¡No tienen enmienda!

Cada decisión que toman el PP o sus vicarios en la esfera de los medios públicos de comunicación nos pone los pelos de punta. La dirección de RTVE ha procedido a remover el desacreditado organigrama de informativos y ha cambiado una pieza del engranaje de manipulación por otra equivalente. Se han traído para engrosar la maquinaria de desinformación a un elemento que se ha jactado de manipular en los medios públicos. Juan Dios Martinez, hasta ahora delegado del ente en Murcia, tiene el triste honor de que todos sepamos a través de unas grabaciones cómo se las gasta usando un medio que es de todos en beneficio de las siglas de la gaviota. Pese a todo, lo premian con un ascenso en Madrid. La derecha no tiene enmienda. Esperemos que esta presencia sea efímera y que se cumplan los plazos para reformar la ley de RTVE y volver a la independencia y el pluralismo que regía en la etapa del Gobierno socialista de Zapatero. La iniciativa del PSOE, que salió adelante por unanimidad en el Congreso de los Diputados, planteaba un plazo de tres meses para recuperar la decencia en RTVE y, entre otras cosas, que su director general sea elegido por una mayoría parlamentaria cualificada y no por el dedo de Rajoy. Esperemos que no se demore este cambio necesario y que el PP no ponga más palos en la rueda.

El PP se queda sin ‘cortijo’

Comienza la demolición del gran edificio de la manipulación que ha sido la RTVE desde que Mariano Rajoy llegó a la Moncloa en diciembre de 2011. Ha salido en el Congreso de los Diputados una iniciativa del PSOE para restituir la elección del director general del ente público por una mayoría cualificada parlamentaria y el modelo informativo de neutralidad e independencia profesional que posibilitó las reformas legislativas impulsadas por el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero. Un nuevo gesto del PSOE para recuperar una radiotelevisión pública de todos y para todos y acabar con el cortijo del PP que se había convertido en los últimos seis años. Ante su minoría en la Cámara, el grupo popular no le ha quedado otra que sumarse al cambio que reclamaba la unanimidad de la Cámara, suficiente tajada ha sacado en este sexenio negro para este medio público. RTVE se había convertido en un instrumento al servicio de los intereses de Rajoy y su troupe sin el más mínimo respeto al pluralismo, la ética y la verdad, con la consecuente pérdida de audiencia y credibilidad. Ahora toca recuperar la imagen de una cadena que ha perdido a borbotones el prestigio que había conquistado gracias al trabajo de sus profesionales, periodistas que con la llegada del PP fueron desplazados, marginados, amordazados para contratar a otros más afectos a la causa de la gaviota. Rajoy y el PP han hundido la reputación del medio público y además de dejarla en una más que delicada situación económica. Como suelen hacer siempre: usan el medio público para su beneficio y lo dejan caer cuando ya no les vale o lo han arruinado. Como Canal Nou. Pese a todo, que esta realidad no nos quite la ilusión de recuperar nuestra Radio Televisión Española.

Maniobra escandalosa

¿Qué diría cualquiera (y cuando digo cualquiera pienso sobre todo en el Partido Popular andaluz y sus altavoces) si me nombraran director de Canal Sur Televisión? Pondrían el grito en el cielo y con toda la razón. Pero es una hipótesis imposible, algo impensable a todas luces. A nadie en la cadena pública andaluza se le ocurriría hoy tan siquiera barajar mi nombre. La razón es clara: tengo una adscripción política muy definida y un medio que pagamos todos con nuestros impuestos tiene que elegir para sus puestos de dirección a profesionales sin identificación partidaria. El que ocupe un cargo de esas características no sólo tiene que ser, sino también parecer neutral. He intentado llevar la argumentación al absurdo para censurar la designación de Eladio Jareño, director de Comunicación y coordinador de Presidencia durante la etapa de Alicia Sánchez Camacho en el PP catalán, como nuevo director de TVE.

