Cruz de gobernadores

Qué cruz tenemos con los últimos gobernadores del Banco de España. Son señores que ven la vida desde su atalaya acomodada y levitan a varios metros del suelo sin conocer las penurias que sufren muchas familias de este país para llegar a fin de mes. El actual inquilino, Luis María Linde, ha realizado su particular y neoliberal aportación al debate sobre las pensiones animando al ciudadano a firmar planes privados de jubilación. La gente que a duras penas consigue sobrevivir, los trabajadores con empleos precarios y salarios indecentes, los jóvenes que no consiguen sacar adelante su proyecto… habrán visto en estas palabras una ofensa. Igual que los pensionistas se sentirían indignados cuando hace unos días el gobernador sostenía con mucho desahogo que los pensionistas no deberían quejarse de la escasa subida de las pensiones: ya no tienen que hacer frente a hipotecas y eso mejora su paga mensual. Todo un dechado de sensibilidad y empatía, un razonamiento con mucho rigor académico. Ironía aparte, Linde linda con la falta de respeto. Lo cierto es que el máximo responsable del banco emisor sale al rescate del Gobierno y descarta que el incremento de las pensiones se vuelva a vincular al IPC. Que los jubilados pierdan poder adquisitivo, que haya un sistema público de pensiones sostenible, que la ciudadanía gane bienestar, que los pensionistas salgan a la calle pidiendo justicia social… le importa bien poco (al igual que al PP). Lo dicho: qué cruz.

No se bajan del burro

La ministra de Sanidad dejó claro que el Gobierno del Partido Popular mantendrá el copago para los pensionistas. Si alguien de buena fe creía que con la fanfarria gubernamental de la recuperación económica Mariano Rajoy iba a devolver derechos arrebatados, se equivocaba de medio a medio. El copago y otras muchas conquistas sociales pertenecen a lo que el viento se llevó y mientras que esté la derecha en la Moncloa no volverá. Dolors Montserrat, sin complejo alguno, le zampa la negativa al ciudadano interpelante. Un día de éstos dejaremos la crisis atrás, aún quedan muchas familias sufriendo sus graves secuelas, pero cuánto habremos perdido en el camino por la obstinación del pensamiento único neoliberal de arrasar con los grandes avances conseguidos en las cuatro décadas de democracia en bienestar y libertades públicas.

Nos ‘roban’ la hucha

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El Gobierno de Mariano Rajoy ha vuelto a meter la mano en la hucha de las pensiones. En esta ocasión, 8.700 para hacer frente a la extra de verano. El PP se encontró con más de 66.000 millones, herencia del Ejecutivo socialista, cuando llegó a la Moncloa en 2011 y ha sacado 54.000 en menos de cinco años. Ahora, con los intereses y plusvalías generados, sólo contamos con un ahorro de 25.000 millones, el equivalente a tres nóminas de pensionistas. Los que tenían fama de buenos gestores están poniendo en riesgo la tranquilidad de los mayores. El fondo del problema está en una reforma laboral que no crea empleo y, por tanto, no genera cotizaciones suficientes para garantizar las pensiones. Mucho me temo que todo esto constituye una estrategia perfectamente calculada de la derecha para hacer insostenible el sistema público de pensiones y favorecer los planes privados. Esa es una de las obsesiones del catecismo neoliberal. Lo que está ocurriendo en España no es casual: es un ataque planificado contra el modelo público de pensiones.

Metiendo miedo

El debate sobre el futuro de las pensiones es recurrente. De tarde en tarde, sin nadie saber por qué, algún halcón neoliberal lo pone sobre el tapete para generar incertidumbre y, de camino, hacer un favor a los fondos de pensiones privados. El último emisario de este contubernio del miedo ha sido el gobernador del Banco de España. Luis Linde se ha descolgado con que el problema demográfico “conduce a una reducción inexorable de las pensiones a largo plazo salvo que se combinen con el ahorro privado“. El gobernador quiso minimizar el impacto en los hogares de la rebaja de las pensiones porque, según sus datos, el 70% de los españoles cuando se jubila tienen su casa pagada y ya no tienen que pagar hipoteca. Razón de peso (es ironía, preciso por si no se entiende) para justificar un recorte de los derechos de la clase trabajadora y meterle la mano en la hucha que han ido nutriendo para afrontar dignamente sus últimos años de vida.

La ecuación perfecta del manual liberal: fomentar el pánico entre los trabajadores y hacer una impagable campaña de publicidad al negocio privado. Tanto desahogo produce inseguridad entre los actuales cotizantes. Me molestan la ligereza y la insensibilidad con las que se manifiestan personajes como Linde. Y me revuelvo contra esta actitud desde una perspectiva política, solidaria y también personal como trabajador que lleva más de 33 años cotizados a la Seguridad Social. No puede ser que el beneficio empresarial crezca año a año y los beneficios laborales se jibaricen no sólo durante el periodo de actividad sino también durante la jubilación. Se está creando una sociedad cada vez más dual, en la que se acrecientan las diferencias entre una minoría muy rica y una inmensa mayoría con limitados recursos. La ortodoxia neocon nos lleva por el camino equivocado. No se mejora la competitividad de un país quebrando el principio de igualdad, reduciendo los salarios y las pensiones o liquidando los servicios públicos esenciales como la sanidad y la educación. Esa ruta sólo tiene rédito los de siempre.

