Las reválidas ya son historia

La eficacia del trabajo político se mide por los resultados que se consiguen. En este mes escaso que lleva rodando la legislatura se ha logrado ya, entre otras cuestiones, frenar la dañina LOMCE y hoy suspender las reválidas, que tenían en vilo a más de medio millón de estudiantes españoles. El PSOE ha trabajado de la mano de la comunidad educativa para frenar una injusta reforma impuesta por el Partido Popular sin consenso. Gracias al acuerdo alcanzado entre el Ministerio y comunidades autónomas, se vuelve al modelo anterior, a la selectividad, para el acceso a la Universidad tras cursar 2º de Bachillerato y se dejan definitivamente sin valor académico las pruebas de final de Primaria y ESO. De esta forma, se transmite tranquilidad y certidumbre a los niños y niñas y a sus familias a la hora de encarar el final del curso sin sobresaltos. Esta rectificación del Gobierno de Mariano Rajoy supone una buena noticia para toda la comunidad educativa y permite ser razonablemente optimistas para que en el plazo de seis meses se pueda alcanzar un gran pacto nacional sobre el modelo educativo que supere el fiasco de la LOMCE. Un pacto que consolide una educación de calidad, que garantice la igualdad de oportunidades, que no segregue y favorezca la integración y que proteja la educación pública. Una buena noticia para todos que ha tardado en conseguirse por el empecinamiento del PP en mantener una hoja de ruta equivocada y sin contar con ningún apoyo. Se empiezan a revertir las perniciosas medidas de la época del rodillo de Rajoy y a demostrar que esta legislatura desde la oposición se puede conseguir muchas cosas.

Foto.Huffington Post.

Esperando las disculpas de Cañete

Si uno comete un error de bulto, lo menos recomendable es enrocarse y huir hacia adelante. Lo mejor es reconocer cuanto antes el yerro y/o trasladar unas sinceras disculpas. Miguel Arias Cañete (qué juego está dando este segundo apellido desde el viernes) y el PP han hecho justo lo contrario de lo que marca el sentido común y la lógica política. Su fatídica frase (“El debate entre un hombre y una mujer es muy complicado, porque si haces un abuso de superioridad intelectual parece que eres un machista que está acorralado a una mujer indefensa”) exigía un rectificación sin paliativos. Sin embargo, el candidato del PP a las europeas ha guardado un silencio estruendoso y se limitado a poner fotos acompañado por mujeres en su Twitter para exorcizar el enorme malestar producido por su desafortunada explicación (o más bien por verbalizar su pensamiento más profundo). La cúpula del PP, incluidas las más destacadas dirigentes, ha salido en su auxilio y ha ensalzado a su cartel electoral. Ni una sola palabra de crítica, ni el más mínimo gesto para afear este sonoro patinazo. Todos a una con Cañete y de espaldas a todos aquellas mujeres y aquellos hombres que creemos en la igualdad. Por perder un debate no pasa nada, perder el norte sí tiene consecuencias. Han pasado más de tres días y las disculpas y el propósito de enmienda del PP no llegan. Y lo peor es que, visto lo visto, nadie los espera.

Rectificación en tiempo récord

Cristóbal Montoro se supera cada día. Se ha rectificado a sí mismo en poco más de media hora. Aprovechando uno de los muchos foros organizados, el ministro de Hacienda presenta a bombo y platillos una rebaja de impuestos que él ya había impulsado hace doce años, nada más y nada menos que en los tiempos infaustos de Aznar. Convenientemente informado por su equipo de comunicación, admite entre bromas su patinazo, da marcha atrás y dice que no tiene remedio.. Por desgracia, tampoco lo tienen sus decisiones en el Gobierno de Rajoy, que está haciendo sufrir a la inmensa mayoría de ciudadanos. Al menos de momento.

