Descentrado

Cuando uno mismo se anima a centrarse es que antes tenía la cabeza en otra cosa o estaba distraído. O las dos cosas. El presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, ha justificado su repentina renuncia al escaño del Senado en la necesidad de centrarse en Andalucía. Esto quiere decir que en estos años que ha estado haciendo doblete, zafándose incluso de las incompatibilidades que marca su propio partido, no ha estado centrado en sus tareas de oposición en el Parlamento de Andalucía. Le ha traicionado el subconsciente en una declaración rimbombante en la que pretendía poner en valor una decisión que no es más que cumplir con su obligación. No puede vender como gesto o virtud lo que simplemente es una urgencia electoral porque las cuentas no le salen ante las autonómicas de 2019.

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Filibusterismo

No todos los partidos son iguales y en materia de financiación de sus actividades, tampoco. Si la comisión de investigación que ha impuesto el PP en el Senado con su mayoría absoluta era ya un desvarío, el listado aprobado de comparecientes, sin ningún representante pepero pese a los infinidad de casos de presunta corrupción que los acorrala, la hace doblemente infumable. Esta comisión no es más que una pataleta del partido que sustenta al Gobierno por la que investiga sus dopajes electorales y sus sobresueldos en el Congreso de los Diputados. La respuesta del PP es falaz y mezquina. Ninguna de las restantes formaciones políticas tiene ni de lejos el historial de asuntos turbios en los juzgados. Sólo pretenden hacer ruido y desviar la atención con esta pantalla para tapar sus vergüenzas. Se creerán que con estas maniobras arteras engañarán a los ciudadanos y lo que demuestran es una burla a la inteligencia colectiva. Define el diccionario de la Real Academia esta acción propia de piratas como filibusterismo o obstruccionismo parlamentario. Lo clava.

Foto.El Confidencial. El ex tesorero del PP Luis Bárcenas, esta semana durante su comparecencia en el Congreso.

Aquellos días de vino y Rita

Este vídeo recoge todo un catálogo de piropos y elogios sin límites a la ex alcaldesa de Valencia Rita Barberá. Algunos de apenas hace unos meses, pronunciados a boca llena durante la campaña de las elecciones municipales de 2015. El Partido Popular ha pasado de descoserse en halagos y adulaciones, da vergüenza ajena tanto peloteo, a no querer ni nombrarla. Barberá es otra ilustre apestada del mal que corroe los interiores del PP, muy especialmente en la Comunidad Valenciana. Para Mariano Rajoy ya no es la mejor regidora ni su gran amiga, se ha convertido tan sólo en una militante más.

Hoy, como reza en el dicho popular, en el PP practican el ‘si te he visto, no me acuerdo’, por mucho que la hayan enjabonado con palabras de retórica hueca e hiperbólica durante años. Tras tanto agasajo desmedido, ahora la vemos, ‘pobre’ Rita, escondida detrás de los visillos de tu casa y sin atreverse a pisar la calle. Hoy ni siquiera acudirá al Senado incumpliendo las obligaciones de ocupar tan alta magistratura, a la que por cierto debe su importante nómina. Su partido le ha descabalgado de la presidencia de la Comisión Constitucional de la Cámara Alta, y es que Rajoy ya no la tiene en tanta estima. Pero sigue con su escaño pese haber caído en desgracia y con la sombra de una posible imputación revoloteando… Cuando se sube mucho y de manera artificial, más dura suele ser la caída.

Guardia pretoriana de Rajoy

Esta foto me entristece como demócrata. Que un representante del pueblo, en tono pacífico y dialogante, no se pueda acercar al presidente del Gobierno en el Senado dice muy poco de la sensibilidad democrática del actual inquilino de la Moncloa. O cuando menos de la de su equipo. Un senador socialista, Ibán García del Blanco, quería hacer entrega a Mariano Rajoy de un casco en solidaridad con los mineros de El Bierzo (León) encerrados por los recortes de los fondos Miner, lo que puede representar una tragedia para este sector. Entre los escoltas y Jorge Moragas,  jefe de gabinete del presidente, hicieron una pantalla y no pudo intercambiar apenas unas palabras con Rajoy. El parlamentario fue agarrado por brazos y hombros como si se tratara de un elemento violento y peligroso. La guardia pretoriana se empleó, desde mi punto de vista, de manera desproporcionada con una persona que representa a sus conciudadanos, con el telón de fondo de un conflicto laboral. No parece apropiado apartar a un senador a tirones cuando las sedes parlamentarias han de ser los templos de la palabra. Concluye El País su información sobre este triste incidente que “un sentimiento de preocupación y pesar quedó entre muchos parlamentarios”. Y entre muchos españoles que entendemos la política de otra forma. Si no se permite la interlocución a un senador, no quiero ni imaginar lo que pasaría con un ciudadano de a pie.

Sombras

Algunos se empeñan en perseguir sombras. Están en un grado tan elevado de desquiciamiento político y de ansiedad que, como Don Quijote, ven gigantes donde sólo hay molinos de vientos. El presidente del PP andaluz, Javier Arenas, sufre de manía persecutoria con Manuel Chaves, padece una especie de síndrome de Estocolmo hacia el que ha sido su verdugo en las urnas, muestra con demasiada nitidez la obcecación de un perdedor compulsivo que siempre pide una oportunidad para redimir sus fracasos. El dirigente de la derecha andaluza no ha asimilado el cambio producido en Andalucía con la salida de Chaves de la Presidencia de la Junta tras 19 años en el cargo. Abrimos una nueva etapa en el devenir de la autonomía.

La última de Arenas es trasladar al Senado el debate político con el ya hoy vicepresidente tercero del Gobierno. Le quiere practicar un marcaje férreo y correoso. Quiere jugar de Gatusso en la Cámara alta. Una actitud que pone en evidencia la obsesión patológica con Manuel Chaves.

En el primer acto de su particular sainete, Arenas se topó con la vicepresidenta económica, Elena Salgado, que lo mantuvo a raya, que le sacó los colores del oportunismo barato del que hace gala el dirigente popular. Arenas protagonizó una bufonada en el Senado en un ajuste de cuentas absurdo y sin sentido, salvo en su obsesión por agarrarse al enemigo exterior creado ante su clientela para fortalecer su liderazgo después una serie interminable de derrotas encadenadas. Una sobreactuación más cargada de patetismo y que deja bien a las claras que puede que no llegue a 2012.

El líder de la oposición andaluza sólo actúa de cara a la galería, para su lucimiento personal, para su mejor gloria, como todo lo que hace, pues no le importa nada ni el PP y mucho menos Andalucía. Arenas está en una estrategia de imagen permanente y de engatusamiento de su tropa para que no le exijan responsabilidades al timonel que nunca los lleva a buen puerto.