¿Lealtad?

Basta repasar la cronología de los hechos para poner en evidencia a aquéllos que pedían endurecer el confinamiento restringiendo la movilidad y parando la actividad de sectores considerados no esenciales, aquéllos que cuando el Gobierno ha tomado la medida se han puesto a despotricar con el único fin de desgastar a quien toma una decisión difícil y previamente reclamada por ellos. Un caso de libro de doble moral. Cuando uso el indeterminado ‘aquellos’ me estoy refiriendo al Partido Popular, con Pablo Casado al frente de la desleal maniobra, y sus altavoces.

21 de marzo
El Gobierno de la Región de Murcia pedirá a Pedro Sánchez que prohíba cualquier actividad que no sea esencial para el abastecimiento de la población y la supervivencia, ordenando el cierre de todas las demás empresas e industrias garantizando así un mayor confinamiento de la población. (Seguir leyendo)

23 de marzo
Las voces que llaman a endurecer el confinamiento de los ciudadanos para frenar el coronavirus crecen cada día. A la propuesta del presidente de la Generalitat, Quim Torra, de confinar Cataluña se han unido otras autonomías como Murcia, que aprobó unilateralmente el cierre total de todas las actividades económicas no esenciales en la comunidad. También Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Castilla y León y la Comunidad Valenciana abogan por restringir más la movilidad, aunque cada una con sus matices… (Seguir leyendo)

25 de marzo
Pedro Sánchez se esforzó este miércoles por la noche en convencer a los grupos del Congreso de que tenían que estar “unidos”, entre sí y con el Gobierno, frente al coronavirus. Durante el debate sobre la prórroga del estado de alarma, que esta vez sí necesita la aprobación del Parlamento, el presidente basó su intervención en esta idea. Pero la oposición, pese a que votó en su inmensa mayoría a favor de la extensión de este periodo excepcional (321 ‘síes’, 28 abstenciones y ningún ‘no’), pidió, a grandes rasgos, medidas de confinamiento social más duras que los actuales… (Seguir leyendo)

28 de marzo
El PP apoya las medidas para endurecer el confinamiento paralizando todas las actividades consideradas no esenciales, pero el secretario general del partido, Teodoro García Egea, ha criticado este sábado de nuevo al Gobierno en una intervención posterior a la de Pedro Sánchez… (Seguir leyendo)

30 de marzo
“No hay posiciones diferentes, hay días diferentes”. Pablo Casado justificó así que el PP se desmarcara este lunes de los planes, decretos y actuaciones del Gobierno en la crisis del coronavirus. El líder de la oposición endureció el tono y achacó a Pedro Sánchez errores graves en las formas y en el fondo. Le achacó “falta de diálogo” por no haber contactado con los partidos para pactar las últimas medidas… (Sigue leyendo)

Conclusión
El Gobierno de España había intentado en todo momento no frenar por completo la economía para evitar profundizar la crisis que sufriremos (aquí y en todo el mundo) como consecuencia del coronavirus. Confiaba en que las iniciales medidas de restricción de movilidad dieran sus frutos, no cerrando la puerta a endurecerlas si fuera pertinente. Cuando ha habido que dar el paso, guiado por la opinión de científicos y técnicos y anteponiendo la necesidad de vencer a la pandemia, los que habían reclamado un parón de más sectores económicos, se comen sus palabras, olvidan todo lo dicho y arremeten contra el Ejecutivo. No buscan derrotar al virus, sino al Gobierno…

Foto.- Heraldo de Aragón. Casado y Santiago Abascal.

La rabia de la derecha

Con la investidura de Pedro Sánchez, las derechas se están moviendo entre la ira y la rabia. Han perdido por completo los papeles y no respetan las más elementales reglas de la democracia. Tanta inquina y tanta persecución al discrepante recuerdan a métodos ya pasados que creíamos que no volveríamos a vivir. Los que van a posibilitar con su voto superar esta situación de bloqueo se les acosa por redes sociales, a través del correo electrónico o con pintadas en sus pueblos. Además, sin mesura alguna, se les califica de traidores a España y otros calificativos muchos más subidos de tono. En esa espiral de resentimiento para con el contrario, están repartiendo carnets de buenos y malos patriotas. Así respeta la derecha el resultado de las urnas. Los ciudadanos han votado similar tanto en abril como en noviembre y sólo el voto libre de los españoles hacen posible que se pueda constituir una gobierno de progreso, un gobierno legítimo y democrático.