Metáfora desafortunada

Es sano reconocer errores. Hace tres días, me excedí al pedir un bozal para el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, por sus críticas a la igualdad entre hombres y mujeres. Escogí una metáfora desafortunada que ha puesto el foco en esta anécdota y no en el contenido de su carta pastoral, con el que discrepo profundamente. Retiro esas palabras para que los árboles no nos impidan ver el bosque, para que lo accesorio no silencie lo mollar y trascendente. Una rectificación que nos ha de permitir entablar un debate sereno y argumentado sobre la ideología de género y el reconocimiento de otras formas de familia distintas a las que predica la Iglesia católica. Quizá me faltó mesura en mi expresión, pero me reivindico en el fondo de la cuestión. En materia de igualdad no se puede desandar lo andado ni volver a conceptos ya caducos sobre el papel de la mujer en la sociedad y en el entorno familiar. Se han dado importantes pasos que tenemos que consolidar y conseguir, más pronto que tarde, que la igualdad legal sea real y efectiva. Ése ha de ser no sólo nuestro objetivo sino nuestra obligación como ciudadanos. Ahí deberíamos estar todos y todas sin excepción.

Rectificación

Los medios de comunicación no son infalibles. Como cualquier ser humano, el periodista puede cometer o ser inducido al error. El yerro puede provenir de no contar con una información completa o totalmente contrastada, de una incorrecta interpretación del hecho por parte del reportero o de una deliberada intención manipuladora. La prueba del nueve de la intencionalidad o no del medio en la difusión de una información errónea está en la rectificación o fe de erratas. El reconocimiento del fallo, desde mi punto de vista, engrandece el prestigio y refuerza la deontología de la cabecera. Por el contrario, cuando el medio se enroca en su error se hace un flaco favor y su reputación se resiente.

En las últimas horas se han vivido estas dos situaciones en la prensa andaluza. Por un lado, el Grupo Joly tenía la grandeza de recoger una carta al director de Carme Chacón, en páginas de información, dando réplica a una información que entendía incorrecta sobre su hipotético apoyo al pacto fiscal que demanda Cataluña. En la orilla opuesta, ABC, en sus ediciones de Madrid y Sevilla, se aferraba a su supuesta verdad (Griñán ordena cortar los pagos para maquillar las cuentas) y hacía caso omiso a la apelación al derecho de rectificación esgrimida por la Junta de Andalucía ante una noticia que consideraba falsa e inveraz (el Gobierno lo niega y sostiene que se hace conforme a la ley). Pasó de enmendarse como marca la ley con el texto remitido por la administración, dedicándole el mismo espacio y las mismas condiciones que a la primera información. Optó por su visión de las cosas sin atender la demanda de la parte afectada.

En estos casos, cabría preguntarse adónde conduce el sostenella y no enmendalla. La soberbia nunca suele ser buena consejera. Es evidente que las fuentes no tienen siempre la razón, pero los medios tampoco están en posesión de la verdad absoluta.

Periodismo del Far West

En España se hace periodismo con las leyes del lejano oeste americano. Sin respetar el principio constitucional de la presunción de inocencia, se cuelga (figuradamente, claro) a cualquiera del primer árbol y se aniquila su prestigio social. Lo peor es que, en muchos casos, esa precipitación en el linchamiento público provoca errores de bulto, sonoros patinazos, monumentales pifias que agravan la consabida injusticia para con la potencial víctima del yerro. Este tipo de ejercicio profesional poco reflexivo, morboso y muy sensacionalista que explota los más bajos instintos de la gente daña mucho la credibilidad de los medios.

Este fin de semana, un joven tinerfeño ha sufrido en sus carnes los efectos de la incontinencia de estos pistoleros de la pluma o del micrófono. Al calor de la muerte de una niña de 3 años, hija de su pareja, los medios de comunicación se tomaron la justicia por su mano, se aferraron a los primeros datos y dictaminaron la culpabilidad de Diego P.V. Lo hicieron todos los medios sin excepción, aunque con distinta gradación. El titular más sangrante (o más bestia, hablando en plata) lo dio ABC en su primera página con una enorme fotografía: La mirada del asesino de una niña de tres años. Ni siquiera el diario tuvo la cautela de usar el adjetivo de presunto o posible, hizo pública su sentencia sin encomendarse a la deontología profesional o a la norma más elemental del estado de derecho.

Horas más tarde, la autopsia de los forenses despejaba cualquier sospecha sobre el joven. La muerte se debió a un traumatismo cerebral por una caída en una atracción infantil. Ni abusos sexuales ni malos tratos, un desgraciado accidente. Diego quedaba libre sin cargos, pero el daño ya estaba hecho. ¿Quién repara el sufrimiento de este ser humano? Los medios tenían faena por delante para corregir su desafuero. No tuvo el mismo tratamiento la noticia de acusación que la obligada absolución. Por ejemplo, en la primera página de ABC de la edición del 29 de noviembre no había ninguna referencia a este tremendo resbalón fruto de la voracidad amarillista y de la búsqueda ansiosa de lectores. Todo el relato del nuevo derrotero de la investigación se ventilaba en páginas interiores. Una respuesta análoga se produjo en otros competidores en el quiosco o en las ondas.

