Señales para la alarma

El proyecto de presupuestos que ha presentado el Gobierno de las derechas de Andalucía supone un frenazo brusco al crecimiento económico y a la creación de empleo, según las previsiones de sus propios autores, y al mismo tiempo encierra de manera subrepticia instrumentos para empezar con las privatizaciones y el desmontaje de los servicios públicos que garantizan la igualdad y el estado del bienestar conquistado durante casi cuatro décadas de autonomía. Algunos ejemplos que producen alarma:

  • El texto presupuestario abre la puerta a la entrada de capital privado en la sanidad pública. Pretende convertir el Servicio Andaluz de Salud (SAS) en un ente empresarial siguiendo el modelo de privatizaciones y caos que perpetró María Dolores de Cospedal en Castilla-La Mancha.
  • Mayor incremento de las partidas a la educación privada-concertada que la experimentada por la pública. Dinero que se quita a la construcción de infraestructuras educativas públicas. Se empieza el camino que ya recorrió la Comunidad de Madrid para jibarizar la educación pública.
  • Se recorta drásticamente las políticas de ayuda a las familias: 140 millones de euros menos, una tercera parte del programa (32%) se ha volatilizado.
  • Vender a sus amiguetes entes instrumentales como Veiasa (gestiona las ITV) o Cetursa (responsable de la gestión de Sierra Nevada) que generan importantes beneficios y que suponen un bocado apetitoso para el negocio privado. Su venta sería como si matáramos a una gallina que pone huevos de oro.
  • Suma y sigue…

Y como Vox, la tercera pata del banco de la gobernanza en Andalucía, la que tiene la sartén por el mango, ha amagado con una enmienda a la totalidad y con tumbar las cuentas, pues PP y Ciudadanos se aprestan a sentarse a negociar e hincar la rodilla ante sus reclamaciones. Entre otras muchas cuestiones, los ultras quieren cargarse lo que llaman despectivamente y sin razón “chiringuitos de género” (por ejemplo, el Instituto Andaluz de la Mujer y los equipos que trabajan en la lucha contra la violencia de género). Para la extrema derecha no existe desigualdad entre hombres y mujeres, todo es propaganda progre, y la brecha salarial entre ambos sexos es tan irreal como la “chica de la curva”. Con esta visión de las cosas luego los de Abascal no quieren que los llamen machistas.

Foto.Navarra Información. Moreno Bonilla (PP), Marín Cs) y Serrano (Vox), el tridente de las derechas en Andalucía.

Apatía frente al paro

En Andalucía durante 2018 se redujo el paro en 126.200 personas y se registraron 118.600 ocupados más. Recuerdo estos datos de la Encuesta de Población Activa a colación de la previsión de creación de empleo consignada en el proyecto de Presupuestos de esta comunidad autónoma para 2019. Un texto elaborado por el Gobierno de derechas de PP y Ciudadanos, que tomó posesión el 22 de enero de este año y que baja los brazos a las primeras de cambio en la lucha contra el principal problema que tienen los andaluces: el paro. El Ejecutivo autonómico ha elaborado un texto que prevé una reducción del crecimiento de nuestra economía en cinco décimas (pasando del 2,5% al 2%) y una generación de sólo 60.000 puestos de trabajo. Esta cifra exigua y poco ambiciosa, jaleada por los terminales mediáticos de la derecha, representa la mitad del aumento del empleo registrado el año pasado y una décima parte de la promesa lanzada en campaña electoral por el actual presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla. Los 600.000 empleos en esta legislatura el viento se los llevó. Como ya nos auguró tras llegar al cargo el hoy consejero de Economía, Rogelio Velasco,se trataba sólo de lenguaje electoral. A este ritmo el actual inquilino de San Telmo necesitaría 10 años para cumplir su palabra. Y esta falta de interés por contribuir a reducir el paro se confirma en una rebaja del 15% de las partidas destinadas para políticas activas de empleo en relación con el último presupuesto socialista. Toda una declaración de intenciones sobre sus prioridades. Han tirado la toalla sin más, casi con alevosía. Esa desgana y esa apatía no sintonizan con las urgencias de la ciudadanía. Este es el Gobierno del cambio a peor en éste y en todos los ámbitos de gestión.

