierno aceptaba la petición de partidos como el PSOE y Podemos y de los sindicatos de elevar el salario mínimo. Ahora que el gabinete de Mariano Rajoy carece de mayoría absoluta se abre la oportunidad de cambiar esta perniciosa legislación laboral y recuperar derechos de los trabajadores.

Menos lobos

2015 se despide con una serie de noticias que no refleja la tan deseada recuperación económica que algunos nos quieren meter con calzador. En un repaso rápido de la actualidad nos topamos con informaciones que más que al optimismo conducen al escepticismo:

  • La pensión subirá en 2016 de media dos euros al mes. Esto quiere decir que las pensiones más bajas del sistema crecerán céntimos, no alcanzarán ni un mísero euro. No parecen unos datos cómo para que el PP saque pecho. Y menos cuando muchos mayores están ayudando a hijos y nietos a llegar a fin de mes.
  • Apenas 6,6 euros se incrementa el salario mínimo interprofesional, un aumento escaso que hace a los trabajadores perder poder adquisitivo. El alza del 1% sitúa al SMI en 655,20 euros. En los cuatro años de gobierno de Mariano Rajoy la subida no llega ni a 14 euros (13,80 para ser exactos). No se estira mucho la derecha con la clase obrera.  El ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero cogió el SMI en 460,5 euros y lo elevó en 180 euros en siete años. Las comparaciones son odiosas y elocuentes.
  • El 80% de los menores de 30 años conviven con sus padres porque no tienen trabajo o si lo tienen, cobran un salario tan bajo que no les da para emanciparse del hogar familiar.

La mejoría de los datos macroeconómicos no alcanza a la inmensa mayoría de las familias y la brecha de la desigualdad se ensancha con subidas tan exiguas de pensiones y salarios. Estos aumentos tan ridículos son una tomadura de pelo viendo cómo se han recuperado los beneficios de las grandes empresas. De esta forma, los ricos cada día son más ricos y las clases medias y trabajadoras no acaban de recuperar ni el poder adquisitivo ni los derechos arrebatados por la crisis. Sin olvidar que en España hay 4.850.000 parados, según la EPA del tercer trimestre de este año. Desde luego, el panorama no es para tirar cohetes. Así que menos lobos, propagandistas.

Euforia desmedida

Como siempre, con pocas palabras y fina inteligencia, Forges refleja en su viñeta la realidad que vive la inmensa mayoría de los españoles pese a las fanfarrias de la propaganda de Mariano Rajoy y el Partido Popular. El presidente del Gobierno derrocha un optimismo tan desmesurado como injustificado e irreal. Los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de 2015 supone un baño de agua fría para la euforia de la Moncloa: se han destruido más de 114.000 empleos. Y cada vez son más los trabajadores pobres: uno de cada tres cobra menos que el salario mínimo profesional (648,6 euros al mes). La auténtica recuperación se producirá cuando mejore la calidad de vida y el bienestar de las personas. Sólo con la generación de puestos y con salarios dignos será posible. De momento la recuperación sólo la perciben los bancos, que vuelven a ganar dinero de manera escandalosa.

Nada que celebrar (y II)

El PSOE denuncia en un vídeo las mentiras, incumplimientos y recortes sociales que han caracterizado estos tres años de Gobierno del Partido Popular y ha lanzado la campaña en redes sociales #3añosPPerdidos. Ayer ya hice una pequeña valoración sobre este trienio negro. Sólo añadir un dato conocido hoy: el 34% de los trabajadores españoles gana menos de los 645 euros establecido como salario mínimo interprofesional. Nada más y nada menos que 5,7 millones de españoles que son prácticamente pobres con empleo. Esto no es recuperación por mucho que lo repita la propaganda del PP.

¡Qué vergüenza!

Mónica de Oriol, presidenta del Círculo de Empresarios, ha sido la protagonista negativa de la semana. Primero, plantea que los trabajadores sin cualificación no cobren por debajo del salario mínimo interprofesional. Ni siquiera los 645,3o euros que marca la normativa laboral. Ni mucho menos una fortuna. Querrá que trabajen gratis o volver a los tiempos de la esclavitud. Por si no nos había quedado clara su visión ultraliberal de la economía, un día después, jaleada por la polémica que provocaron sus palabras, echa más gasolina al fuego. De Oriol se enroca en su disparate, considera que no tiene nada que rectificar y lamenta el “parasitismo” que generan los subsidios en España. Genuina representante del ala dura de la derecha española, plantea una nueva reforma laboral que desproteja aún más a los trabajadores. La crisis ha animado a la derecha más recalcitrante a mostrar sin complejos su lado oscuro. Siendo el neoliberalismo económico y financiero el causante de la gran depresión que aún soportamos, los culpables del desastre no sólo no piden disculpas, sino que se envalentonan para dar las vueltas de tuerca que sean necesarias para despojar a la clases medias y trabajadoras de todos los derechos y libertades. Insaciables… Insolidarios…

PD.– Esta tarde, Mónica de Oriol ha reconocido que no estuvo afortunada. Quizá llegue tarde la disculpa, desconfío de la sinceridad de la empresaria.