Iceberg

ICEBERG
Benjamín Prado

Entra al poema,
lávate en su agua clara,
pisa su limo

y oye mi historia.
Olvida lo que sabes,
ve lo invisible

y húndete en mí.
Verás la parte oculta
del iceberg.

Verás tu miedo,
verás tus ilusiones
desde mis ojos.

Verás tu cara
esculpida en el hielo,
hecha de arena.

Así es la vida:
lo que es falso es la luz,
lo conocido.

Así es la vida:
la verdad nos espera
bajo las olas.

Tu mirada

TU MIRADA
Walt Whitman

Me miraste a los ojos, penetrando,
en lo más profundo de mi alma.
El cristal azul de tus pupilas,
me mostraba, mi imagen reflejada.

Me miraste y pediste temblorosa
que un te amo, saliera de mis labios,
pero ellos ya no tienen más palabras
pues los golpes de la vida los han cerrado.

Me miraste y tu pelo se erizaba,
y una gota redonda en tu pupila
que brotó, de un corazón roto
y cayó recorriendo tu mejilla.

Me miraste y tu rostro empapado
me exigía una palabra, una respuesta,
y mentí diciéndote te amo
por ganar de tu cara una sonrisa.

Mentira sobre mentira

Estamos descubriendo que todo en el Partido Popular era una mentira. Que la financiación era irregular, que muchos dirigentes falsearon o trampearon con sus currículos y que los 870.000 afiliados eran una ensoñación, una añagaza propagandística sobre la supuesta fortaleza de un gigante con los pies de barro. Las primarias para elegir al sustituto de Mariano Rajoy ha desmontado el truco de mercadotecnia sobre la militancia del PP. Sólo tendrán derecho a voto en este proceso poco más de 66.000 afiliados, un escaso 7,42% del censo hinchado. Uno de los aspirantes al sillón del líder caído ha definido esta situación como rozar el ridículo. Se queda corto. Para cualquier observador todo esto suena a ópera bufa, a esperpento mayúsculo. Si el bajo número de inscritos obedece al falseamiento del censo, malo. Y si lo es por desmotivación de sus bases en un momento tan determinante para el futuro del PP, con riesgo cierto de sorpasso en el centroderecha, mucho peor. Este escasísimo interés por la participación anuncia tiempos de decadencia y zozobra para la gaviota. En los cuarteles generales del PP tienen que estar muy preocupados. Nadie puede confiar en un partido que todo lo basa en la mentira.

Foto.- Antena 3.

Decir la verdad

Los llamados a comparecer ante una comisión parlamentaria de investigación están obligados a decir la verdad. Hoy hemos podido leer en eldiario.es que el entonces alcalde de Sevilla y hoy ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, mintió cuando fue interrogado en 2012 en la comisión que investigaba los expedientes de regulación de empleo de Andalucía. Una noticia que ha saltado porque una de las dos altas representantes del Gobierno de José María Aznar que han declarado en calidad de imputadas ante la jueza por el ERE de la Faja Pirítica de Huelva, una documentación que el Ejecutivo del PP se negó a remitir al Parlamento de Andalucía, ha dejado en evidencia al ministro. Además, hoy ya es de dominio público algo que se intentó ocultar: que la administración general del Estado usó en el mismo sistema de ayudas directas que la Junta para auxiliar a las empresas en crisis. Yendo a la información de Zoido, en cualquier país democrático de nuestro entorno europeo si un político es acusado de mentir, ese mismo día da explicaciones para corregir al medio o, de lo contrario, estaría en la picota y empujado a asumir responsabilidades políticas. En la cultura de la derecha española eso suena a ciencia ficción. En fin, las últimas novedades en torno a los ERE empiezan a desinflar el globo que el PP intentó hinchar para hacer daño a mucha gente honesta.

Mentira institucionalizada

La mentira en cualquier país de nuestro occidental representa un pecado capital que en política se paga caro. A la persona que es pillada en un embuste le cuesta el cargo. La exigencias democráticas y éticas de nuestros vecinos son mucho más altas que en España. Aquí no pasa nada. El Partido Popular nos tiene acostumbrados a maniobras arteras y las despacha con un desahogo que escandaliza a cualquiera con un mínimo de decencia política.