A ralentí

Por tradición en política a los nuevos gobiernos se les concede cien días de gracia. Al nuevo de Andalucía, ese frankestein de las derechas y la extrema derecha, le parece poco tiempo y se plantea pasarse el primer año en blanco. No tienen mucha prisa en tomar decisiones antes de las elecciones municipales de mayo. No serán medidas positivas para la mayoría las que tienen en mente cuando no se atreven a que se conozcan sus (¿aviesas?) intenciones antes de la cita con las urnas. En esta estrategia de ralentí, llama la atención que la única medida apuntada sea la de iniciar los trámites (largo me lo fías, Sancho) para bonificar al 99% el impuesto de sucesiones, un tributo que pagan cada año en Andalucía menos de 500 personas, las que heredan de forma individual un millón de euros. Su prioridad, salta a la vista, es darle satisfacción a los millonarios.

El flamante presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla, que no tiene fama de trabajador infatigable, ya ha despejado el balón de los presupuestos de este año hasta el mes de junio. No los llevará a la Cámara para su debate hasta que pasen los comicios locales. Lo que de facto supondrá que esta comunidad no tendrá nuevas cuentas antes de septiembre en el mejor de los casos. Justo cuando el Ejecutivo ha de estar culminando las de 2020 para entregarlas en la Cámara antes del 31 de octubre. Estresados no se les ve. Este ritmo lento y parsimonioso, de casi brazos caídos, no reportará más que lastre a la economía, los emprendedores y al bienestar de los ciudadanos. Tantos años en la oposición presentándose como la opción de cambio y ahora demuestran carecer de los conocimientos suficientes para tan elevada empresa.

Ejercicio tras ejercicio, el Partido Popular ha registrado enmiendas a la totalidad a los presupuestos socialistas de Andalucía con texto alternativo. Este paso de tortuga actual evidencia que antes escribían cartas a los Reyes Magos carentes del más mínimo rigor o que hoy pretenden sacar la tijeras de los recortes y cargarse los derechos que tanto han costado conseguir. Me malicio que se alinean los dos factores: ni saben y además quieren arrebatarnos lo que es nuestro. ¡Qué tropa!

Foto.Público. Marín (Ciudadanos), Moreno Bonilla (PPI y Serrano Vox, los coligados.

Patriotismo de pacotilla

Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces… Desde que llegó a la presidencia del Partido Popular, Pablo Casado se ha aferrado al palo de la bandera, ha exhibido pecho inflado de españolismo casposo y se le ha llenado la boca de soflamas huecas de hispanidad rancia. Y a las primeras de cambio demuestra que le preocupa más su aspiración electoral que el buen nombre de España, que su amor por España tiene límites. Casado se marcha a Bruselas a tirar tierra por despecho contra nuestro país porque no soporta que el Gobierno socialista presente unos presupuestos que delvuelven derechos arrebatados por las tijeras del PP y tenga como banderas elevar el salario mínimo hasta los 900 euros, la subida de las pensiones según el IPC y la consecución de más ingresos a través de la lucha contra el fraude fiscal. Son unas cuentas que respetan las reglas de equilibrio financiero que exige la Unión Europea. Nada de esto interesa al líder del PP. Sólo busca el ruido y un hipotético desgaste del adversario político. Su patriotismo es de quita y pon: si no gobiernan, les importa poco el destino y el prestigio de España. Ya lo dijo Montoro en la etapa de Zapatero: que se caiga el país, que ya lo levantaremos nosotros. Casado, el patriota, pronosticará ante las instituciones europeas las siete plagas de Egipto porque el Gobierno socialista, profundamente europeísta, ha elaborado unos presupuestos sociales y pensados para las personas que, además, cuentan con el visto bueno de Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF). En Bruselas, con el desafío italiano sobre la mesa, le responderán que deje de crear tormentas en un vaso de agua. La iniciativa de Casado no es más que una pataleta pueril pero inaceptable que deja en entredicho sus muchos golpes de pecho de españolismo.

Foto.- Cadena SER.