No se ha cortado un pelo el director general del ente público nacional, José Antonio Sánchez, al nombrar a una persona de la confianza de la Moncloa y de la calle Génova. Si el número uno de RTVE dice sin complejos que es de derechas y que vota al PP, pues esta circunstancia tampoco ha de ser un obstáculo para los miembros de su equipo directivo. Para redondear la jugada en el currículo de Jareño distribuido por la empresa se ha borrado todo lo relacionado con su pasado pepero. La desfachatez no tiene límites en el PP y sus aledaños. Han actuado como si mantuvieran el rodillo de su mayoría absoluta, como si en España no hubiera cambiado nada en los últimos años. Siguen aferrados a modos autoritarios y a políticas que aborrecen los ciudadanos. Sin embargo, el ruido de la incertidumbre política ha desplazado del primer plano de la actualidad esta maniobra escandalosa y artera con la firma azul de la gaviota. Una decisión que es mal síntoma y un anticipo de las trampas que tendremos que sufrir hasta que se despeje el horizonte político. Éstos de la derecha tienen muy mal perder y usarán cualquier instrumento a su alcance para soldarse al poder.

¿Aló vicepresidente?

Este vídeo se volvió ayer a viralizar en las redes sociales. Nos presenta a Pablo Iglesias al más puro estilo bolivariano, imitando a su maestro Hugo Chávez. El líder de Podemos se muestra partidario de usar descaradamente los medios públicos que pagamos todos a favor de una causa política particular. Defiende sin ambages su utilización como instrumento de propaganda al servicio de unas siglas. Él que se postula como vicepresidente no se corta un pelo:conceptos como neutralidad, independencia o pluralismo no figuran en su mapa político. No parece tener mucho respeto por el derecho de los ciudadanos a recibir una información veraz. Mucho criticar a los medios de comunicación y él va mucho más allá en su deseo de manipulación. ¿Pondría en práctica su modelo en RTVE si llegara a sentarse en el Consejo de Ministros? Ríete de Goebbels. No creo que con la comunicación se arreglen los problemas de los ciudadanos. ¡Qué viraje han dado los mal llamados emergentes de Podemos desde el 20-D! Andan más preocupados de cosas mundanas como los sillones, las subvenciones públicas a los partidos (cuatro grupos en el Congreso) o el control de los medios. A tenor de cómo se expresa en esta grabación, el jefe de la formación morada no le da mucha importancia a sectores como el turismo en términos de generación de riqueza y empleo. Eso sería más pensar en las personas y sus inquietudes que en sí mismo.

Perro come perro

El viejo aserto de “perro no come perro” se ha aplicado desde tiempo inmemorial a las relaciones corporativistas en el mundillo periodístico. De un tiempo a esta parte, la soterrada guerra de cabeceras ha dado paso al enfrentamiento público y notorio entre los profesionales. Las tertulias constituyen un fiel reflejo de esta deriva. La crispación entre destacados periodistas de El Mundo y ABC es evidente. Comenzó hace unos meses con el enfrentamiento cruento entre los directores de estos dos diarios, Pedro J. Ramírez y Bieito Rubido, respectivamente, con cruce de descalificaciones de “mamporrero” y “calumniador”. Hace unos días, vivimos otro fuerte choque entre Eduardo Inda (El Mundo) y Javier Chicote (ABC) en el debate de La Sexta Noche (atención especial a los minutos 9:45-13:30 y 29:49-30:40).

En el trasfondo de esta pelea de gallos queda el desprestigio de la profesión. Entre el griterío y las invectivas subyace una forma de entender el periodismo desde el atrincheramiento y el sectarismo, desde el encastillamiento ideológico y la inobservancia de la debida neutralidad informativa. El fin de esta maravillosa ocupación debería ser dar cuenta de los acontecimientos y explicar sus causas y sus consecuencias sin preocuparse a quién perjudica o beneficia. Si se actuara con honestidad y se apostara por la veracidad, otro gallo nos cantaría. Son muchos los estamentos (no sólo los políticos) que no gozan de la confianza de la ciudadanía.

Régimen de terror en RTVE

Cuando el Partido Popular entra por la puerta de los medios públicos, la verdad y la independencia saltan por la ventana. La derecha usa y abusa de lo que es de todos y pagamos con nuestros impuestos, se apropia de este patrimonio público y lo pone a su servicio sin importarle ni el interés general ni el derecho constitucional del ciudadano a una información veraz. Ese comportamiento poco democrático lo practica sin escrúpulos allí donde gobierna. No se detiene ante nada: proscribe la libertad de información, impone la censura y persigue a los profesionales que no pasan por su aro de indignidad e impudicia.

