Ménage à trois

Esta viñeta de Miki&Duarte explica a la perfección que existe una evidente alianza a tres bandas para el gobierno de Andalucía de las dos derechas y la extrema derecha. Lo de Ciudadanos queriéndonos hacer ver que el pacto es a dos y que las exigencias de Vox no les conciernen ni les afectan resulta patético y bochornoso, una tomadura de pelo. Se pongan como se pongan están en una cama redonda con la ultraderecha, en un ménage à trois que supone una traición del partido de Albert Rivera a sus votantes y una línea de fractura del partido naranja con sus socios liberales europeos, que defienden un cordón sanitario con el extremismo de derechas. Silbe o mire al tendido, Ciudadanos formará gobierno de coalición con el PP gracias a los doce votos de Vox y tendrán que tragar con los 37 puntos pactados por sus dos compañeros de viaje. Amplias tragaderas. Rivera se ha retratado de la mano del partido más corrupto de España, condenado por la Gürtel, y de la extrema derecha. Como siempre la cabra tira al monte.

Viñeta.- Grupo Joly.

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Lances bufos

La negociación del tridente de derechas en Andalucía se explica con claridad meridiana tirando de jerga taurina. Vox emplaza a Ciudadanos desde los medios de la plaza. Los naranjas se parapetan tras el burladero como si la corrida no fuera con ellos. Y el Partido Popular va de mozo de espadas de una a otra parte para que los otros maestros no le estropeen la tarde. Por mucho que intenten disimular este es un cartel de tres, de los dos de derechas y de la extrema derecha. Por parejas no suman, hace falta el tridente. Por tanto, ni mucho menos es un mano a mano de PP con Vox ni de PP con Cs. Para que suenen los clarines se necesita que los tres estén en el coso pisando el albero. Y si Albert Rivera quiere torear, tendrá que mancharse los zapatos de polvo. El líder de Ciudadanos pretende cortar orejas desde el callejón y eso es imposible. Si quiere trofeo, tendrá que arrostrar el coste de compartir terna y el riesgo de asomarse al balcón y que el morlaco de la incoherencia lo mande a la enfermería. Esta lidia tiene lugar en Madrid, muy lejos de los tendidos andaluces. Los matadores de aquí no llegan a novilleros y están viendo los toros desde la barrera. Porque haciendo valer su sitio en el escalafón, los primeros espadas nacionales (Casado-Rivera-Abascal) son los que están en la brega y le quieren dar un quiebro a Andalucía, puro desplante a una tierra que no les interesa lo más mínimo. El público acabará pitando a los de aquí por escurrir el bulto y parándoles los pies a los de la capital. Mala corrida y pinchazo en hueso de una derecha que se quiere poner el mundo por montera a cualquier precio. Incluso haciéndole un quite a la congruencia política, ¿verdad, Albert?

Foto.Público.

La sartén y el mango

A estas alturas nadie duda de quién en la derecha tiene la sartén por el mango. Partido Popular y Ciudadanos saben que tienen que pagar peaje por el apoyo de Vox y que la extrema derecha es la que marca el son al que tienen que bailar. Al PP no le importa seguir el ritmo de los ultras, incluso se encuentra a gusto en el baile sin máscaras que proponen, y a Ciudadanos parece que todo le vale por el poder aunque sea a costa de sacrificar sus principios y su coherencia. Para Albert Rivera y los suyos unos sillones bien merecen el purgante de pactar con la ultraderecha traicionando sus valores y desairando a sus socios liberales europeos.

Vox le ha puesto una línea roja al eventual gobierno de perdedores de la derecha si quiere contar con sus votos para que eche a andar. Los de Santiago Abascal quieren erradicar lo que ellos llaman despectivamente ideología de género. Pero en realidad lo que plantean estos radicales es desmontar todos los avances en igualdad entre hombres y mujeres e imponer una visión retrógrada, patriarcal y misógina. Su modelo de sociedad concede un papel gregario a las mujeres, muy del tenor de la Sección Femenina y de los tiempos de la dictadura. La extrema derecha propugna derogar la ley de violencia de género y hacer un tótum revolútum sobre la violencia en el ámbito doméstico cargado de moralina y al grito de recuperar la familia tradicional. No tienen el más mínimo respeto por el más de un millar de mujeres asesinadas desde 2003 a manos de sus parejas o sus ex, una cifra muy superior en menos tiempo a otras estadísticas de fenómenos terroristas en España.

