Operación Caspa

A Juan Ignacio Zoido sólo se le conocen dos medidas de gobierno desde que llegó a la Alcaldía de Sevilla hace casi un año. Y las dos tienen miga. Nada más aterrizar abolió el plan de restricción de vehículos al centro de la ciudad para desgracia de los que defendemos una movilidad sostenible y para martirio de los que vivimos en el casco histórico. La segunda iniciativa, si es que merece semejante consideración, ha sido convocar una especie de Operación Triunfo, con el rimbombante denominación de Operación Talento. Se inventa una frivolidad sostenida con dinero público para distraer la atención sobre su inacción después de tanta promesa incumplida en el tramo inicial de su mandato.  El regidor hispalense monta un entretenimiento banal y carente de interés en cualquier momento, y mucho más en estos momentos de crisis y paro. De un gobernante serio se puede esperar una Operación Talento para iniciativas emprendedoras, para creación de empleo, para mejora de la ciudad, para recabar propuestas ciudadanas… Pero cuesta digerir la convocatoria de un remedo cutre y casposo del concurso televisivo. No es tiempo de estridencias paternalistas. No se entiende bien que una institución se dedique a actividades que recuerdan a modos y usos de otra época. Sevilla avanza hacia atrás como el cangrejo. Y no va con segundas. ¿O sí?

Seis meses y un día sin el Plan Centro

Se cumplen seis meses y un día de la derogación del Plan Centro en Sevilla. Suena a condena… A condena para los vecinos del casco histórico de la capital andaluza por obra y gracia del alcalde. Juan Ignacio Zoido nos ha empeorado la vida a mucha gente: más atascos, más dificultad de tránsito para el servicio público, más ruido, más contaminación atmosférica, más riesgo para el patrimonio cultural y un progresivo afeamiento de un entorno histórico-artístico copado por los coches. El tráfico rodado ha desplazado a las personas. Ya no somos el centro de las políticas, sino sufridores de un concepto de movilidad que nos arrincona y da prioridad a los automóviles.

Este fin de semana, coincidiendo con el medio año de tan desacertada decisión, el centro ha sido una jungla. Vehículos entrando a mansalva, aparcados en cualquier sitio y sinfonía ensordecedora de claxon y motor a cuatro tiempos. La Torre del Oro y los bajos de Marqués de Contadero constituyen un ejemplo del despropósito y de la involución a la que nos está condenando el actual gobierno municipal. Una zona de indudable atractivo turístico se convierte en un aparcamiento tumultuoso que da a la ciudad una patina tercermundista, característica de tiempos que ya parecían olvidados.

Cambiar un modelo que funcionaba por el caos es responsabilidad de un alcalde que ha hecho valer su mayoría absoluta y por una malentendida promesa que ha devenido en respuesta soberbia y en la patraña de la manipulación de unos informes para adobar una decisión incomprensible. Y lo peor no ha sido la derogación, sino la incapacidad de los actuales mandatarios de la derecha para articular una alternativa desde el primer minuto. Pero es que han pasado seis meses y un día y en el Ayuntamiento siguen sin alumbrar un modelo que ordene un desbarajuste que jamás se debería haber ocasionado. Esperando a Zoido, ¿hasta cuándo?

Foto.La mirada revoltosa. Tomada el 29 de enero.

Zoido, mentiras e informes manipulados

La mentira tiene las patas muy cortas, me decía mi madre. Y tan cortas. A las primeras de cambio se ha descubierto el burdo engaño urdido por el alcalde de Sevilla para derogar el Plan Centro. Todo un gran montaje de documentos falseados y manifestaciones tramposas para dar un cierto ropaje argumental a una decisión irracional y sin fundamento. Toda la catarata de insidias y medias verdades orquestadas por el equipo de Juan Ignacio Zoido se han venido al suelo como un castillo de naipes. Nunca quiso la aplicación de un sistema de ordenación del tráfico en el casco histórico de la capital, incorporó su negativa a su programa para contentar a unos cuantos amiguetes y suprimió el plan, como había anunciado, pero no con todas las de la ley sino con mentiras e informes manipulados para justificar tan arbitraria decisión. Un acto de pura soberbia enmascarado para demoler un plan que funcionaba, que contaba con un amplio respaldo de los vecinos y que respetaba el medio ambiente y el patrimonio monumental de Sevilla y favorecía el uso y la movilidad del transporte público. Los funcionarios validan el dispositivo y el propio Ayuntamiento pide disculpas a la sociedad adjudicataria por el escarnio público y los daños ocasionados por las críticas falaces de la jauría pepera.

