Hipoteca para elegidos

No todo el mundo tiene la misma suerte que Pablo Iglesias e Irene Montero para conseguir un crédito hipotecario tan ventajoso. Para ver si tan favorables condiciones están al alcance de cualquier ciudadano, he visitado la página de la Caja de Ingenieros y lo he comprobado en el simulador de hipotecas. Con importes parecidos al valor de su inmueble y de su hipoteca conseguida, la herramienta de la entidad me deniega el préstamo por superar lo pedido el 80% del precio de la vivienda. Sólo esto ya llama la atención. Sin contar que cualquier comisión de riesgos pondría serios reparos, por no decir de forma categórica que no daría el plácet, a personas que no disponen de empleos indefinidos ni de un supuesto patrimonio que respalde la operación. La respuesta del simulador me hace pensar que hubo cierto trato de favor para los dirigentes podemitas. La operación inmobiliaria, que une posibles privilegios y una insultante incoherencia política, se somete desde hoy al blanqueo en un plebiscito de legitimación de los lideres. ¡Qué panorama!

Bienvenidos a la ‘casta’

No he querido escribir estos días de uno de los asuntos de actualidad de la semana porque cada cual hace con su dinero lo que quiera siempre que sea legal. Si hoy escribo este post es porque los protagonistas, Pablo Iglesias e Irene Montero, lo han convertido en materia pública convocando un referéndum entre las bases de Podemos para seguir o no en sus cargos tras la compra de un chalet de lujo por valor de 600.000 euros. Esta operación inmobiliaria no es noticia en sí misma, lo que ocurre es que la demagogia y populismo podemitas la habrían definido como propia de la casta si los titulares de la escritura fueran de otro signo político. Iglesias y Montero han impartido tantas lecciones de moralidad y han repartido tantos carnets de pureza democrática que esta compra ha puesto sobre el tapete sus contradicciones. Haz lo que yo diga y no lo que yo haga. Y por si no fuera ya sangrante la incoherencia entre su discurso y su praxis, también existen sospechas más que fundadas sobre supuesto trato de favor en la obtención de la hipoteca: cobertura del 90% del precio de compra, cuando el límite para la inmensa mayoría está en el 80%, y condiciones muy favorables de pago, al alcance de muy pocos proletarios en el mercado bancario. El resultado es que tienen una vivienda propia de aquellos a quienes los morados llaman casta y además han conseguido supuestos privilegios hipotecarios de los bancos. Se someten al veredicto de los suyos en un plebiscito personal, una maniobra a la desesperada de trasnochado culto al líder, pero la gente, la ciudadanía en general, ya los tiene calados.

Foto.- La Razón.

Podemos bipolar

No dejes que tu mano derecha sepa lo que hace la izquierda. Al mismo tiempo que Pablo Iglesias insertaba un vídeo en las redes sociales pidiendo perdón por el espectáculo de la guerra sin cuartel a campo abierto que protagoniza Podemos, se consumaba la ejecución sumarísima José María López, afín a Íñigo Errejón y calificado en su momento por sus cuates como el mejor político de Madrid. Por cierto, un mensaje grabado que abusaba del storytelling y sonaba hueco, acartonado y falso, obra de la factoría de mercadotecnia y propaganda de la formación morada. Podemos vive en modo bipolar: predica una cosa y hace la contraria. Cuando se toman decisiones por parte de los órganos de otros partidos con el voto de sus miembros hablan de golpismo, cuando lo hacen ellos bendicen la democracia interna. Cada día aflora más el alma estalinista de una gente que llegó como salvadora de la izquierda y que practican, por el contrario, los obsoletos modos de la ortodoxia comunista y la retórica del populismo y la intransigencia. Si lo hacen de puertas adentro, nos podemos imaginar la crudeza con la que despellejan a los discrepantes de fuera. Demasiada herida para cerrarla con un simple vídeo de falso arrepentimiento. Sobre todo, cuando el número tres, Pablo Echenique, en lugar de enfriar y conciliar, azuza más el fuego de la discordia por encargo del jefe. Necesitarán más puntos de sutura y antibióticos a tutiplén para bajar tamaña inflación. No basta con artificios de comunicación para disimular el gran enredo interno.

Viñeta.- Miki&Duarte, en el Grupo Joly.

