Leña al mono…

Mariano Rajoy

… hasta que se le caiga el pellejo. En los cotos de la derecha se ha levantado la veda a la caza de su pseudolíder. Cualquiera que pasa por allí le pega un tiro a la pieza. Sin excepción. Se ha perdido el respeto y la consideración por Mariano Rajoy. En las últimas horas se han descerrajado a bocajarro toneladas de improperios, descalificaciones, reproches y alguna grosería que dejan en mal lugar al actual jefe de la oposición española.

Nadie se ha privado, se ha decretado barra libre y se ha apuntado a la fiesta hasta el conserje de la calle Génova. El chorreo que le ha llovido tiene poderosos nombres apellidos: José María Aznar, Manuel Pizarro, Esperanza Aguirre, Juan Vicente Herrera, Miguel Ángel Rodríguez y Juan y Ricardo Costa. Y desde fuera el conjunto de creadores de opinión, incluido los más conservadores como Pedro J. Ramírez o Federico Jiménez Losantos.

Ha sido tanto el chaparrón dialéctico que hasta un alma mansa como la de Rajoy ha salido del ensimismamiento y la atonía. Ha proclamado que santo Job no hubo más que uno y que el martes tomará cartas en el asunto. Se lo tendrá que pensar en este largo fin de semana de fiestas de santos, difuntos y de la nueva moda de Halloween.

Reacción postrera y quizá estéril. El daño está hecho. La sociedad española conoce la debilidad y la ausencia de autoridad y liderazgo que atesora el político pontevedrés. Quizá el electorado de derechas pueda tolerar la corrupción instalada en los aledaños del PP (caso Gurtel o Palma Nova), por muy grande que ésta sea, pero no perdona la lasitud y la incapacidad para el mando. A la derecha le gustan los caudillos (se puede tomar en todos los sentidos), los guías indiscutibles, dirigentes que pisan fuerte, a los que no le tiembla el pulso ante nada y dan golpes sobre la mesa.

Rajoy nunca exhibió demasiado carisma ni aire marcial y el dedazo de José María Aznar le restó además mucha legitimidad ante la opinión pública. Quizá la conjunción de ambas circunstancias, unido a su talante pasivo y su falta de valentía, hayan colocado al derrotado en las dos últimas elecciones en la salida de emergencia. Mariano está tocado, al borde del abismo y los suyos merodean para empujarlo al vacío.

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