Pedir la luna

La única diputada de Podemos, Raque Romero, ha impedido que ya hoy gobierne ya la izquierda en La Rioja después de casi tres décadas. La victoria del PSOE (15 diputados) requiere dos votos más (los de las representantes morada y de IU) para conseguir la mayoría absoluta y hacer posible el cambio. La derecha (12 escaños el PP y cuatro Ciudadanos) no permite otra combinación. Hete aquí que ante tan ansiado giro político en esta comunidad autónoma que llevaría a la presidencia a la socialista Concepción Andréu,  la parlamentaria del partido de Pablo Iglesias ha impedido que la candidata socialista acceda a la presidencia en primera votación y amenaza con mantener el no si no le dan lo que pide. Raquel Romero exige tres consejerías con un solo escaño en un gobierno que al día de hoy sólo tiene ocho carteras. La petición se antoja desproporcionada, descabellada, ilógica. La tozudez de la podemita ha hecho saltar por los aires la coalición con IU en La Rioja. Estamos ante un disparate que puede tirar por tierra en relevo en el ejecutivo riojano. Por pedir que no quede, aunque se frise el esperpento, pero todos sabemos que la avaricia rompe el saco… ¿Está siguiendo un guión escrito por Iglesias para presionar a Pedro Sánchez para el Gobierno de España?

Infografía: El País.

El gesto de Valls

Lo que ha hecho Manuel Valls no es habitual en la vida política. El ex primer ministro francés y concejal electo por Barcelona le ha ofrecido a Ada Colau sus votos para que siga al frente de la Alcaldía de la ciudad. Y lo hace gratis, sin pedir nada a cambio, sólo con la finalidad de impedir que el independentismo se haga con el bastón de mando municipal. Si inaudito es el gesto de Valls, no menos llamativa es la equidistancia de Colau y las reservas manifestadas por su gente de confianza a esta vía. La todavía alcaldesa prefiere un pacto imposible con ERC y PSC, imposible porque los socialistas no pactarán con los separatistas. Cuesta entender el purismo de En Comú Podem, la confluencia catalana vinculada a Podemos. No hay mejor forma de transformar y hacer avanzar a una sociedad que desde las instituciones, y más aún quitándole un instrumento político de tanta magnitud como el Ayuntamiento de Barcelona a ERC y Ernest Maragall, que lo pondrían al servicio del procés y no de los ciudadanos, como están haciendo desde la Generalitat. En este caso, las dudas de Colau y su partido ofenden.

Foto.- elnacional.cat.

España se tiñe de rojo

Europeas 2019

Municipales 2019

Autonómicas 2019

Tras el triunfo incontestable del PSOE en las elecciones generales de abril, los ciudadanos volvieron a depositar de forma mayoritaria la confianza en los socialistas en los comicios de ayer. Amplia victoria en las europeas, la lista encabezada por Josep Borrell consiguió 20 escaños, seis más que hace cinco años, y una ventaja de ocho escaños y casi tres millones de votos sobre el segundo, el PP. En las municipales el mapa ha cogido mucho color rojo respecto a la cita anterior: con siete puntos más que el PP, que se traducen en 1,2 millones de votos más, y 2.000 concejales más en toda España (22.329 socialistas frente 20.325 populares, la tercera fuerza es ERC con poco más de 3.000). Y en las autonómicas, se confirmó el pronóstico del CIS: el PSOE ganó en 10 de las 12 autonomías que celebraban elecciones. La más que posible pérdida de la Comunidad de Madrid y algún otro territorio por el pacto de las derechas con la ultraderecha no puede tapar ni de lejos una victoria tan rotunda. Estas tres imágenes que acompañan el post valen más que mil palabras.

Resultado inapelable

Las elecciones generales de este domingo han deparado un rotundo triunfo del PSOE y una única opción para la presidencia del Gobierno de España: Pedro Sánchez. Los socialistas casi doblan a la segunda fuerza, un Partido Popular que se ha hundido con estrépito perdiendo la mitad de los apoyos que cosechó en 2016. Las urnas han dado una mayoría de izquierdas frente al tridente de las tres derechas, un amplio apoyo en favor de la moderación, el progreso y la convivencia frente a la radicalización, el retroceso y el frentismo.

El PSOE vuelve a ganar unas elecciones de ámbito general once años después y lo hace con notable diferencia sobre el resto, hasta el punto de que el mapa de España ha virado en menos de tres años del azul al rojo, con 123 escaños en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado, una cámara esta última en la que dominaba el PP desde el siglo pasado. Se ha producido una fuerte movilización de la izquierda para evitar que ocurriera el pacto de la vergüenza de las derechas y la ultraderecha, las consecuencia del 2 de diciembre han sido un agente movilizador del voto progresista.

