Reescribidores

Sirva esta entrevista como recordatorio de la historia de la lucha de Andalucía por la conquista legal de su autonomía, con el máximo nivel de autogobierno y en pos de la igualdad de todos los ciudadanos de este país. Ni más ni menos que nadie. Los lumbreras de Podemos, con Pablo Iglesias y Teresa Rodríguez a la cabeza, están intentando retorcer la realidad y comparar la movilización andaluza por la vía constitucional con el procés de Cataluña. Ni de lejos el significado del 4-D y del 28-F tiene que ver con el independentismo. Este intento de reescribir la historia por parte de la formación morada produce bochorno. Sólo buscan tapar sus vergüenzas por su posición incomprensible ante la cuestión catalana. Las mentiras por muchas veces que se repitan no se hacen verdad. Ya no cuela ni la propaganda ni la posverdad.

Un fenómeno social

Esta noche se cierra una campaña electoral apasionante. Intensa. De mucho voltaje. La he vivido al lado de Susana Díaz. Quince días de mucho trasiego, con más de 12.000 kilómetros por la bella y extensa geografía de Andalucía. Un recorrido por todas las provincias, por todo tipo de municipios, desde pueblo pequeños a capitales pasando por ciudades medias, en la costa y en el interior, en zonas urbanas y en el medio rural. Y en todos sitios he notado la ilusión que despierta la presidenta de la Junta de Andalucía entre la gente. En un momento en el que la política y los políticos no pasan por su mejor momento, Susana Díaz genera confianza, recoge muestras de cariño, recibe mensajes de esperanza… Los ciudadanos se acercan a ella y no al contrario, la besan, la saludan, la jalean, se hacen fotos, le piden autógrafos. Constituye todo un fenómeno social. Su aceptación popular recuerda a otros momentos de la transición política cuando los representantes públicos eran vistos con aprecio y admiración. A los tiempos de Rafael Escuredo y la lucha por la autonomía plena para sacar a Andalucía del subdesarrollo. A la pasión que levantaba Felipe González y su fe en el cambio. Ella derrocha cercanía y empatía, es una más de la familia para todos, una andaluza como la inmensa mayoría de hombres y mujeres que forman parte de este pueblo sabio, con los pies en el suelo y la mirada alta para anticipar el presente y el futuro que esta tierra quiere y se merece. En mi ya dilatada experiencia electoral (acumulo ya cinco campañas autonómicas desde dentro y tres más cubiertas como periodista) no he visto otra cosa igual. La gente cree y confía en Susana. Cuando termino este breve post, quedan poco más de cinco horas para acabar la campaña y miro el domingo con optimismo. Los andaluces y las andaluzas tienen la palabra. Y siempre aciertan.

La foto del cambio

Vale más una imagen que mil palabras. Este recurrente dicho se demuestra plenamente con esta fotografía. Susana Díaz aparece acompañada por José Rodríguez de la Borbolla, Manuel Chaves, Pepe Griñán y Rafael Escuredo (de izquierda a derecha). En una sola instantánea se visualiza el profundo cambio que se ha producido en el Gobierno andaluz. Cambio generacional porque los ex presidentes eran todos de la década de los cuarenta (nacieron entre 1944 y 1947) y de género (salta a la vista). Es la foto del nuevo tiempo que se abre en esta comunidad autónoma con una presidenta encargada de dar un nuevo impulso de transformación a esta tierra.

Foto.andalucesdiario.es.

Hace 32 años

Han pasado ya 32 años. Una mañana de 28 de febrero se levantó Andalucía con la ilusión de romper con su destino. Muchos balcones de los barrios obreros de nuestras ciudades y pueblos amanecían engalanados con la bandera blanca y verde de la esperanza y el compromiso con un futuro mejor. En mi casa colgaba la enseña andaluza, como en otras ocasiones durante los primeros años de la Transición, reivindicando nuestra capacidad para decidir por nosotros mismos. Los hombres y mujeres de esta tierra estaban llamados a votar (a mí me quedaban aún tres años para adquirir el derecho al sufragio). Sabíamos lo que nos estábamos jugando. Fue un referéndum plagado de obstáculos y trampas por parte de la derecha gobernante. Pero Andalucía se levantó, alzó su voz y superó el reto. Con cierto suspense. Almería no alcanzó en primera instancia el 50 por ciento de síes que exigía el draconiano mecanismo impuesto por el Gobierno de UCD. (Se exigía que en todas las provincias la mayoría absoluta de las personas censadas diera su apoyo a la vía del 151 de la Constitución o, lo que es lo mismo, el mismo nivel de autogobierno que las comunidades históricas, Cataluña, País Vasco y Galicia). Fue un rotundo triunfo político, un grito de liberación muy mayoritario, pero nos acostamos con la incertidumbre sobre si la enorme contestación andaluza se quedaría en saco roto por unas décimas en Almería. No paró la presión de los dirigentes de la izquierda andaluza, encabezados por el presidente preautonómico Rafael Escuredo. Se supo que el censo no había sido depurado y permanecían hasta personas fallecidas. El grito incontestable del pueblo andaluz, el éxito de la movilización social, junto al descubrimiento de las argucias de los entonces mandatarios del Gobierno para hacer descarrilar el proceso, nos condujeron inexorablemente a adquirir una autonomía de primera no sin esfuerzo y sufrimiento. Se imponía la lógica y el sentir de los andaluces. Desde entonces, con aciertos y con algunos errores, nos hemos ido ganando nuestro futuro. Un futuro que no podemos poner en riesgo el 25 de marzo. Aquéllos que se presentan como adalides del cambio no son más que ángeles exterminadores de nuestras conquistas.