Si se cumple lo previsto, Sánchez será investido presidente con 167 votos a favor, 165 en contra y 18 abstenciones. Para las derechas, todos los que con su sí o su abstención posibiliten que se forme el primer gobierno de coalición progresista están actuando contra España. Sin más paños calientes: usan artillería gruesa y tono guerracivilista. Las señorías que van a dar su apoyo al candidato socialista representan a casi 11 millones de españoles (10.982.940), mientras que los catalanes y vascos, y por ende españoles, que dieron su voto a ERC y Bildu son 1.146.453. En el bloque del no, hay que distinguir a los que las derechas consideran buenos, 10.526.491 españoles, de los independentistas de JxCat y la CUP, con 772.129 sufragios, que a su juicio forman parte de las fuerzas del mal.

Con estos datos, usando el retorcido esquema mental de las derecha patrióticas, más del 55% de los votantes representados en el Congreso de los Diputados no quieren/queremos a España o son/somos malos españoles por sustentar un gobierno progresista o mantener posiciones soberanistas, o ambas cosas a la vez. A este paso, la derecha le va a retirar la nacionalidad y el pasaporte español a más de la mitad de la población. Con tanto dividir y enfrentar, éstos que se apropian de nuestro país y nuestros símbolos nos van a dejar sin España y sin una buena parte de los españoles… Su deriva es demencial.

Foto.-Efe. Abascal (Vox) y Casado (PP)

 

Mensajes filogolpistas

La derecha está rabiosa. Cuando no tiene el poder, siempre se radicaliza y tensiona la convivencia democrática. Se queja muchos de los independentistas catalanes, pero ellos no se quedan a la zaga… Unos y otros no paran de meter presión a las instituciones y alentar el enfrentamiento entre españoles. Unos y otros ponen en jaque el proyecto de futuro y progreso de España.

El último en sacar los pies del plato (y de qué manera) en el bloque neocon ha sido un general de cuatro estrellas retirado y ahora diputado de Vox, Fulgencio Coll. El militar ha tocado a rebato y ha emplazado a los poderes del Estado a frenar la investidura del ganador de las elecciones, Pedro Sánchez. Aunque a la derecha le moleste, el PSOE ha sido el partido más votado tanto el 28 de abril como el 10 de noviembre. ¿A qué poderes se refiere este supuesto patriota de pecho henchido de hojalata? ¿A qué cloacas está lanzando este mensaje de emergencia insoportable en términos democráticos? ¿Plantea un golpe de estado? Los que se sitúan en este ala ultraconservadora deberían saber que en democracia el poder emana del pueblo y no de ningún otro sitio. Esta bravata del general retirado tiene un tufo filogolpista que no cabe en nuestro Estado de Derecho.

Y lo que es peor, el jefe de los nostálgicos, Santiago Abascal, sale en su defensa y arremete con artillería pesada contra el presidente del Gobierno. Si esta es su forma de defender España, es que su talante democrático deja mucho que desear. La extrema derecha ha resurgido con la no disimulada tentación de subvertir el orden constitucional. Vox está tan lejos de la carta magna que se le ve su verdadero rostro a las primeras de cambio. Es difícil olvidar cómo se las ha gastado históricamente.

Foto.- La Nación Digital.

Profetas del apocalipsis

La derecha siempre demuestra con estridencia su mal perder. Partido Popular y Ciudadanos llevan desde abril colocando un insólito e incompresible cordón sanitario al PSOE y Pedro Sánchez, mientras se revuelcan sin pudor con la extrema derecha. Albert Rivera ha cavado su fosa política con su injustificable y machacón ‘no’ a los socialistas. El electorado ha castigado a Ciudadanos por sus vaivenes y su inoperancia para forjar acuerdos por España y, con un batacazo tan monumental, ya no pinta casi nada en el tablero político cuando en la legislatura anterior tenía la llave para formar un ejecutivo estable. Pablo Casado no le ha ido a la zaga y ha sostenido que con el actual presidente del Gobierno “ni a la vuelta de la esquina”. Incluso el número dos del PP, Teodoro García Egea, ha elevado la apuesta y ha planteado que se vaya el ganador (y con mucho) de las elecciones del domingo como condición previa a cualquier posible negociación.

