50 años

Hoy es una fecha redonda, rotunda, de las que no se pueden pasar por alto. No todos los días se cumplen 50 años. Una cifra que puede dar vértigo en función de la fuerza psíquica de cada cual. No es mi caso. Salvo cuando me miro al espejo y observo las canas, no me identifico con el medio siglo que marca mi DNI. Una cosa es la edad legal y otra la mental. Sin sentirme un Peter Pan y habiendo dejado atrás al etapa de lobo estepario, entiendo la vida como un estado de ánimo. Y el mío es tan caprichoso que siempre se siente cómodo y busca las praderas de la felicidad. Mi lema, desde hace mucho tiempo, es carpe diem. No creo que haya tiempo que perder en desvaríos emocionales porque este tránsito no dura mucho, se recorre casi sin darse cuenta. Miro hacia atrás y se me agolpan flashes de momentos inolvidables, experiencias gozosas y buenos recuerdos tatuados a fuego. Ni los años me rebajan el optimismo. Si lo que ha pasado ha merecido la pena, lo mejor está por venir. Sigo siendo un soñador irredento.

Exceso de optimismo

Exceso de optimismo

Este país está falto de buenas noticias. Después de cinco años de crisis y dos años de plagas con firma del Gobierno de Rajoy, el Partido Popular está inmerso en una campaña de propaganda para levantar la moral a la tropa. Nos quieren vender la recuperación a grandes cucharadas de humo. Ojalá esta vez sea la definitiva y salgamos de este túnel tan largo que parece un agujero nuevo. Con seis millones de parados no cuela ni con vaselina tanta mercadotecnia gubernamental. En ésas andan en la sede de la madrileña calle Génova. Así intentan colocarnos hasta mercancía averiada con una insoportable borrachera de optimismo. No sólo no saben dividir (Wert empieza con tu reforma educativa por la sede de tu partido) sino que festejan que hemos ahorrados 4.000 millones en tres años. Ahorro en forma de recortes que sufrimos todos los españoles. No tenemos, de momento, nada que celebrar.

Pesimismo

No vemos el final de túnel. Tras cinco años de dura crisis nadie se cree los mensajes de optimismo que se lanzan desde el Gobierno de España. Ya son muchos las recaídas y los desengaños acumulados en este tiempo difícil y de ganancia de pescadores neoliberales en aguas revueltas. El Fondo Monetario Internacional ha vuelto a destrozar las previsiones del gabinete de Mariano Rajoy. El crecimiento no llegará en 2014. Sería un año después (¿?) y de forma sostenida. Lo que traducido a román paladino es que con el escaso dinamismo económico se seguirá sin crear empleo, las listas del INEM permanecerán atestadas y la depresión continuará instalada en la inmensa mayoría de hogares españoles. La maldición bíblica habla de siete años de vacas flacas… Va camino de cumplirse.

Publicidad anticrisis

Campofrío se quiere convertir en un clásico de la Navidad con sus anuncios. Como en su día lo fue Freixenet con sus burbujas doradas o turrones El Almendro, que siempre vuelve a casa por estas fechas. El año pasado la empresa de embutidos ya hizo una campaña de lanzamiento de sus productos con un spot titulado Cómicos rodado por Álex de la Iglesia (vídeo 2), una pieza en el que un elenco de los principales humoristas españoles acudían al maestro Gila en busca de una señal de esperanza frente a la crisis, un aldabonazo para recuperar la ilusión frente a la resignación que corroe nuestras expectativas de futuro. Este año, Campofrío repite experiencia y de la mano de Icíar Bollaín ha rodado otro spot (vídeo 1), El currículum de todos, con el que busca sacarnos del pesimismo y hacernos ver que somos capaces de salir este túnel si valoramos todo lo que hemos sido capaces de hacer en nuestro pasado reciente. En el corto, con Alfonso Aragón Fofito como protagonista, se enumeran hitos de nuestra trayectoria que nos deben dar alas para superar esta crisis con entusiasmo y tirando de talento. Buena iniciativa: un poco de luz dentro de tanta negritud.

Moraleja.– Una cosa es la publicidad y otra la vida. La persona que está en el paro y sin expectativas no está para milongas ni sentimentalismos.