En el fondo de la reivindicación de Vox se percibe la aversión a la libertad y su vis netamente autoritaria. La ultraderecha siempre ha limitado o aniquilado las libertades haciendo pasar todo por el tamiz de su moral carpetovetónica. Todo lo que no entre en sus cánones morales será cercenado. Ora la lucha contra el terrorismo machista, ora la libre orientación sexual, ora la libre decisión de la mujer sobre su cuerpo, ora las políticas de integración social… Y por ese aro pasarán ufanos PP y Ciudadanos. Azules y naranjas hacen cómo que se resisten, pero al final acabarán hocicando. Vox los está friendo a fuego lento en la sartén y no se dan cuenta cegados por sus urgencias y sus fobias.

Su claudicación por la ambición de conseguir un gobierno a cualquier precio sólo servirá para alimentar a la bestia. Ya podemos ver hoy en una encuesta de Sigma Dos para El Mundo el auge de Vox jibarizando al PP en unas futuras elecciones generales. Entraría en el Congreso con 43-45 escaños y su 12,9% de votos es equivalente a la pérdida que sufre el PP. Si no hacen una seria reflexión, el partido que hoy dice liderar Casado será engullido por la extrema derecha. Al tiempo.

La gente no se chupa el dedo

Ciudadanos ha cruzado el rubicón de la incoherencia política por unos cuantos sillones. Para esta formación política los principios son de quita y pon. Basta ver los muchos vaivenes en su ideario en su escaso tiempo de existencia. En su ansia de alcanzar el poder se ha aferrado al clavo ardiendo de la extrema derecha, justo una línea roja infranqueable para todos sus socios liberales en Europa. En Andalucía se ha consumado una alianza a tres bandas, Partido Popular, Ciudadanos y los ultras de Vox, que ha permitido a los naranjas hacerse con la presidencia del Parlamento y a los nostálgicos de otras épocas de tinieblas tener un representante en la Mesa de la Cámara.

No hace falta tener un máster regalado como el de Pablo Casado para ver la vergonzosa coyunda. Sin embargo, el mandado de Albert Rivera en esta comunidad, Juan Marín, niega que exista tal pacto. Y además se revuelve contra la pregunta del periodismo con tono airado. Los que iban de moderados han sacado a relucir modos autoritarios a las primeras de cambio, mimetizándose súbitamente los usos y costumbres de sus aliados de Vox. Señor Marín, los 59 votos que han permitido a su partido obtener el sillón principal del Parlamento es la suma de los 26 representantes del PP, 21 de Cs y 12 de Vox. Si Vox no hubiera apoyado, el puesto habría ido a la izquierda. La entrada de la extrema derecha en el órgano que dirige el Parlamento es fruto del reparto de su votos entre PP y Vox para dejar fuera a Adelante Andalucía (la confluencia de Podemos e IU). Los números hablan por sí mismos.

Esa ofuscación en intentar ocultar la realidad, el pacto de la vergüenza, dice muy poco de su altura política o lo que es peor: nos toma por tontos a los hombres y mujeres de Andalucía. Entre decencia y poder, Ciudadanos ha optado por lo segundo. Es bochornoso pero es una decisión con la que tienen que apechugar o sacar pecho como hace el PP. Fuera complejos. No pretenderá Ciudadanos que los demás nos traguemos sus trolas. Es tan burda y ostentosa su maniobra que ha llegado hasta la prensa internacional. Señor Marín, no nos chupamos el dedo. Ni aquí ni en el resto del planeta.

Foto.ABC de Sevilla. Marín y Marta Bosquet, presidenta del Parlamento.

Tragaderas

En este tiempo de posverdad y fake news, Partido Popular y Ciudadanos pretenden amoldar la realidad de los resultados de las elecciones de Andalucía a su conveniencia. Lo hacen sin complejos y con mucho desahogo. Y ni ellos han sido los ganadores de los comicios ni su suma (47 escaños, 26 más 21) supera a la izquierda (PSOE, 33 y Adelante Andalucía, 17). Para lo que quieran hacer necesitan del apoyo directo y activo de los ultras de Vox, desde la constitución de la Mesa del Parlamento a una eventual investidura. Peperos y naranjas intentaban hacerlo de tapadillo, por la puerta de atrás, como si de una simple abstención se tratara y que nadie se diera cuenta de sus peligrosos compañeros de viaje. Pero la aritmética es tozuda: si quieren peces se tendrán que mojar el culo, como reza la castiza expresión española. Y así se lo ha recordado en las últimas horas la formación de extrema derecha planteando entrar en la negociación para formar nuevo gobierno. ¿Qué precio tendrán que pagar para obtener el plácet de Vox? ¿Cuánta involución llevará incorporada el pago del peaje a las huestes de Abascal? ¿Cuántas conquistas sociales destrozará el ansia de revancha de este tridente conservador?  El PP no tiene ningún problema en abrazarse a la extrema derecha. De hecho ya la ha blanqueado y comparte públicamente muchos de sus argumentos y falacias. Casado dixit. Ya sabemos que los de la gaviota tienen amplias tragaderas. ¿Y Ciudadanos? (Sería mejor hablar de Rivera y sus ambiciones nacionales). ¿Un partido que se presenta de centro y liberal está dispuesto a compartir cama política con la ultraderecha? Desde luego sus compañeros de bando ideológico, léase Macron o Valls, no lo aceptarían. Y seguramente una parte importante de su electorado, tampoco. A ver cuánto están dispuestos a abrir sus fauces para tragarse ese enorme sapo. Desalojar a los socialistas no lo justifica todo.

