A cornetazos en Canal Sur

La casa de los líos, capítulo 8.
A CORNETAZOS EN CANAL SUR

El teléfono rojo que une el Palacio de San Telmo, sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía, y los estudios centrales de Canal Sur está que arde. Los nuevos gestores de la cadena pública están ejecutando fielmente todas las indicaciones que reciben desde el puente de mando del Gobierno andaluz. El control de las escaletas es férreo a cargo de la nueva cúpula de informativos. No dejan ni un cabo suelto, nada queda al albur de los acontecimientos. Incluso siendo agosto la presión hacia los equipos de edición y la redacción es de aúpa. Se va a toque de corneta de lo que se dicta desde el equipo de comunicación de Moreno Bonilla y Bendodo.

Por petición expresa de los barandas de San Telmo, Canal Sur no se hizo eco de la petición de la Fiscalía anticorrupción de investigar a la ex presidenta madrileña Esperanza Aguirre por la presunta financiación irregular del PP en esa comunidad. Noticia de alcance en todas las cabeceras de España. La cadena también pasó de puntillas por la polémica en torno a la campaña de la Junta de Andalucía sobre violencia de género con mujeres sonrientes. Mientras todas las cadenas nacionales hacían grandes coberturas, aquí se ocultaba o se trataba el asunto como un mero trámite. Y ya para rematar: en la crisis de la listeriosis han ocultado los graves errores de gestión del Gobierno de las derechas o imágenes escandalosas como las del gerente del Servicio Andaluz de Salud en los toros en el repunte más alto de la alerta sanitaria. Además, a la oposición se la ningunea: se sacan poco y mal sus actividades. Canal Sur no es ya la nuestra, la de todos, sino la suya. Usan y abusan de este medio público para sus intereses particulares. Como siempre hacen las derechas.

Desconfianza

De manera tan solemne como hipócrita, Partido Popular y Ciudadanos incluyeron en su pacto de gobierno en Andalucía, un acuerdo bendecido por la extrema derecha de Vox, la despolitización de Canal Sur. Un compromiso que da por hecho que la cadena pública estaba sometida al control del anterior Ejecutivo. Nada más lejos de la realidad. Todos los informes sobre el pluralismo emitidos por el Consejo Audiovisual concluyen justamente lo contrario: que la radiotelevisión andaluza cumple su misión pública y que hay equilibrio y neutralidad informativas. Existe un consejo profesional, órgano formado por los trabajadores de la casa, para velar por la independencia y veracidad de los servicios informativos. Además, la agencia pública cuenta con un consejo de administración y una comisión de seguimiento en el Parlamento que le hacen un control a toda la gestión.

A pesar de todo estos mecanismos de fiscalización, el Gobierno de las derechas va a crear un nuevo ente paritario entre populares y naranjas para el marcaje estrecho de Canal Sur, manteniendo la Dirección General de Comunicación Social, departamento que se ocupa de los asuntos de la nuestra. Pues menuda paradoja: se constituye un ente político para despolitizar supuestamente la cadena. No se lo creen ni ellos. Estamos ante un órgano fruto de la desconfianza de los socios y que pretende el reparto de parcelas de poder en Canal Sur. Lo de despolitizar es un eufemismo para meter el cazo y usar un medio público al servicio de PP y Ciudadanos. Como no se fían, los números dos y tres del tripartito, el naranja Marín y el popular Bendodo, se vigilarán en torno a una mesa para que la manipulación y el abuso de la cadena produzca un beneficio compartido en detrimento del servicio público. La derecha, en estas lides, tiene másteres y dilatada experiencia. Está claro que los medios públicos sólo los quieren para usarlos.

Foto.Diario de Sevilla.