Foto.ABC.

Camaleones

La derecha ha puesto en marcha la trituradora para hacer trizas el estado de las autonomías. Los sectores más reaccionarios de este país, la caverna retrógrada y nostálgica, nunca se han sentido cómodos en esta España plural y descentralizada y ahora han salido en tropel como una jauría. No votaron el título VIII de la Constitución y, pese a todo, un prohombre como Manuel Fraga, adalid de ese no y del centralismo desde la reconvertida AP, acabó siendo presidente de Galicia. Piensan una cosa, dicen otra y hacen lo que les conviene en cada momento en un claro ejercicio camaleónico, de ductilidad y oportunismo.

Ese pedigrí rancio de antaño es el que aflora en estos momentos. José María Aznar, jefe de escuadrón de los renacionalizadores, ha tocado corneta para desamortizar el mapa autonómico. Y como al flautista de Hamelín le siguen todos, desde Mariano Rajoy a Ana Mato, desde María Dolores de Cospedal hasta Esteban González Pons. Sólo hay uno que renquea e intenta disimular la dinámica endiablada del grupo y, con muchos fuegos de artificio y trucos de prestidigitador ramplón, pretende descafeinar, al menos de cara a la galería andaluza, la verdad que le marcan desde sus cuarteles generales.

Javier Arenas busca difuminar la tozuda realidad que se cocina en las calderas de la FAES y se sirve en la sede nacional de la madrileña calle Génova. Su pasado le pesa como una losa. El PP apuesta por la involución, por volver al diseño autonómico anterior al referéndum andaluz del 28 de febrero de 1980, una auténtica revolución cívica que impuso el ‘café para todos’ y no para dos o tres autonomías de las catalogados como históricas. En ésas vuelven a estar ahora los peperos, según desvela ex presidente de la Junta Rafael Escuredo, coqueteando con las nacionalistas vascos y catalanes para mantenerles el techo competencial que les quieren rebajar a los demás.

Que se deje Arenas de m0nsergas y de retórica hueca porque la suerte (es decir, la hoja de ruta) de su partido está trazada. Tijeretazo autonómico general y café para unos pocos (van a guardar cierta consideración con algunos nacionalismos). Si van por ese camino del agravio y de la marcha atrás, a lo mejor se encuentran con otro 28-F. Nadie en Andalucía va a tolerar la injusticia. Tampoco se aceptará la demolición total del modelo.

La gira histórica

Canal Sur Televisión acertó anoche de pleno programando, justo antes del informativo, un magnífico documental titulado La gira histórica. Buena propuesta para conmemorar un hito histórico del que hoy se cumplen treinta años. El trabajo recoge imágenes y testimonios del entonces presidente de la Junta de Andalucía, Rafael Escuredo, y un grupo de artistas entusiastas (Alameda, María Jiménez, Silvio y Luzbel…) que lo acompañó durante la campaña que llevó a cabo para promover el voto en el Referéndum del 28-F, una cita con las urnas por la que Andalucía consiguió la autonomía plena. Cada acto político se convertía en una fiesta de orgullo y reafirmación andaluza. El documental es una pieza de buena factura, de gran interés periodístico y cargada de emoción y nostalgia. Retrata la lucha de un pueblo por un sueño, por un ideal, contra un destino diseñado desde fuera, una lucha personalizada en la figura de Escuredo, el político que fue capaz, contra viento y marea, de romper esquemas y prender la ilusión de una tierra por el derecho a decidir su futuro.