La manipulación campa a sus anchas en RTVE. El Partido Popular se ha cargado de un plumazo el prestigio y el reconocimiento general conquistado en los últimos años de la corporación, gracias al marco normativo impulsado por el Gobierno socialista para garantizar la neutralidad y la libertad de información. Al entrar como elefante en cacharrería, en menos de un año la audiencia ha abandonado espantada la radio y la televisión públicas por su sectarismo. El Gobierno de Rajoy está reeditando a las bravas un nuevo modelo Urdaci, donde la información es una materia prima manipulable que se sirve en función de criterios políticos y no periodísticos.

Los profesionales de RTVE han hecho público un rotundo basta ya y dan la voz de alarma por la purga interna y la tendenciosidad de sus contenidos.  En un comunicado, el Consejo de Informativos, órgano que representa a los periodistas de la cadena, da cuenta de “numerosas quejas y peticiones de amparo debido a las intromisiones y coacciones”. La cacería ha llegado hasta Informe semanal, posiblemente el programa más veterano en la parrilla de TVE y quizá el que goce de más reputación. Varios profesionales han sido expulsados del programa o amonestados por negarse a firmar reportajes con una línea parcial, contraria al comportamiento de un medio público. La independencia de los profesionales de la casa se garantiza en el Estatuto de Información y al Manual de Estilo de la corporación, documentos que la actual dirección considera papel mojado. El Gobierno ha colocado en Torrespaña a perros de presa, con Julio Somoano a la cabeza, que ejecutan órdenes directas desde la Moncloa.

Foto.elplural.com. Rajoy, con Somoano (izquierda) y el presidente de RTVE, Leopoldo González-Echenique.

Periodismo de partido

La tendenciosidad es la carcoma que corroe al periodismo actual. Los medios de comunicación juegan un papel esencial en las sociedades democráticas: el rol de notario de la actualidad entre gobernantes y ciudadanos con la verdad como eje ineluctable de su actividad, lo que el profesor Lorenzo Gomis conceptuó como el papel de mediación. Sin embargo, la neutralidad, el equilibrio y la deontología brillan por su ausencia en más ocasiones de las debidas en el quehacer periodístico actual. Las cabeceras (no todas, por suerte) declinan en ese deber sagrado de informar y comentar lo que acontece, actuando como juez y parte, no como mero observador. Así, el medio se convierte en un actor político activo en el espacio público. Hace unos años ya escribí un artículo en la revista universitaria Ámbitos (Los medios toman partido) sobre la parcialidad que predomina en los productos informativos.

Esta mañana me he topado con unos de esos ejemplos que me apenan por la deriva sectaria que se percibe en la profesión. ABC de Sevilla arremete con dureza contra el vicepresidente de la Junta, Diego Valderas, por asistir a una cooperativa de Lora del Río (Sevilla) con motivo del comienzo de la temporada de cítricos. En portada y en páginas interiores el enfoque no puede ser más ácido: “Queda inaugurada esta naranja”. Me reconforta un periodismo de denuncia, exigente y severo contra todos y contra todo, sin importar el signo político o ideológico de la institución, la organización y el colectivo del que se trate. Cuando se aplica la doble vara de medir, la contundencia contra el adversario y la benevolencia contra el afín, el periodismo se convierte en una suerte de actividad panfletaria. Esta misma semana, el jefe de la oposición andaluza, Juan Ignacio Zoido, y la presidenta manchega y número dos nacional del PP, María Dolores de Cospedal, visitaban una fábrica cárnica en Málaga y no se le hacía desde este medio la misma lectura.

Otro ejemplo significativo de cómo se reparten cañas y lanzas en el diario de Vocento: la virulenta reacción de este periódico a las críticas irónicas del PSOE a una visita de Mariano Rajoy y Javier Arenas a una fábrica de quesos en Grazalema (Cádiz) en 2009. Las palabras de un dirigente socialista tirando de sarcasmo recibieron una dura reprimenda por los editorialistas de ABC. Si lo que hizo González Cabaña entonces era demagogia, lo que nos ofrece hoy este medio se podrían catalogar de la misma forma… aplicando idéntico rasero.