Antología del disparate

A ver quién la dice más gorda. Desde la convocatoria de elecciones autonómicas en Andalucía, el Partido Popular ha entrado en una carrera de insultos y barrabasadas por su desesperación y falta de proyecto y sensibilidad hacia esta tierra. Los dirigentes de la derecha pepera (en Ciudadanos también se ha pisado en alguna vez la línea roja) están completando una auténtica antología del disparate. El que abrió la puja fue líder nacional, Pablo Casado, incluso antes de estar fijada la cita con las urnas el 2 de diciembre. Valgan solo unos ejemplos de estas últimas semanas:

Casado: ¿Qué pasa, que los andaluces sois de peor condición y no tenéis capacidad de probar otras siglas políticas, otras ideas sociales? (28 de septiembre)

Casado: “Se envuelve en la bandera de Andalucía como un burladero […] como si estuviéramos en la Cuba castrista“. (20 de octubre)

Casado: “Por mucho que le duela, Susana Díaz lleva a Torra y a Otegi en sus listas”. (27 de octubre)

Isabel García Tejerina, ex ministra: “En Andalucía lo que sabe un niño de 10 años es lo que sabe uno de ocho en Castilla y León” (18 de octubre)

Teodoro García Egea, secretario general: “La Junta gasta más en prostitutas que en educación” (18 de octubre).

Juan Manuel Moreno Bonilla, candidato: “¿Le ha dicho Díaz a Sánchez que no nos gusta que en Sevilla se insulte a la Macarena o al Cachorro? (28 de octubre)

Es sólo una recopilación de urgencia y centrada en Andalucía. En este tiempo también  hemos escuchado a Casado llamar, entre otras lindezas, “golpista” al actual presidente del Gobierno. El líder del PP está tomando los derroteros de Trump, Salvini o Bolsonaro. Su hoja de ruta y la que impone en su partido es volver al aznarismo. Radicalización porque Vox les aprieta por la ultraderecha y Ciudadanos por el otro flanco.

Foto.– Paco Fuentes, El País.

Nos desprecian

No aprenden. No se enteran. O simplemente nos miran con desprecio y por encima del hombro. La derecha siempre que puede manifiesta su profundo desdén y su falta de cariño hacia Andalucía. No se tienen que esforzar mucho, lo llevan dentro, les sale sin demasiado esfuerzo porque lo llevan en su código genético. De forma recurrente, nos encontramos con el tópico, el insulto o el menosprecio hacia todo lo que suena a esta tierra. Hoy ha sido la ex ministra Isabel García Tejerina pero han sido tantos ya…

La derecha acumula tanto rencor hacia con Andalucía que arremeten con lo más importante que tiene una sociedad que son sus niños y niñas. Una expresión que no es sólo desafortunada sino que refleja la falta de respeto y la insensibilidad con que la derecha política (y no sólo política) nos agrede de forma sistemática y con saña. Hiere quien puede y estas palabras sólo son una demostración de una visión interiorizada por la marca de la gaviota, de su desesperación tras tantos años de oposición y los que les quedan. Hace apenas unos días su jefe de filas, Pablo Casado, consideró a los andaluces de peor condición por ejercer libremente su derecho al voto como les da la gana. O dicho de otro modo, por no votar al PP. Otra muesca más en la historia de despropósitos e improperios injustificados a los que nos tienen acostumbrados los peperos… Estamos en elecciones en Andalucía y no será la última barrabasada. Siempre vuelven a las andadas. Si nos nos quieren, que por los menos no nos ofendan.

PD.- Teodoro García Egea, número dos y mano derecha de Casado, no ha podido ser más burdo y más ruin. En lugar de desautorizar a su compañera, ha preferido el trazo grueso y el desvarío. Personajes así sobran en la política. Este tipo de astracanadas sólo genera crispación y odio. Está claro que el numerito de ayer de Dolors Monserrat no era una ocurrencia sino una directriz malsana. El PP ha apostado por la performance política y el esperpento. Allá ellos.