PD.– El Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero dejó más de 60.000 millones en el fondo de reserva de la Seguridad Social para proteger las pensiones. Mariano Rajoy ha dilapidado la mitad de esta maravillosa herencia de la que nunca habla. ¿Está haciendo el PP con sus decisiones insostenible el sistema por ideología?

Foto.Efe.

Patriotas

El gobernador del Banco de España ha encontrado una nueva definición para patriotismo. Para Luis María Linde, la política de salvajes recortes del Gobierno de Mariano Rajoyno es austeridad, sino patriotismo“. A buen seguro que en la Real Academia Española de la Lengua, en concreto en el sillón de la letra ‘p’ minúscula, se está trabajando a destajo para incluir esta nueva acepción en el diccionario. Tremendo e insultante desahogo de raíz ultraliberal. Las palabras de Linde producen indignación y sonrojo. Linde defiende sin complejos medidas que han producido sufrimiento a patriotas de carne y hueso: a los más de cinco millones de parados que buscan desesperadamente un empleo, a los trabajadores que les han arrebatado sus derechos laborales, a las familias que han perdido sus hogares como consecuencia de desahucios, a los pensionistas que han tenido que empezar a pagar los medicamentos o han visto emigrar a sus hijos y sus nietos, a los estudiantes que han perdido sus becas o que les han subido las tasas universitarias, a las dependientes y sus familias abandonados a su suerte, a los ciudadanos que han perdido prestaciones sanitarias en las comunidades gobernadas por el PP… Éstos son los patriotas que han sufrido el patriotismo de pacotilla del PP y de Rajoy. El gobernador del Banco de España ha hecho el discurso del portavoz de Economía del partido en el gobierno y no el que corresponde al representante del organismo independiente que supervisa el sistema bancario nacional. Mucha insensibilidad y nula empatía con los cientos de miles de españoles que han padecido las recetas crueles de la derecha. Y mucha adulación a los que lo pusieron en la poltrona.

Lucha de clases

Esta prolongada crisis económica y sus perniciosos efectos sobre la gran mayoría nos han devuelto un concepto que ya parecía olvidado: la lucha de clases. La razón no es otra que el abismo de desigualdad que se ha abierto de forma escandalosa durante estos seis años. Hoy, los ricos son más ricos, la clase media ha bajado varios peldaños en la escala social y los pobres son más pobres. Un ejemplo claro es España, pero también otros países del sur de Europa como Grecia, Portugal e incluso Italia. Hoy, como escribe el profesor Vicenç Navarro, la lucha de clases se produce entre una minoría que controla y gestiona el capital y todos los demás. El capital ha sido el gran triunfador de ese periodo de sufrimiento social y turbulencias económicas y financieras. Ha conseguido su fin enarbolando una gran mentira para derribar el estado del bienestar y las conquistas sociales. Cualquier observador coincidirá con el economista Thomas Piketty en la farsa del neoliberalismo. Su conclusión es incontestable: el capitalismo sin regulación sólo lleva a la concentración de la riqueza en unas pocas manos. Los culpables de esta crisis la han gestionado desde el mismo dogma que la provocó. Y, por tanto, han seguido ensanchando la brecha en favor de las rentas de capital y penalizando a las fuerzas del trabajo. Se ha vendido la especie de aumentar la productividad desde la depresión de los salarios y reducir los derechos laborales para seguir engordando las alforjas de los de arriba aunque el resultado sea negativo para la sociedad en su conjunto y el crecimiento económico. En este caldo de cultivo resucita la lucha de clases entre una minoría opulenta e insaciable frente al resto de la sociedad que sufre su ‘dictadura’.

Zombis de la austeridad

La economía alemana se vuelve a desacelerar. El Gobierno de Merkel anuncia una revisión a la baja de sus previsiones de crecimiento y agita el fantasma de una nueva recesión en el continente.  Hace unos días la Comisión Europea ya alertó del riesgo de recaída. Y si la locomotora se resfría, ojalá a los demás no nos llegue una pulmonía. Viendo las noticias tan preocupantes, me he acordado de un artículo reciente del premio nobel de Economía Joseph E. Stiglitz titulado Los zombis de la austeridad. Pese al parón de su economía, Alemania no se baja del burro: achaca el frenazo a factores externos y no cambiará su estricta política de ajuste. Después de seis largos años de crisis, ni la Unión Europea en su conjunto ni sus estados por separado acaban de consolidar la recuperación económica. Algo se está haciendo mal aunque el muro de la ortodoxia neoliberal nos oculte otras visiones económicas. En Estados Unidos con otras recetas se está en fase de crecimiento sólido y se han creado ocho millones de puestos de trabajo. Suscribo estas palabras de Stiglitz: “A pesar de que se acumulan las pruebas de que la austeridad no funciona, Alemania y los otros halcones han redoblado su respaldo a dicha austeridad, apostando el futuro de Europa por una teoría desacreditada desde hace ya mucho tiempo”. Pero ellos erre que erre, pura tozudez dogmática.