Ambos partidos conservadores se cerraron en banda tras el 28 de abril y los populares se mantienen en esas posición intransigente tras el 10 de noviembre, máxime cuando sienten el aliento en el cogote de Vox. Azules y naranjas han optado por el portazo al PSOE y ahora se escandalizan cuando Sánchez y Pablo Iglesias hacen público un preacuerdo para formar gobierno. Era el único escenario posible cuando las derechas se han puesto su negativa por montera.

Tenemos ya caladas a las derechas: son especialistas en la sobreactuación y en el tremendismo. El anuncio del desbloqueo las ha cogido por sorpresa y les ha arruinado su plan de desgaste. A estos patriotas de pacotilla les preocupa menos que España funcione que su interés particular. No pueden soportar que este país retome la normalidad institucional y, como falsos profetas, anuncian las diez plagas de Egipto. Siempre hacen lo mismo cuando les toca calentar los bancos de la oposición. Su patriotismo es de mentira; sus golpes de pecho, pura hipocresía.

Mal que les pese, el bloque de izquierdas tiene más escaños en el Congreso que el de derechas. No suficientes para gobernar sin otros apoyos, pero suman más que el tridente conservador y este país exige una respuesta progresista ante el bloqueo. Esa ha sido la expresión de la voluntad libre y soberana de los españoles en las urnas. En estos meses, no sólo han hecho gala de su falta de generosidad y visión de estado sino que se encargarán desde ya de enredar, manipular y destruir. Todo porque se creen con el derecho natural de estar en el poder. Siguen sin digerir que son los ciudadanos los que deciden con su voto. Ya tendrían que tenerlo asumido después de más de cuatro décadas de democracia.

Artículo publicado hoy en centrohistorico.info.

Foto.- elperiodico.com.

La alegría y el monstruo

Transcurridas ya unas horas de la jornada electoral del domingo, los que somos de izquierdas, los que sentimos en socialista, los progres como despectivamente nos llaman los líderes de Vox tenemos la satisfacción del triunfo del PSOE en las urnas y que el bloque progresista sume más apoyos en las Cortes Generales que el tridente de derechas. Un triunfo socialista y una mayoría de izquierdas que hace posible deshacer el bloqueo conseguido en un contexto complejo de desencanto ciudadano, con el problema catalán al rojo vivo y con una desaceleración económica que esperemos que no desemboque en crisis (turbulencias económicas de origen internacional que, de momento, impactan menos en España que en otros países de nuestro entorno europeo). La propuesta de convivencia y futuro liderada por Pedro Sánchez ha recibido un nuevo respaldo en las urnas, el tercero en poco más de seis meses. En mi opinión, y pese a la dificultad aritmética, la investidura será más fácil: ningún partido se plantea otra repetición electoral, sería suicida. Otra cosa será el día a día de la gestión y ahí el nuevo Ejecutivo tendrá que desplegar sus mejores dotes de seducción y capacidad políticas.

Se había especulado tanto con una suma de las derechas, que la victoria del PSOE representó un gran respiro para muchos españoles tras unas jornadas previas de incertidumbre y un escrutinio vibrante. Eso sí, en este contexto de satisfacción, nos quedó a todos los progres, a los rojos, el regusto amargo del fuerte crecimiento de la extrema derecha. El 28 de abril el monstruo ya vino a vernos, parafraseando la titulo de Patrick Ness llevado al cine por Juan Antonio Bayona, y seis meses después ha regresado engordado por las necesidades y la miopía política de PP y Ciudadanos. Ambos partidos han blanqueado o han normalizado a Vox, una fuerza radical y populista homologable a otros ultras europeos como las formaciones de Le Pen o Salvini. Cuando en lugar de aislar a estos movimientos xenófobos, misóginos, homófobos y negacionistas se les da carta de naturaleza, se recogen estas tempestades electorales y se les da un poder que aterra a los que conocemos la historia reciente. PP y Ciudadanos tendrán que revisar sus estrategias con el partido de Abascal y aplicar las recetas de otros conservadores europeos: el cordón democrático frente a la extrema derecha. Como sigan por estos derroteros, Vox se acabará comiendo al PP de Casado, como ha arruinado ya la carrera política de Albert Rivera y ha situado a los naranjas en la UCI. La cuestión es: ¿las derechas abrirán un debate interno o seguirán alimentando a la bestia?