Obsesión con Canal Sur

Estas palabras pertenecen a Francisca ‘Kika’ Caracuel, portavoz del Partido Popular en la Diputación de Málaga. Aquí lo importante no es quién lo dice sino qué dice y a qué partido pertenece.  Caracuel ha puesto rostro y voz al deseo más íntimo del PP: echar el candado a la Radio Televisión de Andalucía (RTVA). Menos mal que no está en su mano, de lo contrario habrían hecho lo mismo que con Canal Nou o despedir a casi un millar de personas como en Telemadrid. Los populares siempre hacen lo mismo: o manipulan y abusan para sus propios intereses de los medios públicos o los desmantelan cuando los han debajo en la quiebra (ojo con la calamitosa situación financiera de RTVE) y sin ninguna credibilidad ante la ciudadanía.

La obsesión del PP con Canal Sur viene de lejos, prácticamente desde el nacimiento de la cadena pública a finales de la década de los ochenta. Desde entonces andan enfrascados en una campaña permanente de desgaste. Como no pueden con ella, intentan dañar la imagen de un instrumento público que vertebra social y territorialmente a esta tierra respetando los principios de veracidad, neutralidad y pluralismo y manteniendo una audiencia respetable. El acoso no se dirige sólo contra la empresa sino también contra los trabajadores. El hostigamiento a los periodistas no cesa. Presiones que buscan condicionar la libertad de información de unos profesionales que llevan demasiado tiempo soportando actitudes para nada respetuosas.

El jefe de filas del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, tiene la oportunidad de desautorizar a su compañera o callar y otorgar. Me inclino por la segunda opción, ojalá me equivoque, no caerá esa breva. En la derecha han construido falazmente la leyenda urbana de que la RTVA es su enemiga. Y con esa rigidez mental que les caracteriza, todo vale con tal de atizar a la cadena pública.

Enhorabuena a Canal Sur

Canal Sur TV se resarció con creces de la pifia del año pasado con las campanadas. El especial de anoche, doce uvas incluidas, rayó a gran altura. Un programa familiar, ameno, divertido, con ritmo y su inevitable dosis de autocrítica. Si la reacción al error resultó oportuna, un acierto con el gag de los carboneros, 365 días después nos brindaron un buen espectáculo televisivo. Todo un despliegue de medios técnicos, humanos y de ingenio. Un ejemplo de la idiosincrasia de los andaluces de reírnos de nuestros defectos pero, sobre todo, de la capacidad de sobreponernos y tirar de talento y humor para superar las adversidades. La cadena pública se reconcilió con su audiencia representada por la familia de las pajaritas… Y con Almería, que volvió a acoger la retransmisión de la entrada del nuevo año. Mi enhorabuena a todos los profesionales de Canal Sur, desde Manolo Casal y Modesto Barragán hasta el último de los técnicos. Han demostrado el nivel de una plantilla y han confirmado el refrán de que hasta el mejor escribano echa un borrón. Nos han permitido entrar en 2016 con una sonrisa. Muchas gracias.

Canal Sur contraataca

Canal Sur pasa a la ofensiva. Ha comenzado una campaña para resarcir a los andaluces que se perdieron las campanadas. Y han tirado de humor e ironía para reparar el disgusto causado por la pifia en la retransmisión de las tradicionales doce uvas para dar la bienvenida al nuevo año. Nos quieren devolver la sonrisa. En el vídeo no se escatima en autocrítica, se reiteran las disculpas y se anuncia una sorpresa para el 28-F, día de la comunidad autónoma. Es una respuesta con ingenio, profesionalidad y humildad para compensar el error y para hacer frente al hostigamiento de aquellos que no quieren a la Radio Televisión de Andalucía. Son casi 26 años de trabajo bien hecho, de compromiso con esta tierra y de muy buenos momentos compartidos con una amplia audiencia andaluza que no pueden quedar en cuestión por un error humano (aunque éste ha sido grande). La iniciativa es oportuna, consecuente y refleja el orgullo de los trabajadores de la cadena por defender una trayectoria con muchísimas más luces que sombras y por proteger un medio público imprescindible y que es de todos. No hay mejor defensa que un buen ataque. Chapó.