El pueblo español ha parado en seco a la derecha altanera y faltona. El PP sufre un serio varapalo y presenta los peores resultados desde su refundación en 1990 (16,7% y 66 escaños). Mantiene por décimas la segunda posición, con Ciudadanos pisándoles los talones a punto de darle el sorpasso, y la cabeza de Pablo Casado en el aire. Los naranjas mejoran su grupo en las Cortes pero quedan muy lejos del discurso triunfalista de su líder, Albert Rivera, que ha fracasado en su estrategia de aislar al PSOE con su monotema territorial y ya se postula fatuamente como el nuevo líder de la oposición.

La extrema derecha entra por primera vez en las Cortes desde que se instauró la democracia, con 24 escaños y más del 10% de los votos. Una presencia que asusta pero que está muy por debajo de las expectativas. Las exhibiciones de fuerza en sus mítines y sus campañas fake habían producido un espejismo electoral, un temor que finalmente no ha sido para tanto por la madurez de nuestro electorado. Hasta ahora, los ultras estaban camuflados en el PP y ahora tienen espacio propio. España ya ofrece una foto parlamentaria muy a la europea.

Dos apuntes más. Unidas Podemos se deja casi la mitad de los escaños, pasa a ser cuarta fuerza en España, pierde su grupo en el Senado y el liderazgo de Pablo Iglesias queda tocado. Aunque sin su presencia en la recta final de la campaña, muy especialmente por su gestión de los debates, el resultado final habría sido peor. El nacionalismo periférico ha salido reforzado por la radicalidad de las derechas: por primera vez el independentismo catalán gana unas generales en esta comunidad y PNV y Bildu refuerzan sus posiciones. El PP se queda sin representación en Euskadi y sólo tiene un escaño en Cataluña. A la derecha el tiro le ha salido por la culata.

Y Andalucía ha sido la comunidad que más ha aportado a la victoria socialista y de Pedro Sánchez. Más de un millón y medio de sufragios, 24 diputados y 24 senadores, triunfo en las ocho provincias y primera fuerza en 734 de los 786 municipios de esta comunidad. Cumpliendo con creces los objetivos comprometidos públicamente por Susana Díaz, que se ha volcado en esta campaña.

Unos resultados que además tienen una lectura en clave autonómica: Andalucía ha planteado en las urnas una moción de censura al actual gobierno regional tripartito de las derechas y la extrema derecha. El mensaje de la gente de esta tierra ha sido nítido contra este pacto de perdedores y de la vergüenza. El PSOE dobla en votos y en escaños al segundo y tercero: 24 representantes socialistas frente a 11 de Ciudadanos y 11 del PP.

Sin duda, el gran derrotado de estos comicios es el actual presidente, Juan Manuel Moreno Bonilla. Acumula en cuatro meses los dos peores resultados del PP. Hasta tal punto que ha sido superado por Ciudadanos en Andalucía y es ya la tercera política. Con estos datos, el Ejecutivo andaluz no presenta el sentir de la mayoría y da muestras de debilidad e inestabilidad, sobre todo porque para aprobar cualquier medida depende de Vox. En menos de 100 días el electorado le ha dado un sonoro suspenso.

 

La gente no se chupa el dedo

Ciudadanos ha cruzado el rubicón de la incoherencia política por unos cuantos sillones. Para esta formación política los principios son de quita y pon. Basta ver los muchos vaivenes en su ideario en su escaso tiempo de existencia. En su ansia de alcanzar el poder se ha aferrado al clavo ardiendo de la extrema derecha, justo una línea roja infranqueable para todos sus socios liberales en Europa. En Andalucía se ha consumado una alianza a tres bandas, Partido Popular, Ciudadanos y los ultras de Vox, que ha permitido a los naranjas hacerse con la presidencia del Parlamento y a los nostálgicos de otras épocas de tinieblas tener un representante en la Mesa de la Cámara.

No hace falta tener un máster regalado como el de Pablo Casado para ver la vergonzosa coyunda. Sin embargo, el mandado de Albert Rivera en esta comunidad, Juan Marín, niega que exista tal pacto. Y además se revuelve contra la pregunta del periodismo con tono airado. Los que iban de moderados han sacado a relucir modos autoritarios a las primeras de cambio, mimetizándose súbitamente los usos y costumbres de sus aliados de Vox. Señor Marín, los 59 votos que han permitido a su partido obtener el sillón principal del Parlamento es la suma de los 26 representantes del PP, 21 de Cs y 12 de Vox. Si Vox no hubiera apoyado, el puesto habría ido a la izquierda. La entrada de la extrema derecha en el órgano que dirige el Parlamento es fruto del reparto de su votos entre PP y Vox para dejar fuera a Adelante Andalucía (la confluencia de Podemos e IU). Los números hablan por sí mismos.

