Un Sevilla grande

A finales de la década de los noventa, cuando el Sevilla penaba por dos veces en tres años en Segunda División, mi hijo Miguel Ángel, con apenas cinco años, me preguntaba: “¿Papá, por qué somos del Sevilla si nunca gana nada?“. Mi respuesta de sevillista acostumbrado a transitar por la tierra de nadie pero orgulloso de los colores fue la siguiente: “Es muy fácil ser del Madrid o del Barcelona. Lo verdademente meritorio es ser de un equipo por sentimientos“. Recuerdo esta anécdota en plena celebración de la cuarta Europa League conseguida por el conjunto hispalense. Y cómo han cambiado las cosas desde entonces. En apenas quince años, la transformación de la institución ha sido total: respira una razonable salud económica, tiene una estructura de club serio y en lo deportivo gana y su nombre se hace respetar en España y en Europa. Es un Sevilla que enamora, emociona y da satisfacciones a su afición. Se ha convertido en un grande. Los títulos así lo atestiguan. Pero no podemos perder nuestra esencia, no podemos olvidar que un día comimos mortadela con aceitunas y que seguramente no siempre comeremos jamón 5J… Aunque ahora es el momento de celebrarlo y disfrutar. A los sevillistas que nos quiten lo bailado.

Foto.Efe.

Esperando la Final

La temporada del Sevilla FC está hecha pase lo que lo que pase esta noche. Ni el más optimista de los aficionados esperaba este año alcanzar la final de la Europa League y conseguir plaza para la siguiente edición con tanta holgura. Los comienzos no fueron precisamente esperanzadores. El equipo de Nervión llegó a ser farolillo rojo en la quinta jornada, si no me falla la memoria, y cayó eliminado de la Copa del Rey por un 2ª B como el Rácing de Santander. Desde entonces, la trayectoria ha sido ascendente, el equipo se ha consolidado pese a las 16 nuevas incorporaciones respecto a la temporada anterior. Hoy toca el Benfica, el último peldaño para escalar a la cúspide. El triunfo sería el no va más. Opciones hay, pero con la cabeza y no con el corazón el club portugués parte con cierto favoritismo. El Sevilla lleva dos de dos. Y dice el refrán que no hay sin tres. Quedan dos horas y media y el balón empezará a rodar en Turín.

¿Nadie quiere ganar la Liga?

Con los 35 grados a la sombra que derretían Sevilla en la tarde de ayer, la mejor opción era quedarse en casa para ver el desenlace de la penúltima jornada de Liga. Conocida la alineación que presentaba en Getafe mi equipo, el Sevilla FC, con muchos suplentes y canteranos, pensando en la final de la Europa League en Turín frente el Benfica, me decanté por un zapping entre los que se jugaban el campeonato. Me dio la sensación de que ninguno de los aspirantes quiso o supo ganar la Liga o mejorar sus opciones. Los tres de arriba, Atlético, Barcelona y Real Madrid, han llegado fundidos a la recta final, como sin creer en sus posibilidades.

Quizá el más entonado fue el equipo de Simeone, aunque a mucha distancia del plantel que ha deslumbrado esta temporada. Se mereció la victoria por oportunidades pero los porteros rivales también juegan. Caballero salvó al Málaga en el Calderón y le garantizó la permanencia matemática. Más con corazón que con juego, el Atlético pudo sentenciar la Liga. Se quedó a un gol de entonar el alirón. Sigue dependiendo de sí mismo en una última jornada en que el título se decide a un partido en el Camp Nou.

El Barça no pasó del empate en Elche con un juego espeso, lento y muy previsible que facilitó la labor de la defensa local. Esta desfondado el club blaugrana, con un Messi desconocido, apático y sin chispa, con los jugones sin apenas desborde, sin velocidad y con un ritmo cansino, y un entrenador haciendo las maletas. Se la juegan todo a una carta en su estadio. Sólo les vale la victoria ante el Atlético y salvarán un campeonato donde han rendido por debajo de sus posibilidades, sobre todo en el último tercio liguero.

Lo del Real Madrid se puede calificar de suicidio. Con un calendario asequible, ha cosechado sólo dos de los últimos nueve puntos en juego. Después del vendaval de fútbol en la vuelta de semifinales de la Champions ante el Bayern de Múnich, los merengues se han puesto a pensar en la décima y se han olvidado de que la Liga seguía a su alcance. Ayer se borró en Balaídos, tirando la toalla sin aguardar siquiera el fallo de los rivales… Y éste se produjo pero los de Ancelotti tenían la cabeza en la final de Lisboa y dieron el tercer petardazo consecutivo en su visita a Vigo.

La arbitraria LFP

El mundo del fútbol escandaliza por su arbitrariedad. Cualquier observador desapasionado constata trato de favor para algunos equipos. Y no hablo de los ingresos por derechos televisivos ni siquiera de los arbitrajes. Me refiero a asuntos menores en teoría que tienen su trascendencia en el resultado final del campeonato. La Liga de Fútbol Profesional (LFP) organiza la penúltima jornada, la del próximo fin de semana, sin tener en cuenta que un equipo español juega la final de la Europa League.

El Sevilla FC visita el domingo al Getafe y los prebostes que mandan olvidan que el miércoles aspira a un título europeo en Turín. Una decisión bastante inexplicable. No hicieron lo mismo con otros clubes de mayor renombre en las últimas fechas. Al Real Madrid le aplazaron el partido de Liga con el Valladolid (se juega mañana) después de la final de la Copa del Rey porque a la semana siguiente se las veía en la Champions con el Bayern de Múnich. El otro equipo de la capital, el Atlético de Madrid, tuvo la suerte de disputar un encuentro en viernes para que tuviera más tiempo de recuperación para su cita de vuelta en Londres con el Chelsea en las semifinales de la máxima competición continental.

Con estos antecedentes tan recientes, cuesta trabajo entender el calendario de este fin de semana. O se tiene más nombre o se tiene más mano. La LFP ha descartado la más que razonable petición del Sevilla de adelantar toda la jornada al sábado con excusas peregrinas o sesgadas. Siempre benefician a los mismos y los aficionados ya empezamos a estar hartos de esta triste realidad. Siempre ha habido clases. Pero en estos tiempos que corren se digiere con dificultad tanto atropello.