Al abordaje

En todas las cadenas de radio y televisión se produce cambios en elenco de colaboradores y tertulianos al comienzo de cada temporada. En esta línea, Canal Sur ha arrancado el nuevo curso con nuevas incorporaciones y un buen número de salidas de las mesas para el comentario de la actualidad. Hasta aquí todo normal e incluso lógico. Se empieza una nueva etapa, con cambios en la cúpula de la empresa pública, y hay que dar otro aire y otra impronta a los equipos de opinadores. Canal Sur se había caracterizado hasta la fecha por un medido equilibrio de voces de toda orientación política para garantizar el necesario pluralismo en una cadena pública.

Esta dinámica, que daba cumplida respuesta a las exigencias del marco normativo andaluz y que enriquecía el debate con distintos puntos de vista, ha saltado por los aires. Los nuevos rectores de Canal Sur (antes la nuestra, la de todos, ahora la de ellos, las derechas) han configurado una nómina de tertulianos con abrumadora presencia de hombres y mujeres de perfil conservador. Han incluido también nuevas caras más progresistas y mantenido algunos de los colaboradores de antes para dar una supuesta pátina de apertura y pluralismo.

A la hora de configurar los participantes en las tertulias de actualidad se observa ya la conformación de bloques monolíticos que les dan garantías al Gobierno de PP y Cs, junto a sus socios de la extrema derecha, en las franjas de más audiencia y se remiten los perfiles más librepensadores a los programas con menos seguimiento por parte de los andaluces. Todo esto ocurre por generación espontánea y sin ninguna indicación política desde el Gobierno de las derechas… Decisión profesional. (Es ironía).

En definitiva, los que cortan ahora el bacalao en Canal Sur han entrado a las bravas tirando por la borda las exigencias de objetividad, neutralidad e independencia para un medio público. Esto recién llegados al puente de mando… lo que nos quedará por ver y sufrir cuando hayan tomado el dominio de la nave.

PD.- En término periodísticos, tiene todo el sentido que Canal Sur Radio arranque su temporada con una entrevista al presidente de la Junta. Nada que objetar. Lo que ya parece un exceso es que al día siguiente se le de otra media hora en los micrófonos al vicepresidente. Gobierno sólo debería haber uno y al hablar Moreno Bonilla lo hace por boca todo el Ejecutivo. La presencia de Juan Marín un día después sólo demuestra que los de Ciudadanos exigen su cuota de antena y que en San Telmo conviven dos facciones políticas. Y que el pluralismo ha salido por la ventana con la llegada de las derechas.

Foto.– Junta de Andalucía.

¡No tienen enmienda!

Cada decisión que toman el PP o sus vicarios en la esfera de los medios públicos de comunicación nos pone los pelos de punta. La dirección de RTVE ha procedido a remover el desacreditado organigrama de informativos y ha cambiado una pieza del engranaje de manipulación por otra equivalente. Se han traído para engrosar la maquinaria de desinformación a un elemento que se ha jactado de manipular en los medios públicos. Juan Dios Martinez, hasta ahora delegado del ente en Murcia, tiene el triste honor de que todos sepamos a través de unas grabaciones cómo se las gasta usando un medio que es de todos en beneficio de las siglas de la gaviota. Pese a todo, lo premian con un ascenso en Madrid. La derecha no tiene enmienda. Esperemos que esta presencia sea efímera y que se cumplan los plazos para reformar la ley de RTVE y volver a la independencia y el pluralismo que regía en la etapa del Gobierno socialista de Zapatero. La iniciativa del PSOE, que salió adelante por unanimidad en el Congreso de los Diputados, planteaba un plazo de tres meses para recuperar la decencia en RTVE y, entre otras cosas, que su director general sea elegido por una mayoría parlamentaria cualificada y no por el dedo de Rajoy. Esperemos que no se demore este cambio necesario y que el PP no ponga más palos en la rueda.