Foto.La Sexta.

Sobre el debate

El debate electoral a cinco puede que no cambie mucho en esta ocasión el sentido del voto pero, al menos, podría conseguir una movilización del electorado e incrementar la participación el 10 de noviembre. De la confrontación entre candidatos, quedó claro que no hay alturas de miras para deshacer el desbloqueo que atenaza a España y que existe serio riesgo de que sigamos en el bucle de la falta de generosidad para que eche andar otra legislatura. El presidente en funciones y candidato socialista, Pedro Sánchez, dejó cuando menos una propuesta en este sentido: si no hay ninguna mayoría alternativa, que se deje gobernar a la lista más votada. Una fórmula muy similar a la que rige en los ayuntamientos y algunas comunidades autónomas. Otro motivo de preocupación (y confiemos que de dinamización del sufragio de izquierda) es el ascenso de la ultraderecha, al que tanto han contribuido Partido Popular y Ciudadanos con su blanqueo a través de pactos que van a contracorriente de lo que ocurre en Europa. Anoche, Pablo Casado y Albert Rivera le dejaron todo el espacio a Santiago Abascal, sabiendo que cualquier carambola de posible gobierno de las derechas, algo que de momento no recoge ninguna encuesta, dependería de Vox.

El debate fue, en líneas generales, anodino, frío, muy largo y falto de empatía. El formato, pactado por los partidos, no contribuyó a que hubiera un ritmo vivo y dinámico. También la estrategia de los participantes desvirtuó su desarrollo. La cabra tira al monte y la derecha parece que sólo quería hablar de Cataluña. Apenas se habló de cohesión social y de las personas (España no se reduce al conflicto catalán), de educación, de igualdad, de cultura, de ciencia e investigación… No tiene mucho sentido un debate que empieza a las diez de la noche y se prolonga hasta la una de la madrugada. Mucha gente se fue a la cama sin ver el tramo final. Tampoco se perdieron mucho: reiteración y la audiencia pidiendo la hora, incluso los periodistas que moderaban, Ana Blanco y Vicente Vallés, tuvieron que animar a los candidatos a agotar sus tiempos. Conclusión: a ver si somos capaces de subirnos a formatos y horarios más europeos.

Los grandes perdedores de la noche fueron Casado y Rivera. Ni el primero fue capaz de presentarse como alternativa ni el segundo pudo frenar la caída libre que le auguran los sondeos. Mi análisis de los litigantes es el siguiente:

Pedro Sánchez: A priori era el candidato que lo tenía más difícil: era un cuatro contra uno. Supo superar con nota esta dificultad y el acoso de sus rivales no lo sacó de su línea. Eludió el cuerpo a cuerpo y mantuvo un tono presidencial, moderado y propositivo. Apeló al voto útil para romper el bloqueo y marcó distancias con Pablo Iglesias. Consiguió su objetivo con guiños reiterados al centro político.

Pablo Casado: Mucho fuego de artificio y poco rigor en sus argumentos. Buscó de forma permanente y sin éxito sacar a Sánchez de su carril. Por momentos, el líder del PP se pasó de frenada interrumpiendo al socialista cada vez que tomaba la palabra, fue sin lugar a dudas el que ofreció formas menos educadas. En cambio, ni se inmutó con Abascal, que es quien le está segando la hierba electoral bajo sus pies. Fue de más a menos, se diluyó a fuerza de latiguillos y consignas huecas y acabó con un minuto de oro poco creíble y demasiado ñoño.

Albert Rivera: Posiblemente el gran fracasado de la noche. Necesitaba el debate para remontar el vuelo y salió peor que entró. Oportunidad malograda. Se perdió entre tanto gadget (el adoquín ha dado para muchos memes negativos en las redes sociales). Ya no sorprende con golpes de efecto de poca monta. Más que la maleta de Páramo, necesita la bolsa de Doraemon para hacer un milagro. Alguien que se las da de buen orador y tiene vitola de buen debatiente no podía ofrecer un minuto final más ortopédico y falto de originalidad. Un zombi en el plató.

