Sentencia inquietante

Si todos los jueces fueran como Ricardo Rodríguez Fernández, el periodismo estaría en serio peligro de desaparición. Este magistrado ha condenado a dos periodistas de raza, Daniel Anido y Rodolfo Irago, director y jefe de informativos de la Cadena Ser, por la osadía de contar la verdad. La sentencia se cae de las manos y hace una interpretación temeraria de los derechos constitucionales de la libertad de expresión y de la prerrogativa de la ciudadanía de recibir una información veraz. Las organizaciones gremiales de periodistas y otros colectivos de informadores digitales consideran el fallo inaudito, desmesurado y asombroso.

El togado dicta un veredicto injusto y exagerado (un año y nueves meses de prisión, inhabilitación para el ejercicio del periodismo y una multa desorbitada basada en conjeturas sobre sus sueldos sin ni siquiera haberse molestado en preguntar a la empresa) por una teórica revelación de secretos al difundir una lista de afiliaciones irregulares en el PP de Madrid, un asunto que estaba en instrucción judicial por la denuncia presentada por la entonces alcaldesa de Villaviciosa de Odón y hoy diputada autonómica, Pilar Martínez. En la sentencia se reconoce la veracidad de la información y la noticiabilidad de los hechos y, sin embargo, el juez hace prevalecer el honor y la protección de datos de los citados por la Cadena Ser.

El magistrado sostiene que la salvaguarda constitucional al derecho a la información se refiere a la televisión, radio o prensa escrita, pero que debe matizarse en Internet, argumentando que no es un medio de comunicación social en sentido estricto, sino universal. El dilema que plantea Rodríguez Fernández evidencia su desconocimiento de la comunicación y de sus distintas manifestaciones. Y lo que es más grave: de la Constitución española. Nuestra carta magna establece en artículo 20.1 que “se reconocen y protegen los derechos a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”. Internet es un soporte más para la transmisión de datos, como lo es el papel para la prensa o las ondas para la radio y la televisión. Dentro de la red de redes, nos encontramos medios de comunicación digitales, sitios institucionales, portales corporativos o páginas personales, todos medios de difusión de contenidos informativos de diversa índole.

Resulta inaceptable y escandaloso que se condene a unos periodistas por no haber hecho otra cosa que cumplir con su deber informativo. Su único y grave delito ha sido desarrollar con libertad y diligencia su profesión. Ante el anunciado recurso de la Cadena Ser, habrá que confiar en que en instancias jurisdiccionales superiores se revoque una pifia que significa una monumental injusticia, y así se restablezca la normalidad democrática y se respete la libertad de expresión de voces independientes en el ejercicio noble del periodismo. Una sentencia como ésta supone, como señala la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), “un serio atentado contra la libertad y contra el derecho a saber de los ciudadanos, además de debilitar el estado de derecho y el prestigio de las instituciones”. Lo comparto desde la primera a la última letra.