El PP se queda sin ‘cortijo’

Comienza la demolición del gran edificio de la manipulación que ha sido la RTVE desde que Mariano Rajoy llegó a la Moncloa en diciembre de 2011. Ha salido en el Congreso de los Diputados una iniciativa del PSOE para restituir la elección del director general del ente público por una mayoría cualificada parlamentaria y el modelo informativo de neutralidad e independencia profesional que posibilitó las reformas legislativas impulsadas por el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Un nuevo gesto del PSOE para recuperar una radiotelevisión pública de todos y para todos y acabar con el cortijo del PP que se había convertido en los últimos seis años. Ante su minoría en la Cámara, el grupo popular no le ha quedado otra que sumarse al cambio que reclamaba la unanimidad de la Cámara, suficiente tajada ha sacado en este sexenio negro para este medio público. RTVE se había convertido en un instrumento al servicio de los intereses de Rajoy y su troupe sin el más mínimo respeto al pluralismo, la ética y la verdad, con la consecuente pérdida de audiencia y credibilidad. Ahora toca recuperar la imagen de una cadena que ha perdido a borbotones el prestigio que había conquistado gracias al trabajo de sus profesionales, periodistas que con la llegada del PP fueron desplazados, marginados, amordazados para contratar a otros más afectos a la causa de la gaviota. Rajoy y el PP han hundido la reputación del medio público y además de dejarla en una más que delicada situación económica. Como suelen hacer siempre: usan el medio público para su beneficio y lo dejan caer cuando ya no les vale o lo han arruinado. Como Canal Nou. Pese a todo, que esta realidad no nos quite la ilusión de recuperar nuestra Radio Televisión Española.

Obsesión con Canal Sur

Estas palabras pertenecen a Francisca ‘Kika’ Caracuel, portavoz del Partido Popular en la Diputación de Málaga. Aquí lo importante no es quién lo dice sino qué dice y a qué partido pertenece.  Caracuel ha puesto rostro y voz al deseo más íntimo del PP: echar el candado a la Radio Televisión de Andalucía (RTVA). Menos mal que no está en su mano, de lo contrario habrían hecho lo mismo que con Canal Nou o despedir a casi un millar de personas como en Telemadrid. Los populares siempre hacen lo mismo: o manipulan y abusan para sus propios intereses de los medios públicos o los desmantelan cuando los han debajo en la quiebra (ojo con la calamitosa situación financiera de RTVE) y sin ninguna credibilidad ante la ciudadanía.

La obsesión del PP con Canal Sur viene de lejos, prácticamente desde el nacimiento de la cadena pública a finales de la década de los ochenta. Desde entonces andan enfrascados en una campaña permanente de desgaste. Como no pueden con ella, intentan dañar la imagen de un instrumento público que vertebra social y territorialmente a esta tierra respetando los principios de veracidad, neutralidad y pluralismo y manteniendo una audiencia respetable. El acoso no se dirige sólo contra la empresa sino también contra los trabajadores. El hostigamiento a los periodistas no cesa. Presiones que buscan condicionar la libertad de información de unos profesionales que llevan demasiado tiempo soportando actitudes para nada respetuosas.

El jefe de filas del PP, Juan Manuel Moreno Bonilla, tiene la oportunidad de desautorizar a su compañera o callar y otorgar. Me inclino por la segunda opción, ojalá me equivoque, no caerá esa breva. En la derecha han construido falazmente la leyenda urbana de que la RTVA es su enemiga. Y con esa rigidez mental que les caracteriza, todo vale con tal de atizar a la cadena pública.

¿Aló vicepresidente?

Este vídeo se volvió ayer a viralizar en las redes sociales. Nos presenta a Pablo Iglesias al más puro estilo bolivariano, imitando a su maestro Hugo Chávez. El líder de Podemos se muestra partidario de usar descaradamente los medios públicos que pagamos todos a favor de una causa política particular. Defiende sin ambages su utilización como instrumento de propaganda al servicio de unas siglas. Él que se postula como vicepresidente no se corta un pelo:conceptos como neutralidad, independencia o pluralismo no figuran en su mapa político. No parece tener mucho respeto por el derecho de los ciudadanos a recibir una información veraz. Mucho criticar a los medios de comunicación y él va mucho más allá en su deseo de manipulación. ¿Pondría en práctica su modelo en RTVE si llegara a sentarse en el Consejo de Ministros? Ríete de Goebbels. No creo que con la comunicación se arreglen los problemas de los ciudadanos. ¡Qué viraje han dado los mal llamados emergentes de Podemos desde el 20-D! Andan más preocupados de cosas mundanas como los sillones, las subvenciones públicas a los partidos (cuatro grupos en el Congreso) o el control de los medios. A tenor de cómo se expresa en esta grabación, el jefe de la formación morada no le da mucha importancia a sectores como el turismo en términos de generación de riqueza y empleo. Eso sería más pensar en las personas y sus inquietudes que en sí mismo.