Llevar la iniciativa

Suma y sigue. El PSOE ha arrancado al Gobierno del Partido Popular un aumento del salario mínimo interprofesional para 2017. El mayor incremento de esta referencia salarial en los últimos treinta años: un 8% más y pasará de 655,2 euros al mes a 707,6. Éste ha de ser sólo el primer paso hasta conseguir de forma escalonada situar el SMI en el 60% del salario medio neto, como recomienda la Carta Social Europea. Por tanto, este logro conseguido por la presión socialista merece ser reconocido, supone un salto cuantitativo y cualitativo para avanzar hacia una dignificación de las condiciones salariales, y no se entiende la pataleta de Pablo Iglesias y otros cuates de Podemos por una medida que es positiva y que beneficia a los trabajadores. Tiene tanto afán de protagonismo el líder morado que no soporta estar fuera de los focos. La rabieta pueril del jefe de Podemos tiene mucho que ver con la capacidad de iniciativa que está demostrando el PSOE haciendo oposición útil y ya con resultados tangibles. Los socialistas han conseguido frenar la nefasta LOMCE y eliminar las reválidas, el impulso a un Pacto de Estado contra la violencia de género, el inicio del trámite para derogar la ley mordaza (Ley de Seguridad Ciudadana), una décima más de margen déficit para las comunidades autónomas (más dinero para sanidad y educación) y hoy el alza del salario minuto. Como diría el castizo, obras son amores… El griterío de tintes populistas se lo lleva el viento y no soluciona los problemas de la gente.

Ganó el populismo

Nueva pifia de las encuestas. Ninguna auguraba el triunfo de Donald Trump y desde hoy es ya el 45º presidente de Estados Unidos. Politólogos, comentaristas y periodistas mostraban en este amanecer su asombro por la victoria del multimillonario. O dicho de otro modo: intentaban tapar su falta de tino y olfato para prever el resultado electoral. Tras el fiasco demoscópico del Brexit, del referéndum de paz en Colombia o del sorpasso en España, el estrecho margen que pronosticaban los sondeos hacía presagiar el bombazo. Y se ha producido y de forma contundente. El mundo afronta una nueva era y no será para bien. Nos esperan tiempos de incertidumbre y convulsión. La llegada de Trump a la Casa Blanca constituye una mala noticia para la convivencia.

Esperemos que las soflamas de campaña del excéntrico ganador no se consumen en hechos durante su mandato. Trump se ha mostrado en estado puro: autoritario, provocador, xenófobo, machista, intolerante, soberbio… Una ‘joya’ que han elegido con sus votos los ciudadanos americanos. Nos guste o no la elección ha sido un ejercicio de democracia. No se trata de reñir a los electores, como han hecho esta mañana Pablo Iglesias y sus cuates morados a través de las redes sociales al más puro estilo Julio Anguita, sino de encontrar las razones que expliquen por qué una mayoría de estadounidenses han dado su voto a este energúmeno político.

Nadie pone en cuestión la preparación y la solvencia de Hillary Clinton. Era la candidata del mundo civilizado e incluso de algunos republicanos que detestaban los modos y el histrionismo de Trump. Sin embargo, la demócrata no ha logrado conectar con la ciudadanía norteamericana por un cúmulo de circunstancias: lleva demasiado tiempo en política y no supone renovación alguna; era su segunda tentativa tras perder en 2008 en las primarias demócratas con Barack Obama y no ha despertado nunca la ilusión que acompañó al actual presidente en sus campañas; las cuitas personales la han perseguido todo este tiempo; las dinastías (primero su marido y ahora ella) no tienen buena venta en política; y no ha sabido aprovechar los gravísimos errores y las barbaridades de su contrincante. A todo ello, hay que sumar las dificultades para romper el techo de cristal en una sociedad con tintes machistas.

La pesadilla se hizo realidad. Y el mundo se enfrenta a sufrir la era Trump. En Europa el populismo se frota las manos y confía que la ola llegue a esta parte del Atlántico. En un año tendremos elecciones en Francia y Alemania y la demagogia populista ha ganado posiciones en esos países, como ocurrió en Reino Unido con el Brexit. ¡Qué desgracia!

Foto.- ABC.

Brexit, el triunfo del egoísmo

El triunfo del Brexit es una mala noticia para el proyecto europeo. Supone un retroceso en la construcción de una Europa más fuerte, a la que muchos aspiramos pese a los errores de los últimos tiempos. El resultado del referéndum británico es la constatación de que los populismos, sean del signo que sean, han estado siempre en contra del proyecto de la Unión Europea. Y el populismo y la otra cara de la misma moneda, el nacionalismo, siempre han sido la causa de los grandes males de este continente. Cuando el populismo y el nacionalismo han ido de la mano siempre nos ha ido mal en Europa. La historia del siglo pasado está ahí como aldabonazo a nuestra memoria.

