El día del empacho

Esta mañana nos encontramos ahítos, saturados de tanta comida regada a discreción con suculentos caldos espiritosos durante la cena de Nochebuena. Nos levantamos tan atiborrados como para ni siquiera desayunar. Nos queda otro asalto por delante: la copiosa comida del Día de Navidad para rematar los restos de la noche anterior seguida de una larga sobremesa con productos tradicionales, cada cual más pesado y sobrado de calorías. Cuando cae la tarde y se impone el manto oscuro de la noche, estamos saciados, abotargados, exhaustos, reclamando con urgencia sal de frutas, almax o alcaselser que nos alivie las secuelas de la glotonería.  Todos los años se repite el mismo cuadro clínico y, en algunos casos, acompañado de una martilleante resaca. Es la jornada del empacho… Divertida, entrañable, esperada y matadora. Ya hay damnificados pensando en la inevitable dieta del 2 de enero… Y no es mi caso.