¿A qué teme el PP?

Al Partido Popular le produce sarpullido la independencia de los medios de comunicación públicos. La derecha hace siempre y en todo lugar un uso abusivo de estos medios, los manosea para su beneficio, se los apropia como un instrumento más de su propaganda aunque se sostienen con los impuestos de todos, pisotea su deber de pluralidad y vulnera salvajemente el derecho constitucional de los ciudadanos a recibir una información veraz. Así que no es de extrañar que haya sido el único, junto con la minoritaria Unió, que no se ha adherido al manifiesto para defender la independencia, pluralidad y sostenibilidad de los servicios informativos de RTVE. Este documento, impulsado por el consejo de informativos de la cadena pública, plantea reivindicaciones tan sensatas y básicas como garantizar la misión de servicio público con una “información objetiva, veraz y plural, que se deberá ajustar plenamente al criterio de independencia profesional y al pluralismo político, social e ideológico presente en nuestra sociedad, así como a la norma de distinguir y separar, de forma perceptible, la información de la opinión“.

Este PP, que tantos golpes de pecho se da en defensa de nuestra carta magna, mancilla su artículo 20, lo ignora y lo infringe de manera sistemática. El PP prefiere la manipulación, la censura y una televisión y radio públicas como una extensión de estrategia de comunicación de Moncloa y la calle Génova. Las malas prácticas desplegadas durante los últimos cuatro años han supuesto la censura por parte de organizaciones internacionales con el Instituto Internacional de Prensa (IPI) o el Consejo de Europa. ¿Por qué teme el PP la independencia y el pluralismo de RTVE? ¿Mariano Rajoy quiere ser el enterrador de RTVE, como lo fue el PP de Canal 9 en la Comunidad Valenciana? La cadena pública se convirtió en una referencia durante el mandato socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, un ejemplo de libertad y de buen hacer. Hoy, como consecuencia de las zarpas del partido en el Gobierno, ha perdido credibilidad y audiencia a raudales. Los trabajadores de la cadena lanza un SOS y seguro que tras las elecciones del 20 de diciembre, donde el PP pagará entre otras cosas su falta de respeto a la democracia, se podrá salir al rescate de una RTVE de todos y para todos.

Protesta ante Bruselas

La manipulación en Radio Televisión Española ha llegado hasta Bruselas. Los trabajadores, a través de sus representantes en el Consejo de Informativos, han trasladado a la Comisión de Libertades del Parlamento europeo y a los grupos políticos (todos salvo al Partido Popular) las tropelías que hace el Gobierno de Rajoy de un medio público que pagamos todos con nuestros impuestos. Menudo bochorno que el nombre de España quede en mal lugar ante las instituciones europeas por la obsesión de usar los medios públicos para su beneficio particular. Rajoy se encontró una TVE con prestigio, audiencia y blindada con una legislación que garantizaba su independencia y pluralismo. Nada más llegar cambió la ley y empezó a meter cuña. Y con las miserias del PP entrando por la puerta, la reputación de la cadena, ganada gracias al trabajo de sus profesionales, y los telespectadores salieron en estampida por la ventana. Moncloa ha puesto a este medio público al servicio de sus estrategias electorales del partido de la gaviota y de espaldas a los intereses de los españoles. La propaganda a favor del PP es sistemática e insoportable. Tanto que ha traspasado nuestras fronteras para arribar hasta una instancia internacional. La dirección de la cadena prohibió que los telediarios dieran cuenta de la noticia de sus compañeros denunciando la manipulación en la capital comunitaria. Marca de la casa. Ellos a lo suyo, como el que oye llover.

Foto.infolibre.es. Los trabajadores de TVE, con el socialista José Blanco en el Parlamento europeo.