Los medios de comunicación se consideran infalibles, están instalados en una soberbia insufrible ante el reconocimiento del error propio, con los demás son justicieros implacables. La aceptación de un fallo honra a una cabecera antes sus lectores, pues se antepone la verdad al prurito profesional.  El mejor remedio ante gazapos elocuentes o excesos insoportables no es mirar para otro lado, sino rectificar sin complejos. Reconforta que haya medios que actúen con humildad. Esta mañana, en el programa Meridiano, de Canal Sur TV, se ha entonado un mea culpa necesario y sincero por la injusticia cometida por el universo mediático con Nelson Arona. Ése es el camino.

PD.- Repasando las primeras páginas de la ABC de Madrid, a fuer de ser honestos, sí aparece un pequeño recuadro, con menor relevancia tipográfica que el día anterior, en la que se despacha el asunto con un título para nada autocrítico y endosando la responsabilidad a terceros: Víctima de un error. La nueva versión de los hechos se omitió en la primera plana de la edición de Sevilla, que es la que se lee por estos lares, para anunciar una tribuna de opinión de Javier Arenas.

Disparadero vil

Algunos disparan y a continuación preguntan. O lo que es peor, se aferran al tan recurrente ‘ensucia que algo queda’. En política se da con demasiada frecuencia esa dinámica perversa de emborronar el expediente del adversario y cuando la realidad demuestra lo contrario, se mira hacia otro lado y si te he visto, no me acuerdo… O quítate las manchas como puedas y a otra cosa, mariposa. Esa ausencia de respeto cívico es intolerable en la vida pública.

Nos topamos ayer con uno de estos episodios viles, sonrojantes y lamentables que suelen convertir el espacio público en un gallinero desabrido y cansino para la ciudadanía. El portavoz del PP en la Diputación de Granada, un presunto caballero que responde al nombre de José Antonio Robles, descerrajó una de esas habituales insidias al albur de una mal entendida libertad de expresión. Vinculó la remodelación del equipo de diputados socialistas en la corporación a un intento del secretario general del PSOE en Granada, Francisco Álvarez de la Chica, de enchufar a su yerno. Lo que no sabía (y si lo sabía, resultaría tremebundo) ese malintencionado politicastro es que la hija de Álvarez de la Chica es menor de edad: tiene tan sólo 14 años.

Una metedura de pata de este calibre exige una rectificación inmediata. Más bien exigiría porque no se va a producir. Ya se conocen unos cuantos casos como éste y el calumniador mete la cabeza debajo de la tierra como los avestruces. Los dos patinazos más sonados recientemente tuvieron como protagonista a la portavoz del PP en el Parlamento de Andalucía, Esperanza Oña. Primero, acusó a la entonces consejera Evangelina Naranjo de colocar a dos hermanos en la Junta y se demostró que eran dos funcionarios con los mismos apellidos que la responsable socialista pero sin ningún tipo de parentesco. Segundo, imputó el enchufe de un hermano al también ya ex consejero Gaspar Zarrías siendo éste hijo único. Un despropósito, un error garrafal o una agresión aviesa que se saldó sin reparación ni petición de disculpas.

Este último incidente en Granada no se va a quedar en agua de borrajas, salvo que Robles acepte con humildad que ha pasado todas las líneas rojas en su afán de obtener un titular de prensa. Si no hace un ejercicio público de contrición tras estas aberrantes y descabelladas palabras, Álvarez de la Chica piensa poner las declaraciones en conocimiento del Defensor del Menor a fin de proteger los derechos y la intimidad de su hija. También los órganos superiores del PP deberían tomar cartas en el asunto y reconvenir la actitud de su representante en la Diputación de Granada.

No albergo ninguna esperanza ni de que el interfecto ni sus jefes reconozcan este profundo dislate. Este episodio pone de nuevo sobre la mesa el debate sobre los medios y los fines en política. No todo vale para arañar un puñado de votos.  Hay medios repugnantes para alcanzar réditos electorales… La salida de tono de ese presunto caballero que responde al nombre de José Antonio Robles produce náuseas.