Besarse, mujer…

BESARSE, MUJER…
Miguel Hernández

Besarse, mujer,
al sol, es besarnos
en toda la vida.

Ascienden los labios
eléctricamente
vibrantes los rayos,
con todo el fulgor
de un sol entre cuatro.

Besarse a la luna,
mujer, es besarnos
en toda la muerte.

Descienden los labios
con toda la luna
pidiendo su ocaso,
gastada y helada
y en cuatro pedazos.

* Mañana comienzan las actividades de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía para conmemorar el 90º aniversario de la constitución de la Generación del 27.

Menos tu vientre todo es confuso…

MENOS TU VIENTRE TODO ES CONFUSO…
Miguel Hernández

Menos tu vientre
todo es confuso.
Menos tu vientre
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.
Menos tu vientre
todo es oculto,
menos tu vientre
todo inseguro,
todo es postrero
polvo sin mundo.
Menos tu vientre
todo es oscuro,
menos tu vientre
claro y profundo.

La boca

LA BOCA
Miguel Hernández

Boca que arrastra mi boca,
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.

Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos tremendos aletazos.

El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.
Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.

Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado,
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.
Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.

¡Cuánta boca ya enterrada,
sin boca, desenterramos!

Bebo en tu boca por ellos
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.
Hoy son recuerdos, recuerdos
besos distantes y amargos.

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volver a besarte,
he de volver. Hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.

Manoseo

En estos últimos días han manoseado el nombre de Miguel Hernández en exceso y sin pudor. Usar al gran poeta, uno de mis autores predilectos, para justificar lo injustificable constituye una falta de respeto a su memoria y al sufrimiento de las decenas de miles de víctimas de la represión franquista. Quien perdió la libertad y la vida (murió de tuberculosis mientras estaba encarcelado) por la defensa de sus ideas no merece la comparación con un condenado por agredir a demócratas y recurrir a la violencia en lugar de a la palabra. Cuando uno (o una) se equivoca, lo que tiene que hacer es rectificar, somos humanos y como tales no somos infalibles. Pero si en vez de admitir el yerro, se insiste y se agrede dialécticamente a los que no comparten la opinión, el error se multiplica. Hay gente que, desde una óptica totalitaria y con un discurso que alienta la confrontación, quiere patrimonializar a este autor y su legado, que es de todos y no es de nadie. Crecí con la obra de Miguel Hernández, musicada por Joan Manuel Serrat. Quizá sea la razón fundamental de mi pasión por la poesía y de la creación literaria en general. Porque como escribe el poeta: Para la libertad, sangro, lucho, pervivo… Y eso no nos lo puede quitar nadie por muchos gritos que profiera y mucho dogma que difunda.

Una querencia tengo por tu acento…

UNA QUERENCIA TENGO POR TU ACENTO…
Miguel Hernández

Una querencia tengo por tu acento,
una apetencia por tu compañía
y una dolencia de melancolía
por la ausencia del aire de tu viento.

Paciencia necesita mi tormento
urgencia de tu garza galanía,
tu clemencia solar mi helado día,
tu asistencia la herida en que lo cuento.

¡Ay, querencia, dolencia y apetencia!:
tus sustanciales besos, mi sustento,
me faltan y me muero sobre mayo.

Quiero que vengas, flor, desde tu ausencia,
a serenar la sien del pensamiento
que desahoga en mí su eterno rayo.

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos…

MIS OJOS, SIN TUS OJOS, NO SON OJOS…
Miguel Hernández

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..

No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina.

El amor ascendía entre nosotros…

EL AMOR ASCENDÍA ENTRE NOSOTROS…
Miguel Hernández

El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.

El íntimo rumor de los dos cuerpos
hacia el arrullo un oleaje trajo,
pero la ronca voz fue atenazada.
Fueron pétreos los labios.

El ansia de ceñir movió la carne,
esclareció los huesos inflamados,
pero los brazos al querer tenderse
murieron en los brazos.

Pasó el amor, la luna, entre nosotros
y devoró los cuerpos solitarios.
Y somos dos fantasmas que se buscan
y se encuentran lejanos.

Todo era azul

TODO ERA AZUL
Miguel Hernández

Todo era azul delante de aquellos ojos y era
verde hasta lo entrañable, dorado hasta muy lejos.
Porque el color hallaba su encarnación primera
dentro de aquellos ojos de frágiles reflejos.

Ojos nacientes: luces en una doble esfera.
Todo radiaba en torno como un solar de espejos.
Vivificar las cosas para la primavera
poder fue de unos ojos que nunca han sido viejos.

Se los devoran. ¿Sabes? No soy feliz. No hay goce
como sentir aquella mirada inundadora.
Cuando se me alejaba, me despedí del día.

La claridad brotaba de su directo roce,
pero los devoraron. Y están brotando ahora
penumbras como el pardo rubor de la agonía.

PD.– Esta semana se han cumplido 70 años de su muerte en una prisión franquista. El 28 de marzo de 1942 se apagó esta voz central de la lírica española.