Paisaje patrio según EEUU

El País continúa sacando jugo a los 250.000 folios del Departamento de Estado de EEUU filtrados por Wikileaks a cinco de las cabeceras más influyentes de la prensa internacional. Tienen munición para largo y en esta última entrega el rotativo presenta el retrato robot que hace la diplomacia norteamericana del Rey Juan Carlos y de los personajes más destacados del Gobierno de España. Salen bien parados en los cables de la embajada remitidos a la Casa Blanca el monarca, José Luis Rodríguez Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega, Alfredo Pérez Rubalcaba y Bernardino León Gross (diplomático y secretario general de Presidencia). En cambio, la misión diplomática de Estados Unidos no tiene tan buena opinión de José Blanco, Miguel Ángel Moratinos, José Bono o Carmen Chacón. Reproduzco a continuación algunas de las perlas recogidas en estos documentos reservados que tanto están dando que hablar:

▲ Sobre el Rey: “Puede ser un formidable aliado de Estados Unidos… pero siempre actuará en beneficio de lo que él perciba que son los mejores intereses de España”.

▲ Sobre Zapatero: “Es un político astuto con una asombrosa habilidad, como un felino en la jungla, para oler las oportunidades o el peligro. Es peligroso minusvalorarle, como muchos de sus enemigos pudieron comprobar demasiado tarde”.

▲ Sobre De la Vega: “Solvente lugarteniente… Ya no tiene lealtad personal hacia ella y la dejará caer en el momento en que deje de serle útil, quizás en la siguiente crisis de Gobierno”. (Visión anticipatoria del embajador sobre la salida de la vicepresidenta).

▲ Sobre Rubalcaba: “Se ve como el más inteligente del Gobierno… Muy capaz, serio, encantador; es el más impactante miembro del Gobierno y resulta un aliado muy útil y poderoso. Su influencia excede los parámetros normales de su ministerio”.

▲ Sobre León Gross: “Es un interlocutor listo y admirable, muy bien relacionado, al que Zapatero escucha. Es el chico de oro del Gobierno y su influencia está en alza. La carrera de León le llevará mucho más lejos de donde está ahora y fácilmente podría convertirse un día en ministro de Exteriores… La amplitud de sus cometidos es superior a la de cualquier ministro y, de hecho, no tiene limitaciones”.

▼ Sobre Blanco: “”No es fiable, no mira a los ojos de sus interlocutores… tiene fama de ser muy rudo en temas políticos, algo con lo que aparentemente disfruta… “.

▼ Sobre Moratinos: “No es el más brillante miembro del Gabinete, pero sí un gestor responsable al que debería tomarse en serio. Su lealtad es con España, más que con Zapatero o con su propia carrera. Se siente motivado de forma idealista para hacer lo correcto. Tiene buenas intenciones, aunque es egoísta… Impredecible”.

▼ Sobre José Bono: “Es un sabueso mediático y todavía no sabemos cuánto de lo que dice va en beneficio del Gobierno de España y qué dice para su propio engrandecimiento”.

▼ Sobre Chacón: “Es lista y se ha ganado suficiente respeto para ser una eficaz ministra de Defensa. Sin embargo, es joven e inexperta, inmadura, se centra en pequeños detalles”.

¡Qué poco dura la cordura!

Cuando la politiquería entra por la puerta, la cordura sale por la ventana. Me he permitido adaptar el título de una canción de El último de la fila para explicitar la sensación que me ha producido la reacción del Partido Popular y algunos medios de comunicación de nítida orientación conservadora tras la feliz liberación de los 36 tripulantes del atunero Alakrana. Un día de júbilo y toque a rebato contra el Gobierno de España. Este contraataque desaforado y visceral no sorprende, es la tónica de una oposición con instinto de escualo o con sonrisa de hiena.

Una vez que se ha producido el desenlace positivo de un secuestro que tenía en vilo a las familias, en particular, y a la sociedad española, en general, ha llegado la hora de la explicación inmediata por parte del Ejecutivo y el análisis de la gestión por el conjunto del arco parlamentario. Y por ese orden: primero el conocimiento de todos los extremos del conflicto y luego la valoración y la crítica, si procede.

El PP, con su confirmado líder por quinta vez, Mariano Rajoy, se ha lanzado al ruedo con el estoque de matar. ¡Para qué esperar a la versión del Gobierno! Ha anunciado, para empezar a hablar, la reprobación de tres miembros del gabinete (María Teresa Fernández de la Vega, Carme Chacón y Francisco Caamaño). Eso como aperitivo, para abrir boca, luego los populares meterán en el lote a Miguel Ángel Moratinos o Elena Espinosa, también miembros del gabinete de crisis. Reprobar no cuesta nada, ni siquiera se pierde credibilidad, se dispara indiscriminadamente y se desprestigia por deporte al adversario, más tarde, cuando todo queda aclarado, si te he visto, no me acuerdo, ni siquiera unas disculpas con la boca chica.

El objetivo de la estrategia del PP es generar confusión y evitar que el Gobierno se pudiera apuntar el tanto de la liberación de los secuestrados. Rajoy, con la transfusión de autoestima que le pusieron este fin de semana pasado en Barcelona, ha engolado la voz para lanzar una sarta de improperios y descalificaciones a la actividad del Ejecutivo. Quien la lleva, la entiende, pero, en mi modesta opinión, la ciudadanía espera en el caso del Alakrana y en cualquier otro asunto responsabilidad y mesura, no algarada y confrontación. Que se conozcan todos los extremos del secuestro y la liberación en primer lugar y después será el momento de la crítica y las reconvenciones. No al revés.