La irresponsabilidad de David Cameron de convocar un referéndum cuando no había un clamor social demandándolo puede tener consecuencias nefastas para Reino Unido y para Europa. El triunfo del Brexit se debe a que se han impuesto los mensajes del nacionalismo, el populismo y la insolidaridad. Con mentiras de la derecha irresponsable y de los antieuropeos, el miedo y la ignorancia se han impuesto a la convivencia y a la integración.

Restando no se progresa. Frente al Brexit, tenemos que avanzar en la integración. En la construcción de una Europa mejor, más atractiva, que piense en las personas. Una Europa en la que todos queramos estar porque nos ofrece futuro y oportunidades. Se ha hecho desde Bruselas una gestión nefasta de esta crisis. Una crisis que ha castigado a los más débiles y que ha generado un rechazo y una enorme desafección para con el proyecto europeo. Se han cometido serios errores, se han abusado de los recortes y de políticas insensibles, que sin lugar a dudas se deben corregir.

Por eso, la UE y Merkel deberían tomar nota y abandonar de una vez por todas las políticas que tanto año han hecho a los ciudadanos y, al mismo tiempo, al prestigio de las instituciones europeas. Tenemos que recuperar los valores que inspiraron la construcción de un proyecto común europeo: el progreso, la solidaridad, la cohesión y la justicia social. Ese es el único antídoto para frenar el rupturismo que plantea la derecha nacionalista y antieuropea y también el radicalismo de izquierda. Para ello, hay que reformar lo que no funciona para fortalecer el proyecto europeo. No cabe la marcha atrás, sí un paso al frente con unas políticas más justas y que ayuden a hacer una Europa mejor.

En clave nacional, deberíamos sacar conclusiones del fiasco del referéndum británico. Cameron convocó un referéndum en el que no creía y el tiro le ha salido por la culata. Cameron ha defendido el remain (permanecer) y ha triunfado el leave (abandonar). Su partido, el Conservador, se ha partido en dos, él ha tenido que presentar su dimisión tras un fracaso tan sonoro y lo que es más grave: Reino Unido entra en una grave crisis institucional que no se sabe cómo terminará. Aquellos que en España quieren hacer referendos de autodeterminación deberían aprender la lección de Cameron, sobre todo si dicen (con la boca muy chica) que no quieren la ruptura del país más antiguo del Viejo Continente. No se puede dar alas a consultas que producen división, que en el caso español no tienen soporte legal y que no conducen a ningún sitio. Ojo con aquellos que no les importa echar gasolina al fuego. Luego las consecuencias son incalculables.

El Brexit no es inmediato (se abre un periodo de transición de dos años) pero puede tener efectos negativos en Andalucía: para las exportaciones, para el turismo, para los andaluces que trabajan en Gibraltar o los que han emigrado a Reino Unido. También para los británicos que viven en la Costa del Sol y otros rincones de esta tierra. Como andaluz y adoptivo del Campo de Gibraltar por vía conyugal, pienso en los 7.000 trabajadores de esa zona que todos los días cruzan la verja para ganarse la vida. Tranquilizan las palabras de la presidenta de la Junta, Susana Díaz, de estar vigilante en la defensa de sus derechos y su futuro, en particular, y de los intereses de Andalucía, en general.

Culto al líder

Estos carteles han dado que hablar esta semana. El egocentrismo de los líderes de Podemos, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, les ha generado una catarata de críticas con argumentos. Ellos no eran ni de lejos los protagosnistas del 8 de marzo. Nadie entiende que se busque el rédito electoral de forma tan burda en un asunto tan sensible como éste: la lucha por la igualdad real entre hombres y mujeres. Esta reivindicación requiere más altura de miras y menos personalismo por parte de los que dicen representar a la nueva política. No ha colado un truco tan chusco. No han sido los únicos dirigentes de la formación morada que han ilustrado la cartelería con motivo del Día Internacional de la Mujer, pero sin duda han sido los rostros que más se han viralizado provocando indignación y protestas recogidas tanto en medios de comunicación como en redes sociales. En esta sobreexposición de Iglesias hay mucho del culto al líder que caracteriza al populismo y a los sistemas autoritarios. Se los deberían hacer ver. Llevan muy poco tiempo y cometen errores de modelos políticos ya fracasados. Lo importante son las políticas y no las personas. Sin embargo, los podemitas tienen una obsesión casi patológica por su imagen. De hecho, su ansiado asalto a los cielos lo quieren hacer desde un plató de televisión. Un escenario virtual y muy alejado de la gente. Más propaganda que trabajo a pie de obra.

Foto.Antena 3.