Sí se puede

El Correo de Andalucía atraviesa otro momento delicado. No es el primero. Y siempre ha sabido remontar cual ave fénix. El decano de la prensa sevillana se ha ganado un sitio en la conformación de la opinión pública (y también en nuestros corazones) superando circunstancias difíciles y escribiendo páginas inolvidables de nuestra historia más contemporánea. Casi 115 años de vida dan para mucho. Es un diario que conoce tres siglos y que ha sabido estar a la altura de la sociedad a la que representa. Quizá por esa conexión con su público ha podido sobreponerse a avatares y sinsabores.

Mi relación con El Correo es especial. Primero como lector desde los años de adolescencia, después, ya siendo periodista, como miembro de una redacción que obraba el milagro de sacar a diario un producto solvente con menos recursos que la competencia. Nadie, desde luego, nos superaba en ilusión y en ganas. Ésa era y es la fuerza de una cabecera con mucho camino recorrido, que había sabido zafarse de los grilletes censores en los últimos años de dictadura franquista o que había participado activamente en la consecución de la autonomía plena, por la vía del artículo 151, para Andalucía.

Este periódico se ha erigido a lo largo de décadas en una cantera de buenos profesionales, en una escuela de formación de excelentes periodistas, de gente intrépida y comprometida que ha sabido desmenuzar e interpretar los acontecimientos. El Correo de Andalucía ha sido una plataforma de despegue para otros muchos destinos periodísticos. Muchas redacciones se componen de firmas que iniciaron su carrera en esta longeva y fecunda cabecera. La tradición permanece viva: el plantel ofrece un amplio elenco de periodistas con capacidad y conocimiento profundo del oficio. Me lleve tres años en esta acogedora casa que me enseñaron a curtirme y amar el periodismo, una vocación en la que conjuga unas gotas del romanticismo, muchas menos de las que nos enseñan en las facultades y recogen los manuales, y muchas toneladas de labor estajanovista y de poco lucimiento.

De esto sabe mucho la joven en edad pero experta plantilla, hombres y mujeres que no se resignan al destino que la realidad económica pretende imponer. Casi seis decenas de profesionales, en su mayoría periodistas, están en lucha para mantener a El Correo en el lugar que se merece en el mercado. El periódico está sufriendo la crisis que azota el sector con virulencia. Varios miles de periodistas han perdido durante los últimos años sus puestos de trabajo por la caída en picado de la inversión publicitaria, principal fuente de ingresos de los medios. A las turbulencias generales se ha sumado la propia crisis de la prensa por las nuevas propuestas tecnológicas. Esta doble contingencia está zamarreando los cimientos de este y otros muchos rotativos. El reto no es fácil pero, sin duda, es posible. El Correo tiene un hueco en el universo mediático. Constituye una referencia imprescindible para sus lectores, en particular, y para la sociedad sevillana y andaluza, en general.

La supervivencia de El Correo no es sólo una buena noticia para sus trabajadores, también representa una necesidad para Sevilla y Andalucía. Llevamos dos días viendo en los quioscos el vacío que genera la no publicación de esta cabecera histórica. La razón está más que justificada: una huelga que pretende ser un punto de inflexión para tomar un nuevo impulso. Pero duele este silencio, no se entiende la ausencia de esta voz que nos viene acompañando desde hace tanto tiempo y que ha conformado el imaginario colectivo para muchas generaciones. Una sociedad es más democrática en función del pluralismo y la variedad de sus medios de comunicación. Este periódico tiene un hueco y sus trabajadores se merecen continuar en la brecha porque tienen una función social que quieren y pueden cumplir.

No me imagino un mañana sin El Correo de Andalucía. Tampoco sus profesionales. Están dando un ejemplo de cómo defender un proyecto empresarial en un contexto extraordinariamente duro. ¿Cuándo se han bajado los brazos en esta casa? Nunca. De ésta saldrán y los lectores seguiremos disfrutando de un periódico cercano, abierto y plural. Entre todos tenemos que sumar fuerzas para hacer realidad este grito de supervivencia. ¡Sí se puede!

Nota.– Texto publicado hoy en la edición especial de El Correo de Andalucía.