Libertad y tolerancia

Ahora que los reaccionarios están envalentonados, es el momento de no bajar la guardia, reafirmar nuestros principios y reivindicar un año más que este país sea un espacio de libertad y tolerancia para que cada cual viva cómo quiera y ame a quién quiera. Ni un paso atrás ante los que quieren hacer retroceder los avances en igualdad y respeto a la diferencia. Hay que seguir trabajando, no sólo hoy sino día a día, para conseguir una sociedad realmente inclusiva e igualitaria.

Con Meryl Streep

Meryl Streep protagonizó la gala de los Globos de Oro con un discurso certero y emotivo contra Donald Trump. La actriz, con la voz entrecortada por momentos, afeó al presidente electo norteamericano su falta de respeto hacia el diferente o al discrepante y la incitación constante a la violencia. Unas palabras que ponen el foco quien dirigirá Estados Unidos en apenas una semana. La respuesta de Trump era previsible. Como todo populista aparcó los argumentos y se dedicó al ataque personal. A través de su cuenta de Twitter, su medio de expresión desde que ganara las elecciones en noviembre, acusó a Meryl Streep de estar sobrevalorada en Hollywood y de ser una lacaya de Hillary Clinton. La que nos que cuando este personaje se haga cargo del control de la primera potencia mundial.

Causa y efecto

De aquellas palabras miserables, estos escraches violentos. Pablo Iglesias está sembrando la semilla de la discordia y otros empiezan a repartir la cosecha de la intolerancia y violencia. La turba que impidió a Felipe González participar en una conferencia en la Universidad Autónoma de Madrid respondió al estímulo del líder de Podemos del pasado marzo (y a la convocatoria por Telegram de círculos morados). En el debate de investidura, este dirigente, que prefiere “morder” a hablar, acusó indignamente al ex presidente de tener “el pasado manchado de cal viva” y hoy mantiene esa injusta expresión en su huida hacia la algarada y la política de barricada. Los que protestaban en la Autónoma hicieron suyas las soflamas de Iglesias y, qué casualidad, las mismas consignas antidemocráticas, los mismos insultos ruines, la misma actitud intimidante que ya mantuvieron infiltrados de Podemos en las puertas de la sede del PSOE hace unas semanas. Y ante una reacción tan intolerable como la que impidió a González hacer uso de la palabra, no cabe transigir, ni mirar hacia otro lado, ni lamentar con la boca chica, como han hecho cualificados dirigentes morados, en democracia la violencia hay que condenarla con contundencia y sin excusas. Pablo Iglesias y el sector duro de Podemos han cogido el camino de la división y de la falta del respeto al que no comulga con sus ideas. No es buen síntoma para la democracia ni para la convivencia que se quiera fracturar la sociedad española entre buenos y malos. En lugar de dinamitar puentes, ¿no sería mejor construirlos o reforzarlos desde la tolerancia, el respeto y la humildad de saber escuchar al de enfrente?

¡Qué falta de respeto!

Este senador del Partido Popular de cuyo nombre no quiero ni acordarme se ha despachado con desdén sobre las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. No demuestra ningún respeto ni por la memoria de los que sufrieron ni por el dolor de sus familias. Siguen en las cunetas o en fosas sin identificar los restos de más 110.000 represaliados aunque a este pepero le importe un pimiento. Una realidad que ha supuesto incluso la reconvención de Naciones Unidas a nuestro país. Lo malo no es que a él le dé igual esta salida de tono, lo peor es que ante esta inaceptable demostración de desconsideración nadie del PP le ha llamado la atención ni al orden. Parece que para este partido hay víctimas de primera y víctimas de segunda. Esta doble vara de medir molesta y demuestra un numantinismo ideológico que insulta. ¿No hay nadie en la derecha política que le diga a este senador que el camino del desprecio y la ofensa es el equivocado? Parece que en el PP prospera el que falta a las víctimas de la dictadura, si no que se lo pregunten a Rafael Hernando. ¡Qué vergüenza!