Ayer en el Congreso de los Diputados, en su comparecencia a la fuerza, el ministro de Economía nos brindó con naturalidad una versión de los hechos que contradecía la versión que había ofrecido el Gobierno, con el presidente en funciones en primera línea de fuego, por el fallido nombramiento de José Manuel Soria para el banco Mundial. Nos pretendían engañar el Ejecutivo y el PP con que la elección era fruto de un concurso público y que la persona seleccionada tenía que ser funcionaria. Pues ni una cosa ni la otra. Luis de Guindos reconoció sin empacho ante los diputados de la oposición que el nombramiento fue “discrecional”, un dedazo al ex ministro y amigo de Mariano Rajoy. No se le movió un músculo por el rubor.

Como tampoco se inmutaron, tras la renuncia de Soria ante el escándalo, por la designación exprés de un sustituto para el bien remunerado puesto que no era empleado público. En cualquier país de nuestro entorno el ministro después de esa comparecencia habría hechos las maletas y se habría ido a su casa. Esa respuesta honrosa no es moneda de uso corriente en España. Y así Rajoy y troupe viven instalados en la mentira porque no les pasa factura y no les supone ningún desgaste electoral. El PP ha institucionalizado la mentira como modus vivendi.

 

Olvidar lo prometido

Hay un dicho popular un tanto chabacano sobre las promesas y las relaciones sexuales que puede ser parafraseado para definir lo que hace en política el Partido Popular. Antes de llegar al Gobierno, Mariano Rajoy y muchos de sus cuates sostuvieron que nunca tocarían la educación, la sanidad y las pensiones. Cuatro años y medio después, los peperos han metido las tijeras con saña en estos tres pilares del estado del bienestar. Nos ha acribillado a recortes en estos ámbitos tan sensibles que garantizan la igualdad de oportunidades. No han respetado ni sus propias líneas rojas y para los próximo meses, si gobiernan, nos anuncian nuevos hachazos. El plan de estabilidad remitido a Bruselas con horizonte de 2019 anuncia una reducción del gasto en educación y sanidad de 12.000 millones. Las pensiones (no sólo las del futuro sino también las del presente) están en riesgo con una reforma laboral infame que ha provocado una caída drástica de las cotizaciones y con una hucha que dejó el Gobierno socialista que han vaciado los del PP a menos de la mitad (de 66.800 a 32.400 millones). Por eso, se le puede aplicar al PP la susodicha máxima coloquial: Prometer y prometer hasta haber metido (la papeleta en la urna) y luego olvidar lo prometido. Que nos sirva de recuerdo para las elecciones del 26 de junio. Son tantos los incumplimientos y las mentiras que no caben en un post…

Mentirosos empedernidos

Hoy hemos conocido una carta de Mariano Rajoy al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, en la que se compromete a nuevos recortes tras las elecciones del 26 de junio. Es alucinante que el presidente en funciones tome esta decisión con opacidad y no haya informado con transparencia a los españoles. Los ciudadanos merecemos saber los programas que van a desarrollar los distintos partidos. Pero el PP se ha vuelto a guardar un as envenenado en la manga. Y no sólo han sido pillados con el carrito de nuevos ajustes, sino que con todo desparpajo han negado lo que claramente firma Rajoy en la misiva al mandatario europeo No nos debe sorprender esta forma de conducirse del Partido Popular en los periodos electorales. El engaño lo practican por sistema. Llegaron al Gobierno cabalgando sobre la mentira y quieren seguir aferrados con trucos y añagazas. Esta agenda oculta nos apunta nuevos recortes. O lo que es lo mismo: más sufrimiento para los que peor lo han pasado con la crisis. Cuesta trabajo entender que los que han castigado a las clases media y trabajadora partan como favoritos en las generales para las próximas generales. Más aún, cuando siguen actuando como siempre, ocultando la verdad y dispuestos a continuar desarrollando políticas crueles.

Carta de Rajoy a Juncker. (El bombazo está en el último párrafo).

Foto.elconfidencial.com. Rajoy y Juncker.