Servicios prestados

Mariano Rajoy le ha otorgado una suculenta recompensa a José Ignacio Wert por afanarse en el desmontaje de la educación pública. Hemos conocido hoy, a través de El Mundo, que el ex ministro peor valorado de la historia de la democracia tendrá un salario de 10.000 euros mensuales más gastos de representación como embajador español ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con sede en París. Además de disfrutar de unas condiciones salariales envidiables, el destino le permite a Wert el reencuentro en la Ciudad de la Luz con su pareja, Monserrat Gomendio, que trabaja en el mismo organismo internacional desde hace unos meses tras abandonar el Ministerio, donde ejercía de número dos de su cónyuge. Por la naturaleza del premio se puede colegir que Rajoy ha quedado muy satisfecho con el trabajo de demolición desarrollado por su subordinado. Wert sería el autor material de las tropelías contra el modelo público pero, sin duda, es Rajoy el responsable intelectual del tremendo aquelarre de recortes, segregación y apoyo a la escuela privada en detrimento de la pública que ha levantado a toda la comunidad educativa del país. El ex ministro no se merecía ni los 20 días por año trabajado que contempla la cruel reforma laboral aprobada por el Partido Popular. Sin embargo, le han dado un puesto bien remunerado, incluso cobrando más que el propio presidente del Gobierno. Sin duda, y para desgracia para inmensa mayoría de los españoles, Rajoy le reconoce los (dañinos) servicios prestados.

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Recortes salariales

Los organismos internacionales contradicen las “raíces vigorosas” de Rajoy. Si la subida del paro de agosto, conocida ayer, ha desacreditado el triunfalismo del presidente del Gobierno, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha alertado del sufrimiento de muchas familias por la reducción de los salarios en España, a razón de una media anual del 2%, uno de los descensos más pronunciados en la Unión Europea. El informe sobre las perspectivas de empleo en nuestro país arroja un horizonte de incertidumbre, con una previsión de tasa de paro del 23,9% al término de 2015, y califica de insuficiente la generación de puestos de trabajo para apuntalar los incipientes síntomas de recuperación.

La OCDE expresa su preocupación por aumento de la pobreza por la caída de los salarios, una realidad que afecta negativamente al consumo y la inversión, y por el incremento desmesurado de los contratos temporales, algo “nefasto tanto para las personas como para la economía”. De acuerdo con el informe, un nuevo recorte de los salarios ya no tendría repercusión sobre la creación de empleo, un aviso a los navegantes que pretenden una nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral con intereses espurios. El documento de la OCDE tritura la política económica de Rajoy y sugiere un cambio de rumbo de estímulo al crecimiento económico.

El Ejecutivo del PP no debería hacer oídos sordos y sí, en cambio, modificar el paso y renunciar a la perversa ortodoxia  neoliberal que tanto daño está haciendo a los trabajadores.

Deflación

Andan preocupados los economistas por el riesgo de deflación. Esto es, que bajen los precios como consecuencia de la crisis que no acabamos de superar. Quizá por no ser experto en economía voy a hacer algunas reflexiones desde la osadía, creo, del sentido común. Llevan años dándonos la tabarra con el control de la inflación. Y ahora cuando los precios están embridados, con una subida del 0,2% en 2013, nos empiezan a vender lo contrario de lo llevaban lustros predicando. Menos mal que el coste de la vida no se ha disparado durante el último año. La subsistencia sería más difícil por mor de la caída de los salarios y los recortes por doquier de derechos y prestaciones sociales, que también generan pérdida de poder adquisitivo.

En España la brecha social se ha agrandado de manera descontrolada. Lamentablemente durante esta la larga crisis lideramos el ránking internacional de incremento de la desigualdad entre los más ricos y los más desfavorecidos según la OCDE. El 10% más pudiente de la población no ha notado la crisis, apenas ha perdido un 1% de sus ingresos, mientras que el 10% más vulnerable ha visto caer sus recursos un 14%. Y eso sin contar el bienio de Rajoy con tijeretazos salvajes a las clases medias y trabajadoras y de desmantelamiento del estado del bienestar. Ésa sí que es la verdadera deflación, una deflación social que nos ha empobrecido como país y de la que sólo se han escapado los poderosos, los de siempre. Parafraseando a Vargas Llosa, ¿Zavalita, cuando se jodió la justicia social?

 

Desigualdad

Los poderosos están aprovechando la crisis para hacer un ajuste de cuentas a las clases medias y trabajadoras y para enviar a la exclusión social a los sectores más desfavorecidos. Con el cuento de salvar a la economía del desastre, está arrimando el ascua a la sardina de sus intereses de una manera vergonzante. Bajo la bandera de una falsa austeridad, se está permitiendo una insoportable transferencia de rentas del trabajo hacia el sector financiero, se llama a la competitividad sólo mediante la reducción de salarios, se destroza los servicios públicos fundamentales para alimentar al negocio privado, se ofrece una amnistía fiscal a los defraudadores mientras que a los ciudadanos se les cruje a impuestos (las grandes empresas sólo han tributado un 11% mientras que al currito se le somete a una presión insufrible)… El resultado de esta estrategia perversa se puede calibrar en términos cuantitativos: los trabajadores por cuenta ajena hemos perdido un 7% de poder adquisitivo en España. Más allá de los números, lo que se resiente con este acoso ultraliberal a nuestros derechos es la igualdad de oportunidades. Esta crisis está ampliando la brecha entre ricos y pobres, nos empuja hacia una sociedad dual donde las clases medias casi desaparecen. Dos organismos internacionales para nada sospechosos de ser de izquierdas, el FMI y la OCDE, han alertado del riesgo de fractura social que supone esta ortodoxia ultraliberal. El camino de la reducción del gasto público y la jibarización del sector público sólo produce más desigualdad y nos conduce a la ruina como sociedad. ¿No se dan cuenta nuestros mandatarios? Claro, pero no hacen nada. En la Moncloa han puesto un testaferro a ejecutar órdenes que llegan desde los mercados financieros y los despachos de los directores generales de los bancos alemanes. Democracia intervenida…

Viñeta.El Roto, en El País.