Esa ofuscación en intentar ocultar la realidad, el pacto de la vergüenza, dice muy poco de su altura política o lo que es peor: nos toma por tontos a los hombres y mujeres de Andalucía. Entre decencia y poder, Ciudadanos ha optado por lo segundo. Es bochornoso pero es una decisión con la que tienen que apechugar o sacar pecho como hace el PP. Fuera complejos. No pretenderá Ciudadanos que los demás nos traguemos sus trolas. Es tan burda y ostentosa su maniobra que ha llegado hasta la prensa internacional. Señor Marín, no nos chupamos el dedo. Ni aquí ni en el resto del planeta.

Foto.ABC de Sevilla. Marín y Marta Bosquet, presidenta del Parlamento.

Tragaderas

En este tiempo de posverdad y fake news, Partido Popular y Ciudadanos pretenden amoldar la realidad de los resultados de las elecciones de Andalucía a su conveniencia. Lo hacen sin complejos y con mucho desahogo. Y ni ellos han sido los ganadores de los comicios ni su suma (47 escaños, 26 más 21) supera a la izquierda (PSOE, 33 y Adelante Andalucía, 17). Para lo que quieran hacer necesitan del apoyo directo y activo de los ultras de Vox, desde la constitución de la Mesa del Parlamento a una eventual investidura. Peperos y naranjas intentaban hacerlo de tapadillo, por la puerta de atrás, como si de una simple abstención se tratara y que nadie se diera cuenta de sus peligrosos compañeros de viaje. Pero la aritmética es tozuda: si quieren peces se tendrán que mojar el culo, como reza la castiza expresión española. Y así se lo ha recordado en las últimas horas la formación de extrema derecha planteando entrar en la negociación para formar nuevo gobierno. ¿Qué precio tendrán que pagar para obtener el plácet de Vox? ¿Cuánta involución llevará incorporada el pago del peaje a las huestes de Abascal? ¿Cuántas conquistas sociales destrozará el ansia de revancha de este tridente conservador?  El PP no tiene ningún problema en abrazarse a la extrema derecha. De hecho ya la ha blanqueado y comparte públicamente muchos de sus argumentos y falacias. Casado dixit. Ya sabemos que los de la gaviota tienen amplias tragaderas. ¿Y Ciudadanos? (Sería mejor hablar de Rivera y sus ambiciones nacionales). ¿Un partido que se presenta de centro y liberal está dispuesto a compartir cama política con la ultraderecha? Desde luego sus compañeros de bando ideológico, léase Macron o Valls, no lo aceptarían. Y seguramente una parte importante de su electorado, tampoco. A ver cuánto están dispuestos a abrir sus fauces para tragarse ese enorme sapo. Desalojar a los socialistas no lo justifica todo.

Por puro capricho

A nadie se le escapaba que gobernar con sólo 84 de diputados era una tarea compleja y exigía exprimir al máximo la capacidad de acuerdo y diálogo. Tampoco existía mucha confianza en que el resto de fuerzas parlamentarias actuaran con responsabilidad y anteponiendo el interés general al regate corto y al beneficio propio en este contexto político. En la España cainita en la que estamos habituados a sobrevivir, la oposición acaba de tirar por la borda 6.000 millones de euros para darse el gustazo de infligir una derrota al Ejecutivo del PSOE. El gabinete socialista había conseguido que Bruselas destensara la cuerda y diera un respiro en los objetivos de déficit. La negociación con la UE había permitido contar con 1.000 millones más para el Estado, 2.500 para la Seguridad Social y otros 2.500 para las comunidades autónomas (350 de ellos para Andalucía). Más liquidez para los servicios públicos y para dar respuesta a los problemas de la gente que el Congreso ha tumbado por el capricho de los grupos de oposición.

De un PP descompuesto y tirado al monte y de un Ciudadanos grogui tras la moción de censura no se podía esperar nada. La derecha, cuando pierde el poder por vías democráticas, siempre se revuelve con rabia. Pero de la izquierda de salón se tenía una mínima esperanza de que supieran leer el momento político una vez enterradas las ansias de su sorpasso fracasado. Pero no. Unidos Podemos se ha abstenido con el argumento pueril de que 6.000 millones son pocos, que tenían que ser mucho más dinero. Es como renunciar a una botella de agua en el desierto porque uno busca es un oasis, como si lo primero obligara a renunciar a lo segundo. A la postre la derecha revanchista y la izquierda de boutique, junto a los independentistas, deciden renunciar a 6.000 millones. ¡Qué irresponsabilidad más grande de estos extraños compañeros de viaje!

Foto.El País. La ministra de Hacienda,la socialista María Jesús Montero, con su antecesor del PP, Cristóbal Montoro, en la sesión de ayer.