Nota.– Este desvarío del representante del PP se produjo en el debate de unas enmiendas del PSOE a los Presupuestos de 2016 para recuperar el apoyo económico a las organizaciones de Memoria Histórica, suspendido desde que llegó Rajoy a la Moncloa.

Ni en el fondo ni en la forma

Artur Mas no tiene la razón ni en el fondo ni en la forma. Su aventura independentista no conduce a ninguna parte y está plagada de falacias y falsedades para ocultar la verdad. Pero es que en la forma de defender la ruptura unilateral con España no está ni mucho menos afortunado. Produce bochorno escuchar a todo a un representante político usar un lenguaje tan zafio. Ni como chiste tiene gracia, por mucho que él sonría por su ocurrencia y el auditorio le aplauda la poca gracia. Recurrir al corte de mangas para despreciar al adversario no admisible para nadie y menos para un presidente autonómico. Constituye un gesto de mala educación que espolea la fractura social en lugar de conciliar y unir al pueblo catalán. Es una falta de respeto para los representantes de otras opciones políticas y, muy especialmente, para los ciudadanos de Cataluña. Poca altura de un político que se escuda en estos atajos dialécticos porque huye del camino del diálogo y el sentido común en una deriva separatista sin sentido. ¡Más seny, president!

Matones en Twitter

Twitter aspira a ser un espacio de libertad y de comunicación sin jerarquías. Sin embargo, troles de pacotilla, camorristas anónimos, matones de media neurona convierten esta red social en un territorio de insultos, amenazas y de mal gusto, en un espacio desagradable y sectario donde no se soportan opiniones ajenas y se pretende imponer a las bravas la visión propia. Más de una vez he aguantado en mi timeline el desembarco de bárbaros de pensamiento único y reduccionista, gente que atacan con tono burdo y virulento al que emite un parecer antagónico.

Al margen de las experiencias propias, me ha producido mucha rabia el acoso que está sufriendo Pilar Manjón, presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M, que la ha llevado a denunciar mensajes como éste: “Eres una puta zorra oportunista que brinda con quienes desmembraron a tu hijo”. En Andalucía, un juez ha abierto sólo un juicio de faltas por insultos difundidos en redes sociales contra la ex consejera de Hacienda Carmen Martínez Aguayo por un concurso de traslado de funcionarios. A esta integrante del Ejecutivo andaluz  la llamaron “cancerígena”, “hija de la gran puta” e “hija de meretriz” e inicialmente el magistrado archivó una causa por injurias y calumnias. Tanta coacción, tanta intimidación o tanta ofensa merecerían quizá un mayor castigo que una simple falta.

Dos ejemplos que, sin duda, definen bien la contaminación que sufre Twitter y que, por momentos, hace irrespirable este entorno para la conversación, la comunicación y el intercambio civilizado de opiniones. Mucha gente ha cerrado sus cuentas para evitar agresiones dialécticas personales y/0 a su entorno familiar. Lástima que unos cuantos desaprensivos e inmorales rompan la armonía que debe reinar en esta red social. Menos mal que es un grupúsculo muy minoritario, la inmensa mayoría optamos por la libertad y el respeto frente a los que cobardemente y con la cara tapada pretenden imponer el miedo.

“El ejemplo del mundo”

Después de cinco años de una profunda y devastadora crisis, los ciudadanos estamos hartos de brotes verdes que nunca crecen y de síntomas de recuperación que no acaban de consolidar. Tenemos que superar el pesimismo y la resignación, sin duda, pero con realismo y determinación, no con exageración y demagogia. La grandilocuencia del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, transita justo por el camino que conduce al hastío y al alejamiento ciudadano de la política. Con seis millones de parados en este país, ¿cómo se puede sostener sin sonrojo que somos “el ejemplo del mundo” y el “éxito económico”? ¿Estamos “rompiendo pronósticos” con sólo 31 parados menos en agosto, a razón de uno menos al día? Suena a chiste de mal gusto. Habrá que interpretar este exceso de Montoro en un intento de elevar la moral a una militancia del PP alicaída y desencantada. La sociedad española, en cambio, está cansada de este tipo de soflamas propagandísticas, que se ven como una falta de respeto, como una tomadura de pelo. Habría que pedirle al ministro algo más de mesura y que ponga los pies en el suelo. Las heridas de las crisis son aún demasiado evidentes y graves como para remediarlas con una tirita dialéctica. Hechos. Se necesitan hechos.