Pablo Iglesias: Ofreció el tono sosegado de los debates, un registro que dista mucho del cotidiano en la arena política. Se dirigió a sus votantes con variedad de propuestas muy del ideario podemita, muchas de ellas casi imposibles de llevar a la práctica. Más allá de lo programático, machacó cansinamente con la gran coalición entre PSOE y PP  pese a la reiterada negativa de estos dos partidos. Intento burdo para pescar votos en aguas socialistas. Seguramente el candidato que mostró más cercanía.

Santiago Abascal: Era el que lo tenía más fácil. Y los otros cuatro adversarios también le facilitaron la tarea. Ninguno dedicó un segundo a desmontar las muchas barbaridades que descerrajó el cabeza de cartel de Vox sobre la inmigración, violencia de género o el estado de las autonomías. En la forma. moderado; en el fondo, ultraderecha radical. Guante de seda en puño de hierro, con detalles de la doctrina falangista. El ideario de Vox se basa en leyendas urbanas y manipulaciones evidentes que alimentan la xenofobia, la misoginia, el proteccionismo y el aislamiento internacional. Mucha palabrería con que “el patrimonio de los pobres es su patria” y quiere bajar los impuestos a los más ricos.

A cara descubierta

Esta vez, al menos, se han ahorrado la mascarada, el numerito de falso suspense. Vox no ha presentado siquiera enmienda a la totalidad al proyecto de presupuestos de Andalucía para 2020. La coyunda de las derechas con la extrema derecha se desarrolla a cara descubierta. Hace unos meses, para las cuentas de este ejercicio, los de Abascal mantuvieron la supuesta incógnita hasta el minuto antes de la votación, retirando su enmienda al presupuesto in extremis, aunque todo el mundo le habíamos visto el truco a los de Abascal desde el primer momento. Fue un ardid burdo que no sorprendió ni engañó a nadie.

En esta ocasión nos han evitado un patético tira y afloja con final feliz de comedia romántica de serie B. Al mismo tiempo, Partido Popular y Ciudadanos han demostrado que forman una unidad de destino en lo universal con los ultras. No había duda, nunca la ha habido desde que este gobierno echó a andar: son un 2 más 1, o mejor un 3 en 1, una unidad trinitaria de acción ya sin complejos, que ni se oculta.

Este ménage à trois va a dejar al partido naranja como el gallo de morón: sin plumas y cacareando. Y a los andaluces con unos servicios públicos seriamente perjudicados (un ejemplo: el presupuesto contempla el incremento de las listas de espera en sanidad), un saqueo permanente de las arcas públicas a través de medidas fiscales que solo para los muy ricos y una política timorata y sin ambición de fomento de empleo. Sin olvidar el retroceso en conquistas y libertades en materia de igualdad de género, lucha contra la violencia machista o en pro de la convivencia y la integración. Un mal camino el emprendido con unos presupuestos con el sello de la ultraderecha.

Foto.- El País. Marín (Cs), Moreno Bonilla (PP) y Hernández (Vox), celebrando la ópera bufa del primer presupuesto escrita con renglones torcidos por los ultras.

Negar la evidencia

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio. Esta máxima de Cicerón viene al caso de la contumacia de Ciudadanos de negar la evidencia de sus pactos con la extrema derecha en Andalucía y en otras latitudes de esta piel de toro que es España. Y no es sólo que hayan conseguidos mullidos sillones con el imprescindible apoyo de Vox, también han firmado en esta comunidad un acuerdo presupuestario para 2019 y 2020 con políticas regresivas en materia de igualdad y derechos. El documento lleva los logos y la rúbrica de las tres formaciones políticas y, por tanto, los naranjas son artífices de este contubernio. El delegado de zona de Cs y vicepresidente del Gobierno andaluz de las derechas, Juan Marín, niega una y otra vez esta realidad, con el mismo desahogo que se presenta como nuevo en política cuando lleva desde 1983 y ha pasado por cuatro partidos distintos, una trayectoria con más evoluciones que un pokémon. Tiene bemoles no darse por aludidos o mirar al tendido cuando lo enfrentan al espejo de las contradicciones de su idilio con los ultras. La inmensa mayoría de los ciudadanos, con minúscula, la gente, los han calado, no engañan a casi nadie. Distintas encuestas reflejan que un 64%, prácticamente dos de cada tres, afirma que el partido de Rivera ha pactado con el de Abascal. Al menos el Partido Popular no tiene arrobo en reconocer lo obvio. El silencio ominoso y cuando no la mentira descarada corrompen la verdad. Y Ciudadanos, un partido que dijo venir a regenerar y está degenerando a velocidad de la luz, debería dejarse de hipocresía.