¿Se le habrán subido al alcalde los colores de sonrojo con lo que trasciende de la comisión de investigación? ¿Asumirá alguien en el Ayuntamiento algún tipo de responsabilidad política? ¿Pedirá el muy pío regidor hispalense disculpas al equipo de gobierno anterior por todo lo peyorativo e hiriente que ha salido de su boca y de las de sus compañeros? ¿Pagará Zoido y su troupe de su bolsillo la indemnización a la empresa si decide ésta reclamar ante los tribunales daños y perjuicios ante tanta negligencia? Muchas preguntas están en el aire y posiblemente ninguna respuesta. Darán pronto carpetazo a la comisión de investigación con unas conclusiones minimalistas y a otra cosa mariposa… Esto es, a seguir destrozando el centro con medidas de movilidad del siglo pasado: zona azul, autobuses en La Campana, coches por doquier… Cada día un pasito para atrás para volver a esa ciudad profunda y tradicional, castiza y rancia, ensimismada y ombliguista, inhabitable y colapsada que le gusta a la derecha. Requiescat in pace, Sevilla.

Tráfico caótico

En movilidad Sevilla ha vuelto al siglo XX. Casi tres meses después de la derogación del Plan Centro, el casco histórico es un caos de tráfico. La restricción a los vehículos privados había mejorado la calidad de vida de los vecinos del distrito, la velocidad comercial del transporte pública o la conservación del patrimonio histórico artístico, no se había resentido el comercio y se había reducido mucha contaminación atmosférica y acústica. Con algunos problemas en su aplicación, el Plan Centro estaba resultando más que satisfactorio para el conjunto. Ahora el centro es un despropósito: accesos colapsados, coches en las aceras, en cualquier esquina o en doble fila, un trasiego de tráfico rodado que ralentiza el servicio público y que dificulta el tránsito o incomoda a los propios vecinos.

El milagrero alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido, no pudo soportar que sus profecías apocalípticas no se cumplieran y se cargó lo que funcionaba por un mal entendido concepto del poder… Y lo que es peor, lo hizo sin tener una alternativa. Su respuesta ante la marabunta automovilística se reduce a recaudar a lo bestia. Primero, con la Policía Local friendo a multas a diestro y siniestro y, en el horizonte cercano, la reimplantación de la zona azul para seguir metiendo la mano en la cartera del contribuyente. Recetas del pasado para una Sevilla que había apostado claramente por el futuro. Los pasos atrás son evidentes tanto para los vecinos del centro como los de otras zonas de la ciudad.

Sólo ha ganado la arrogancia de una persona como Zoido que no podía admitir que una buena iniciativa del gobierno anterior siguiera vigente. Hoy, todos sufrimos el capricho de una decisión tomada con las vísceras y no buscando el interés general de Sevilla.

Foto.El Correo de Andalucía. Atasco en la calle Martín Villa, a apenas 50 metros de la Campana, kilómetro cero de Sevilla.

Más datos del desastre circulatorio hispalense en lamiradarevoltosa.blogspot.com.

Elegía por el Plan Centro

Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla, ha cumplido de la peor manera posible una de sus promesas electorales estrellas. Ha derogado el plan de restricción de tráfico al casco antiguo de la capital andaluza desde la soberbia de un decretazo, con el autoritarismo de quien esta habituado a ejercer desde el ordeno y mando, con la insolvencia de un gobernante que no es capaz de articular un cambio de normativa desde el diálogo y poniendo una alternativa sobre la mesa. El centro de Sevilla se rige desde ya por la ley de la selva. No ha tenido Zoido la grandeza ni la paciencia de articular una opción que proteja el patrimonio y que diera respuesta al interés de la inmensa mayoría de los vecinos del distrito. El alcalde ha actuado como ni no estuviera en el gobierno, como en su época de oposición, planteando críticas o denuncias, pero sin ofrecer sus propuestas. El centro de Sevilla será una jungla de vehículos privados, cualquiera podrá estacionar junto a la Giralda o llegar a las puertas del El Corte Inglés. Durante unos meses hemos disfrutado de las ventajas y de los avances de otras ciudades que protegen su casco histórico y su patrimonio. Ahora desde la alcaldía se impone con aire marcial la involución, el retroceso, un centro menos habitable, menos sostenible, más contaminado y más caótico. En apenas un mes de mandato, Zoido ya ha tenido su primera manifestación en las puertas del Ayuntamiento. Su gran mayoría obtenida en las urnas no lo exonera de pisotear el sentido común.