Otra vez a 120 km/h

Cuatro meses después se podrá circular a 120 km/h. El Gobierno de España esgrime razones para desandar lo andado y recuperar el tradicional límite de velocidad en nuestro país. El barril de petróleo está un puñado de dólares más barato y la previsión es que el precio siga bajando. Por este motivo, no se considera necesario prorrogar una medida que nació con la vitola de transitoria y que ha supuesto un ahorro de 450 millones de euros. En estos momentos de dificultad económica y de falta de recursos en las arcas públicas y privadas, este esfuerzo de contención del gasto está más que justificado. Si tan buen resultado ha dado la moderación de la velocidad en la carretera, ¿por qué no se prorroga en el tiempo hasta que la situación económica repunte con solidez? Un ejercicio de austeridad de 10 km/h reporta un ahorro sustantivo. ¿No es un argumento de suficiente peso para anteponer la solidaridad colectiva a las prisas viajeras? Por si no fuera suficiente, la medida, que no tenía afán recaudatorio porque se ha reducido el número de multas en este periodo, ha favorecido a rebajar aún más la siniestralidad en las carreteras españolas. En estos cuatro meses mal contados, el número de víctimas se ha reducido y hasta en siete días no se registrado ningún muerto. No hace falta que diga que habría mantenido el límite de 110 km/h. Lo defendí cuando se planteó y ahora lo hago con más motivos si cabe.

Mis posts anteriores sobre la cuestión:

A 110 km/h

Ahorro energético

Circulando

Ahorro energético

La convulsa situación de los países árabes, especialmente Libia, uno de los principales exportadores de petróleo y gas, ha propiciado un crecimiento desorbitado del barril de crudo. Los especuladores, como siempre, quieren hacer su agosto a costa de la inmensa mayoría y la OPEP, organización de países productores de este oro negro, contemporiza para sacar tajada y mantiene prácticamente el mismo número de barriles en el mercado. Así las cosas, a las naciones dependientes de esta materia prima imprescindible, como es el caso de España, nos toca sufrir y ajustarnos el cinturón ante tiempos de incertidumbre. La crisis del petróleo de los setenta del siglo pasado revolotea en nuestras memorias y este nuevo contratiempo internacional, unido al encarecimiento del precio del dinero anunciado por el Banco Central Europeo, puede abortar el incipiente escenario de recuperación económica mundial.

El Gobierno de España, con anticipación como reconocen hasta medios nada sospechosos como La Razón, ha puesto sobre la mesa un paquete de medidas de ahorro energético tasado en 2.300 millones de euros. Un conjunto de acciones dirigidas no sólo a contener el gasto sino a crear hábitos de austeridad en materia de energía y a concienciar a la ciudadanía que estas fuentes son caras. Se toman decisiones cuando se tienen que adoptar. Se dispara el precio del petróleo, el litro de gasolina alcanza en España un récord histórico, con esos elementos el Ejecutivo podía haberse cruzado de brazos y taparse los ojos, como haría el Partido Popular, o reaccionar con iniciativa para amortiguar los efectos de la carestía del crudo, como ha hecho. El aumento de 10 euros del barril de petróleo supone 6.000 millones anuales en la factura energética de nuestro país. No tardaremos en escuchar a los apocalípticos voceros del PP en culpar a José Luis Rodríguez Zapatero del alza de precio de esta materia prima básica. Son así de simplones.

El paquete aprobado por el Gobierno constituye un plan de choque incardinado a una estrategia global sobre nuestro mix energético. Desde hace años se viene apostando por un cambio de modelo, con más peso de las energías renovables, con menos dependencia del petróleo y con más garantía para el medio ambiente. Se necesita reducir aún más los costes para que estas energías limpias se conviertan en fuentes predecibles y competitivas, pero vamos por el camino correcto.

El principal partido de la oposición se ha quedado en el discurso fácil. Crítica ramplona y falaz y, en cambio, ninguna sola propuesta. Se ha agarrado a la reducción a 110 km/h de la velocidad máxima en autopistas y autovías como supuesta coartada para tapar su ausencia de ideas. No es una ocurrencia obligar a levantar el pie del acelerador para conseguir ahorro. Lo hizo Estados Unidos en la crisis de 1972 rebajando a 90 km/h el límite para consumir menos combustible. Además, en la actualidad, en EEUU, Reino Unido, Noruega o Rusia no se pueden sobrepasar los 110 km/h. De alguien que aspira a gobernar este país, hay que reclamar algo más que retórica barata.

A 110 km/h

A partir del 7 de marzo la velocidad máxima de circulación en las autopistas y autovías será de 110 kilómetros por hora hasta nueva orden. La medida, de carácter transitorio, responde a la convulsa realidad que se registra en el norte de África, especialmente en Libia, país exportador de petróleo y gas a nuestro país. Una situación de incertidumbre que ha aconsejado a tomar medidas ante posibles contingencias futuras y ante el repunte del precio del barril de Brent y la negativa de otros países de la OPEP a incrementar la producción de crudo.

La coyuntura política nos empuja a conducir más lentos, esto es, más seguros, para de camino conseguir más ahorro energético, que nos vendrá muy bien para nuestros bolsillos, en particular, y para las finanzas de España, en general. Escribiendo este párrafo he recordado un anuncio para reducir el consumo a raíz de la crisis del petróleo de los setenta en el que una voz solemne en off nos decía: ‘Aunque usted pueda, España no puede’. El ahorro estimado que comporta esta decisión del Gobierno es de más de 1.500 millones de euros al año.

Al día de hoy, no se vislumbran problemas para nuestro suministro energético, ni de petróleo ni de gas, dos productos en la Libia es uno de nuestro principales proveedores. Sin embargo, la previsión nunca está de más ante un posible agravamiento de la tensión en los países norteafricanos. Ya se perciben indicios concluyentes de esta crisis: se ha producido una escalada en el precio del petróleo, básicamente de los combustibles, de la gasolina, y que eso nos afecta a todos. Por ejemplo, una subida de 10 euros en el barril del petróleo –como se ha dado en los últimos días- supone para nuestro país, para nuestra factura energética, en torno a 6.000 millones de euros (1 billón de las antiguas pesetas), 500 millones mensuales. La reducción de la velocidad máxima en 10 km/h se traducirá 15% menos de consumo de gasolina y un 11% de gasóleo. Como contrapartida, se ha rebajado la tarifa de los billetes y abonos de Renfe para cercanías y media distancia en un 5% para fomentar el uso del transporte público.

También se van a tomar nuevas medidas para mejorar la protección de los conductores en el marco de la estrategia europea 2011-2020, medidas relativas a formación, seguridad, carreteras, movilidad urbana –de ciudades también-, información y indemnización a las víctimas. Nadie puede poner en duda que la política de seguridad vial desplegada por el Gobierno de España está dando buenos resultados durante los últimos años. El descenso de la siniestralidad en carreteras es un dato por sí solo elocuente: en 2003 fallecieron en accidentes de tráfico un total de 4.000 españoles y el año pasado fueron 1.700.

Foto.Diario de Sevilla.