Señales para la alarma

El proyecto de presupuestos que ha presentado el Gobierno de las derechas de Andalucía supone un frenazo brusco al crecimiento económico y a la creación de empleo, según las previsiones de sus propios autores, y al mismo tiempo encierra de manera subrepticia instrumentos para empezar con las privatizaciones y el desmontaje de los servicios públicos que garantizan la igualdad y el estado del bienestar conquistado durante casi cuatro décadas de autonomía. Algunos ejemplos que producen alarma:

  • El texto presupuestario abre la puerta a la entrada de capital privado en la sanidad pública. Pretende convertir el Servicio Andaluz de Salud (SAS) en un ente empresarial siguiendo el modelo de privatizaciones y caos que perpetró María Dolores de Cospedal en Castilla-La Mancha.
  • Mayor incremento de las partidas a la educación privada-concertada que la experimentada por la pública. Dinero que se quita a la construcción de infraestructuras educativas públicas. Se empieza el camino que ya recorrió la Comunidad de Madrid para jibarizar la educación pública.
  • Se recorta drásticamente las políticas de ayuda a las familias: 140 millones de euros menos, una tercera parte del programa (32%) se ha volatilizado.
  • Vender a sus amiguetes entes instrumentales como Veiasa (gestiona las ITV) o Cetursa (responsable de la gestión de Sierra Nevada) que generan importantes beneficios y que suponen un bocado apetitoso para el negocio privado. Su venta sería como si matáramos a una gallina que pone huevos de oro.
  • Suma y sigue…

Y como Vox, la tercera pata del banco de la gobernanza en Andalucía, la que tiene la sartén por el mango, ha amagado con una enmienda a la totalidad y con tumbar las cuentas, pues PP y Ciudadanos se aprestan a sentarse a negociar e hincar la rodilla ante sus reclamaciones. Entre otras muchas cuestiones, los ultras quieren cargarse lo que llaman despectivamente y sin razón “chiringuitos de género” (por ejemplo, el Instituto Andaluz de la Mujer y los equipos que trabajan en la lucha contra la violencia de género). Para la extrema derecha no existe desigualdad entre hombres y mujeres, todo es propaganda progre, y la brecha salarial entre ambos sexos es tan irreal como la “chica de la curva”. Con esta visión de las cosas luego los de Abascal no quieren que los llamen machistas.

Foto.Navarra Información. Moreno Bonilla (PP), Marín Cs) y Serrano (Vox), el tridente de las derechas en Andalucía.

Bandazos

Pablo Casado cree que la definición ideológica es algo tan simple o tan fácil de hacer como cambiarse de chaqueta. El viernes pasado seguía las directrices reaccionarias de Aznar e invitaba a Vox, a quien copiaba en tono y medidas, a formar parte de su gobierno. Apenas 48 horas después del monumental batacazo electoral del domingo, el líder del PP se autoproclama de centro y llama por primera vez ultraderecha a los de Abascal, con los que coqueteaba sin disimulo hace un cuarto de hora. Un nuevo bandazo y la opinión pública riéndose a carcajadas. Los giros políticos no se predican ni se consiguen como por ensalmo, se construyen con hechos a lo largo del tiempo. No es una cuestión táctica o de oportunismo, sino estratégica y de fondo.

Este volantazo visualiza la situación de extrema debilidad de un dirigente achicharrado en sólo nueve meses. Casado hoy es prisionero de sus palabras, sus pactos con Vox en Andalucía y la fatídica foto de Colón. Sólo empezará a ser creíble si rompen en Andalucía. Si en el PP quiere comenzar el enésimo viaje al centro, un trayecto que nunca culminan y siempre nos recuerda al día de la marmota, si quieren resultar mínimamente creíbles, que corten amarras de inmediato con la extrema derecha en Andalucía. Todo lo demás es mero postureo y una estratagema para frenar la hemorragia con vistas a las europeas, municipales y autonómicas en doce comunidades el 26 de mayo. Este truco está muy visto.

Foto.- El Periódico de Cataluña. Firma del pacto entre PP y Vox en Andalucía.