Ni Pepito ni don José

La mayor aportación a la posteridad de Javier Arenas durante la convención/ejercicios espirituales organizada por el PP durante este fin de semana ha sido una evocación a los entrañables payasos de la tele. He seguido su intervención a través del twitter de Antonio Montilla y la única novedad ha sido ese flashback a sus tiempos de infancia o más bien de adolescencia porque ya calza unos cuantos diciembres. Dice el baranda pepero que los profesores no pueden ser “ni Pepito ni el colega Pepe” sino que hay que llamarlos “don José”. Le ha faltado una trompeta y un acordeón como fondo musical de tan circense sentencia.

El respeto al profesorado no es cuestión formal ni de nomenclatura. Hemos de trascender lo superficial para ir al fondo del asunto. El respeto no se gana con el don, sino con actitud, como me comentaba el tuitero José Carlos. El que suscribe ha sufrido los últimos años del maestro dictador en la recta final de la dictadura y eso me permite concluir, tirando de coloquialismo, que “ni don Juan ni Juanillo”. Respeto no es igual a miedo cerval, reconocimiento no equivale a reverencia, autoridad no significa autoritarismo.

Tenemos que buscar el punto de equilibrio donde la imprescindible autoridad del docente sea compatible con la fluidez de relaciones con el alumnado. El pendulazo que se ha producido de unas fechas hacia acá no conduce a nada ni es una solución válida, pero la época de la palmeta, de los castigos físicos y de ‘la letra con sangre entra’ tampoco representa el camino. Ni rememorar los tiempos arcaicos del florido pensil ni las botellonas en las aulas. En el término medio, parafraseando a Aristóteles, está la virtud. No siempre un tiempo pasado fue mejor.

El circo de Arenas

Estas dos fotografías (una de la Agencia Efe y otra de José Rodríguez) recogen el momento estelar del número circense que montó ayer Javier Arenas en el Parlamento de Andalucía. No albergábamos duda alguna, pero la locuacidad de Esperanza Oña, captada por un micrófono de Canal Sur TV (“Hay que cogerle el truco y provocarlo“), disipó cualquier especulación. La portavoz popular ha aportado la prueba empírica que confirma la estrategia de provocación y crispación orquestada por el PP para emponzoñar la vida política a esta comunidad autónoma.

Todo era un montaje para fustigar y chulear al presidente de un gobierno que representa a más de ocho millones de andaluces y andaluzas. Pepe Griñán no se dejó seducir por los cantos de sirenas y eludió ser comparsa del espectáculo bufo que había montado el jefe de la oposición, quebrando así el guión que tenía precocinado el aparato propagandista del PP. ¿Si Arenas le reivindica una reunión para abordar la crisis económica sin fotos, por qué unos minutos después teatraliza una escena de entrega de un documento que ya ha remitido con anterioridad al presidente y que cuatro horas más tarde se debatía en la Cámara? Todo era una pantomima para robar una instantánea y torcerle la muñeca a Griñán. Como jefe de pista del circo de la cabra, pretendía malintencionadamente hacer pasar a su adversario por el aro.

Las imágenes dan bastantes pistas de las intenciones aviesas de Arenas. Basta con observar en la foto inferior su gesto socarrón, su pose chulesca, su actitud altanera, se relamía los labios saboreando el supuesto éxito de su maniobra, aunque todo no deja de ser un gag de Benny Hill casposo y de mal gusto. Al fondo la bancada socialista, entre ellos este bloguero, indignada por la frivolidad y la afrenta de un envalentonado capo del PP que falta a las más elementales normas de cortesía parlamentaria. Montado en la ola de las encuestas, Arenas se comporta con una prepotencia y una bravuconería insólitas. Si aún no ha ganado nada y actúa así, ya nos podemos imaginar lo que pasaría si se hiciera realidad su sueño de llegar al Palacio de San Telmo. ¡Miedo da!