Comparaciones ociosas

La comunicación política ha de ser creíble, cuando menos verosímil. Cuando se exagera, se frivoliza o se falsea la realidad, el mensaje produce el efecto contrario al que persigue o incluso genera vergüenza ajena. Al director de campaña del PP andaluz, que son los que mandan en el partido de la gaviota, Mariano Rajoy dixit, se le encendió la bombilla y le escribió a la número dos regional, Dolores López Gabarro, una de esas frases supuestamente ingeniosas para ganar un titular. Y ésta, presta y dispuesta, la hizo suya y comparó a la presidenta andaluza, Susana Díaz, con su homólogo catalán, Artur Mas. Políticamente se parecen tanto como un huevo a una castaña. Dicen que las comparaciones son odiosas y, en muchas ocasiones, también ociosas. Ésta en concreto es tan ridícula como falsa y choca incluso con el mensaje de su jefe Rajoy. El presidente del Ejecutivo dice compartir al 100% la tesis de la dirigente socialista sobre la defensa del orden constitucional en el modelo de Estado. Pues no sólo desbarra el autor intelectual de la ocurrencia sino que contradice lo que mantiene su presidente. Una circunstancia que da idea del guirigay interno que hay en el PP, que cada cual sigue el ritmo que le marca el director de campaña. Una banda sin director y sin partitura. Nadie duda de la posición de Susana Díaz en el debate territorial y conoce sus dos líneas rojas inquebrantables: la unidad de España y la defensa de la igualdad de los ciudadanos vivan donde vivan. Eso sí, no va a permanecer callada ante los agravios del Gobierno de la nación con esta tierra.

4-D: Andalucía se puso en pie

Hace hoy 35 años Andalucía se puso en pie en su reivindicación por la igualdad y por la autonomía plena. Ese 4 de diciembre de 1977 más de dos millones de personas tomaron las calles y gritaron que no queríamos ni ser ni más ni menos que nadie. Esa lucha consiguió su objetivo el 28 de febrero de 1980. En un referéndum en el que, pese a las trabas de la derecha gobernante, el pueblo andaluz hizo historia y consiguió la construcción de un modelo autonómico armónico y sin desigualdades. Siete lustros después, el modelo territorial que nos ha permitido la etapa más próspera de convivencia en España está de nuevo sometido a revisión. Las tensiones de dos caras de la misma moneda, el centralismo irredento y el nacionalismo insolidario, quieren romper lo que tanto nos ha conquistar. Ayer como hoy, Andalucía debe estar vigilantes a los movimientos revisionistas y hacer valer su peso político y demográfico en el conjunto de nuestro país. Estamos en un día importante de nuestra historia reciente. Quizá con más significación si cabe en esta ocasión dentro del contexto que nos ha tocado vivir. Nos corresponde no perder de vista lo que ocurrió en el pasado para que no se repita en el presente y se alumbre un futuro con territorios de primera y de segunda. Los riesgos están latentes: mucha gente está interesada en precipitar un desenlace injusto y regresivo del modelo de estado. Por eso, Andalucía tiene que seguir en pie.