#SoyPeriodista

Quiero hoy celebrar el día de los periodistas suscribiendo el manifiesto de la Federeración de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) en defensa del periodismo, una profesión (la mía) que está atravesando la peor crisis de su historia, al menos, desde que reconquistamos la democracia en nuestro país. Esta crisis tiene fundamentalmente una drámatica componente laboral, con una destrucción brutal de empleo y un aumento alarmante de la precariedad en la empresa informativa. Junto a esto, el atrincheramiento ideológico y la pérdida de los valores dentológicos por la preeminencia del interés particular frente a su función social y la renuncia a la verdad conforman un cóctel explosivo que degrada y desacredita una profesión que constituye un pilar imprescindible para el buen funcionamiento de las sociedades democráticas. Así, me parece más oportuno que nunca este llamamiento de la FAPE, que debe ser atentido por los poderes públicos:

“QUE la libertad de información se debilita cuando el periodismo se convierte en una fuente de manipulación, de sensacionalismos, de odios y de defensa de intereses ajenos al bien común. 

QUE esa misma libertad queda dañada cuando se convocan ruedas de prensa sin derecho a preguntas y cuando los representantes públicos se niegan a comparecer para dar cuenta de sus actividades en el ejercicio del poder. 

QUE es necesario el ejercicio responsable del periodismo por parte de periodistas y editores, basado en el cumplimiento de normas éticas y deontológicas  y en valores como la integridad y el rigor.

 QUE la supeditación de la ética a la dictadura de la audiencia conduce a la inmoralidad y a la ilegalidad, como nos ha demostrado en el Reino Unido el caso del News of the World. 

QUE el derecho de información y la libertad de expresión pierden fuerza y eficacia cada vez que desaparece un medio. 

QUE unos periodistas mal pagados, y más si no perciben salario alguno, difícilmente podrán resistir las presiones de los poderes, sean del tipo que sean,  para difundir informaciones sesgadas, interesadas y en algunos casos falsas. 

QUE el elevado paro en el sector está propiciando que los editores abonen cantidades humillantes a colaboradores y free lance. 

 QUE los Gobiernos y las instituciones no pueden mirar hacia otro lado cuando empresarios sin escrúpulos quieren convertir un espacio de libertad, como es un medio de comunicación, en un taller de esclavos ofreciendo empleos sin remuneración. 

QUE el futuro del periodismo está en la calidad del contenido que elaboren los periodistas sea en el soporte que sea. Si los medios renuncian, como están haciendo, a las buenas historias, a los buenos reportajes de investigación, a las buenas crónicas de los corresponsales,  poco podrán hacer para convencer al usuario de que es necesario pagar por los contenidos. 

QUE las administraciones tienen que incentivar los proyectos de los periodistas emprendedores que buscan alternativas a la crisis con ideas valientes y novedosas. 

QUE la defensa de la libertad de prensa, del derecho de información y del ejercicio de un periodismo digno y dignamente remunerado,  atañe también a las instituciones y a los ciudadanos.”

Ricky Martin se sincera

A muchas mujeres se les habrá caído un mito, un objeto del deseo más profundo. Ricky Martin ha puesto fin a años de cotilleos y de exaltación del morbo reconociendo públicamente su homosexualidad. El exitoso y atractivo cantante portorriqueño, conocido por sus pegadizos temas y por el movimiento frenético de caderas, se sincera y afronta esta nueva etapa existencial como “regalo” que le da la vida. Su confesión ha encontrado el calor, el cariño y el respeto de compañeros del mundillo de la música, como Alejandro Sanz, Juanes o Miguel Bosé. Muestras de afecto y reconocimiento que le llegaron a través de su perfil en Twitter, las nuevas formas de comunicación 2.0 están a la orden del día en todos los ámbitos.