Campanadas y aprovechados

Cuenta de Twitter del PP andaluz

Canal Sur Televisión se ha convertido, por desgracia, en protagonista del comienzo de 2015. La pifia en las campanadas ha sido el centro de los comentarios en los medios de comunicación, en las redes sociales y en las tertulias privadas durante las últimas horas. Una circunstancia lógica ante un patinazo de esta envergadura. La reacción de la cadena ha sido diligente: petición de disculpas a los miles de andaluces que no se pudieron comer las tradicionales doce uvas por la interrupción de la señal desde Almería con dos anuncios publicitarios, explicaciones ofrecidas a su audiencia (los informativos contaron el episodio sin restarle gravedad, con honestidad y profesionalidad) y al resto de opinión pública, apertura de una investigación interna para aclarar lo sucedido (en principio, todo apunta a una negligencia) y asunción de responsabilidades (dimisión del responsable de Emisiones y Continuidad). Respuesta impecable y contundente ante una crisis que así lo requería.

Otros han querido aprovechar este resbalón para intentar hacer leña del árbol caído. El error humano en la retransmisión de las campanadas no puede ser la coartada para cuestionar la existencia de la cadena pública ni para sacar de nuevo a relucir los manidos tópicos sobre los andaluces. El Partido Popular de Andalucía no se ha sumado directamente al pelotón de fusilamiento de Canal Sur pero sí ha participado del festín difundiendo informaciones críticas a través de su cuenta de Twitter. Otros se han despachado a gusto en las redes sociales criticando la falta de formación o recurriendo a los estereotipos de los andaluces indolentes y adictos al jolgorio. Posiciones mezquinas las de unos y las de otros. Cuando se escribe con trazo grueso, se incurre en demasiadas injusticias. No cabe el ensañamiento con el que algunos desnudan sus intenciones ocultas. Ni este yerro empaña el prestigio y el buen oficio de los trabajadores de RTVA, ni resta importancia a la cadena para la vertebración de esta tierra, ni afecta lo más mínimo a la imagen de un pueblo trabajador, honesto y con talento como el andaluz.

Zoido, excedencia a toda costa

Zoido, consejero de RTVA

Hace unos días, me removía en mi asiento al escuchar a Juan Ignacio Zoido en la sesión de control del Parlamento acusar a la presidenta de la Junta de “vivir de la política” mientras que él, que no tiene abuela, se dedica a “vivir para la política”. Me molestó ese tono de justiciero impostado, de salvapatrias de pacotilla. Me molestó por injusto y descortés con Susana Díaz. También porque los que ya peinamos canas conocemos intrahistorias y entresijos que no dejan al hoy alcalde de Sevilla en buen lugar.

Corría la primavera de 2004, el PSOE había ganado las elecciones generales (y en Andalucía había conquistado una amplia mayoría absoluta). Debido al vuelco electoral en España, Zoido dejó de ser delegado del Gobierno en esta comunidad autónoma y se quedó sin destino político. La dirección del Partido Popular entonces, liderada por Javier Arenas, se afanó en buscarle un cargo público porque, de lo contrario, el juez excedente se veía abocado a reingresar en la magistratura. A este servidor público que, según sus palabras, vive “para” la política no le apetecía volver a colgarse la toga. El PP pidió a los otros grupos acelerar los plazos para la renovación de los órganos de extracción parlamentaria. Y así fue. Se ganaron varias semanas al calendario para salvar el contratiempo de Zoido. En uno de estos órganos, el consejo de administración de la RTVA, este filántropo encontró acomodo, salvando el match-ball de su excedencia. Fue todo un ejercicio de generosidad y entrega por su parte en bien de la sociedad andaluza.

Por eso, cuando uno lo oye dando lecciones, siente cierta vergüenza ajena, le apena tanta ligereza. Dime de lo que presumes…