Recuerdo palabras de la portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría: “El primer deber de un Estado es garantizar la seguridad de sus ciudadanos”. Es una aseveración con la que cualquier persona tiene que estar de acuerdo. Se empieza, sin embargo, a instalar un debate en los medios conservadores, alentado por las huestes de Rajoy, sobre quién pagó el rescate. ¿En qué quedamos? Para conseguir que los marineros del Alakrana pudieran volver a casa, sanos y salvos, la única posibilidad era abonar la cantidad pactada con los captores. No se entiende que haya foros en los que se clama contra la mordida entregada a los corsarios somalíes. No sé si esperaban un arrepentimiento súbito de los filibusteros o que la Armada tomara el barco con una tropa de asalto. Se ha abonado un rescate como en incidentes similares ocurridos en el Índico. Y lamentablemete el Alakrana puede que no sea el último.

Merece una mención, aunque sea tangencial, el papel de los medios de comunicación en este affaire. Se ha sabido ahora que los tres marineros que supuestamente fueron trasladados a tierra nunca llegaron a pisar la costa y se quedaron encerrados en un camarote en la embarcación. Fue un engaño de los piratas difundido por los retenidos, que bajo presión se creyeron la añagaza, y aireado por unos periodistas que compraron sin más el producto, sin contrastar su veracidad, generando un mayor ambiente de tensión y pánico. Como decía anoche Josep Ramoneda en la Cadena Ser, los medios también pueden extraer alguna enseñanza de este proceloso episodio y ser menos indulgentes con sus errores.

Foto.- Concentración organizada por los familiares en demanda de la liberación de los marineros del Alakrana.

Profunda Honduras

Daniel Ortega, Manuel Zelaya, Hugo Chávez y Rafael Correa, en Managua.

Suena ya anacrónico en la vieja Europa el ruido de sables. Han pasado sólo 28 años del intento fallido de golpe de estado por parte de Tejero y compañía y en España sería impensable un levantamiento militar para enterrar nuestra democracia parlamentaria. Nuestro régimen constitucional de libertades, pese a los nostálgicos de la dictadura que aún colean, no corre riesgos, está consolidado. Su juventud comparada con la de solera que acumula la democracia en otros países de nuestro entorno no se ha de entender como una rémora o una desventaja, no le resta un ápice de madurez ni solvencia. Nuestro modelo de convivencia goza de muy buena salud.

Frente a esta realidad nuestra, en otras partes del mundo, y en concreto en los países de Latinoamérica, las asonadas están a la orden del día, se producen con una facilidad pasmosa, tienen una proverbial habilitad por aquellos lares para tirar por tierra los avances democráticos. El último caso se ubica en Honduras. El presidente elegido por el pueblo ha sido desalojado por los militares con el apoyo activo de su partido político.

Manuel Zelaya encabezó una lista de una organización de corte liberal y, desde el puente de mando, ha ido girando paulatinamente hacia a la izquierda, sumándose a la corriente mayoritaria en esa zona del planeta que responde al nombre de bolivarización. Esta dinámica aperturista y progre estaba soliviantando a la rancia oligarquía de este estado centroamericano, uno de los más tradicionalistas y conservadores de la región, no en vano le dio cobijo a la Contra nicaragüense y a los Escuadrones de la Muerte de El Salvador, movimiento paramilitares de extrema derecha. Los poderes fácticos hondureños se han aferrado como un clavo ardiendo a una propuesta de reforma constitucional promovida por Zelaya a fin de optar a un segundo mandato para asestar este empellón a la voluntad popular. Un insignificante argumento que trunca el deseo de libertad y democracia de la mayoría de la población.

Menos mal que esta vez la respuesta de la comunidad internacional ha sido firme, unánime y sin fisuras. El mundo occidental y sus vecinos continentales no han mirado para otro lado y han dejado hacer a los golpistas, como ha ocurrido en otras ocasiones. La Organización de Estados Americanos, con México, Chile, Brasil y Costa Rica a la cabeza, trabaja por restablecer el régimen democrático. Además, ha encontrado dos buenos aliados: Barack Obama y José Luis Rodríguez Zapatero. O lo que es lo mismo Estados Unidos y España. El presidente del Gobierno español ha tomado cartas en el asunto desde el primer momento y ha puesto a trabajar en una solución al ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos. España está liderando la posición de la Unión Europea contra el golpe y plantea la retirada de los embajadores de los 27 como medida de firmeza en demanda de la recuperación del orden constitucional. Zelaya anuncia su regreso el jueves mientras que sus partidarios se movilizan en las calles. Esta sucia jugada de los militares está condenada al fracaso o, si prospera, a Honduras al ostracismo y al aislamiento. Esperemos que impere el sentido común y triunfe la democracia.

Foto.- Efe. De izquierda a derecha, los presidentes Daniel Ortega (Nicaragua), Manuel Zelaya (Honduras), Hugo Chávez (Venezuela) y Rafael Correa (Ecuador), en Managua.