Portazo a la gente

La derecha política de este país quiere tirar por la borda de 6.000 millones de euros. El bloqueo de la Mesa del Congreso de los Diputados, una decisión insólita en democracia, a la iniciativa socialista para evitar el veto del Senado a la nueva senda del déficit y, en definitiva, a la mayor capacidad de inversión y gasto público en los Presupuestos Generales de 2019, refleja el estado de desesperación del Partido Popular y Ciudadanos. La moción de censura desbancó a los de la gaviota y descolocó y desquició a los naranjas. Ahora usan malas artes y triquiñuelas para evitar la gobernanza de este país porque quieren desesperadamente elecciones. Les da igual que se pueda contar con 6.000 millones más para nuestros servicios públicos o nuestras pensiones. En su alocada carrera por ver cuál de los dos partidos se queda con la hegemonía de la derecha dan un portazo a una mayor inyección económica que permite Bruselas. No piensan en la gente, sólo se miran su ombligo. No sólo frenan este balón de oxígeno, sino que están histéricos en una cacería indecente porque no pueden soportar que España avance de la mano de la izquierda. De este tipo de conciliábulos la derecha en todas sus dimensiones (política, económica y mediática) tiene larga tradición. Vuelven a las andadas.

Foto.- VozPópuli. Albert Rivera y Pablo Casado.

Un nuevo castigo

Una vez desmenuzados los Presupuestos Generales del Estado para 2018, la conclusión es la misma desde que gobierna el Partido Popular: maltrato y atropello a Andalucía. En seis años, la tónica de Mariano Rajoy ha sido discriminar a esta tierra. Esta comunidad recibe este año 42 euros menos por habitante que la media nacional, no se contemplan o se le consignan cantidades ridículas a grandes proyectos de infraestructuras como la Algeciras-Bobadilla o la alta velocidad a Almería, y se reduce el gasto público sin atender la reivindicación de los pensionistas o de los empleados públicos. No son las cuentas que necesitan ni España ni Andalucía.

Componenda

El proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2018 no deja de ser un mal truco de prestidigitación de la factoría de engaños del Partido Popular. Un texto cuyo contenido conocemos a cuentagotas, sin transparencia y que es una sarta de medias verdades:

  • No son unas cuentas expansivas porque el gasto de los ministerios sólo podrán crecer un 1,3% respecto al de 2017,
  • No son los presupuestos de los pensionistas porque contienen una subida pírrica para unos pocos y no recuperan el IPC como índice de revalorización
  • Tampoco de los empleados públicos: la vuelta a la jornada de 35 horas sigue en el limbo y hay 165.000 funcionarios menos desde la llegada del PP por la tasa de reposición
  • También olvidan a los trabajadores: un 60% no se beneficiarían de una supuesta bajada del IRPF.
  • Se han dejado en tintero el gasto social: crece tres veces menos que la economía.
  • El incremento de las becas no llega ni de lejos a resarcir el mucho recorte impuesto durante seis negros años de gobierno…

Se trata de unos presupuestos que sólo pretenden ser munición electoral ante la pérdida alarmante de votos que pronostican las encuestas al PP, unas cuentas que buscan aplicar sutura para las urgencias políticas de Mariano Rajoy.

Y, por lo que llega, todo apunta a que sean unos presupuestos que volverán a dar la espalda a Andalucía. Ya el año pasado esta comunidad sufrió un tijeretazo drástico en las inversiones del Estado, nada menos que un 36% menos, y se empiezan a conocer infraestructuras en otros territorios y ninguna en Andalucía. Como ha avanzado la presidenta andaluza, Susana Díaz, esta comunidad va a ser beligerante si otro ejercicio más el PP continúa con el castigo y el agravio. Hay muchos proyectos de vital importancia para el desarrollo de Andalucía (la conexión férrea Algeciras-Bobadilla o la AVE a Granada y Almería) que no pueden quedar al arbitrio ni al capricho de los intereses políticos de Rajoy. En esta tierra no se va a tolerar otra nueva discriminación y ya van…

Estas sospechas aumentan cuando el Gobierno de la nación carece de los apoyos suficientes y tienen que buscar aliados para sacarlos adelante. La experiencia de 2017, con el alto precio que pagó al PNV por su apoyo, nos hace temer lo peor.