Con la verdad en la mano

Honestidad a prueba de bomba, bonhomía por los cuatro costados, trayectoria impecable y ejemplar… El hoy vicepresidente tercero del Gobierno y ex presidente de la Junta, Manuel Chaves, ha estado a la altura de siempre en su intervención ante el Comité Director del PSOE de Andalucía. No es ninguna sorpresa: es un político serio, riguroso y que se viste por los pies. Además, no tiene ningún borrón en su currículum que ponga en cuestión su integridad y honradez, por mucho que la derecha esté en una operación de desprestigio a raíz de un incentivo concedido por el Gobierno autonómico a la empresa Minas de Aguas Teñidas. No hay caso, sólo ruido y mentiras de una banda de malos perdedores que, como nunca ganan, enfangan el espacio público e intentar aniquilar socialmente al adversario. Los que atacan de forma mezquina y vil saben de sobra que se ubican entre la sinrazón y el rencor.

Pese a los años que lleva en la vida pública, el ex presidente andaluz no esperaba una persecución tan ruin e injustificada. Ha criticado la saña y la maldad de la campaña personal y política que ha puesto en marcha el PP sin más argumento que el daño gratuito. Ha subrayado que su único pecado es haber ganado las elecciones durante los casi últimos veinte años. Estamos ante una ofensiva que, al igual que hicieron con Felipe González en su día, pretende borrar o, al menos, tejer una tupida cortina de humo sobre la transformación registrada por Andalucía durante las últimos tres décadas y, en concreto, durante sus 19 años de mandato. Es un ataque desde el resentimiento. Así se las gasta Javier Arenas y su grupo de mariachis.

Chaves ha agredecido el apoyo y la solidaridad recibida desde dentro y fuera del partido, incluso manifestada en privado por dirigentes del propio Partido Popular. No hay caso, pero desde las trincheras de la derecha se dispara a discreción y sin reparar ante nada, con la nefasta guía de un referente de dudosa moralidad. Se ha producido un cierre de filas del socialismo en torno a la figura de Manuel Chaves, una reacción en absoluto corporativa, sino justa, merecida y sincera. Las verdad y la razón nos asisten.

Canallada

Hay gente que no se para ante nada con tal de conseguir sus objetivos, que son capaces de renunciar a los más elementales principios de la competencia democrática, de pisotear la decencia, de manchar vilmente el honor del adversario, de recurrir al juego sucio y a las malas artes… Y todo no vale en política. Estamos asistiendo en las últimas semanas a una cacería tan injusta como abyecta contra el vicepresidente del Gobierno y ex presidente de la Junta, Manuel Chaves, una persona de bien y un político honesto, probo e íntegro como ningún otro.

Al Partido Popular le da igual la verdad, sólo le mueve su beneficio partidista en una operación que le debería dar vergüenza a esta familia de confesión y comunión diarias. La falsa coartada para este furibundo ataque es la concesión de una subvención a la empresa Minas de Aguas Teñidas (Matsa), empresa en la que la hija de Chaves comenzó a trabajar como apoderada una vez resuelto el expediente por parte de la Junta de Andalucía. Un procedimiento que se ha ajustado escrupulosamente a la legalidad, en el que se han aplicado los mismos criterios que a otros centenares de empresas que se han acogido a esa línea de incentivos a la producción. Por tanto, no hay ninguna irregularidad, ninguna anomalía, ningún tipo de favoritismo que justifique la campaña infame del PP.

Además, como no hay nada que ocultar, se ha actuado con total transparencia y la oposición ha tenido acceso al expediente desde el mes de enero. Está todo tan claro que el PP ha presentado una querella ante el Tribunal Supremo y la ha acabado retirando con una pirueta esperpéntica ante el temor de un eventual archivo por su inconsistencia y la ausencia de indicios de ilegalidad.

Se nota aquí la mano aviesa del presidente del PP andaluz, Javier Arenas. Un cargo político que actúa a impulsos de su manía persecutoria hacia Manuel Chaves, una persona con una moralidad vaporosa, que deja mucho que desear y que se desenvuelve en el espacio público con las vísceras, que no soporta que en socialista honrado le haya ganado tres veces las elecciones y, como digiere mal las derrotas, reacciona con odio y resentimiento ante su rival político. No le demos más vueltas: sabemos de sobra quién es el responsable de esta auténtica canallada.

Con esta maniobra mezquina, el PP pretende de camino lanzar una cortina de humo para tapar el escándalo del caso Gurtel, que vincula a una trama de presunta corrupción a un nutrido grupo de destacados dirigentes del primer partido de la oposición, incluido su tesorero nacional, Luis Bárcenas. Algún día, Arenas tendrá que dar algunas explicaciones sobre esta fosa séptica ubicada en los aledaños de su formación política porque fue secretario general en la época en que se produjeron la mayoría de los episodios negros investigados ahora por la justicia.