Confío en que, a raíz de esta confidencia, lo dejen vivir en paz y Ricky pueda realizarse como persona en el camino que ha elegido. La condición sexual pertenece a la esfera más reservada de cada cual. Es insoportable, empero, la invasión de la prensa rosa en la vida privada de artistas y famosos. La pulsión jurídica entre los derechos de información y a la intimidad se inclina siempre hacia el primero y queda desprotegido en más ocasiones de las deseables el ámbito personal, el de los afectos y el de la orientación sexual de muchos personajes públicos. Ya va siendo hora de que impere el sentido común y el comedimiento en la labor de algunos medios de comunicación que se mueven entre el sensacionalismo y la banalidad al estar dirigidos por mentes obtusas e insanas.

Periodismo del Far West

En España se hace periodismo con las leyes del lejano oeste americano. Sin respetar el principio constitucional de la presunción de inocencia, se cuelga (figuradamente, claro) a cualquiera del primer árbol y se aniquila su prestigio social. Lo peor es que, en muchos casos, esa precipitación en el linchamiento público provoca errores de bulto, sonoros patinazos, monumentales pifias que agravan la consabida injusticia para con la potencial víctima del yerro. Este tipo de ejercicio profesional poco reflexivo, morboso y muy sensacionalista que explota los más bajos instintos de la gente daña mucho la credibilidad de los medios.

Este fin de semana, un joven tinerfeño ha sufrido en sus carnes los efectos de la incontinencia de estos pistoleros de la pluma o del micrófono. Al calor de la muerte de una niña de 3 años, hija de su pareja, los medios de comunicación se tomaron la justicia por su mano, se aferraron a los primeros datos y dictaminaron la culpabilidad de Diego P.V. Lo hicieron todos los medios sin excepción, aunque con distinta gradación. El titular más sangrante (o más bestia, hablando en plata) lo dio ABC en su primera página con una enorme fotografía: La mirada del asesino de una niña de tres años. Ni siquiera el diario tuvo la cautela de usar el adjetivo de presunto o posible, hizo pública su sentencia sin encomendarse a la deontología profesional o a la norma más elemental del estado de derecho.

Horas más tarde, la autopsia de los forenses despejaba cualquier sospecha sobre el joven. La muerte se debió a un traumatismo cerebral por una caída en una atracción infantil. Ni abusos sexuales ni malos tratos, un desgraciado accidente. Diego quedaba libre sin cargos, pero el daño ya estaba hecho. ¿Quién repara el sufrimiento de este ser humano? Los medios tenían faena por delante para corregir su desafuero. No tuvo el mismo tratamiento la noticia de acusación que la obligada absolución. Por ejemplo, en la primera página de ABC de la edición del 29 de noviembre no había ninguna referencia a este tremendo resbalón fruto de la voracidad amarillista y de la búsqueda ansiosa de lectores. Todo el relato del nuevo derrotero de la investigación se ventilaba en páginas interiores. Una respuesta análoga se produjo en otros competidores en el quiosco o en las ondas.

Los medios de comunicación se consideran infalibles, están instalados en una soberbia insufrible ante el reconocimiento del error propio, con los demás son justicieros implacables. La aceptación de un fallo honra a una cabecera antes sus lectores, pues se antepone la verdad al prurito profesional.  El mejor remedio ante gazapos elocuentes o excesos insoportables no es mirar para otro lado, sino rectificar sin complejos. Reconforta que haya medios que actúen con humildad. Esta mañana, en el programa Meridiano, de Canal Sur TV, se ha entonado un mea culpa necesario y sincero por la injusticia cometida por el universo mediático con Nelson Arona. Ése es el camino.

PD.- Repasando las primeras páginas de la ABC de Madrid, a fuer de ser honestos, sí aparece un pequeño recuadro, con menor relevancia tipográfica que el día anterior, en la que se despacha el asunto con un título para nada autocrítico y endosando la responsabilidad a terceros: Víctima de un error. La nueva versión de los hechos se omitió en la primera plana de la edición de Sevilla, que es la que se lee por estos lares, para anunciar una tribuna de opinión de Javier Arenas.